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22 febrero 2024

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El futuro que nos espera: Una mirada a partir de la Encovi 2019-2020

Son múltiples los factores que han conducido a Venezuela al punto crítico en el que se encuentra hoy; pero sin duda, la destrucción del aparato productivo y el desvanecimiento de la economía se cuentan entre los que mayor peso tienen. La más reciente Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) desnuda el efecto erosivo que ha tenido el desplome experimentado por la economía venezolana de 2013 a 2019, equivalente a 70%, y asoma lo que está por venir en un país para el que se anticipa una caída mínima de 25% del PIB este año.

El Producto Interno Bruto, que refleja los bienes y servicios que produce una economía durante un periodo determinado, no es un tecnicismo y el venezolano lo ha aprendido con crudeza en su cotidianidad ciudadana de los últimos años. Luis Pedro España, uno de los investigadores que elabora la Encovi como parte de una iniciativa de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explica que esa contracción del PIB se traduce en menos ingresos a repartir entre la población.

Se trata de empobrecimiento, un proceso que puede medirse tomando en cuenta distintos parámetros. Los datos de Encovi a 2019 muestran que la pobreza por ingresos en Venezuela llega a 96,2% de la población, y en pobreza extrema se encuentra el 79,3% de los venezolanos, que son quienes no tienen forma de cubrir el costo de la canasta de alimentos en un país que vive en hiperinflación desde fines de 2017.

“La pobreza por ingresos en Venezuela llega a 96,2% de la población, y en pobreza extrema se encuentra el 79,3% de los venezolanos que son quienes no tienen forma de cubrir el costo de la canasta de alimentos”

Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2019-2020

Esto se traduce en que 30% de los menores de 5 años presenta desnutrición crónica, tomando en cuenta talla-estatura, y 8% presenta desnutrición medida por peso-edad, algo comparable con lo que ocurre en naciones como Nigeria y Camerún, según el sociólogo Luis Pedro España.

En conclusión, Venezuela se encuentra a la cola de América Latina y su realidad se aproxima a la de países de África marcados por la pobreza. De hecho, el ingreso promedio diario del venezolano se estima en 0,72 dólares y para organismos como el Banco Mundial, por ejemplo, son consideradas personas extremadamente pobres quienes viven con menos de 1,90 dólares al día.

Vista al frente

Recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) hizo un estimado de los coletazos económicos del Covid-19 y aunque no tiene señalamientos específicos sobre Venezuela, sus datos sirven de referencia. Calcula que el coronavirus provocará el cierre de unos 2,7 millones de empresas y la pérdida de unos 8,5 millones de puestos de trabajo en la región, una situación que demanda acciones concretas para contener su efecto social erosivo.

Economistas consultados por La Gran Aldea asoman que este año, debido a la acumulación de problemas económicos y a las decisiones adoptadas para la conducción del país, más el efecto recesivo del Covid-19, el PIB en Venezuela podría llegar incluso a experimentar una caída adicional de 40% tras seis años de recesión. Es decir, que al cierre de 2020 la economía venezolana pudiera ser menos de un quinto de lo que fue siete años atrás.

Mucha menos riqueza a repartir entre los 29 millones de habitantes que se estima tiene Venezuela y, en consecuencia, un deterioro mayor de sus condiciones de vida.

“El ingreso promedio diario del venezolano se estima en 0,72 dólares y para organismos como el Banco Mundial, por ejemplo, son consideradas personas extremadamente pobres quienes viven con menos de 1,90 dólares al día”

De acuerdo con Luis Pedro España, “para cerrar la brecha de la pobreza extrema harían falta 5.000 millones de dólares al año para financiar un programa focalizado de transferencias, a razón de 2 dólares diarios para 6,5 millones de hogares venezolanos”.

Pero algo así luce ajeno a la realidad actual del país, cuyos ingresos petroleros se desploman por las menores exportaciones mientras la producción retrocede a niveles inferiores a los 500.000 barriles por día, sin olvidar que la nación no cuenta con acceso al financiamiento internacional.

Una vez más queda en evidencia la Emergencia Humanitaria en la que se encuentra el país, y la necesidad urgente de asistencia para transitar la crisis, mientras se construyen opciones para la recuperación económica. Sin embargo, la experiencia de los últimos cinco años, periodo en el cual internacionalmente ha sido reconocida la situación de Emergencia Humanitaria Compleja que vive Venezuela, indica que no existe la determinación política para que esto suceda.

Dependencia y control

Las cifras aportadas por Encovi ayudan igualmente a perfilar lo que ha sido el aprovechamiento político de la crisis. Queda claro que en la medida en que las condiciones de vida se deterioran aumenta la dependencia de los pobres a las denominadas transferencias no laborales, ya sean pensiones y remesas, o transferencias públicas. Lo cierto es que las asignaciones hechas por programas del Estado representan 25,3% del ingreso familiar total.

En el caso del reparto de alimentos a través de los CLAP en 2018 el 88% de los hogares estaban registrados en el programa y recibieron en alguna oportunidad este beneficio, pero en 2019 la proporción de hogares beneficiarios subió al 92%.

Aunque tales transferencias públicas sean precarias, pues solo han reducido en 1,5% la pobreza extrema, constituyen un valioso esquema de control social, tal como ha sido advertido por expertos de diversas disciplinas, en especial en periodos electorales como el que se avecina para este 2020.

En cuanto al Covid-19, la Encovi cuenta con datos recopilados recientemente, donde 43% de los hogares mostró imposibilidad para trabajar o pérdida de ingresos, algo que llega al 52,6% en el caso de los hogares más pobres. Esto incrementa la vulnerabilidad de estos hogares en un contexto general abatido por la recesión, con menos fuentes de empleo y con un Estado que aumenta la concentración del poder.

Anitza Freitez, directora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello y una de las coordinadoras de la Encovi, señala que “la emigración post pandemia reducirá su intensidad, pero no se detendrá mientras los potenciales migrantes perciban que su sobrevivencia no está garantizada en Venezuela, y que los países vecinos pueden sortear mejor esta crisis”.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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