En la aldea
24 mayo 2024

El penúltimo real escándalo

En medio del último escándalo real por dineros no declarados al fisco, procedentes de compensaciones por mediación en grandes negocios ferroviarios, y una amante de por medio, Sociométrica había indagado sobre el mismo tema, y en ese momento la República y la Monarquía Republicana habían quedado empatadas como sistema político preferido por los españoles. El vuelco ha sido espectacular: 15 puntos en tres semanas. La salida de escena del Rey Juan Carlos, con su voluntario exilio y los virulentos ataques de Podemos han contribuido a ello, quizás la segunda más que la primera, pues habría logrado una victimización del anciano rey.

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A fines de octubre de 2003, me encontraba a las afueras de Madrid dictando el primero de una serie de cursos sobre ciberpolítica para militantes del PSOE cuando alguien llegó con la noticia de que el príncipe Felipe se había comprometido en matrimonio.

¿Quién es ella?, ¿divorciada?, ¿cómo será la ceremonia?, ¿la presentadora? La novedad creó un entusiasmo, una avidez informativa y una conmoción que impidió continuar con la dinámica regular del curso. La anécdota viene a cuento porque sugiere qué tan arraigada está la monarquía de los Borbones en España, aún entre aquellos de estirpe reciamente republicana como los que eran participantes de ese curso.

El pueblo español quiere a sus monarcas, han sido un referente de unidad dentro de la diversidad española y ello le agrega un soporte difuso al arreglo institucional español, que va más allá de los vaivenes afectivos hacia los partidos políticos y los sucesivos presidentes de gobiernos. A Juan Carlos, en particular, le agradecen el tránsito exitoso a la democracia, en un período nada fácil y la construcción de ese parlamentarismo monárquico democrático que ha funcionado bien durante tres décadas. La Casa Real, empero, está poniendo su mejor empeño por lograr el desamor popular. En el medio de la peor crisis que recuerden los españoles tras la guerra civil, el Rey Juan Carlos sale a cazar elefantes con una conquista amorosa y sufre una caída que le lleva al quirófano. Un viaje inoportuno, exorbitantemente costoso, manejado con extrema opacidad y cuyo objetivo hiere la sensibilidad de la mayoría de los españoles. El Rey salió de cacería, pero le disparó a la Monarquía.

Tras el escándalo de corrupción y tráfico de influencias del yerno real ahora este feo asunto del Rey que además, por ironías del destino, es también el presidente honorario de una fundación a favor de la vida salvaje (WWF por sus siglas en inglés). España vive una crisis estructural y, como toda crisis humana, ella induce a identificar culpables. La hora de la abdicación a favor del príncipe Felipe está llegando. De no hacerlo, en la asignación de culpas que hará la sociedad española la Casa Real puede llevar la peor parte.

En ese momento la apreciación que tenía la sociedad española de su monarquía era mediocre: Del 1 al 10 la nota que se le ponía no llegaba al 5. Un claro “reprobado”. Dos años más tarde, estaba el Rey Juan Carlos a punto de abdicar y en ese mismo baremo que hacía el español Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) periódicamente, la calificación obtenida por la Corona era de apenas 3,72, su mínimo histórico. La última vez que el CIS midió a la monarquía, sin embargo, iba en franco ascenso y había llegado a 4,3 (Abril 2015). El CIS no volvió a medir el sensible tema de la monarquía, tras su reestructuración por el gobierno de Sánchez, pero la asunción del príncipe heredero y los descalabros que en el mundo político causara el Parlamento colgado tras las elecciones 2016 y 2017, hicieron que la valoración del nuevo rey ascendiera hasta 7,1 (Sociométrica, ene 2018).

La cifra no pareciera extraordinaria, pero lo es en el marco del resto de las instituciones fundamentales españolas: El Gobierno, el Parlamento, los partidos políticos, los gobiernos de las comunidades autónomas, los parlamentos regionales, los sindicatos, las organizaciones empresariales, y hasta la Iglesia católica tenían todos peor valoración que la de la monarquía española. Todavía la Corona es “primus inter pares” entre las instituciones fundamentales de España y la abdicación a favor de un heredero carismático y bien preparado obró el reposicionamiento que la Corona necesitaba.

Esa anécdota del 2003 se refleja claramente en una encuesta publicada recientemente por el diario digital El Español, que sugiere que uno de cada tres partidarios del PSOE valida a la monarquía parlamentaria como mejor sistema político para España. Cuando preguntamos a los españoles, en general, la cifra sube al 55%. Lo llamativo es que esta misma encuesta la había realizado la encuestadora Sociométrica para el diario apenas tres semanas atrás, y el apoyo explícito a la Corona en aquel momento era 15 puntos inferior.

En medio del último escándalo real por dineros no declarados al fisco, procedentes de compensaciones por mediación en grandes negocios ferroviarios, y una amante de por medio, Sociométrica había indagado sobre el mismo tema, y en ese momento la República y la Monarquía Republicana habían quedado empatadas como sistema político preferido por los españoles. El vuelco ha sido espectacular: 15 puntos en tres semanas. La salida de escena del Rey Juan Carlos, con su voluntario exilio y los virulentos ataques de Podemos han contribuido a ello, quizás la segunda más que la primera, pues habría logrado una victimización del anciano rey.

Las glorias son efímeras y la opinión pública olvida pronto los grandes logros, para empecinarse con los detalles más escabrosos de las historias, me recuerda el amigo Jorge Castro. Son las pequeñeces de los grandes hombres también sus rasgos más humanos. Aquellos pecados más cercanos a los que podría cometer cualquier cuñado: Una amante y una elusión fiscal, hacen que el juicio público sea más contundente. No hace falta gran elaboración ni conocimiento previo, y cualquier programa rosa puede exponer el caso en dos sentadas, haciendo las delicias del verano. Ya los romanos lo decían: Sic transit gloria mundi, así de rápido pasa la gloria del mundo…

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