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24 febrero 2024

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Josep Borrell, entre la diplomacia y la complicidad

Desde sectores de la oposición venezolana lo describen como “guabinoso” por su falta de claridad con respecto a la crisis nacional; mientras que desde el chavismo lo acusan de desearle el mal al país y ser un peón de Washington. Pero lo cierto es que Josep Borrell es un político español de larga data, que se ha paseado por el Congreso, una candidatura presidencial, varias carteras ministeriales, la presidencia del Europarlamento, hasta llegar a ser el jefe de la diplomacia de Bruselas.

Josep Borrell Fontelles es oriundo de la provincia de Lérida, Cataluña, y nació en el seno de una familia panadera de ingresos medios. Con el esfuerzo de sus padres y bajo el yugo de la dictadura franquista, cursó sus estudios universitarios y de especialización. Reconoce ser amante de la naturaleza, militante del multilateralismo, fiel creyente de la paz y la justicia social, tanto que a su ex esposa, de origen judío y madre de sus dos hijos, la conoció cuando de joven se fue a Israel a desarrollar actividades humanitarias.

“Desde 2019 ha acompañado, con recursos europeos, los esfuerzos de los países vecinos para acoger a los venezolanos. En criollo, Josep Borrell prefiere atacar las consecuencias y no las causas del problema”

Es ingeniero aeronáutico de la Universidad Politécnica de Madrid. Tiene dos maestrías, una en Investigación Operativa en la Universidad de Stanford y otra en Economía de la Energía del Instituto Francés del Petróleo en París. Además, cursó un doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid.

Amplio recorrido en la política española

Con 73 años, Borrell cuenta con una experiencia política poco despreciable. Durante el periodo de transición democrática en España dio sus primeros pasos en el sector público. En 1979, debido a sus estudios en el campo de la economía, fue elegido diputado responsable de Hacienda en el Gobierno regional de Madrid, y tres años después lo ascendieron a secretario general del Presupuesto y el Gasto Público en el Ministerio de Hacienda del gobierno que presidía el líder socialista Felipe González. Este cargo en el Ejecutivo le sirvió a Borrell en dos direcciones: Para mostrarse como un buen gerente y también para cultivar raíces partidistas. Al frente de esta secretaría Borrell llevó una lucha férrea contra el fraude fiscal, la cual tacaría los intereses de famosos como la artista española Lola Flores. Esto le valió el reconocimiento de muchas personas, incluyendo del presidente González. Es por eso, que estas responsabilidades fueron claves para la conexión entre Borrell y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Es así como en 1986 fue electo diputado por Cataluña con el respaldo de la tarjeta socialista, esta curul lo repetiría durante 4 periodos más. En 1991 daría su gran salto dentro del gobierno de González al ser nombrado Ministro de Obras Públicas, Transporte y Medio Ambiente. En esta cartera, adelantó proyectos de construcción de viviendas y autovías, además inició el Plan Hidrológico Nacional de España.

“El mismo Juan Guaidó le pidió a Borrell en febrero aplicar sanciones al comercio ilegal del oro venezolano, y aún no se ven acciones al respecto”

Esta pasantía por el Ejecutivo duró hasta marzo de 1996, fecha en la que José María Aznar, del Partido Popular (PP), ganó la presidencia. Después de esa experiencia, Borrell consiguió un ascenso dentro del PSOE: Fue designado miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del partido, cargo que le serviría para posteriormente medirse en las primarias de 1998 y ser el abanderado socialista en las próximas elecciones presidenciales. Borrell se impuso en la consulta interna del PSOE a Joaquín Almunia, una figura prominente dentro de las filas socialistas, y con eso se perfilaba para ser un candidato presidencial con posibilidades. No obstante, un año más tarde renunciaría a la candidatura tras destaparse un escándalo de corrupción que involucraba a dos de sus colaboradores más cercanos.

A raíz de este episodio, se distanció de la política nacional y se refugió en la diplomacia europea hasta el 2018, cuando Pedro Sánchez lo trajo de vuelta para que se encargara de las relaciones exteriores del gobierno de España.

Recorrido por la diplomacia europea

En 2004, Borrell fue electo eurodiputado por la lista del PSOE y un mes más tarde con 388 votos de la Cámara quedó electo como Presidente del Parlamento Europeo, frente a las candidaturas de importantes políticos como el polaco Bronislaw Geremek y el francés Francis Wurtz.

Borrell estuvo al frente de la primera magistratura del Europarlamento hasta 2007, y sería eurodiputado hasta 2009. No obstante, desde el año pasado ocupa el cargo de alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en sustitución de la socialista italiana Federica Mogherini.

Desde Bruselas ha sido un enfático partidario de que los Estados europeos compartan soberanía. Su discurso también se ha adherido a la defensa de los Derechos Humanos. Se ha convertido en un férreo crítico de lo que considera la política unilateral de Donald Trump en el mundo. En lo militar, Borrell cree que la UE tiene que desarrollar sus propias capacidades estratégicas, para no depender de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que se encuentra liderada por EE.UU.

Una carrera diplomática con detractores

Estas posiciones han sido catalogadas por sectores conservadores en Europa y EE.UU. como de socialista trasnochado. En política exterior a Borrell se le cuestiona por condenar los ataques de Israel en Gaza y su postura sesgada en favor de que Europa reconozca a Palestina como Estado. Asimismo, sobre Rusia muchos cuestionan su paciencia con respecto a la persistente política de desestabilización de Vladimir Putin en el mundo. Su defensa del acuerdo nuclear con Irán, pese a que este país lo ha incumplido, también ha generado polémica.

¿Complaciente con La Habana y Caracas?

Los críticos de Borrell también se levantan desde América Latina. La oposición al régimen de Cuba lo acusa de darle oxígeno a la dictadura castrista, al no exigir la liberación de presos políticos y no frenar el Acuerdo de Cooperación entre la UE y La Habana. Borrell de hecho participó en el funeral de Fidel Castro en el 2016, lo que para muchos fue una ofensa para las víctimas del castrismo, y el año pasado viajó a Cuba para coordinar la visita del rey Felipe VI a la Isla. Por si no fuera poco, Borrell ha cuestionado fehacientemente las sanciones de Estados Unidos contra Cuba, muy especialmente la aplicación de la Ley Helms-Burton de 1996, la cual permite a estadounidenses demandar a compañías que se benefician de las propiedades que fueron nacionalizadas o confiscadas tras la revolución cubana.

En el caso venezolano, aunque Nicolás Maduro no lo considera un aliado, de hecho, hace poco lo acusó de desearle el mal a Venezuela con el Covid-19 y de llevar a la UE a la cola de la política de Washington, tampoco le es totalmente incomoda su posición. La presión de Europa sobre el régimen no se parece ni de cerca a la ejercida por Estados Unidos, la OEA y el Grupo de Lima.

“La presión de Europa sobre el régimen no se parece ni de cerca a la ejercida por Estados Unidos, la OEA y el Grupo de Lima”

Los embajadores del Gobierno interino no son reconocidos como tales en los países del Viejo Continente y pese a que el mismo Juan Guaidó le pidió a Borrell en febrero aplicar sanciones al comercio ilegal del oro venezolano, y aún no se ven acciones al respecto. Esta situación, sumado a la verticalidad del jefe de la diplomacia europea contra las sanciones que agravan el sufrimiento de la población, su declaración de que EE.UU. actúa como un “cowboy” con relación a Venezuela, y su insistencia en el diálogo, pese al fracaso de la negociación en Noruega, han hecho que sectores de la oposición venezolana enfilen sus baterías contra Borrell.

La gota que derramó el vaso de esta relación fue el viaje de Delcy Rodríguez en febrero de 2020 a España, el cual se dio en clara violación de las sanciones de la UE. A raíz de esto, Leopoldo López Gil, eurodiputado y padre del líder opositor Leopoldo López, pidió que se iniciara una investigación sobre el caso y se evaluara la posible aplicación de sanciones a los Estados que incumplan las disposiciones acordadas por Bruselas. Borrell negó esta posibilidad y respondió: “Los países son los encargados de aplicar y verificar las sanciones en sus jurisdicciones”.

A Borrell lo consideran guabinoso y hasta indiferente. Piensan que la UE no ha trazado una ruta sobre Venezuela y por eso prefieren insistir en estrategias que no han dado resultado. Ante estos señalamientos, Borrell ha reaccionado diciendo que en el caso venezolano lo más importante es sumar voluntades para atender la crisis humanitaria y migratoria; por tal motivo, desde 2019 ha acompañado, con recursos europeos, los esfuerzos de los países vecinos para acoger a los venezolanos. En criollo, Borrell prefiere atacar las consecuencias y no las causas del problema.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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