En la aldea
24 junio 2024

Votar o no votar, he ahí el dilema

Tanto la posición de quienes llaman a votar como de quienes se oponen a ese llamado, si no se cumplen las condiciones fundamentales para que haya elecciones transparentes, enfrentan la dura realidad de un país que sufre una crisis tan seria que muchos ciudadanos han hecho de la supervivencia su más alta prioridad. Entonces, ¿cuál es el primer paso que debe darse para promover el cambio político necesario que conduzca al país hacia un futuro de desarrollo?

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Ramón Piñango | 05 febrero 2021

Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible
y, de repente, estarás haciendo lo imposible
Francisco de Asís

Con renovada fuerza, reaparece la discusión sobre si la oposición debe ir a elecciones o no. Como ya ha ocurrido unas cuantas veces, se plantea la discusión en términos amargos. De nuevo, llama la atención la seguridad, sin abrigar la más mínima duda con que unos y otros plantean sus posiciones sobre ese tema tan importante para el país.

¿Cuáles son los argumentos principales en que se fundamentan cada una de las posiciones? Es importante tenerlas claras sin juzgar las intenciones de sus defensores sino sus razones.

Se debe ir a elecciones

Los argumentos más importantes que suelen plantear quienes están a favor de votar en las próximas elecciones regionales y locales, son:

El país sufre una crisis profunda en lo social, lo económico y lo político.

  • Los esfuerzos hechos por quienes plantearon la idea de un gobierno interino no han dado ningún resultado y la crisis se agrava día tras día. No se ha logrado pasar a las fases de “gobierno de transición” y “elecciones libres” porque no se culminó el “cese de la usurpación”.
  • El apoyo de otros países no ha tenido ningún efecto para provocar un cambio político de ningún tipo.
  • La vía para generar un cambio político debe ser la electoral.
  • Si se logra una gran convergencia de esfuerzos de los grupos opositores, pueden lograrse elecciones competitivas.

No se debe ir a elecciones

Por su parte, quienes plantean que no se debe ir a elecciones fundamentan su posición en los siguientes argumentos:

  • Sin duda, el país sufre una grave situación que exige un cambio en la conducción del gobierno.
  • No tenemos un gobierno democrático dispuesto a apoyar elecciones confiables.
  • Ir a elecciones en las condiciones que imponen quienes detentan el poder sólo garantiza que el régimen las ganará y se afianzará. En tal sentido, una y otra vez se recuerda la frase que le atribuyen a Stalin: “No importan los votos sino quienes los cuentan”.
  • Se podría aceptar ir a elecciones si se cumplen, entre otras, las siguientes condiciones: Revisión y actualización del Registro Electoral; designación de un Consejo Nacional Electoral (CNE) imparcial mediante acuerdo con la oposición; vigilancia internacional en todas las fases del proceso; restitución de las autoridades de los partidos políticos intervenidos; despenalización de los inhabilitados políticos.
  • Sin embargo, porque quienes tienen el poder no tienen vocación democrática, esas condiciones jamás serían aceptadas.
  • Hay que seguir buscando apoyo para que haya elecciones legítimas.

Sin duda, votar en elecciones libres, transparentes y creíbles es un objetivo fundamental en un país democrático.

En un tuit reciente el politólogo Jorge Lazo Cividanes afirmó:

Votar en elecciones libres y transparentes es el objetivo, no un medio. Una elección puede ser, dependiendo del contexto y el tipo de régimen, una ventana de oportunidad. Y para aprovecharla se necesita mucho más que buenas intenciones y deseos de entenderse.

Tanto la posición de quienes llaman a votar como de quienes se oponen a ese llamado, si no se cumplen las condiciones fundamentales para que haya elecciones transparentes, enfrentan la dura realidad de un país que sufre una crisis tan seria que muchos ciudadanos han hecho de la supervivencia su más alta prioridad; perdiendo interés en lo político, como lo muestran estudios recientes del Centro de Investigaciones Populares. Por esta y otras razones, quienes defienden una u otra posición en relación con la participación en elecciones tienen que conversar para acordar cuál es el primer paso que debe darse para promover el cambio político necesario que conduzca al país hacia un futuro de desarrollo.

Hoy se habla de diálogo entre gobierno y oposición. Es dramático y lamentable que no se ha logrado establecer un diálogo fructífero entre las distintas facciones opositoras. Hoy no podemos eludir una pregunta: ¿Qué hay que hacer para que ese diálogo ocurra y sea eficaz? Contribuir a responderla constituye un reto fundamental para el liderazgo, tanto del ámbito político como el de la sociedad civil. No responderla sería una clara demostración del vacío de liderazgo que estamos sufriendo. Y los vacíos de liderazgo tienden a ser llenados, no siempre de manera feliz.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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