En la aldea
21 julio 2024

Pasar “El Niágara en Bicicleta”

En varias partes del mundo las autoridades están tomando decisiones rápidas, como en el caso del incremento de la circulación de bicicletas y peatones, por lo que se han tomado iniciativas como las ciclorrutas temporales. Para ello han implementado ordenanzas para regular su funcionamiento, haciendo uso de la infraestructura existente, con inversión en señalización e iluminación, y que no supone grandes costos. Los beneficios a la salud y ambientales, lo práctico y económico de trasladarse en bicicleta, convierten a este modo de transporte en una buena opción para muchos.

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Celia Herrera | 28 septiembre 2020

Aunque el tema musical del cantautor Juan Luis Guerra se refiere a la difícil situación de los hospitales en muchos países, el título refleja lo complicado que luce para algunos venezolanos, la implementación de un sistema de transporte en el país que incluya la circulación en bicicletas.

A la pregunta: ¿Puede ser usada la bicicleta como modo de movilidad en las ciudades venezolanas?, mi respuesta es un rotundo sí. En ello coincido con numerosos profesionales del área de la ingeniería, la arquitectura y otras disciplinas afines. Contrario a lo que parece un retroceso para el grupo que tilda el uso de la bicicleta como deprimente, porque lo asocia a que únicamente es la respuesta a la sumisión a un modo obligado, por la escasez de gasolina en la nación, y destinado a los sectores de la población de menores recursos, la propuesta a la que me sumo está basada en los principios de las comunidades y ciudades sostenibles y, por tanto, en la movilidad sostenible. Vaya que sí es una visión de futuro.

“No se trata de copiar modelo alguno, tampoco de imponerlo como único modo de transporte, menos me olvido del clima adverso ante temperaturas extremas como las de Maracaibo, ni de la topografía abrupta en la región andina, por ejemplo”

Desde principios de siglo los países del denominado primer mundo y otros tantos en América Latina, para no poner patrones de comparación muy exigentes, están incorporando a la circulación del tránsito nuevas tipologías de transporte individual, más amigables con el entorno, bajo la denominada micromovilidad. Una gama de vehículos de movilidad personal cobró vigencia, con la recomendación del distanciamiento físico para evitar la propagación del Covid-19, entre los que se cuentan hoverboards, monociclos, patinetes, segways, Ebicis, que impulsados por energía eléctrica ayudan a sus usuarios en los traslados; así también, la tradicional bicicleta a pedal. Mediante ordenanzas las municipalidades han logrado ordenar la circulación de estos modos, tomando en cuenta aspectos de edad del conductor y medios para usar vehículos, zonas autorizadas para estacionar, normas para la prestación del servicio de alquiler -de ser el caso-, sanciones a infractores. Las nuevas tecnologías permiten a los usuarios de los sistemas de transporte tener acceso a información en tiempo real desde sus celulares inteligentes, y mediante aplicaciones conocer la ubicación geográfica de las estaciones para alquiler de vehículos, efectuar pagos electrónicos, entre otras muchas operaciones que le permiten hacer un mejor uso de su tiempo y realizar viajes en forma cómoda y segura, con total fluidez.

Mientras, en medio del auge de los traslados en bici en el país, en el marco del Estado de Alarma por la pandemia y la irregularidad en el servicio de suministro de gasolina, noto que este modo es subvalorado, entre otras razones que argumentan, porque “no somos Holanda”. Y me pregunto… si no les gustaría llegar a ser una nación como Holanda, donde el Presidente viaja solo en bicicleta, sin escoltas por cierto, inclusive a las reuniones del Parlamento Europeo, a las que concurren otros mandatarios. Es cierto que bajo las actuales circunstancias, no hay una profusa red de vías diseñadas y acondicionadas para la circulación de bicicletas en las ciudades de Venezuela; tampoco facilidades de interconexión modal, y preocupa especialmente la inseguridad ciudadana y vial.

Sin embargo, existen diversos proyectos de ciclorrutas, algunos a nivel de ingeniería de detalle y con modelos de negocio, contemplando la incorporación del sistema de alquiler en su conceptualización. Por referir uno de ellos, el extinto Instituto Metropolitano de Urbanismo de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, concretó “Caracas en Bici”, iniciativa que contempla 60km de ciclovías distribuidos en cuatro municipios, como sistema metropolitano de transporte a pedal. Infraestructura, gestión y financiamiento con inversión pública y privada, intermodalidad, intermunicipalidad y sistema público de bicicletas compartidas, constituyen ejes del mismo. Y así como en el Área Metropolitana de Caracas, existen propuestas de ciclorrutas en el Área Metropolitana de Valencia, en Barquisimeto, Barinas, La Guaira, y otras ciudades del país. De igual forma, aunque escasos, se cuenta con trayectos de ciclorrutas operando a la fecha.

“A la pregunta: ¿Puede ser usada la bicicleta como modo de movilidad en las ciudades venezolanas?, mi respuesta es un rotundo sí”

En Dinamarca suelen decir que “no existe clima malo sino mala ropa”, interesante en una de las naciones del mundo donde hay un mayor número de bicicletas por habitante. Claro está, que allí las personas no sueltan una bici, llueva o truene, porque tienen una tradición de pedalearque data de 1892 en la ciudad de Copenhague, y los autos llegaron en su momento, pero también la preocupación de los habitantes por la contaminación, los siniestros viales y la crisis petrolera, les hizo internalizar esa actitud de preservación de su entorno y calidad de vida. Esta manera de moverse ha estado acompañada de la gestión de gobierno sistemática, con grandes inversiones en proyectos e infraestructura en todo el país, así como con el ejemplo de sus gobernantes que van a sus puestos de trabajo a diario en bicicleta. Lo que siempre digo, se educa con el ejemplo; hay una cultura ciclista internalizada en sus ciudadanos. A ello se suma, que son muy bajos los actos delictivos de robos. Estos, entre otros aspectos, propician la circulación en bici.

A estas alturas, visto lo que sucede en todo el mundo, con el crecimiento de la industria y comercialización de la bicicleta, ante el aumento en la demanda por personas que se movilizan en este modo o desean hacerlo, es momento de aprovechar las potencialidades de las ciudades venezolanas y crear las facilidades y condiciones necesarias para su desplazamiento. Debo aclarar que no se trata de copiar modelo alguno, tampoco de imponerlo como único modo de transporte, menos me olvido del clima adverso ante temperaturas extremas como las de Maracaibo, ni de la topografía abrupta en la región andina, por ejemplo. Lo que veo como otros colegas es la oportunidad de inclusión, adaptando la vialidad existente con la infraestructura necesaria y su equipamiento, de manera que pueda sumarse el contingente de ciclistas al espacio para circular, antes de que la demanda nos rebase, como pasó en el caso de los motociclistas, y como corresponde. Soy de la opinión de segregar los espacios destinados a los ciclistas urbanos, por razones de seguridad vial; en vías de velocidades máximas permitidas para circular de entre 30 y 40 kilómetros por hora; crear zonas de pare adelantadas al resto del tránsito de vehículos en las intersecciones; colocar las señales verticales y marcas sobre el pavimento indicadas en el Manual Venezolano de Dispositivos para el Control del Tránsito; iluminar los trayectos; implantar estacionamientos; gestionar la interconexión de ciclorrutas entre sí, con sistemas como el Metro y relacionados, el transporte público superficial, corredores peatonales, y por supuesto crear condiciones de fiscalización y supervisión del tránsito, para garantizar la seguridad vial y ciudadana, que se precisa en los traslados. Es fundamental el acompañamiento con campañas informativas y educativas, orientadas a todos los actores que transitan en una vía pública, en pro de superar la anarquía y la impunidad, que pone en riesgo la vida y los bienes de las personas.

En este época a nivel internacional, las autoridades están tomando decisiones rápidas sobre aspectos de los que no tienen referencia, tal es el caso del incremento en la circulación de bicicletas y peatones, por lo que se han tomado iniciativas como las ciclorrutas temporales, con ordenanzas para regular su funcionamiento, haciendo uso de la infraestructura existente, con inversión en señalización, iluminación y colocación de dispositivos temporales, que no supone grandes costos. Una red más profusa de ciclorrutas bien estructurada, es necesaria en nuestras ciudades, y es posible usar la trama vial existente para gestionarlas; mientras, las ciclorrutas temporales bien podrían ser una opción.

Los beneficios a la salud y ambientales, lo práctico y económico de trasladarse en bicicleta, convierten este modo de transporte en una buena opción para muchos, vamos a darle cabida en el espacio público.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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