En la aldea
20 mayo 2024

El español contra el inglés

Cuando el día apenas se inicia ya es “mañana”, la mañana. Aún no termina y ya es “tarde”, la tarde. Los que hablan en la esfera del inglés no viven esas ambigüedades: Se levantan en “the morning” y observan el ocaso hacia el final de “the afternoon”. Sucede que el español y el inglés nos ofrecen dos maneras de entender la vida y el mundo. Ciertamente coinciden en innumerables y esenciales visiones, pero también existen diferencias que al entenderlas pueden traernos más provecho que las coincidencias.

Lee y comparte
Federico Vegas | 08 febrero 2021

Cuando ya Caracas tenía décadas de fundada, todavía navegaban capitanes ingleses buscando cerca del Polo Norte un paso hacia las riquezas de Oriente. En 1609, Henry Hudson, quien trabajaba para una compañía holandesa, entró por el hoy río Hudson y creyó haber encontrado un paso hacia el otro océano. Su intuición resultó aparentemente infructuosa, pues de su error nacería, entre otras maravillas, la ciudad de Nueva York.

Entre las culturas imperiales que conquistaron y colonizaron el norte y el sur de América, las diferencias han sido notables. Me atrevo a decir que cuando llegaron los tiempos de nuestra independencia, el 90% de las poblaciones suramericanas ya estaban fundadas, mientras al norte de América apenas llegarían a más de un 10%.

Las nuevas naciones suramericanas partieron de una colonia española dividida en provincias. Los estadounidenses, después de independizarse de Inglaterra, colonizaron ellos mismos una gigantesca porción del Continente. Quizás esta inmensa diferencia les permitiría avanzar más rápido y con menos predeterminaciones. Lo cierto es que las diferencias han sido notables y el tiempo continúa intensificándolas. Cuando se dan estos desbalances, más que cerrar los ojos, hay que mantenerlos muy abiertos y tratar de comprender.

A partir del chavismo se puso de moda entre nuestros gobernantes el despreciar esas herramientas fundamentales de comunicación que son los idiomas. Tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro suelen intercalar en sus discursos algunas lenguaradas en un inglés mal pronunciado. Se trata de un esfuerzo a la inversa: “Ya que no lo hablo, voy a exagerar mi limitación para que parezca que imito a alguien que lo habla peor que yo y así resultara divertido”.

Esta comedia, que pasa como una muestra de desprecio a una lengua y a quienes se jactan de hablarla por cuna o estudio, es una bufa manera de guardar distancia y, de paso, creernos superiores. Ciertamente es un mal síntoma acentuar una brecha ante un contrincante poderoso al que debemos conocer a fondo, tanto para protegernos como para sacarle todo el provecho posible.

“El escritor Julio Ortega dijo en un momento de inspiración, y quizás de desahogo: ‘Las historias nos unen, la historia nos separa’”

Mi inglés es deficiente por razones estructurales. Me falta oído y resulta que todo idioma es una música. No conozco a fondo la gramática y cada vez leo menos textos en inglés. Confieso con vergüenza que a Shakespeare lo entiendo y lo disfruto más en español. He gozado mucho recitando la versión del monólogo de Hamlet que recomendaba Isaac Pardo: Ser o no ser, esta es la vaina.

En las películas, para dar un ejemplo menos sacrílego, leo los subtítulos. No es que me haga falta; sucede que me ofrecen la posibilidad de un mayor disfrute al tener una doble versión de lo que los actores quieren decir.

Sucede que el español y el inglés nos ofrecen dos maneras de entender la vida y el mundo. Ciertamente coinciden en innumerables y esenciales visiones, pero también existen diferencias que al entenderlas pueden traernos más provecho que las coincidencias. Una lengua bilingüe encuentra más sabores, se alimenta mejor y como decía una alegre chica argentina: “Que sé yo, se conoce gente”.

Con los años mi español se ha hecho crónico, casi incestuoso. Al hablar en inglés siento que actuó, al escribir que miento. Debo aclarar que actuar y mentir pueden ser interesantes herramientas de comunicación. Mi situación no es trágica. 

Lo importante es que siguen fascinándome los idiomas, especialmente cuando me asoman a las diferentes maneras en que estructuran nuestros cerebros y nuestras almas. Este es el tema que quisiera compartir. ¿Cuáles son esas diferencias cognitivas, perceptivas, incluso epistemológicas, entre el español y el inglés que determinan de manera distinta “los principios, fundamentos, extensión y métodos” de nuestra capacidad de conocer y comunicar?

Para ofrecerles tengo apenas atisbos fortuitos, sensaciones que llegan al asombro y rara vez a conclusiones. Lo que voy a compartir, mientras trato de ordenarlo, es una lista de anotaciones que ya he escrito y otros temas que desde hace tiempo quería explorar.

La mañana y la tardes vs tarde y mañana

Empecemos por el comienzo. Cuando el día apenas se inicia ya es “mañana”, la mañana. Aún no termina y ya es “tarde”, la tarde.

Los que hablan en la esfera del inglés no viven esas ambigüedades: Se levantan en the morning y observan el ocaso hacia el final de the afternoon. Además cuentan con tomorrow (el día siguiente) y late (se acabó el tiempo).

Si la palabra “mañana” viene del latín vulgar maneana hora (hora temprana), ¿por qué entonces se la aplicamos también al día siguiente?

Uno de los dichos más reiterativos de nuestra cultura: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, se presta a confusiones con su trasfondo de “no dejes para la mañana lo que puedes hacer hoy”. El problema es que después de la mañana ya es tarde. La etimología de “tarde” viene con un pesado calificativo, pues su origen estardus, lento, tanto al caminar como al pensar. Existen los tardígrados, llamados comúnmente osos de agua, cuyos aspecto y movimientos me recuerdan a un querido amigo. De manera que nuestro idioma algo influye a que nuestro inconsciente comience el día con el espíritu del día siguiente y nos acerque a la noche con una sensación de pesadez.

El italiano tiene mattina y domani; también esa bellísima palabra con nombre de fruta: pomeriggio y el inefable adverbio tarde. ¿Por qué el español urdiría estas cotidianas dualidades? Ciertamente no creo que se trata de una condena, pero esta tendencia a transitar por los días con equívocos asideros al menos nos merece una pregunta, una reflexión, unos instantes de perplejidad.

Historia vs History

Un tema que ya he tratado en otros ensayos explora la diferencia entre “historia” y “history”.

Si vas a contar la historia de tu vida nunca digas “the history of my life”. Nuestras vidas no son histories (de hecho el plural de history muy rara vez se utiliza) sino stories. Si te refieres a tu historia como history creerán que tienes delirios de grandeza.

Sucede que los diccionarios ingleses definen la historia como un estudio sistemático, cronológico y verdadero, de manera que para las tramas de novelas y películas, las anécdotas y cuentos, aunque sean sobre nuestra propia vida, debemos presentarlas como stories.

En cambio, la Real Academia Española incluye la relación de cualquier aventura o suceso, narraciones inventadas, mentiras y pretextos, cuentos y fábulas. Nuestra noción de la historia es absolutamente permisiva, carece de filtros.

Imaginemos los problemas que enfrentamos al hablar de nuestra historia en inglés. El escritor Julio Ortega dijo en un momento de inspiración, y quizás de desahogo: “Las historias nos unen, la historia nos separa”. Se refería a lo que nos gusta contarnos cuentos y los que nos cuesta dar una versión científica, disciplinada, basada en hechos comprobados sobre la realidad de nuestra cultura o país. Y luego, las discusiones y rollos que se arman.

Scato vs Schato

La palabra “Escatología” tiene dos significados de oposición inquietante. En español “escatología” trata lo referente a los excrementos y, al mismo tiempo, se refiere a algo radicalmente opuesto: las creencias sobre la vida de ultratumba. La clave está en los orígenes etimológicos de ambas acepciones, dos palabras griegas muy similares: scato, “excremento”, y eschato, “último o extremo”. En inglés se respeta la diferencia y tenemos scatology para la primera y eschatology para la segunda. En nuestro idioma lo “último”, como vida después de la muerte, y el “excremento”, como muerte después de la vida, se unen en un mismo término.

Las culturas, y todo ser humano, están cercadas por estos dos extremos. La primera experiencia personal y creativa de un niño consiste en jugar con sus excrementos; la última será enfrentar y sufrir la muerte, un incierto panorama que, a su vez, se debate entre la carroña y la eternidad. También sabemos que un pueblo define su conexión más directa y primitiva con la tierra y lo animal a través de su visión de lo excrementicio, y también que sus expresiones más sublimes se centran en las ideas que atesore sobre el predominio del espíritu sobre la materia.

Hay un cuento sobre un campesino español que rezaba en voz tan alta que el cura del pueblo alcanzó a escuchar su oración:

-San José, San José, mándame un camión lleno de mierda.
Alarmado, le recriminó a mitad de la misa:
-¿Hijo mío, que pretendes hacer con semejante milagro?
-Padre, boto la mierda y me quedo con el camión.

Este cuento, como todos los de su tipología, no es para anglosajones. Ellos no pueden entender como los extremos del final y de lo último están entrelazados desde hace siglos y especialmente en la eternidad.  

Con estos tres esbozos termino por hoy y espero en una próxima desarrollar otros temas que voy a describir brevemente.

Sentir vs describir

Dicen que los poetas latinos hablan de lo que sienten, los ingleses de lo que ven. Digamos que en un caso lo sentido explica lo visto, y en el otro lo visto representa lo que se siente.

Conclusión al principio vs Conclusión al final

Cuenta un abogado que sus colegas norteamericanos comienzan sus documentos con la conclusión y a continuación la desarrollan y fundamentan. Los nuestros comienzan con los razonamientos y luego concluyen. Me hizo recordar un tío ingeniero que narraba su experiencia trabajando con ingenieros gringos en Guayana:

-Nosotros trabajamos para llegar a una solución. Los gringos a partir de ella.

Esquina vs Corner

Cada idioma resalta una faceta de aquello que nombra. Esquina en español, coin en francés, angolo en italiano, y corner en inglés, son cuatro maneras de definir lo mismo, o casi lo mismo.

Esquina y corner han tenido orígenes y destinos cruzados. “Esquina” se trasladó del norte al sur. Proviene del germánico y anglosajónskina y se usaba para denominar uno de nuestros huesos más sobresalientes y angulosos: La tibia. Corner, en cambio, subió del sur al norte; proviene del latín cornu, “cuerno”.

¿Por qué la skina? Quizás porque tiene más carne y venas que el cuerno.

Palabras con sexo vs palabras asexuales

Hablar de bienvenidos y bienvenidas nos es una manera amable y congregante de recibir un grupo de amigos y amigas. Casi todos los idiomas usan una misma palabra tanto para la amistad como para el recibimiento. Los ingleses, los más asexuados en el lenguaje, caen sin embargo en disonantes extremos: congresswoman.

Real, real, real vs royal, cash, reality

Al hablar de real podemos estarnos refiriendo a reyes, dinero o realidades. El inglés mantiene estas categorías bastante alejadas, aunque tengan coincidencias etimológicas.

Se escribe como suena vs Suena casi como se escribe

Salvo raras excepciones, el español se escribe como suena. En los diccionarios ingleses las palabras vienen acompañadas con raras imitaciones de su sonido, como sʌbsɪkwəntli por subsequentlyobɪˈhaɪnd por behind.

Adjetivo vs nombre

Hablar de Biden en la Blanca Casa es tan raro como en the House White. ¿Qué significa colocar primero una parte que es el adjetivo y luego un todo que es el nombre?, ¿por qué preceder algo con una de sus características?

El verbo se hizo carne vs la carne se hizo verbo

Uno de los más irregulares de nuestros verbos tiene que ver con lo que pretendemos ser: yo soy, tú eres, él es, nosotros somos, vosotros sois, ellos son. Donde nosotros usamos seis declinaciones en inglés utilizan tres: am, are, is. Y estamos hablando de ser, pues también tenemos el verbo estar, que agrega seis declinaciones más a nuestra cuenta y ninguna al idioma inglés.

Si hablamos de amar, el inglés es imbatible pues solo tiene una: love, con una “s” de regalo para ese que no está.

Diccionario solemne vs diccionarios infinitos

El famoso Oxford English Dictionary tiene 252.200 entradas en las que define 414.800 palabras. El diccionario de la Real Academia Española solo trae 93.000. ¿Cuál es la razón de tal desproporción, si tenemos declinaciones verbales para regalar?

Lee y comparte
La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
Más de Opinión