EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Dolarización a conveniencia

Por razones ideológicas el chavismo no cree en el libre mercado. Nicolás Maduro tampoco. Su plan estratégico, que está prendido del “Plan de la Patria” legado por el propio Hugo Chávez, menos. Aun así, Maduro ahora dice ver con buenos ojos la “autoregulación del mercado” y le da gracias a Dios por la existencia de la dolarización.

Con esta actitud pone la mirada en el 2020, un año electoral al que trata de llegar sin importar el precio y a pesar de los fardos que lleva a cuestas, como son la ilegitimidad de su mandato, la crisis económica y el rechazo popular. En este trance de ejercicio de la Presidencia de Venezuela de forma írrita ya suma diez meses y la idea es mantenerse allí “hasta el dos mil siempre”, aunque esto implique voltear la mirada y dejar momentáneamente de lado las viejas consignas socialistas.

La destrucción del poder de compra del bolívar y lo inútil que resulta el actual cono monetario para asistir las operaciones básicas de la economía, saltan a la vista de todos. La preferencia por disponer de dólares antes que de bolívares es una derivación de esta situación y Maduro lo sabe bien.

Todas las decisiones que adopta apuntan hacia la eventual supresión del bolívar y aunque lo niega de la boca para afuera, “vamos a tener siempre el bolívar, vamos a respetarlo”, los hechos van en contravía.

“El bolívar permanece como un elemento clave en la evolución de la economía por el simple hecho de que el gasto público se mueve en bolívares”

Este martes 19 de noviembre dijo que decidió “darles en diciembre medio Petro a los trabajadores de la salud”. Más allá de su “confíen en mí, que yo los voy a proteger”, destacó su llamado para que los beneficiarios de esa asignación “salgan con el Petro convertible a satisfacer todo lo que necesiten. Son algo más de 30 dólares”. También dijo que pagará medio Petro de aguinaldo a los pensionados y los trabajadores públicos.

El anuncio puede emocionar a ese 50% de la población, según las estimaciones de Ecoanalítica, que no tiene acceso a divisas externas, que son factor de subsistencia para la otra mitad de los venezolanos. Así que mientras hace populismo, Maduro avanza en sus estrategias.

Las políticas que ha anunciado, con el Petro como bandera, parecen ser la vía formal para avanzar hacia el desmontaje del bolívar como la unidad monetaria del país. La informal, estimulada de manera indirecta por las autoridades, es la dolarización de facto de la economía, esa que Maduro agradece y aplaude. Hasta la fecha la segunda ha resultado más efectiva que la primera, además de operar como una vía para que el régimen drene en la economía los pagos que recibe en efectivo por las ventas de oro y otros productos entre sus aliados externos.

Sin embargo, el bolívar permanece como un elemento clave en la evolución de la economía por el simple hecho de que el gasto público se mueve en bolívares. Esto responde a la necesidad del régimen de recurrir al financiamiento monetario como válvula de oxígeno para sostener las erogaciones en tiempos de mengua de los ingresos de la nación, sin importar los efectos negativos que esa práctica tiene en materia de inflación. Y seguirá usando el bolívar mientras le sea de utilidad hasta que, herido de muerte por la revolución, desaparezca o quede como un ícono y nada más.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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