EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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“La despolarización comienza cuando en el liderazgo haya intentos de entendimiento y no sólo descalificación”

Para José Rafael Briceño la comedia parte de la verdad y le recuerda al político que nadie tiene la razón absoluta, que todos estamos sujetos a cometer errores. Además, es el único remedio contra la soberbia de creer que el emperador está vestido cuando generalmente está desnudo. Así abre el espacio el “profesor Briceño” a su análisis de la situación de Venezuela. Sus años como comunicador social y profesor universitario, más su reconocida faceta de humorista, le permiten optar por una posición de centro en un país donde los extremos arremeten día a día. Sostiene con firmeza que la despolarización comienza cuando en el liderazgo haya intentos de entendimiento y no sólo descalificación, porque Venezuela “quiere ver al liderazgo de verdad conversando, sin agendas personales ni guabineos para condenar lo mal hecho”.

-¿Qué lo llevó a asumir la bandera de la despolarización en sus distintos espacios de comunicación e intercambio con la gente?

-En este momento en nuestro país y en el mundo no hay visión más compleja que ser de centro. Las redes sociales han polarizado, aún más de lo que estaba, el discurso público de todo tipo, no solo el político, hoy si tú tienes una crítica con respecto a Trump, ya eres un comunista y si tú estás de acuerdo con la política exterior de Trump, entonces eres un nazi supremacista blanco. Lo que más me lleva trabajo todos los días es tratar de que no me encasillen en un extremo; primero porque creer que un bando tiene la visión completa de todo lo que debe hacer una sociedad a la hora de plantearse un proyecto de civilización, es absurdo casi que en términos filosóficos y ontológicos, ya que resulta obvio que cada lado tiene algo que aportar. El problema es que estamos en una vida de comiquita, porque nos negamos a la conversación. Estar en el centro implica tener un dialogo todos los días, mientras que en los extremos se predica una visión determinada, desde un bloque de granito sólido e inexpugnable, sin escuchar a nadie.

“Debe haber un mínimo de entendimiento, en señal de respeto a una sociedad que necesita tener señales de que conversan y están claros en la ruta y el tamaño del reto”

José Rafael Briceño

-¿Pero por qué nos negamos a tener esa conversación necesaria que usted menciona?

-Bueno, porque mientras esta entrevista la van a leer cinco mil personas, un tuit extremista, loco de perinola, lo pueden ver y retuitear veinte mil; y lo que contiene son doscientos cuarenta caracteres, donde es imposible que quepa una idea compleja, verdaderamente desarrollada, que hable de la sociedad que tenemos hoy. Por eso yo he dicho que estamos bajo la maldición de las citas: Gandhi dijo tal cosa, fulano dijo tal otra… Muchas veces están sacadas de contexto, entonces quedamos atrapados en una gritería de extremo a extremo y hay muy pocos espacios de conversación. Estoy claro en que no le podemos gustar a todo el mundo, pero deberíamos estar en la capacidad de conversar con todo el mundo.

-Pareciera que le está mandando un mensaje a la oposición venezolana.

-Cuando se trata de política es todavía peor, por ejemplo yo escuché la propuesta de Henrique Capriles, porque la consideraba importante y pensaba que explicaría una serie de interrogantes que van desde cómo su alternativa no es una legitimación a Maduro; hasta, dónde queda la presidencia interina y pasando por cuántos candidatos cree que vas a meter con este Consejo Nacional Electoral… Bueno, aunque hubo ciertas ideas ahí expresadas, en una hora no pudo desarrollar tres ideas o responder esas tres preguntas, y la gente se quedó con lemas: “A mí me dejan una rendija, yo meto la mano y luego meto el pie”. Pero, además, ¿había realmente necesidad de hablar mal de Gobierno interino en esa intervención? La verdad es que no. Lo estratégico es dejar la puerta abierta, para que tu postura se encuentre con la del otro en cualquier momento, porque las coyunturas políticas son impredecibles. Sin embargo, se impuso la falta de imaginación, el pensar que yo debo ser el más arrecho y tengo que construir la torre de granito más compacta, desde la cual voy a gritarle al mundo que soy quien tiene la razón. Otro caso reciente para destacar es el de María Corina Machado, mucha gente alega que ella fue a la conversación con Juan Guaidó, con la carta que sacó posteriormente ya redactada. Eso no es hacer política, porque en política tú tienes que estar dispuesta a ceder algo, a conversar algo y también a ganar algo. Lo mínimo que un dirigente debería evitar en este momento es enviar la señal de que sólo tienes un montón de ambiciones personales.

-Con lo que hemos visto en las últimas semanas, ¿cómo cree que es la percepción de la ciudadanía sobre la oposición?

-La imagen que le dejan a la gente es la de unos niños, con unas bolsas, lanzándose a buscar unos caramelos en un sitio donde ni siquiera hay piñata ni cumpleaños. Mientras tanto, el venezolano intenta resolver el problema del gas, la luz y la gasolina; razón por la cual no tiene tiempo de escuchar a alguien que ni siquiera le está ofreciendo un proyecto de país. Es muy inquietante que los políticos estén más preocupados en tener seguidores en las redes sociales, que en materializar un plan real con la gente. Si lo que se ve en el liderazgo son peleas y desunión, ¿qué le vas a exigir a la gente? No vemos a la dirigencia caminando ni escuchando a la gente, a pesar de las limitaciones deben ir a la base y averiguar qué piensa. No se justifica que a veces la gente esté mucho más clara que quienes pretenden dirigirla.

-¿Cómo se puede aplicar la despolarización a un país tan cansado, herido y crispado como Venezuela?

-Reconociendo errores, pero no con un discurso sino con acciones, tú no puedes proponer un plebiscito cuando ya hiciste uno y ni siquiera explicaste qué pasó con él, sino que simplemente seguiste de largo asumiendo que la gente está obligada a morir contigo, porque la otra opción es ser chavista. Lo primero que hay que hacer en un acto de contrición real y honesto, que se demuestre con acciones. Y lo segundo es dar el ejemplo desde arriba, el país quiere ver al liderazgo de verdad conversando, sin agendas personales ni guabineos para condenar lo mal hecho. Lamentablemente hoy parecen un montón de community managers o influenciadores que sólo saben decir lo que su grupo quiere oír, porque apuestan a que si hay un río revuelto esa gente los deje bien parados, porque hicieron la tarea de mantenerla contenta. La despolarización comienza cuando uno vea que arriba hay intentos de entendimiento y no sólo descalificación.

-Hay tres visiones en la oposición en este momento: Juan Guaidó, Henrique Capriles, y María Corina Machado; ¿considera que alguna apunta hacia la despolarización?

-El problema es que en la despolarización hay que tragar sapos, y estar dispuestos a escuchar cosas con las que no estamos de acuerdo. En términos conceptuales, más no facticos, la ruta que más apuntaría hacia ello es la de Guaidó, pero entre la chapuza del 30 de abril de 2019 y la Operación Gedeón, quedó un poco desarmada esa propuesta. Sin embargo, es la que más pareciera hacer una invitación a despolarizar, porque plantea un esquema para una transición democrática, pero saber vender eso es sumamente complejo debido a que se debe contar con una credibilidad muy alta. ¿Quién ha logrado vender algo así en la historia? Mandela, pero ese tipo de legitimidad no la tenemos y quienes han sido perseguidos políticos, a excepción de Gilber Caro y unos pocos más, no han tenido fuerza necesaria para decir “yo no le voy a agarrar odio a estos tipos, porque sé que aquí hay un problema mucho mayor que la postura de víctima y victimario en la que me han colocado a mi frente a mis captores”; y mira que Gilber tiene derecho a sentir rencor, pero su discurso no es de revancha y eso debe servir de ejemplo para quienes intentan lograr una salida a la crisis, en la que el lado contrario sienta confianza.

-¿La dirigencia política no apuesta a la despolarización por cálculos personales o porque sencillamente no han internalizado su importancia?

-No sé si es por ignorancia o mala intención; pero es mucho más cómodo trabajar bajo las reglas de la demagogia y decirle a la gente lo que quiere oír, y en función de eso mantener una base que les permita tener un cierto piso así sea opinático, que ser realistas y hablar con claridad. Por eso seguimos viendo la estimulación de falsas expectativas, les encanta decir que “estamos en transición, la llegada de la solución es inminente, la caída de Maduro está lista”, cuando todo indica que no es así. Es el perfecto ejemplo de que prefieren mantener cierta popularidad que dar una visión honesta a la gente.

“Lo único que nos queda es reírnos, porque el resto depende de una articulación que no están ejecutando los que tienen la responsabilidad de hacerlo”

José Rafael Briceño

-¿Pero eso para qué sirve si al final no conlleva al poder real?

-Bueno es que aquí estamos en la lucha entre el mundo perceptual y el mundo real, pero la realidad es perceptual hasta que te pega en la cara. La propuesta de María Corina está ahora en ese momento, los propios americanos tuvieron que salir a rebatir la opción de la supuesta invasión, ahora ella puede asumir un camino más realista o simplemente insistir en lo irreal… Eso no quiere decir que no haya cosas rescatables en su postura, el argumento de la amenaza creíble es muy válido y es parte de los tableros que hacen falta, pero no se maneja así y además no depende de nosotros. La despolarización requiere un trabajo continuo persona a persona. En el campo mediático y de redes es muy difícil que se dé, el escenario es el campo real donde tenemos que estar dispuestos a escucharnos y no violentarnos. Lastimosamente nosotros vamos a los extremos y dentro de ese panorama no caben las conversaciones pequeñas, donde yo me nutro de lo que tú planteas, y tú ves lo que yo te puedo proponer… Creer que se tiene absolutamente la razón es demencial. En cada una de las posturas que te he nombrado: Capriles, María Corina y Guaidó, hay elementos muy rescatables y que no son necesariamente antagónicos, pero hay que tener una discusión y la polarización no lo permite.

-¿Hay alguna vinculación entre la despolarización y la resiliencia?

-La resiliencia es la capacidad de convertir una dificultad en una ventaja; y eso tiene un valor importantísimo que aplica en el campo de la despolarización, porque cambia la parálisis por proactividad. La actitud resiliente hace que los polos en vez de ver los elementos del otro como obstáculos, los vea como una oportunidad para hablar o trabajar en conjunto. Sin embargo, la resiliencia tiene un elemento negativo: Rima con resistencia y se confunde con la idea de aguantar más allá de lo racional. Hay que tener mucho cuidado con transformarla en tolerancia a las injusticias impuestas por otros.

-¿A qué atribuye que el venezolano apele al humor o la broma para sobrellevar la realidad que padece?

-¿Pero alrededor de qué les pides activarse? Esos venezolanos que ves afrontando circunstancias terribles con cierto humor, son los mismos que en un momento dado protestaron y salieron a acompañar proyectos, pero ahorita qué les estás ofreciendo que no haya fracasado antes. Lo puedes ver también como la sonrisa del hombre en el paredón en el cuadro de Francisco de Goya; o asumirlo como una forma del venezolano para decir que desde el poder no le van a robar el mínimo sentido de vida o de normalidad que nos queda. A veces no tenemos la empatía para comprender que a quienes están en la cola no les queda otra cosa que sobrellevar la difícil situación que atraviesa de la mejor manera que puede. Mucha gente dirá que deberían organizarse y hacer algo, pero no es tan fácil, sólo basta con ver cómo han terminado los dirigentes gremiales que han intentado algún esfuerzo de movilización o protesta social. Si ellos han ido presos dos y tres veces, imagínense lo que le harían a un ciudadano común e indefenso si se pone a discutir o desafiar a un guardia nacional. A la gente no se le puede decir que no joda o que no eche vaina, porque es lo único que le queda. Lo único que nos queda es reírnos, porque el resto depende de una articulación que no están ejecutando los que tienen la responsabilidad de hacerlo.

-¿Cómo ve a la juventud que permanece en el país?

-¡Con qué cara se le puede decir a un joven que no se vaya del país si aquí no hay oportunidades reales! Y estamos hablando de una juventud que no está aspirando construir megaproyectos, sino que sólo desea tener una vida normal y hacer una familia. Hay que darse con una piedra en los dientes por el hecho de que todavía queden jóvenes dispuestos a incluirse en proyectos políticos, movimientos de protestas y ONG. Es increíble porque las circunstancias están dadas para que no quede un solo muchacho dispuesto a mover un dedo bajo estas circunstancias, cuando es evidente que el liderazgo no hace nada por unirse. Yo no estoy diciendo que debe hacer una unidad absoluta, porque eso es absurdo, pero sí debe haber un mínimo de entendimiento, en señal de respeto a una sociedad que necesita tener señales de que conversan y están claros en la ruta y el tamaño del reto. Esta juventud ni siquiera vio el país funcional que había cuando teníamos democracia; y sabe que esto está mal y quiénes son los responsables, imagínate si lo hubiesen visto… A ellos no se les puede pedir que no sean extremistas, porque tienen una rabia muy grande y más que justificada.

-¿Qué consejo le daría al liderazgo en este momento?

Primero, recuperen las bases; luego, escúchenlas y después de eso salgan a hablar y proponer, no al revés. Segundo, hablen entre ustedes antes de comunicar hacia afuera. Tercero, no planteen sus proyectos para reflejar que son mejores que los otros, sino para explicar cómo esa iniciativa positiva que proponen se puede hacer en el país. No todo es una declaración y no todo son las redes sociales, se necesitan bases sólidas y hechos que respalden lo que se dice. Por ejemplo, el éxito que tuvo Guaidó al inicio responde a que su propuesta se veía soportada por una estrategia y unos eventos que estaban sucediendo. La comunicación no es todo. El otro gran tema es que aquí todo el mundo es revolucionario, no nada más el chavismo… Por eso prometen y apuestan al súper cambio, a que de un día para otro se voltea una jugada o una conducta; y nadie toma en cuenta que modificar hábitos sociales y culturales toma tiempo. Hay que dejar de creer en cambios súbitos, por ejemplo, vamos a suponer que la versión más optimista del discurso de María Corina Machado se materializa: Llega una flota de marines a las costas venezolanas y Nicolás Maduro, junto a los jerarcas del régimen, se entregan para que comience una transición negociada. Ajá luego de eso, ¿qué vamos a hacer con la cultura de las alcabalas, bandas delictivas y colectivos? pero más allá de eso, ¿qué se hace con la cultura que venimos desarrollando de me salvo yo y se jode el otro? Eso no cambia de la noche a la mañana, eso es un proceso muy complejo y largo. Entonces, la dirigencia debe dejar de estar ofreciendo cambios súbitos.

-¿Qué estaría diciendo mi extraordinaria profesora Mercedes Pulido en este momento si estuviera entre nosotros?

-Cada vez que nos pusiéramos excesivamente negativos, nos recordaría que este país tiene la virtud del caos, es decir, que aquí nada sale exactamente como cualquiera lo tiene planeado, incluidos tus enemigos.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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