En la aldea
23 mayo 2024

Baltasar Garzón, jurista español, preside la Fundación FIBGAR, y dirige el bufete ILOCAD con sede en Madrid.

Baltasar Garzón, una vedette de izquierda al borde del desprestigio

Experto en el difícil trabajo de pulir su imagen desde que degustó la fama -buenas fotos suyas suelen estar en la portada de muchos de sus libros-, sin embargo, el prestigio se le ha ido decolorando con el tiempo no solo por las malas compañías, esas que lo llevaron a la destitución como juez por realizar grabaciones ilegales, sino por su posterior empeño en defender a clientes de dudosa reputación pero cargados de dólares.

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Elizabeth Fuentes | 20 julio 2020

Poco queda de aquel admirado personaje que asustó a Augusto Pinochet y escribió libros sobre sus hazañas. La fama fugaz le jugó una mala pasada en su ética y lo puso a tasarse a sí mismo a precios muy altos, cobros que abarcan desde conferencias hasta la defensa de cualquier corrupto. Y como era de suponer, ahora también aspira al poder político.

Baltasar Garzón ya no disimula su sorpresiva transformación, esa que lo llevó de ser el carismático juez que hizo palidecer a Augusto Pinochet para convertirse sigilosamente en un ambicioso personaje que se tasa muy  bien en el mercado de la justicia. Tan minucioso ha sido su interés por el dinero que hasta registró su nombre  en la Oficina Española de Patentes, Baltasar Garzón Real, marca que desde entonces utiliza para cobrar conferencias, clases magistrales y apariciones públicas a un costo promedio de 100 mil euros por cada una.

Es el mismo Garzón que tiene una fundación y un portal web que llevan su nombre, y un exitoso bufete, ILOCAD (International Legal Office forCooperation and Development), que si bien no lleva su nombre, Garzón aparece como el socio único, administrador y fundador, despacho que ganó 14,5 millones de euros desde que se fundó en 2012, como reveló el portal El Español (elespanol.com) basado en cifras oficiales.

“Este hombre de las mil caras apuesta ahora por ganar lo que sería su juicio del año: Lograr que Alex Saab, funcionario de Maduro, salga vivito y coleando desde Cabo Verde a Venezuela”

Experto en el difícil trabajo de pulir su imagen desde que degustó la fama -buenas fotos suyas suelen estar en la portada de muchos de sus libros-, sin embargo, el prestigio se le ha ido decolorando con el tiempo no solo por las malas compañías, esas que lo llevaron a la destitución como juez por realizar grabaciones ilegales, sino por su posterior empeño en defender a clientes de dudosa reputación pero cargados de dólares. Lista de privilegiados que  incluyen famosos de la talla de Julian Assange, Evo Morales, el ruso lavador de dinero Andrei Petrov, Wilmer Ruperti, Hugo Carvajal, PDVSA y hasta la Banca de Andorra, para quienes elaboró un informe que buscaba ocultar más de 200 millones de euros pertenecientes a los primos Diego Salazar y Rafael Ramírez. Nómina que también engordó Cristina Kirchner, quien le pagó durante cuatro años más de 6 mil euros mensuales en la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina, y que lucirá mucho más suculenta cuando la chequera de Alex Saab se haga sentir en su despacho.

Y si bien todos tenemos derecho a la defensa -hay abogados hasta para el diablo-, el salto que ha dado Garzón no solo ha sido por la “calidad” de sus defendidos sino incluso en el de sus opiniones políticas. Porque si bien cabe imaginar que la cacería contra Pinochet pudo contener un elemento ideológico, resulta extraño que Garzón haya sido el autor del prólogo del libro “Estado Delincuente”, de Carlos Tablante y Gustavo Tarre, donde calificó al gobierno de Venezuela como “cercenador de la libertad de expresión… un país donde es muy difícil combatir el crimen organizado”, pero poco tiempo después, cuando medio planeta desconoció las fraudulentas elecciones presidenciales venezolanas del 2018, Garzón se pasó a la acera opuesta y sentenció que “el gobierno de Nicolás Maduro es absolutamente legítimo”, no sólo demostrando en sus argumentos un absoluto desconocimiento de la Constitución venezolana, sino metiendo bajo la alfombra las graves violaciones de los Derechos Humanos por parte del gobierno de Maduro, casualmente una de las causas que dice defender en la organización que preside.

No recordó que ese era el mismo Maduro que en 2007 y en 2013 lo calificó  como un ser “triste y cobarde” mientras el entonces vicepresidente, Jorge Rodríguez, le tildaba de “payaso” y criticaba que viniera a dar lecciones de democracia “pagado para decir lo que quiere oír la oligarquía venezolana”… “un juez represor, cómplice fundamental de darle cobertura a las torturas de  presos vascos y catalanes, viejo amigo de la oposición fascistoide venezolana, ya que en su momento participó activamente en la campaña de defensa del canal derechista RCTV” le gritaban desde los portales amigos del chavismo.

“Cuando medio planeta desconoció las fraudulentas elecciones presidenciales venezolanas del 2018, Garzón se pasó a la acera opuesta y sentenció que ‘el gobierno de Nicolás Maduro es absolutamente legítimo’”

Pero los insultos del chavismo le rodaron, se le olvidaron. “Soy de izquierda, soy progresista”, reveló finalmente Garzón hace poco cuando dio a conocer sus ambiciones políticas y fundó el partido Actúa en 2017, organización en cuya proclama se lee que “no podemos permitirnos un electorado que, sintiéndose huérfano por diversos motivos, deje de votar. Sabemos cuáles son las consecuencias: Victoria y fortalecimiento de las derechas”.

Develando ahora sus ambiciones políticas en un futuro cercano y esperando repetir como magistrado cuando se venza el periodo de su inhabilitación, mientras tanto, Garzón no se da mala vida.

Con una fortuna calculada en más de 3,3 millones de euros -cobra caro, eso sí-, y los chismes del corazón insistiendo en que es “muy amigo” de la ex ministra de Justicia Dolores Delgado, con quien visita los mejores restaurantes de Madrid (ella se acaba de divorciar, él sigue casado con la madre de sus tres hijos). Este hombre de las mil caras apuesta ahora por ganar lo que sería su juicio del año: Lograr que Alex Saab, funcionario de Maduro, salga vivito y coleando desde Cabo Verde a Venezuela, lo que le permitirá aumentar su fama y su fortuna pero también le obligará a tragarse lo que escribió en aquel  prólogo, donde aseguraba que en la Venezuela de Maduro no se respetaba el Estado de derecho, la libertad de expresión y que el país se había convertido en un refugio para el crimen organizado. Un país donde “el derecho se está usando con fines políticos de persecución”, como aseguró también hace poco, pero para atacar a Jair Bolsonaro y defender a Lula da Silva, otro de sus nuevos mejores amigos.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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