En la aldea
18 mayo 2024

Iconos de la ciudad

Esa hipótesis llamada Caracas

Una nueva aproximación a los íconos de la capital asumiendo las condiciones de la decadencia actual. Siempre haciendo la salvedad de que toda selección está destinada a ser incompleta, puesto que la lista habría podido ser claramente más amplia, estos son los 5 íconos de Caracas que he escogido como parte de su perfil cultural y urbano.

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Alonso Moleiro | 21 septiembre 2020

Olvidada, aislada de los eventos internacionales de interés, sin turistas, azotada por la mediocridad impuesta del chavismo, a Caracas sólo podemos celebrarla bajo el pacto de la intersubjetividad.

Los buenos tiempos de Caracas han quedado atrás, al menos por ahora, si bien la fuga de personas de los años de Maduro le han ido regresando a la capital una extraña placidez en materia automotriz, una irónica paz, ofrecida como consuelo, que le permite hacer juego accidental con las ofrendas de la naturaleza. Una insólita calma decadente opuesta a los tiempos del caos festivo del siglo XX.

En algún momento la capital tendrá que salir de su postración clínica y su sobredosis de chavismo, y, como un paciente que supera una terrible dolencia traumática, recuperar su memoria civil.

Regresarán a sus museos, su nocturnidad, sus modales peatonales. Habrá que trabajar duro para conjurar el demonio incivil del hampa. Mantener sus plazas, proteger sus estatuas, iluminar sus calles. Deberán volver los restaurantes, las cervecerías, las discotecas, los mercados de antigüedades, las curiosidades, los festivales artísticos, las iniciativas culturales de impacto, las fiestas en la calle.

El ambiente desolado de la cuarentena convierte a Caracas, apenas, en una hipótesis. La tarea pendiente de la reconstrucción nacional, sin embargo, nos otorga la libertad de imaginarla. Frente a su arquitectura intacta y El Ávila, en plazas con poca gente, transporte público discreto, sin vida de noche, la ciudad es solamente una posibilidad.

Siempre haciendo la salvedad de que toda selección está destinada a ser incompleta, puesto que la lista habría podido ser claramente más amplia, estos son los 5 íconos de Caracas que he escogido como parte de su perfil cultural y urbano.

Plaza Venezuela

La fuente de colores de la Plaza Venezuela, uno de los atractivos clásicos de Caracas, fue inaugurada en 1983 luego de una intervención paisajística producto de las obras civiles del Metro. Aquel día, al cortar la cinta, el presidente Luis Herrera declaró que el Metroes el gran civilizador contemporáneo”. Nacía el eje de la plaza con el Bulevar de Sabana Grande, también recién inaugurado. Fueron develadas la estatua de Andrés Bello, el Abra Solar de Alejandro Otero y el monumento de Carlos Cruz-Diez, con lo cual el espacio adquirió su identidad definitiva en la caraqueñidad. La plaza había sido construida en 1940: Su fuente inicial era la “Fuente Venezuela”, de Ernesto Maragall, hoy ubicada en el Parque Los Caobos. En los años ‘80 la Plaza Venezuela fue un espacio de gran colorido, una especie de postal elíptica donde se asentaba el nuevo centro de la ciudad, e incluía al viejo Paseo Colón, la Ciudad Universitaria, el comienzo de la Gran Avenida de Sabana Grande y los tres edificios que tutelaban sus confines: La antigua Torre Capriles, el Torre Phillips y la Torre Polar, vibrantes con sus tascas y cines. Es un espacio que ha mutado en varias sesiones de deterioro, pero sus entrañas fueron restauradas por el chavismo luego de haber permitido antes su total destrucción. El atractivo y sincronizado colorido de la Plaza Venezuela, su fuente y sus monumentos, siguen siendo una realidad, si bien poco podemos disfrutarla de noche, la Gran Avenida está abandonada y los edificios que circundan la fuente ahora lucen chatos y descuidados.

Palacio Federal Legislativo

Terminado totalmente en 1877, el palacio legislativo en funciones más antiguo de América Latina es el de Caracas. La circunstancia lo dota de un insospechado valor histórico adicional. Fue el gran edificio de la ciudad de la última parte del siglo XX, uno de los pocos que sobresalía a la distancia. Es un Palacio relativamente modesto en tamaño, siendo superado con claridad por el de Buenos Aires, La Habana o Bogotá. Pero sin duda que es un espacio cálido, elegante en sus detalles y rincones afrancesados. El gran atractivo del Palacio Federal Legislativo es su imponente Salón Elíptico, dominado por lienzo de la Batalla de Carabobo de Martín Tovar y Tovar, en el cual está el cofre con el Acta de la Independencia. La cúpula del Palacio quedó totalmente concluida en 1890. Vale la pena detenerse a apreciar los vitrales en el techo de los Hemiciclos y la fachada panorámica que le sirve de marco a la tribuna de oradores. También el Salón del Tríptico, el Salón de los Símbolos, la oficina de la Presidencia y la fuente de su jardín central.

Teatro Junín – Plaza O’Leary

Inaugurado en 1950, pasó años, cuidado sino décadas, abandonado y convertido en chatarra urbana hasta que fue milagrosamente reconstruido y regresado a la vida en 2013. Fue diseñado por el arquitecto estadounidense John Eberson. Su estructura circular haciendo esquina es particularmente elegante y no muy común en la ciudad; sería un excelente lugar para organizar algún evento internacional especial o un show televisado. El Teatro Junín fue inaugurado cinco años después de la Plaza O’Leary y ocho del proyecto de reurbanización de El Silencio. Es un perímetro urbano sobresaliente en términos arquitectónicos y urbanísticos, aunque no está listo para recibir visitas a causa de la inseguridad. Cuando todo quedó terminado, Carlos Raúl Villanueva, su promotor, declaró sobre “Las Toninas” de la plaza, del escultor Francisco Narváez: “El juego de agua de la fuente pone en evidencia, de nuevo, el dominio del hombre sobre los elementos de la naturaleza”.

Torres de El Silencio

Edificios inaugurados en 1954, con ellos conoció su fin definitivo la Caracas de los techos rojos. Para levantar aquel complejo, comenzado a construir en 1947, hubo que demoler muchas casas antiguas en la zona, además del conocido Hotel Majestic, inaugurado en 1919, el sitio que alojó en Caracas aCarlos Gardel. Las torres se llevaron también lo que alguna vez fue la Plaza de San Pablo, y el foyer del Teatro Municipal, su detalle estético más sobresaliente, para dejarlo en sus recortadas dimensiones actuales. A partir de la presencia de las Torres fue pensada la Avenida Bolívar, inaugurada en 1949. Caracas rompía el huevo. Por estos motivos, esos edificios gemelos fueron vistos con mucha antipatía y criticados sin piedad por caraqueños viejos y cronistas urbanos. Aquel conjunto, sin embargo, tiene muchos méritos estéticos y soluciones amables, diseñadas para una ciudad de otro tamaño. Una identidad modernista clásica, propia de la ciudad, con su hermosa textura de mosaico, su techo oval, sus dos plazas, sus pasillos y murales, sus antiguos capítulos comerciales. La Plaza Caracas, de aceptables dimensiones, fue inaugurada sobre sus propias entrañas en 1983. Ahora que ha sido restaurada la Plaza Diego Ibarra, el centro de la ciudad recobró mucho oxígeno urbanístico. Desde ella puede verse el hermoso y extenso balcón que domina la fachada delantera de las Torres del Silencio. En la plaza reposa una placa que en 1955 dejó sentado que aquel año la ciudad llegaba al millón de habitantes. Las Torres del Silencio, o Torres del Centro Simón Bolívar, fueron el símbolo de la ciudad varias décadas. Han pasado muchos años martirizadas por el abandono, corriendo una suerte parecida a la de la misma ciudad.

Plaza Francia de Altamira

Ocupa su lugar como la auténtica plaza civil de la ciudad: Acá no hay caballos, ni mandones, ni hombres armados, ni batallas, sino un obelisco como concepto y abstracción en un entorno peatonal vagamente afrancesado. Fue inaugurada en 1942 como uno de los proyectos bandera de la expansión hacia el este. Su único defecto es su obelisco, un poco chato respecto al tamaño total del espacio, el cual quedó totalmente terminado en 1949. Fue un lugar devaluado en los años ‘80, durante los años de trabajos del Metro. Regresó por sus fueros en julio de 1989, año en el cual el entonces presidente Carlos Andrés Pérez reinauguró la plaza -ahora llamada Plaza Francia de Altamira– en compañía del presidente francés François Mitterrand al cumplirse los 200 años de la Revolución Francesa para convertirse en el espacio estrella del este de Caracas. La llegada del Metro, con sus escaleras, comercios y facilidades, aumentó el brillo del recinto. Varios elegantes edificios de los años ‘50 y ‘60 custodian sus rincones. Aunque de forma manifiesta fuera de escala, el antiguo Hotel Four Seasons, hoy Caracas Palace, terminado en 1998, presenta un agradable acabado y se puede apreciar desde muchas partes de la ciudad.

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