EN LA ALDEA

23 febrero 2024

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ūüé•La historia de un sue√Īo en la sabana (y III)

Corr√≠a el a√Īo 1953. La brecha entre las grandes ciudades del pa√≠s y regiones como los llanos se hac√≠a cada vez m√°s amplia en materia de infraestructura y otras dimensiones que signaban la condici√≥n de vida de las familias venezolanas. En Caracas se inauguraba la autopista a La Guaira; el Gran Caf√© abr√≠a sus puertas en Sabana Grande; el centro comercial Pasaje Zingg arrancaba a operar en El Silencio con las primeras escaleras mec√°nicas del pa√≠s; en la Ciudad Universitaria el Aula Magna con sus Nubes de Calder recib√≠a sus toque finales; en la Esquina de Jesuitas se fundaba la Universidad Cat√≥lica Andr√©s Bello; Arturo Uslar Pietri comenzaba a transmitir su programa ‚ÄúValores Humanos‚ÄĚ por la se√Īal de la reci√©n creada Radio Caracas Televisi√≥n; y en Maracaibo se inauguraba el fabuloso Hotel del Lago. Mientras tanto, en San Fernando de Apure, no ocurr√≠a nada.

Sin duda que el bachillerato represent√≥ un reto para el joven F√©lix. Luego del impacto inicial que signific√≥ interactuar con muchachos de la alta esfera apure√Īa, la condici√≥n innata de F√©lix Leonardo para conectar con la gente empez√≥ a manifestarse. En lo acad√©mico, las matem√°ticas pronto se hicieron sus clases favoritas. ‚ÄúMe parec√≠a lo m√°s f√°cil y menos demandante‚ÄĚ, afirmaba. ‚ÄúCon otras materias, como por ejemplo biolog√≠a, uno se iba a una fiesta y se la pasaba repitiendo en la cabeza que si el est√≥mago est√° pegado a los intestinos, y que si los pulmones a la laringe; en cambio, con las matem√°ticas, uno cerraba el libro y ah√≠ quedaba todo, no volv√≠as a pensar en eso hasta que te sentabas de nuevo a estudiar‚ÄĚ.

Las habilidades con los n√ļmeros llevaron al joven Seijas a fungir de maestro informal de algunos compa√Īeros de clase. ‚ÄúNos √≠bamos a la orilla del r√≠o y nos sent√°bamos por horas a estudiar‚ÄĚ, narraba F√©lix. Los pupitres eran troncos y ra√≠ces de arboles sobre los que los adolescentes saborearon los primeros bocados del √°lgebra.

F√©lix Leonardo Seijas el d√≠a que recibi√≥ el bot√≥n por los 50 a√Īos de egresado de la Universidad Central de Venezuela.
F√©lix Leonardo Seijas el d√≠a que recibi√≥ el bot√≥n por los 50 a√Īos de egresado de la Universidad Central de Venezuela.

Cuando la concentraci√≥n se hac√≠a esquiva llegaba el merecido receso y empezaba el torneo de lanzamiento de terrones de arena. Los muchachos tomaban turnos para elegir una pieza de barro compactado, que lanzaban al r√≠o lo m√°s horizontal posible para hacerlo rebotar m√°s veces que sus contrincantes. ‚Äú‚Äė¬°Te toca a ti, Ra√ļl!‚Äô‚ÄĚ, gritaban todos se√Īalando a Ra√ļl Est√©vez, hoy presidente de la Fundaci√≥n Museo de Ciencias y Tecnolog√≠a de M√©rida (Muncyt), hijo del primer matrimonio de Mar√≠a Laprea, hermano del humorista Claudio Nazoa y padre del Chef Sumito Est√©vez.

Luego vendr√≠a el hijo de Esteban Araujo, uno de los fundadores del partido Acci√≥n Democr√°tica en el estado Apure. ‚ÄúA √©l lo mandaban al colegio con bastante comida y nunca pod√≠a con todo, as√≠ que la com√≠amos entre los dos‚ÄĚ, apuntaba F√©lix llevando los dedos cerca de los labios. ‚Äú¬°Vamos, Cachete!‚ÄĚ, apuraban por el mote a Carmelo Ricker, quien a√Īos despu√©s, en Par√≠s, formar√≠a parte del equipo de trabajo en los talleres del maestro del cinetismo, Jes√ļs Soto. Con Carmelo funcionaba un sistema de intercambio: F√©lix le hac√≠a los trabajos de matem√°ticas y ‚ÄúCachete‚ÄĚ le retribu√≠a con los de arte y dibujo t√©cnico, para los que el joven Seijas no mostraba inclinaci√≥n ni destreza.

A mediados de los cincuenta, una serie de cambios empezaron a ocurrir en el seno de la familia Seijas. Mar√≠a, la hija de 24 a√Īos, la mayor luego de la muerte de Carmen, se cas√≥ y se mud√≥ a Acarigua, estado Portuguesa. Anselma y Antonia fueron enviadas a estudiar a San Juan de Los Morros, a la casa de los Castillos, que era casi un convento. F√©lix, que ya entraba en segundo a√Īo de bachillerato, el √ļltimo que pod√≠a cursar en la capital de Apure, pronto tendr√≠a que dejar el llano para continuar los estudios.

Jos√© Gregorio sab√≠a que la hora de dar el siguiente paso hab√≠a llegado y en silencio fij√≥ la ciudad de Maracay como destino. Todo aquello formaba parte de lo que el patriarca hab√≠a concebido por all√° en 1944, cuando parti√≥ en mulas a San Fernando. ‚Äú‚ÄėPoco a poco los fui sacando a la luz‚Äô‚ÄĚ, sol√≠a repetir a sus hijos.

‚ÄúMi pap√° empez√≥ a viajar para arreglar las cosas‚ÄĚ, recordaba F√©lix. ‚ÄúQuiz√°s lo conversaba con mam√°, pero a nosotros no nos dec√≠a nada‚ÄĚ. De uno de esos viajes Jos√© Gregorio regres√≥ con un libro del que F√©lix no se separar√≠a por a√Īos, y que a√ļn hoy descansa en su biblioteca: El √Ālgebra de Baldor.

El viejo Seijas vendi√≥ la casa en Mango Verde por doce mil bol√≠vares. Con el dinero compr√≥ un terreno en el Barrio San Jos√© de Maracay, derrib√≥ el rancho que ocupaba la propiedad y construy√≥ la casa en la que vivir√≠a sus √ļltimos a√Īos. Cuando F√©lix se enter√≥ de los planes, la suerte ya estaba echada: Los nuevos due√Īos de la casa de Apure necesitaban ocuparla y Jos√© Gregorio tuvo que adelantar la mudanza cuando a√ļn faltaban tres meses para que F√©lix terminara el a√Īo escolar. ‚ÄúMi familia parti√≥ para Maracay y yo me qued√© en casa de la t√≠a Dolores mientras terminaba las clases‚ÄĚ, contaba. ‚ÄúNo hubo problema alguno, yo ten√≠a mucho contacto con mi t√≠a y me sent√≠a c√≥modo con ella‚ÄĚ.

F√©lix Leonardo junto a sus nietos, tras recibir el bot√≥n por los 50 a√Īos de egresado de la UCV.
F√©lix Leonardo junto a sus nietos, tras recibir el bot√≥n por los 50 a√Īos de egresado de la UCV.

En junio de 1956 el muchacho de quince termin√≥ el segundo a√Īo, retir√≥ sus papeles del liceo, tom√≥ el bolso, la bicicleta, el √Ālgebra de Baldor, y se despidi√≥ del llano como casa para siempre. Por segunda vez en su vida un autob√ļs lo llev√≥ hacia las monta√Īas, solo que en esta ocasi√≥n pas√≥ de largo San Juan de Los Morros rumbo a La Encrucijada, destino final del transporte. Al llegar ah√≠ tom√≥ la bicicleta, enfil√≥ el manubrio hacia el oeste y empez√≥ a pedalear. Rodando dej√≥ atr√°s Turmero e ignor√≥ al Sam√°n de G√ľere, que en silencio lo vio avanzar desafiante. Ya en Maracay pregunt√≥ por el Barrio San Jos√©, y sigui√≥ preguntando hasta dar con la casa de la familia.

Lo que encontr√≥ lo tom√≥ por sorpresa. ‚ÄúCuando llegu√© me impact√≥ la sensaci√≥n de pobreza‚ÄĚ, recordaba. En San Fernando viv√≠an en una buena casa y Jos√© Gregorio ten√≠a varios negocios, como la bodega y el botiqu√≠n, adem√°s del sueldo de Comisario. En Maracay, hasta ese momento, solo ten√≠a la bodega y el ingreso era limitado. A la casa le faltaban cosas por concluir y mejorar, como algunos cuartos y el techo, que para entonces era de l√°minas de zinc. ‚ÄúMi hermano Jos√© pas√≥ a ser una ayuda importante para la casa‚ÄĚ, afirmaba F√©lix. ‚ÄúMe llevaba cinco a√Īos, que en aquel momento era una diferencia importante. √Čl se volvi√≥ un hombre muy trabajador‚ÄĚ.

A los pocos d√≠as Jos√© Gregorio acompa√Ī√≥ a su muchacho al Liceo Agust√≠n Codazzi para inscribirlo en tercer a√Īo. S√≠, la vida y sus gui√Īos hab√≠an llevado a F√©lix a un plantel cuyo nombre honraba al General que luch√≥ en los llanos junto a P√°ez, y cuya descendencia se radic√≥ en San Fernando encontrando ah√≠ tanto la fortuna como la ruina.

El clima y la conveniente ubicaci√≥n de Maracay la hac√≠an un destino noble para guarique√Īos y apure√Īos que, por aquellos tiempos, ve√≠an como el brillo de los alrededores de San Fernando se opacaba a medida que el desarrollo de las v√≠as terrestres y el auge del petr√≥leo restaban importancia al transporte fluvial. De manera que al hablar, el acento de la sabana no llamaba la atenci√≥n en una ciudad repleta de llaneros. Sin embargo, para el joven Seijas comenz√≥ una etapa llena de rostros y c√≥digos desconocidos. ‚ÄúEn una ocasi√≥n, en el liceo, un muchacho me agarr√≥ una nalga‚ÄĚ, recordaba F√©lix a√ļn con rastros de indignaci√≥n. ‚ÄúS√© que para ellos era un juego, pero yo ven√≠a del llano, donde algo as√≠ era una agresi√≥n m√°s fuerte que una mentada de madre‚ÄĚ. ‚ÄėEl torito Seijas‚Äô, como lo llamaban los vecinos en Mango Verde por su car√°cter explosivo, reaccion√≥ de manera violenta y descarg√≥ la potencia de su contextura sobre el desafortunado agresor.

Algo similar ocurri√≥ con el docente de f√≠sica. ‚Äú√Čl era de esos que ten√≠an fama de abusar verbalmente de los alumnos. Conmigo lo intent√≥ en una clase y no tard√© en estallar‚ÄĚ, apuntaba F√©lix, que estuvo a punto de ser expulsado del liceo. ‚ÄúEn la junta en la que se decidir√≠a mi suerte una profesora intercedi√≥ por m√≠ y me salv√≥ de ser echado‚ÄĚ. La benefactora convenci√≥ a la directiva de que aquel muchacho ven√≠a de un entorno diferente, y que adem√°s su temperamento hab√≠a sido retado de manera inapropiada por el Profesor. La docente era Luisa Teresa Lanz, futura directora del plantel, cargo que ocup√≥ por veintid√≥s a√Īos, y cuyo auditorio hoy lleva su nombre en honor a una de las m√°s celebradas pedagogas del pa√≠s. A sus 92 a√Īos, Mar√≠a Teresa se mantiene activa en el centro que fund√≥: El Instituto de Educaci√≥n Integral. ‚ÄúElla y yo mantuvimos contacto durante varias d√©cadas. Siempre le agradecer√© aquel gesto‚ÄĚ.

Dieciocho meses despu√©s de la mudanza a Maracay lleg√≥ 1958 con su enero nervioso. El gobierno de Marcos P√©rez Jim√©nez tambaleaba y la Seguridad Nacional, polic√≠a pol√≠tica de la dictadura, intentaba controlar las protestas estudiantiles. Durante d√≠as se practicaron redadas en todo el pa√≠s y F√©lix, que cursaba para entonces cuarto a√Īo de bachillerato, fue detenido en una de ellas. En el bolsillo llevaba una carta firmada por Flor Mar√≠a Chalbaud, esposa del dictador, a quien hab√≠a solicitado una beca estudiantil. La carta anunciaba la aprobaci√≥n de una ayuda de 80 bol√≠vares mensuales para lo que F√©lix deb√≠a presentarse en el Consejo Municipal, frente a la Plaza Girardot, y realizar los tr√°mites correspondientes. Iba camino al Consejo cuando fue apresado. ‚ÄúMostr√© la carta y a las horas me liberaron‚ÄĚ.

D√≠as despu√©s, a pocas horas de haber ca√≠do la dictadura, las calles y el azar llevaron a F√©lix a toparse con su captor. ‚ÄúYo no quer√≠a hacer nada de eso, era la situaci√≥n, ellos nos obligaban a hacerlo‚ÄĚ, se excus√≥ el verdugo sin ser interpelado.

El 23 de enero de 1958 despeg√≥ de la Base A√©rea La Carlota, en Caracas, el avi√≥n conocido como ‚ÄúLa vaca sagrada‚ÄĚ. En √©l hu√≠a el dictador rumbo al exilio y Venezuela empez√≥ a degustar los primeros sorbos de democracia. En enero de 1959 Betancourt asumi√≥ la Presidencia de la naci√≥n al ganar las segundas elecciones libres en la historia del pa√≠s. Mientras tanto, los planes de F√©lix segu√≠an intactos: Culminar bachillerato y alcanzar la universidad.

En julio de 1959, ya con el t√≠tulo de Bachiller en las manos, F√©lix y su amigo y compa√Īero de liceo, Jorge Arcia, se embarcaron en un autob√ļs a la capital para inscribirse en la Escuela de Estad√≠stica y Ciencias Actuariales de la Universidad Central de Venezuela, una Escuela creada apenas dos a√Īos antes y de la que hab√≠an escuchado en una de las visitas que las comisiones de la Universidad Central de Venezuela (UCV) hac√≠an por los liceos de las principales ciudades del pa√≠s, dando charlas y entregando folletos sobre las carreras de educaci√≥n superior.

Caracas los recibi√≥ con sus edificios y su ritmo acelerado. El cerro El √Āvila, que estaba a pocos meses de convertirse en Parque Nacional, imponente y de un verdor y aroma distintos al que hoy conocemos gracias al tratamiento de ingenier√≠a en sus pendientes y a la forestaci√≥n a cargo de Jos√© Rafael Garc√≠a en la d√©cada de los sesenta, no dejaba de observarlos desde alturas hasta ahora desconocidas por ellos. ‚ÄúEn Caracas dorm√≠ por primera vez en cama‚ÄĚ, contaba F√©lix. ‚ÄúLos primeros meses sacaba la pierna a media noche para mecerme y al golpear el piso despertaba y recordaba que no estaba en mi chinchorro‚ÄĚ. Durante ese primer per√≠odo F√©lix viaj√≥ poco a Maracay. Quer√≠a evitar a algunos conocidos que desde la ca√≠da de P√©rez Jim√©nez le insist√≠an en que retrasara los estudios para unirse a movimientos pol√≠ticos de izquierda. F√©lix hab√≠a llegado a la universidad, su sue√Īo de ni√Īo, y nada lo apartar√≠a de ella. Adem√°s, en secreto, comenz√≥ a sentir que otro anhelo que de joven ocupaba un lugar importante en sus metas pod√≠a materializarse en pocos a√Īos: Formar una familia.

Félix Leonardo, su esposa Gladys y sus 4 hijos.
Félix Leonardo, su esposa Gladys y sus 4 hijos.

Sin embargo, el primer golpe importante en la vida de F√©lix Leonardo estaba por llegar. El 20 de marzo de 1960, cuatro a√Īos despu√©s de que los Seijas dejaran San Fernando y menos de un a√Īo luego de que F√©lix ingresara a la universidad, el joven tom√≥ el autob√ļs rumbo a Maracay y, en una parada de la carretera, se baj√≥ a comprar un pan dulce. En el camino escribi√≥ en un papel: ‚Äú‚ÄėFeliz d√≠a de tu santo, Pap√°‚Äô‚ÄĚ, y al llegar le entreg√≥ el presente al viejo Seijas, que siempre consideraba el 19 de marzo, d√≠a de San Jos√©, como una fecha especial. Cuatro horas despu√©s Jos√© Gregorio sufri√≥ un ataque al coraz√≥n.

Con la muerte del padre el soporte econ√≥mico de ‚ÄúJose√≠to‚ÄĚ, el √ļnico hermano var√≥n, se volvi√≥ fundamental para la casa. F√©lix regres√≥ a la universidad, pero la idea de lo que para la familia representaba la muerte de su padre a√ļn palpitaba nerviosa. Una ma√Īana, camino a clases, se detuvo frente a un negocio que exhib√≠a un letrero ofreciendo trabajo y entr√≥ para hablar con el due√Īo. Durante la conversaci√≥n el hombre le fue sacando informaci√≥n hasta enterarse de la situaci√≥n. ‚Äú‚ÄėMire, muchacho‚Äô‚ÄĚ, dijo el comerciante, ‚Äúsi usted tiene con qu√© comer y pagar su habitaci√≥n, siga estudiando, no se ponga con esto‚ÄĚ. Los √°ngeles aparecen donde menos lo esperas.

En aquella realidad, el consejo de aquel hombre era el m√°s sabio. Venezuela era un pa√≠s que ofrec√≠a escalones a quien tuviese la entereza y disposici√≥n de luchar por conquistar sue√Īos. Las residencias universitarias, el sistema de becas y la protecci√≥n en el tema salud que la UCV ofrec√≠a a sus estudiantes -por ejemplo, a trav√©s de la Oficina de Bienestar Estudiantil (OBE) se hicieron los arreglos para operar el ojo de F√©lix y corregir el estrabismo-; permitieron al joven Seijas conquistar en julio de 1964 el t√≠tulo de Licenciado en Ciencias Estad√≠sticas, formar un hogar, y emprender una historia profesional en la que ha dejado numerosos aportes a la sociedad, y en la que tambi√©n recogi√≥ reconocimientos de los que poco hablaba, como la Orden M√©rito al Trabajo en Primera Clase; la Orden Andr√©s Bello en su Banda de Honor; la Orden Francisco de Miranda en Primera Clase, y la Orden Jos√© Mar√≠a Vargas en su Primera Clase. F√©lix dict√≥ clases durante 34 a√Īos en las aulas de la UCV y se jubil√≥ como Profesor Titular. En esa casa de estudios obtuvo tambi√©n el t√≠tulo de Doctor en Ciencias. Fue miembro titular del Instituto Interamericano de Estad√≠stica y de la Asociaci√≥n Mundial de Muestristas. Fue pionero en el desarrollo de m√©todos de investigaci√≥n p√ļblica y pol√≠tica electoral en el pa√≠s y public√≥ tres libros de la especialidad; dirigi√≥ durante diez a√Īos la instancia m√°xima rectora de estad√≠stica de Venezuela; y fund√≥ la firma de investigaci√≥n de opini√≥n p√ļblica m√°s antigua y de mayor prestigio en el pa√≠s: El IVAD. Sin embargo, hay un reconocimiento cuyo s√≠mbolo despu√©s de recibirlo siempre visti√≥ con orgullo: El bot√≥n por los cincuenta a√Īos de egresado de la UCV. ‚ÄúHaber llegado a la universidad fue el logro que cambi√≥ mi vida‚ÄĚ.

La historia de F√©lix es la de tantos hombres y mujeres de aquella Venezuela rural que labraron un camino a trav√©s de la educaci√≥n, en un pa√≠s que ofrec√≠a oportunidades y premiaba el esfuerzo. Tan solo en Agua Verde, un caser√≠o remoto del llano venezolano, adem√°s de F√©lix se pueden nombrar casos como el de Elpidio Franco Zerpa, autor de varios libros de Derecho, y el de √Āngel Zerpa Mirabal, ex diputado del Congreso Nacional.

En casa, acostado en su hamaca de descanso, con las piernas extendidas y cruzadas a la altura de los tobillos, F√©lix, de 78 a√Īos, peinaba con los dedos el cabello blanco met√°lico. Sobre el pecho sosten√≠a uno de los tantos libros que a diario devoraba. Estaba consciente de la sentencia que el c√°ncer hab√≠a impuesto en su cuerpo, y decidi√≥ mantenerlo en privado y vivirlo a su manera. A lo largo de su vida cuid√≥ no ser aquel que produce cargas en otros, sino el que las alivia. Al arrullo del chirriar de las alcayatas su mirada se mezclaba con el cielo a trav√©s del acr√≠lico que lo proteg√≠a de la lluvia. ‚ÄúEn la vida es m√°s importante la actitud que la aptitud‚ÄĚ, dijo. ‚ÄúA m√≠ me hubiese gustado ser Einstein, pero siempre he sabido administrar mis limitaciones‚ÄĚ.

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La opini√≥n emitida en este espacio refleja √ļnicamente la de su autor y no compromete la l√≠nea editorial de La Gran Aldea.

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