En la aldea
20 mayo 2024

El Béisbol en Venezuela: La etapa post gomecista

Las raíces del béisbol ya estaban adheridas a nuestra tierra, y la pausa que la coyuntura histórica había impuesto no tardaría en ceder. El béisbol comenzó a reorganizarse y en esos años se hizo también frecuente la contratación de peloteros venezolanos para jugar en el Caribe, pasos que había iniciado en 1934 Luis Aparicio “El Grande”. En febrero de 1939, Alejandro Carrasquel partió para Tampa, y el 23 de abril la noticia de su debut recorrió el país. Decir que Carrasquel abrió camino a otros peloteros no es cualquier cosa; “El Patón” fue apenas el sexto latino en jugar en el béisbol profesional en los Estados Unidos, y el cuarto desde que se fundó la MLB.

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El 17 de diciembre de 1935. Todo estaba listo para el séptimo juego decisivo de la serie entre Royal Criollos, campeón de la primera división, y Gavilanes, campeón del Zulia. Sin embargo, el juego debió suspenderse al conocerse las noticias procedentes de Maracay: ‘Murió el Benemérito’. El país se estremeció. Dos días después el general fue sepultado. Las calles se llenaron de gente manifestando su alegría. “¡Murió el Bagre, viva la libertad!” En Caracas y Maracay estallaron saqueos a establecimientos y residencias de quienes sirvieron a la dictadura. Sin embargo, las propiedades de los familiares directos del tirano fueron respetadas. El terror a Juan Vicente Gómez aún pululaba en el imaginario colectivo. Se cuenta que el dueño de una estación de combustible en la capital, para salvar su negocio, puso un letrero que decía: “Esta estación pertenece al coronel Gonzalo Gómez”. Nadie la tocó.

“El sequito”, como llamaba Gómez a Eleazar López Contreras por su contextura delgada, y a quien el clan familiar del tirano de La Mulera decidió entregar el poder luego de que el primo y posible sucesor del dictador, Eustoquio Gómez, fuese asesinado en Caracas, permitió que la gente drenara su euforia. En cada casa saqueada las autoridades aparecían después de que todo había acabado. El 23 de diciembre de 1935, dos días después del asesinato de Eustoquio y seis de la muerte del tirano, la mayoría de la familia Gómez zarpó de Ocumare rumbo a Curazao, todo bajo la supervisión del entonces coronel Isaías Medina Angarita, siguiendo las órdenes directas de López Contreras. En el país se quedaron siete varones, entre ellos el hijo del general, el coronel Gonzalo Gómez, dueño del histórico equipo de béisbol Concordia.

La estampida de políticos y empresarios debilitó la actividad en todas las áreas comerciales del país, entre ellas el béisbol. Los equipos de pelota cesaron actividades y los players, como se les llamaba a los jugadores en la época, pasaron a otras ocupaciones. Gonzalo Gómez liquidó también el Concordia y a los días dejó el país. Atrás parecía quedar el impulso que en los últimos años había tomado el béisbol en Venezuela, con la proliferación de equipos infantiles, juveniles y amateur, así como de terrenos de juego en las principales ciudades del país. Con la creación de la Federación Nacional de Béisbol -que en 1930 pasaría a llamarse Asociación Venezolana de Base Ball-; con siete series nacionales de primera división; con la gran rivalidad capitalina entre el Royal Criollos y el Magallanes, la de Barquisimeto entre el Japón y el América, y la marabina entre Pastora de Bella Vista y Gavilanes de la Ciega; con la importación de estrellas extranjeras y el surgimiento de los primeros ídolos locales; y con los periplos del Concordia por el Caribe.

“‘El muchachote de Barlovento’, Vidal López, pícher y cuarto bate, quien el 22 de agosto de 1937 conectó ante el Centauros el primer Grand Slam en la historia de nuestra pelota de primera división”

Sin embargo, las raíces del béisbol ya estaban adheridas a nuestra tierra, y la pausa que la coyuntura histórica había impuesto no tardaría en ceder. El país que durante el siglo XIX no podía atraer a nadie, como afirmó Domingo Alberto Rangel en su obra Venezuela en tres siglos, y que Gómez sumió en el oscurantismo durante 27 años, empezó a capitalizar las oportunidades que surgieron con la apertura del Canal de Panamá y la explotación petrolera. Luego de un enero y febrero de 1936 turbulentos, Eleazar López Contreras ofreció modernizar al país, removió a figuras gomecistas de los altos cargos, dictó amnistía a los presos políticos, ordenó la demolición de la Cárcel de La Rotunda y la construcción, en su lugar, de la Plaza La Concordia, y permitió que decenas de exiliados regresaran a la patria.

El béisbol comenzó así a reorganizarse en todos los niveles, con el renacimiento de algunos equipos y la aparición de otros nuevos en diferentes ciudades del país. Algunos de los grandes, como el Royal Criollos, no superaron el vendaval y después de algunos esfuerzos por sobrevivir, desaparecieron. El Magallanes, por su parte, intentó volver al ruedo, pero luego de unos pocos partidos de ensayo la idea fue desechada. No obstante, en julio de 1936 se dio inicio a la octava Serie Nacional de Béisbol en Venezuela, con la participación de cinco equipos que lograron ensamblarse con el nivel adecuado para primera división. Estas novenas fueron Senadores (quienes a la postre se llevaron el título liderados por el Pollo Malpica); Gavilanes; Deportivo Caracas (fundado por Pablo Morales, quien luego se convertiría en copropietario de los Leones del Caracas); Santa Marta (rescatado por Don Carlos Lavaud, quien años más tarde reviviría al Magallanes); y Cardenales (no, no los de Lara, esos vendrían años después).

Así, una vez más, el béisbol retoma la senda hacia la consolidación como el principal deporte nacional, en un año -1936- que además vio nacer a figuras que con el tiempo formaron parte importante de la historia de nuestra pelota, como Roberto “Musulungo” Herrera (La Habana, Cuba), y los ex grandes ligas Víctor Davalillo (Cabimas, Zulia); Enzo Hernández (Caracas), Elio Chacón (Caracas), y Rubén Amaro (Tamaulipas, México). Y Susana Duijm, en Aragua de Barcelona. Sí, Susana, que nunca se puso un guante de beisbol, pero que fue nuestra primera Miss Mundo y siempre es agradable recordarla. Para esa fecha Luis Aparicio hijo contaba ya con dos años de edad, y es pertinente mencionarlo porque en ese mismo año se realizó en los Estados Unidos de América -donde las Grandes Ligas aprendían a vivir sin su máxima figura, Babe Ruth, quien se había retirado el año anterior, pero que a su vez recibía a una nueva estrella con el debut de Joe DiMaggio– la primera selección de miembros al Salón de la Fama de Cooperstown, a donde Luisito sería exaltado 48 años después. Ese año se corrió también el maratón más largo de Venezuela, 60km entre Caracas y La Victoria, ganado por Nicolás Ojeda.

Los siguientes años vieron a equipos aparecer, desaparecer y cambiar de nombre, por todo el territorio. En la Serie Nacional de Béisbol de primera división de 1937 se tituló el Vargas, guiados por quien es considerado uno de los jugadores más completos nacidos en el país, “El muchachote de Barlovento”, Vidal López, pícher y cuarto bate, quien el 22 de agosto de ese año conectó ante el Centauros el primer Grand Slam en la historia de nuestra pelota de primera división; y un mes después, el 26 de septiembre, se convirtió también en el primer jugador en batear dos jonrones en un mismo encuentro.

Luis Aparicio El Grande, beisbol en Venezuela
Luis Aparicio “El Grande”.

Los peloteros en esos años seguían siendo aquellos incansables que jugaban en un mismo año para varios equipos en diferentes ligas del país. Vidal, por ejemplo, participó en 1937 en la liga de Barquisimeto con el América, en Caracas con el Vargas, y en Maracaibo con Gavilanes. En esos años se hizo también frecuente la contratación de peloteros venezolanos para jugar en el Caribe, pasos que había iniciado en 1934 Luis Aparicio “El Grande”, junto a “Manduco” Portillo y “Chingo” Cañón Díaz, quienes debutaron en la liga dominicana con los Tigres del Licey.

Alejandro “El Patón” Carrasquel también jugó en el Caribe. En 1938, el caraqueño se encontraba brillando en la liga cubana cuando un scout de la gran carpa logró concretar algo que llevaba algún tiempo cocinándose a fuego lento, y que se convertiría en un hito en la historia de nuestro béisbol. Luego de varios años de ofrecimientos y negativas, Alejandro Carrasquel aceptó por fin un contrato de Grandes Ligas. “El Patón” había esquivado la idea durante cinco años, desde aquel día cuando nada más y nada menos que Martín Dihigo le sugirió probar suerte en el béisbol estadounidense. Sin embargo, Carrasquel no se veía en un país donde se hablaba un idioma que él no entendía. Con el tiempo las ofertas empezaron a llegar de manera concreta, con cifras de por medio. En Cuba, Joe Cambria, un cazatalentos de los Senadores de Washington decidido a llevarse para el norte al pícher estrella, hace su mayor esfuerzo por calentarle el oído al venezolano. La cosa empezó en mil dólares y fue subiendo hasta que siete mil (el equivalente a 120.000 dólares de hoy) hicieron pensar a “El Patón” que quizás el inglés no era tan difícil de aprender.

Alejandro Carrasquel partió para Tampa en febrero de 1939, y el 23 de abril la noticia de su debut recorrió el país. En el Griffith Stadium de Washington D.C., “El Patón” entró a relevar a Ken Chase en un juego contra los Yankees de Nueva York. Lo hizo bajo el nombre de Alex Alexandria, en un intento del dueño de los Senadores de ahorrar a los gringos de la época lo que les tocó vivir a los de otros tiempos con un tal “Radio GaGa”, perdón, Galarraga. (Por cierto, los venezolanos probamos ser muy desconsiderados al enviarles años después a un segundo “Radio GaGa”). Volviendo a “El Patón”, el pícher venezolano debutó en un cuarto inning en el que tuvo que enfrentar al “Yankee Clipper”DiMaggio, al “Caballo de hierro”Lou Gehrig, y a Bill Dickey, hoytodos miembros del Salón de la Fama de Cooperstown. Como si tal cosa no fuese ya aterradora, aquello sucedió con tres en bases y sin outs. Pues el muchacho de La Candelaria dominó a DiMaggio con un “rolincito” a sus propias manos y ponchó a los otros dos. Carrasquel se convirtió ese año en el primer venezolano en ganar y salvar un juego en las mayores, así como el primero en lanzar un juego completo (uno de ellos de doce innings y cuatro de ellos de manera consecutiva), conectar un sencillo, un doble y un jonrón y, por supuesto, anotar e impulsar carreras; todo ello sin haber pasado ni un solo día en las menores y sin saber decir ni yes. El caraqueño inició así una aventura de ocho campañas en el béisbol del norte (siete con los Senadores y una con los Medias Blancas de Chicago) que abrió las puertas a otros 411 venezolanos que, hasta el día de hoy, han jugado en la gran carpa.

Decir que Carrasquel abrió camino a otros peloteros no es cualquier cosa. En aquellos años, entrar al béisbol norteamericano no siendo blanco anglosajón era un reto enorme. Los negros estaban marginados de las Major League Baseball (MLB) y los latinos de piel blanca, aunque eran aceptados, no llegaban precisamente a un ambiente amigable. Cuando Carrasquel pisó suelo estadounidense estuvo retenido varios días en inmigración debido a una Ley vigente que prohibía la entrada de extranjeros analfabetas, y el venezolano lo era para ellos. Los directivos de los Senadores tuvieron que intervenir para sacar al pícher del aprieto.

“El Patón” fue apenas el sexto latino en jugar en el béisbol profesional en los Estados Unidos de América, y el cuarto desde que se fundó la MLB. El cubano Esteban Bellán fue el primero cuando en 1871 formó parte de los Troy Haymaker, seguido 31 años después por el colombiano Luis Castro, quien en 1902 jugó con los Atléticos de Philadelphia. Ambos jugadores estudiaban y vivían en los Estados Unidos cuando fueron contratados. Los primeros en participar en la MLB fueron los cubanos Rafael Almeida y Armando Marsans, cuando vistieron el uniforme de los Rojos de Cincinnati en 1911, mientras que el mexicano Mel Álmada fue el tercero al debutar con los Medias Rojas de Boston en 1933. Seis años después llegaría el próximo, nuestro pie grande. Demás está decir que todos ellos eran jugadores de piel blanca.

De manera paradójica, el racismo que mantuvo durante años alejado a los negros de la MLB favoreció a las ligas del Caribe, que recibieron en esos tiempos una variedad de estrellas de la Negro League, como Martín Dihigo, Joshua Gibson y Leroy “Satchel” Paige, este último considerado el mejor lanzador en la historia de la ligas negras, jugador que se mantuvo activo por más de 50 años y que fue el primer afroamericano en participar en una Serie Mundial de las Grandes Ligas, además del jugador de mayor edad en debutar en las Mayores, con 42 años, a dónde pudo llegar después de que en 1947 Jackie Robinson rompiera la barrera de la segregación.

Mientras “El Patón” hacía historia en la tierra del Tío Sam, otro gran hito en los anales de nuestro deporte estaba por ocurrir: La conquista del Mundial Amateur de Béisbol en La Habana, Cuba, que colocó de manera definitiva al juego de las cuatro esquinas en el pedestal de nuestra idiosincrasia. De esto conversaremos en la próxima entrega.

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