En la aldea
14 junio 2024

Paulina Gamus, abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela.
Fue ministra de Estado para la Cultura, presidenta del Consejo Nacional de la
Cultura (Conac), senadora por el estado Cojedes, y subdirectora de la fracción
parlamentaria de Acción Democrática.

Paulina Gamus:

“He tenido mis diferencias históricas con Henry Ramos, pero él es el verdadero secretario general de AD”

La abogada, ex congresista y ex ministra venezolana reflexiona sobre la crisis de los partidos en Venezuela, y advierte que la fragmentación opositora y el hambre afianzan la antipolítica. “El hambre va adormeciendo a la gente y va convirtiendo a las personas en seres sin capacidad de actuar ni de protestar”, sentencia Paulina Gamus.

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Hace 20 años se retiró de la política, al advertir que su partido, Acción Democrática, no hizo un “examen de conciencia” tras la derrota electoral de 1998 y el ascenso al poder de Hugo Chávez. Esa falta de revisión interna -cuenta- la llevó a separarse de la directiva del Comité Ejecutivo Nacional de la tolda blanca. Su hoja de vida la convierte en una figura a consultar cuando se habla de democracia: Paulina Gamus fue ministra de Cultura durante el gobierno de Jaime Lusinchi, dos veces diputada, concejal de Caracas y cerró su carrera pública como senadora del extinto Congreso. A sus 83 años, teme no ser testigo del fin del chavismo.

-Hace un par de semanas usted decía estar convencida de que había que votar, a pesar de la falta de condiciones. Tras la designación del nuevo CNE y los zarpazos del Tribunal Supremo de Justicia contra Acción Democrática y Primero Justicia, ¿sigue pensando participar en las elecciones parlamentarias?

-La verdad es que he cambiado totalmente de opinión. Una vez visto el golpe bajo que ha dado Bernabé Gutiérrez a Henry Ramos y lo que acaba de hacer el Tribunal Supremo con la directiva de Primero Justicia, lo que se busca es ilegalizar a los partidos, pulverizarlos. Definitivamente no debemos votar. Esto nos obliga a abstenernos de ir a unas elecciones que -desde ya- se sabe que serán totalmente fraudulentas.

“La democracia comienza a fragmentarse con la pérdida de credibilidad en ella misma, con la antipolítica de ‘Los Notables’, RCTV y El Nacional”

Paulina Gamus

-¿Qué le parece la estocada de Bernabé Gutiérrez a Henry Ramos?

-Yo puedo tener todas las diferencias del mundo con Henry Ramos -y las he tenido a lo largo de muchos años- pero él sigue siendo el secretario general de Acción Democrática, apoyado por la dirigencia. Es un golpe bajo de Bernabé quitarle el partido, los símbolos y la legalidad a Henry Ramos. No puedo estar de parte de Bernabé Gutiérrez. Yo hace mucho estoy retirada del activismo político, pero algunos compañeros de partido están promoviendo un documento de apoyo a la directiva de Ramos y lo firmaré, por encima de simpatías y antipatías. Es la legalidad y la justicia.

-Usted hizo política en democracia, formó parte del Congreso, ¿cómo ve a lo que ha llegado el país?

-Me horroriza. No hay ningún punto de comparación entre lo que está ocurriendo hoy y lo que ha ocurrido en el pasado, incluso, en las peores épocas de Venezuela en el siglo XIX. Nunca en nuestra historia hubo gobernantes que tuviesen como propósito destruir al país. Que entregaran la nación a un extranjero como Cuba, que tuvieran relaciones con gobiernos terroristas como Irán, que Venezuela se convirtiera en una especie de peón en un tablero de ajedrez mundial. Estamos viviendo una dictadura militar represiva. Desde que se conoció el primer caso de Covid-19, ha aumentado la represión. Allanan las casas y arrestan a los colaboradores de Juan Guaidó. Eso, unido a la miseria, al hambre y a la pandemia, nunca antes lo había vivido el país.

-Usted habla de una dictadura militar, pero no es la primera que enfrenta Venezuela. Nicolás Maduro es un civil acompañado por una cúpula militar. ¿Cómo se puede enfrentar ese tipo de gobiernos?

-Es una dictadura militar atípica. Maduro es un peón de los militares. El día que la cúpula militar le diga a Maduro que se vaya, él se va. Los militares lo gobiernan. Es una dictadura atípica, porque es delictiva en el más amplio sentido de la palabra. Han sido acusados de narcotráfico, están siendo solicitados por Estados Unidos con recompensas por sus cabezas. Eso nunca lo habíamos vivido. Casi todos los dictadores quieren pasar a la historia como seres que construyen. Esta gente y sus adeptos han buscado simplemente destruir. Destruyeron PDVSA, el Metro de Caracas, la CANTV. Ha sido como que hubiese pasado Atila, el rey de los hunos, y hubiese acabado con todo.

“Una oposición unida no hubiese sufrido las consecuencias de lo que está pasando ahora”

Paulina Gamus

-¿Y qué estrategia puede seguir la oposición para enfrentar a esa dictadura militar?

-Lamentablemente tenemos una oposición muy fragmentada. Por una parte, están los de la llamada “mesita” que se vendieron al Gobierno y, -por otra-, la oposición que no se vendió, ha dejado a Guaidó solo. Por un lado, está María Corina Machado, por el otro, Primero Justicia enfrentada a Voluntad Popular. No hay una unidad de criterios. Juan Guaidó sigue siendo el líder indiscutible, pero sin el apoyo y sin la fuerza que tuvo hace unos meses. Ha contribuido mucho la pandemia. El Gobierno se está aprovechando del momento de mayor hundimiento del país para convocar a elecciones de manera irregular. Yo lo que propongo es que haya unidad de criterios. ¿Cómo se decide una posición coherente si cada uno está por su lado?

-¿No cree que el manejo en la toma de decisiones que ha tenido el llamado G4 (Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática) ha fomentado la fragmentación de la que usted habla?

-El G4 está formado por los partidos que tienen mayor presencia, pero la Acción Democrática de hace 30 años no es la misma de hoy. Copei no existe. Voluntad Popular es la figura de Leopoldo López. Yo lo que veo es que los dirigentes han perdido la voz. Yo no sé qué piensa Henry Ramos, no sé qué piensa el otro. No sé qué dicen, porque él único que habla es Juan Guaidó. Ellos han perdido presencia, no sé por qué. No voy a decir que cuando yo ingresé a Acción Democrática era perfecto, pero creo que se fue deteriorando paulatinamente, incluso, en los años anteriores a Chávez. Nosotros comenzamos a hundirnos por no darnos cuenta de lo que le estaba pasando al país. En las presidenciales y legislativas de 1993, cuando hubo la votación masiva por la Causa R y resultó elegido presidente Rafael Caldera con el chiripero, lo lógico era que ambos partidos, Copei y AD, nos sentáramos, cada uno por su lado, a analizar por qué la clase media votó por Causa R. No nos sentamos jamás a analizar qué era lo que estaba pasando, y luego, cuando ganó Chávez, yo pensé que el tema a discutir era qué le había pasado al partido, qué errores habíamos cometido. Teníamos que hacer un examen de conciencia, pero no. Allí lo que se discutió fue trabajar a ver cómo ganábamos diputados a la Constituyente. Esa fue una de las últimas reuniones a las que asistí. Esa Acción Democrática de hoy no es ni la sombra de lo que yo conocí. No es que no tuviese conflictos internos, ni confrontaciones, pero eso dejó de ser.

-Vista su experiencia en el auge y caída de la democracia venezolana, ¿qué consejo le daría a Guaidó?

-Creo que contra él han actuado circunstancias que no están en sus manos resolver. Y llega un momento en que su discurso se vuelve cansón y repetitivo. Yo no me siento en capacidad de darle consejos, pero creo que tiene que ampliar su círculo de asesores, oír a todos los partidos y recomponer su imagen. Los países que apoyan a Guaidó están preocupados por sus situaciones internas en medio de la pandemia, eso ha hecho que se mezclen muchas cosas que el gobierno de Maduro ha sabido aprovechar.

“Nunca en nuestra historia hubo gobernantes que tuviesen como propósito destruir al país”

Paulina Gamus

-El Gobierno ha sabido aprovechar y la oposición parece que va en retroceso.

-Tiene que haber unidad. Tienen que dar la impresión de que hay una sola oposición, de que hay un solo líder. Una oposición unida no hubiese sufrido las consecuencias de lo que está pasando ahora.

-Pero se ha ensayado todo en 20 años. Protestas, salidas militares, diálogo, elecciones, ¿por qué no se ha logrado cambiar de gobierno con ninguna de esas rutas?

-Yo sigo creyendo que la salida del gobierno es negociada. El que se les persiga y se les ponga precio a las cabezas de Maduro y Cabello es motivo para que no se vayan. ¿Cómo se van de Venezuela si saben que a dónde lleguen los pueden poner presos? Tiene que haber alguna manera de que sean impunes. Sé que me van a matar por decir esto, pero, de lo contrario, no se van a ir nunca. Creo que, en este momento, ya no es factible la negociación, con esta entrada en la escena de Irán, la pandemia y las elecciones. La salida militar va a fracasar. Los golpes militares en Venezuela, históricamente, han sido desastrosos, a excepción del cívico militar contra Isaías Medina Angarita, en 1948. Chávez llegó a la presidencia por un golpe civil, que fue la destitución del presidente Carlos Andrés Pérez, no por el golpe de Estado. Ese golpe fue en fracaso. La reciente invasión por La Guaira es una comedia, una cosa espantosa. No puedo entender cómo hicieron algo semejante, de muchachos de primaria.

-Usted ha dicho que los partidos, en los años ‘90, no se dieron cuenta de lo que pasaba en el país. Entonces, ¿cuándo comenzó a destruirse la democracia?

-Comenzó a destruirse con Hugo Chávez. Hugo Chávez le dio la patada. La democracia comienza a fragmentarse con la pérdida de credibilidad en ella misma, con la antipolítica de “Los Notables”, RCTV y El Nacional. Comenzaron a decir que todos los políticos eran corruptos y toda esa serie de cosas se sumaron para que la gente cada vez creyera menos en la democracia y en los partidos como vía para resolver los problemas del país. Así llegó Chávez al poder y terminó de darle el puntapié final a la democracia. Los partidos estaban tambaleándose y él terminó de derrumbarlos. Todavía hoy la gente dice que todos los políticos son corruptos y que los partidos no sirven para nada. La antipolítica como que llegó para quedarse, pero sin partidos no hay democracia.

-¿La gente tiene tanta hambre que es incapaz de pensar en rescatar la democracia?

-El hambre va adormeciendo a la gente y va convirtiendo a las personas en seres sin capacidad de actuar ni de protestar. La gente está preocupada en buscar comida y no en activarse políticamente. El país está lleno de protestas, pero aisladas que le importan un pepino al Gobierno, porque las reprime. Eso es lo que tenemos ahorita: Una apatía. No porque no nos importe lo que pasa, sino porque la gran mayoría no está en capacidad de buscar los mecanismos de lucha.

-¿Qué le dice a ese país sin agua, sin luz, sin comida y sin Internet para comunicarse?

-Yo siempre he sido una persona optimista. Yo siempre creí que podría ver el regreso a la democracia de Venezuela. Ya no estoy segura de que lo vaya a ver, pero las esperanzas existen y -a veces- de la manera más inesperada, ocurre algo que nos hace cambiar. No dejemos de luchar unidos.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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