En la aldea
23 abril 2024

Corrupción, salud, nutrición y consciencia tranquila

Desde la escuela hay maneras de saber cómo será el tema de quién le quita qué a quien. Al final, el robo y la corrupción eliminan la oportunidad, cualquiera que esta sea, a otra persona. ¡Vale la pena la lucha temprana anticorrupción! Un lápiz, un medicamento o millones de dólares comienzan por la desvergüenza del antivalor, ¡que hay que detener a tiempo! La lucha es para ayer, para reconstruir la consciencia de nuestra amada Venezuela.

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Dedicado a mi mamá: Gloria Cuenca

Cuando se evalúan los factores que inciden sobre el buen estado de salud, la tendencia es a considerar la interacción de una serie de variables que incluyen la salubridad, las condiciones de la vivienda, el acceso a la salud, acceso a alimentos adecuados y en consecuencia que exista una seguridad alimentaria adecuada, el nivel educativo de los miembros de la familia y el acceso a servicios básicos como el agua, electricidad y gas. En teoría, cuando hay la disponibilidad de estos servicios e insumos, y el acceso a ellos es óptimo, debería existir una buena correlación con el estado nutricional y de salud de la población.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la transparencia en el desempeño de las acciones se opaca, y cuando las acciones públicas parecieran tener un frente estable y adecuado, pero al contrastar con el estado de salud de la población, no se constata correlación alguna entre el desempeño y el estado de salud?,  ¿cuál es el otro factor que obstaculiza el buen desenvolvimiento, qué pasa con las acciones públicas que parecen no llegar al impacto que quisiéramos?, ¿o la sensación de que nada es posible? A pesar de los recursos asignados, o de los insumos que se envían, pareciera no llegar a quien verdaderamente lo necesita. ¿Cuál es el factor entonces?

“Al final, el robo y la corrupción eliminan la oportunidad, cualquiera que esta sea, a otra persona”

Pareciera que la corrupción en todos sus niveles hace “de las suyas”, incurre en un hecho de corrupción quien se roba una suma de dinero en compras trianguladas de insumos innecesarios; pero también es corrupción el hecho que un profesional de la salud se lleva un medicamento para sí mismo, aún cuando no lo necesite, por si acaso lo llega a necesitar; o el empleado público que debería servir a la nación y termina tomando ventaja de su posición, en esto ya Venezuela y América Latina tienen inmersas ya varias décadas.

Desde la escuela hay maneras de saber cómo será el tema de quién le quita qué a quien. Al final, el robo y la corrupción eliminan la oportunidad, cualquiera que esta sea, a otra persona. Se roba un lápiz en la escuela, le quitas la posibilidad a un alumno de escribir; se instalan equipos médicos que nunca se utilizaron, porque lo que importaba era “la comisión”, ¿entonces le quitas la oportunidad de diagnóstico a otros muchos, decenas, cientos, miles, millones? No hay más que ver la “la inversión” en salud y alimentación en los países en vías en desarrollo, Venezuela incluida, y comparar con los resultados. ¿Es que estamos entrampados en un camino que parece no tener fin?, ¿por qué en otros lugares parece funcionar aquello pero para nosotros no?, ¿es que estamos haciéndolo mal?, ¿o es que no nos hemos aproximado al verdadero problema y a la valoración del verdadero bienestar humano?

Uno escucha los planes y programas de acciones de ayuda, de intervención para la erradicación del hambre y de la inseguridad alimentaria, ¡Y nada! Se habla del abastecimiento, del acceso a medicamentos, de la disponibilidad, pero hay miedo de hablar de la corrupción. ¿Qué pasa cuando no llegan los medicamentos y alimentos a quien los necesita? Hay muerte, destrucción y desolación. El componente ético se atraviesa como una daga en el corazón de los niños desnutridos, de los pacientes con una crisis hipertensiva sin medicamentos, de los pacientes con cáncer que no pueden acceder a sus terapias de vanguardia tan normales en el resto del mundo. Los valores y principios, la moral y la ética emergen entonces como fantasmas que sacan sus espadas anticorrupción, y suelen sacarlas de noche, cuando el cansancio abunda y se quiere dormir. Créanlo, la consciencia, la ética y los valores, se recuerdan más de noche, cuando no hay ruido y la mente se prepara para disminuir la rapidez de los pensamientos. Allá esa daga que no desaparece, ahí ella sale disfrazada de consciencia, de culpa, no deja dormir. Así es la corrupción. No ayuda a nadie, unos cuantos millones de dólares no compran el sueño sosegado de quienes han cometido estas fechorías, más aún cuando se trata de la salud de un país, de la alimentación de los niños.

“¿Qué pasa cuando no llegan los medicamentos y alimentos a quien los necesita? Hay muerte, destrucción y desolación”

Entonces en el diagrama que presenta la OMS (Organización Mundial de la Salud), el Healthy People 2020, el CDC (Centers for Disease Control and Prevention), y tantos otros organismos internacionales, habría que agregar la falta de agua, las condiciones de la vivienda, la falta del acceso a la salud y a los alimentos, a la educación, otro cuadrito con una flechita que apunte hacia la salud y que diga: “Corrupción”.

El día que hablemos sin miedo sobre esto, los planes y programas públicos se podrán en práctica más eficientemente y para beneficio de todos. Vale la pena comenzar desde temprano, así como hacía mi mamá conmigo: Revisión de bulto diario y preguntaba: “¿De quién es este lápiz?”. Yo contestaba: -Me lo prestó una amiga; mi mamá teléfono en mano corroboraba la veracidad de este hecho. ¡Vale la pena la lucha temprana anticorrupción! Un lápiz, un medicamento o millones de dólares comienzan por la desvergüenza del antivalor, ¡que hay que detener a tiempo! La lucha es para ayer, para reconstruir la consciencia de nuestra amada Venezuela.

@mherreradef / @nutricionencrisis

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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