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18 mayo 2024

La transición en Venezuela no es solo política (I)

Quizás como a los venezolanos nos costó tanto conquistar el voto directo, universal y secreto, hay cierta propensión por ver al voto como un fin en sí mismo. Es un error, sin duda. El auge global de los autoritarismos electorales demuestra cómo el voto puede ser empleado para promover transiciones, pero también para apalancar regímenes autoritarios, tal y como ha sucedido en Venezuela. No hay ni recetas mágicas ni soluciones sencillas a la crisis venezolana. Y el costo de cualquier intento fallido de transición puede ser muy alto, tomando en cuenta la Emergencia Humanitaria Compleja que azota al país.

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José Ignacio Hernández G. | 03 septiembre 2020

A medida que Venezuela avanza en el segundo semestre de 2020, los venezolanos se preguntan, cada vez con mayor insistencia, cuándo acabará la crisis que desde hace años afecta al que fuera considerado como el país más rico y con el mejor sistema democrático de la región. En el natural desespero que la crisis genera, las discusiones giran, un tanto desordenadamente, sobre diversas tácticas, como por ejemplo, el debate -ya tradicional- entre el voto y la “abstención”.

Si no sabes a dónde vas, cualquier camino sirve. La frase, de Lewis Carroll -y que George Harrison incluyó en su canción “Any Road”– advierte sobre el peligro de discutir tácticas sin estrategias, y más grave todavía, el riesgo de discutir estrategias si la “naturaleza del problema” -como le llama el profesor Ricardo Hausmann– no está clara.

“Calificar a la transición venezolana como compleja es útil pues permite comprender por qué la solución a la crisis venezolana debe partir de varias tácticas, cuyo diseño debe ser además imaginativo”

Este tema lo abordé en mi más recientemente libro, “Bases fundamentales de la transición venezolana” (Editorial Jurídica Venezolana, 2020), del cual extraigo una de las principales conclusiones relacionadas con el diagnóstico que he efectuado de la crisis venezolana, desde las gradas de la academia, pero también, desde el propio terreno de juego: La crisis de Venezuela no es solo política.

Venezuela: Tres transiciones

En Venezuela no hay una transición, sino tres transiciones: (i) La transición política (del autoritarismo de Maduro a la democracia constitucional); (ii) La transición económica (de la economía centralizada y anárquica a la economía de mercado); y (iii) La transición del Estado (del Estado fallido y criminal, al Estado funcional).

Dos conclusiones se desprenden de esta afirmación. La primera, que la transición en Venezuela requiere superar los tres obstáculos ya señalados, en el plano político, económico y estatal. La segunda, que cada una de estas transiciones está condicionada por las otras dos.

Esta es una de las razones por las cuales, citando a Juan Linz, he advertido del riesgo de analizar el caso venezolano desde las experiencias comparadas de transiciones políticas, pues en esas experiencias no estaban presentes ni la variable económica ni la variable del colapso del Estado.

“El índice más evidente del colapso del Estado venezolano es la Emergencia Humanitaria Compleja y la crisis masiva de refugiados y migrantes”

Por ello la importancia del diagnóstico del problema a resolver. Como explico en mi libro, Venezuela es un Estado fallido cuyas débiles estructuras han sido cooptadas por organizaciones criminales amparadas por un régimen autoritario que eliminó las condiciones de integridad electoral, todo lo cual ha desatado una Emergencia Humanitaria Compleja.

Analicemos cada elemento por separado.

Venezuela: Estado fallido

En el índice de Estados frágiles 2020, preparado por Fund for Peace, Venezuela aparece en el número 28 de los Estados más frágiles (una caída de más de 60 puestos desde el 2013, cuando Maduro llegó al poder).

Esto quiere decir que el Estado venezolano no cuenta con capacidad para cumplir con sus cometidos: Ni la garantía de acceso a bienes y servicios esenciales, como el suministro eléctrico, hasta el ejercicio del monopolio legítimo de la violencia en todo el territorio. Esto último ha permitido el surgimiento de organizaciones criminales, que van desde la cleptocracia hasta el comercio ilegal del oro.

Venezuela: Un autoritarismo donde el voto no elige

Entre 2004 y 2017 la oposición venezolana intentó un proceso de democratización por elecciones, esto es, intentó detener el autoritarismo populista de Chávez -continuado por Maduro- a través de procesos electorales. Todos los intentos fallaron. No solo no se logró detener ese autoritarismo, sino que éste fue avanzando, paso a paso, con cada proceso electoral. Las denuncias de fraude -particularmente en la elección de Maduro de 2013, y en el fallido referendo revocatorio de 2016- tampoco lograron avanzar en la transición.

“A partir de 2017 Maduro eliminó las pocas garantías electorales que habían sobrevivido al autoritarismo populista de Chávez, favoreciendo la celebración de elecciones no-competitivas, en la que solo los oponentes previamente calificados por el propio régimen podían participar”

A partir de 2017 Maduro eliminó las pocas garantías electorales que habían sobrevivido al autoritarismo populista de Chávez, favoreciendo la celebración de elecciones no-competitivas, en la que solo los oponentes previamente calificados por el propio régimen podían participar. Luego, en junio de 2020, Maduro reforzó el carácter no-competitivo de las elecciones, provocando una -nueva- crisis con el llamado a “elecciones parlamentarias” en diciembre, al margen de las más elementales condiciones de integridad electoral.

Venezuela: Emergencia Humanitaria Compleja

El índice más evidente del colapso del Estado venezolano es la Emergencia Humanitaria Compleja y la crisis masiva de refugiados y migrantes. Como recuerda Miguel Ángel Santos, Venezuela es el único país que aparece en las listas de los mayores colapsos del Producto Interno Bruto (PIB) y de las importaciones, lo que refleja la dimensión de nuestro colapso económico y social.

Esto, además, marca una dimensión temporal que debe tenerse en cuenta: La consolidación de la transición política puede tardar, pero la atención de la Emergencia Humanitaria Compleja no.

Las transiciones complejas requieren soluciones complejas

Las tácticas propuestas para solucionar la crisis venezolana suelen limitarse a dos opciones: Votar o no votar; comunidad internacional o presión política interna; sanciones o no sanciones… Calificar a la transición venezolana como compleja es útil pues permite comprender por qué la solución a la crisis venezolana debe partir de varias tácticas, cuyo diseño debe ser además imaginativo.

La discusión entre votar o no votar es, me parece, la más recurrente. Quizás como a los venezolanos nos costó tanto conquistar el voto directo, universal y secreto, hay cierta propensión por ver al voto como un fin en sí mismo. Es un error, sin duda. El auge global de los autoritarismos electorales demuestra cómo el voto puede ser empleado para promover transiciones, pero también para apalancar regímenes autoritarios, tal y como ha sucedido en Venezuela. Pero, además, el voto podría solucionar los problemas políticos, pero como dije, la transición en Venezuela no es solo política: Los grupos irregulares enquistados en las debilitadas estructuras del Estado no van a cesar en su poder fáctico por un resultado electoral adverso, ni el PIB va a crecer solo por un resultado electoral favorable.

Con lo cual, no hay ni recetas mágicas ni soluciones sencillas a la crisis venezolana. Y el costo de cualquier intento fallido de transición puede ser muy alto, tomando en cuenta la Emergencia Humanitaria Compleja que azota al país.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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