En la aldea
22 mayo 2024

¿Por qué no paro de llorar si soy un migrante?

Los logros y las pérdidas son inherentes al ser humano, igual que lo es la vida y la muerte. Nuestras vidas están llenas de aprendizajes y también de desapariciones, pero las pérdidas tienen un mayor peso psicológico que los logros. El hombre en toda su historia se ha visto avocado a afrontar procesos de pérdidas significativas.

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María Elena Garassini | 25 agosto 2019

Son muchas las pérdidas que continuamente tenemos en nuestra vida: Pérdida de personas, pérdida de aspectos del “sí mismo”, pérdidas del cuerpo, pérdida de objetos y animales, pérdidas de relaciones, pérdidas ligadas con el desarrollo (dejar la niñez, el nido vacío, añorar la juventud, tener presbicia) pérdida de ideales, ilusiones, intereses… Todas las pérdidas significativas tienen su duelo, y todos los duelos tienen que ser elaborados. Si el proceso de elaboración del duelo es ignorado, retrasado, demorado… aparecen las complicaciones.

El duelo migratorio no es un tipo de duelo único, sino que cada persona lo vive de manera distinta, influyen muchos factores: Los recursos personales, las redes sociales de apoyo, el nivel de integración social, las condiciones de vida, las condiciones dejadas atrás…

¿Cuáles son las pérdidas en el duelo migratorio?

En el duelo migratorio las pérdidas son múltiples: Por la familia y los amigos, por la cultura, por la tierra, por nivel social, por el contacto con el grupo étnico, por los riesgos físicos, por la pérdida del proyecto migratorio, por no poder regresar. Por esta multiplicidad de razones, los momentos de tristeza y el llanto son muy frecuentes. Tratemos de entender lo que nos sucede durante el duelo migratorio:

  • Es un duelo parcial, múltiple y recurrente: Es un duelo parcial porque el objeto perdido (el país de origen) no se pierde por completo, sino que queda allí e incluso se puede volver a él. Es múltiple porque implica una multiplicidad de pérdidas, la familia y amigos, en muchos casos el idioma, la cultura, la tierra, la identidad. Y es recurrente porque puede reactivarse con mucha facilidad, sobre todo cuando nos reencontramos con compatriotas, nos comunicamos con familiares o amigos, o regresamos temporalmente a nuestro país de origen.
  • Se vive en una continua ambivalencia: El inmigrante vive ambiguamente entre la adhesión y la resistencia hacia el país de acogida. Así mismo, es frecuente que idealice al país de origen, o bien sienta rabia por haber tenido que marcharse, por no ofrecerle las condiciones necesarias para su supervivencia. La ambivalencia entre el origen y el destino puede ser continua.
  • Es transgeneracional: Muchos hijos de los inmigrantes tienen la sensación de estar atrapados en un callejón sin salida. De una parte, han nacido o se han criado en el país de acogida, y de otra han interiorizado fuertemente la cultura de los padres del país de origen. No se sienten completamente ni de aquí, ni de allá. La inclusión no es completa en el país de acogida, sin embargo, tampoco lo es en el país de origen.
  • Lo sufren también los que se quedan: La inmigración también afecta a los que se quedan en el país de origen. Estos últimos notan la ausencia de quién se marchó, viven la separación de manera dolorosa. La comunicación intermitente reaviva el dolor. En este sentido la comunicación con una periodicidad negociada es la que mejor nos ayuda a lidiar con el dolor del duelo. Este elemento es tan importante que dedicaremos un artículo completo a este punto.
  • Afecta la identidad: El proceso migratorio genera muchos cambios y nuevas situaciones que hay que integrar, tanto es así que se modifica la propia identidad del sujeto. La identidad es el conjunto de auto representaciones que permiten que el individuo se sienta. Por una parte, como semejante y perteneciente a determinadas comunidades de personas y, por otra parte, diferente y no perteneciente a otras.
  • Conlleva regresiones psicológicas: Regresión es el mecanismo generado por el bloqueo que supone afrontar situaciones complejas para las cuales el individuo no está preparado. Las conductas regresivas más frecuentes son conductas de dependencia y comportamiento sumiso, y  conductas de queja y protesta infantil ante situaciones de frustración y dolor.
  • Por otra parte, el regreso del inmigrante, ya sea temporal o definitivo, es una “nueva migración”. Tras años, en muchos casos, décadas fuera del país de origen, se han producido muchos cambios, cambios en el entorno, en las gentes y en la propia persona del inmigrante retornado, ya no es el mismo, nada es lo mismo. Entonces hay sufrimiento porque el migrante no se siente ni de aquí ni de allá.

Conocer sobre lo que nos pasa, elaborarlo como un “proceso normal” y paralelamente identificar y utilizar nuestros recursos personales, las redes sociales de apoyo, las posibilidades de integración social, el mejoramiento paulatino de condiciones de vida y la redimensión de las condiciones dejadas atrás… serán los antídotos que nos ayudarán a superar el duelo migratorio y el “no parar de llorar si soy un migrante”.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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