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23 febrero 2024

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Se vuelve turbia la falta de agua potable en Venezuela

En Venezuela, más del 80% de sus casi 30 millones de habitantes no recibe agua potable con regularidad en sus hogares, a pesar de que el país es uno de los 10 que posee mayor disponibilidad hídrica en América Latina. De hecho, la tiene como para saciar dos veces la sed que padece la población.

Un estudio del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, publicado a finales de abril de 2020, revela que solamente 16,7% de la población en las 10 principales ciudades, cuenta con el servicio de agua de manera continua, a pesar de que casi 92% tiene acceso a las tuberías. El 13,3% de los consultados, en diciembre de 2019, ni siquiera recibe una gota.

El Área Metropolitana de Caracas es representativa de la inexplicable dificultad para obtener agua potable por las tuberías. La empresa Hidrocapital que maneja el servicio en los cinco municipios y en las zonas aledañas, ha suspendido dos veces desde enero, de manera oficial, la entrada de agua a la ciudad, debido a “trabajos de mantenimiento” en el sistema de distribución que surte a la capital. El último corte lo hizo el 7 de febrero y lo atribuyó a “obras de restauración” en cinco estaciones de bombeo Taguacita, del Tuy II, en una de las cuales explotó un tablero el 13 de mayo, lo que paralizó el suministro por nueve días. El gobierno de Nicolás Maduro no ha explicado técnicamente la razón.

“Una de las cosas más terribles es que los embalses de agua cruda contaminan al resto, como en el caso de Camatagua, el principal embalse para la capital y el más grande”

José María De Viana, ex presidente de Hidrocapital (1992-1999)

Sin embargo, el agua se va con frecuencia, sin aviso, y llega cada vez en menos cantidad. En medio de la pandemia del Covid-19 que se expande por todo el territorio nacional, a Caracas entran unos 12.000 litros por segundo, de los 18.000 que se requieren para abastecerla, y vastas zonas de los municipios del este y sureste de la ciudad reportan hasta 50 días sin que haya salido una gota de agua por los grifos. Además, desde hace varios días el agua tampoco llega a los emblemáticos edificios residenciales del complejo Parque Central, de casi 40 pisos y un solo ascensor activo por bloque, donde nunca antes fallaba el servicio que comparte con las torres llenas de ministerios, ubicados en el centro del Distrito Capital.

La crisis se está convirtiendo en drama social y objetivo de ayuda humanitaria.

“Ya estamos hartos de esta tragedia, cuando no es el agua es la luz o es el gas. Y encima el coronavirus. ¿Cómo nos van a decir ‘lávense las manos’ para evitar que medio país se contagie con la epidemia?”, exclamó Teresa, vecina del municipio Sucre de Caracas, en medio de una protesta en Terrazas del Ávila, realizada la semana pasada; una de las 10 diarias en las que se cierran vías en cualquier parte de la ciudad por la falta de agua y los pésimos servicios públicos.

Pero en respuesta a los frecuentes reclamos, el gobierno de Nicolás Maduro importó de China 252 camiones cisterna que llegaron al país el 17 de mayo, para intentar abastecer a 188 municipios. De estos 86 llevarían agua a 22 parroquias de la capital. Los vehículos tienen capacidad para transportar 30.000 litros.

“No cubrirán ni siquiera las necesidades del 1% de la población”, calcula el ingeniero Norberto Bausson, quien fue jefe del Acueducto Metropolitano de Caracas. Y destaca que no hay señales de querer resolver la aguda crisis de agua que afecta a la población: “En 8 años no se ha construido ni culminado ninguna obra diseñada o iniciada, mientras ha avanzado con rapidez el deterioro de toda la infraestructura que permitía entregar 300 litros por persona, cada día, y que en las últimas 2 décadas perdió 60% de su capacidad”.

En contraste, entre los años 2007 y 2014 se gastaron más de 9.000 millones de dólares en contratos para trabajos en el sistema de agua a escala nacional, según los reportes.

Un reflejo de la turbidez que cada vez se ve más clara en el manejo del servicio. “El problema del agua es el mismo en todos los servicios. Las políticas que se aplican son torcidas, sesgadas y llenas de vicios; representan un método de dominación independientemente de la clase social, y violan el derecho humano consagrado en la Constitución”, dice Bausson. Mientras, la falta de agua se ha hecho parte de la cotidianidad de los caraqueños que desde hace 7 años la almacenan, resignados, en depósitos y tobos, obligados por 57 planes de racionamiento programados por Hidrocapital.

Una mirada al fondo

El problema más grave del sistema ha sido la destrucción de la institucionalidad. Las 10 empresas hidrológicas -6 estatales y unas 5 pequeñas- distribuidas en todo el territorio nacional, son manejadas por el Ejecutivo; el Ministerio del Ambiente fue convertido en Ministerio de Aguas, luego de tres cambios de nombre, y la casa matriz Hidroven fue modificada, señala Bausson. “Al romper toda la institucionalidad, la infraestructura física quedó sometida al devenir de un montón de gente que en este momento es  cuatro veces mayor que la que había hace 21 años”.

En Hidrocapital, por ejemplo, 2.500 funcionarios en aquel tiempo, fueron remplazados y hoy tiene 8.000 con menor preparación. Y la proporción es semejante a nivel nacional. Además, la designación de militares en cargos directivos que no tienen conocimiento del sistema, representó un fracaso total. Las empresas hidrológicas quebraron. “Ya no pueden pagar ni la nómina ni nada parecido, lo que significa que se hace lo que decida el Gobierno central”.

“El problema del agua es el mismo en todos los servicios. Las políticas que se aplican son torcidas, sesgadas y llenas de vicios; representan un método de dominación independientemente de la clase social”

Norberto Bausson, quien fue jefe del Acueducto Metropolitano de Caracas

Los bajos sueldos del personal, que no rebasan el salario mínimo de 800.000 bolívares con el bono de alimentación y que se traga la hiperinflación acumulada al 11 de mayo de 341,61%, según la Asamblea Nacional, han ocasionado el indetenible éxodo de personal eficiente.

“Todo esto incide en que la infraestructura que teníamos hace 21 años, capaz de dar alrededor de 150.000 litros por segundo a la población, hoy día trabaja a un 40% de su capacidad. Embalses, plantas de tratamiento, estaciones de bombeo, más de 30 millones de metros de tuberías de aguas blancas y la misma cantidad de aguas negras, se encuentran casi destruidas por la falta de mantenimiento y trabajos de optimización”, señala Bausson.

Advierte que la opacidad de la información oficial impide a los expertos conocer con exactitud lo que ha empeorado. “El Gobierno se ha dedicado no solo a no informar sino además a informar mal, para que no se sepa qué es lo que realmente está pasando”.

No obstante, conoce bien el sistema que manejó durante nueve años. “Toda la holgura que se tenía en los sistemas que dejamos funcionando se perdió. Cuando se diseñan instalaciones para el suministro de agua, siempre hay equipos demás para que cuando se atiendan casos de emergencia por accidentes la población ni siquiera se entere, pero eso hoy no existe. Donde antes teníamos 4 o 6 bombas de servicio, hoy solo queda un 40% que es el promedio de equipos en funcionamiento. Ni las plantas de tratamiento ni las redes han sido equipadas ni mantenidas ni mejoradas, para permitir el abastecimiento de agua potable en las casas. Todo ha empeorado tanto en cantidad como en calidad”.

Los 25 pozos profundos, concebidos principalmente para los hospitales de la ciudad, tampoco han funcionado.

Fuentes de agua empobrecidas

El estado de las presas y embalses en el país, fuentes naturales del agua potable, son muestra palpable del abandono oficial. En Venezuela existen casi 100 presas que conforman embalses de usos múltiples, con fines de abastecimiento de agua potable e hidroelectricidad, entre otros.

“Una de las cosas más terribles es que los embalses de agua cruda contaminan al resto, como en el caso de Camatagua, el principal embalse para la capital y el más grande”, denunció en 2019 el ingeniero José María De Viana, ex presidente de Hidrocapital (1992-1999).

Hace dos años, la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat hizo un llamado a los organismos del Estado y a la sociedad civil en general, para aplicar con urgencia un programa de recuperación de estas fuentes naturales de agua potable, a fin de garantizar el mantenimiento y la operatividad. Un estudio previo estableció que presas clave, como Petaquire, Pao La Balsa, Pao Cachinche y El Tablazo, se encontraban en “estado crítico”, mientras otras presentaban “serios problemas en el aliviadero o por sedimentación”.

“Como la mayor parte de infraestructura del país, las presas y obras de embalses se encuentran en franco deterioro a escala nacional, (…) por su naturaleza requieren programas de inversión para mantenimiento continuo y programado, preventivo y correctivo”

Yuri Medina, especialista en Hidráulica y profesora universitaria

Dos años más tarde, la precariedad de las presas y embalses no ha cambiado.

“Como la mayor parte de infraestructura del país, las presas y obras de embalses se encuentran en franco deterioro a escala nacional, considerando que son obras de gran envergadura, alejadas de centros poblados, que por su naturaleza requieren programas de inversión para mantenimiento continuo y programado, preventivo y correctivo”, expresa la ingeniero Yuri Medina, especialista en Hidráulica y profesora universitaria.

La vigilancia y resguardo correspondía a la Guardia Nacional, pero al parecer no pudo contra la delincuencia desatada y la arbitrariedad. “Muchas quedaron expuestas al robo de partes electromecánicas, dificultades para ejecutar labores de inspección y mantenimiento, e inclusive se permitió la intervención de las cuencas de aporte que generan deforestación, erosión y usos de suelo que afectan la calidad de las aguas y la vida útil de los embalses”, refiere.

La transferencia de estas fuentes estratégicas de agua a las empresas hidrológicas también dificultó la ejecución de programas de planificación y mantenimiento que antes ejercía el Ministerio del Ambiente, al que le arrebataron estas responsabilidades.

El pésimo manejo gerencial es, según Medina, la razón por la cual en Caracas no se han recuperado a cabalidad todos los embalses de almacenamiento y de compensación, como La Mariposa, construido hace más de 70 años para enfrentar emergencias, pero hoy hundido en la indiferencia oficial; o la culminación del embalse de Cuira. Esta obra, que sería el cuarto sistema (Tuy IV), llevaría a Caracas 21.000 litros de agua por segundo, 150% más que toda la que llega a la capital. Su inauguración fue ofrecida por el presidente Hugo Chávez en 2010, en medio de una fuerte sequía, tras realizar el gasto hidráulico más ambicioso de la época: 880 millones de dólares. Después de 10 años no se ha cristalizado la promesa de acabar con los problemas de suministro de agua a la capital ‘durante las siguientes 5 décadas’.

En la asignación del contrato a la empresa Camargo Corrêa, S.A. de Brasil, para construir el Tuy IV y el embalse de Cuira, no hubo licitación. La obra se entregó por asignación directa, recuerda Bausson.

“Aquí tiene mucho que ver el modelo político que domina en Venezuela. Si las negociaciones que se hicieron con los brasileros, con los chinos, con los argentinos, con los cubanos e iraníes para realizar trabajos en el sector se hubieran supervisado correctamente, probablemente todas esas obras que se adelantaron estarían dando fruto a la población. Pero ninguna de estas ha sido puesta en servicio correctamente”.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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