En la aldea
24 junio 2024

La moribunda democracia: El sacrilegio de las ideologías (II Parte)

Para lograr el “porvenir de la patria”, era importante dejar de hablar de bienestar individual y comenzar a hablar en plural. La única manera era haciéndole ver a la gente que había un ente mayor que iba a “proveer” y que el individuo debía conformarse con lo que hubiera disponible, porque lo importante era el bienestar colectivo. La utilización de los mecanismos democráticos, la voluntad del pueblo y las ansias de cambio se traducirían en votos que llevaron al poder a Hugo Chávez; militar y fundador de un movimiento disidente dentro de las mismísimas Fuerzas Armadas. El consenso socialista es que la población no sabe realmente lo que quiere.

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Arturo Rivero Rodríguez | 16 febrero 2021

En el anterior apartado se hizo énfasis al término “en gran parte”. En gran parte, nuestros problemas han sido causados por el ciclo pernicioso de la democracia. Pero en otra gran parte, esos problemas, o el malestar producto de esos problemas, han sido “sembrados” en la población por partidarios de Fidel Castro que han ido adoctrinando a la juventud desde hace más de 60 años, enseñando los principios marxistas de una injusta lucha de clases entre el proletariado y la burguesía.

La Guerra Fría llegó a América Latina luego del arribo de Fidel Castro al poder en Cuba, en 1959. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que en ese entonces ya controlaba a Rusia y a los países del este europeo desde hacía 31 años, sabía que el bienestar de la población no podía venir antes del porvenir de la patria, o más bien, el porvenir del comunismo. Que este era el fin último y que generaría por ende el ansiado “bienestar de la población”, no sin algunos sacrificios.

Para lograr el porvenir de la patria, era importante dejar de hablar de bienestar individual y comenzar a hablar en plural. El consenso socialista es que la población no sabe realmente lo que quiere, y al poner en sus manos el destino del gobierno, estaba destinada a ir directo al precipicio. Los gobernantes de la URSS sabían que la única manera de romper el círculo vicioso era haciéndole ver a la población que había un ente mayor que iba a “proveer” y que el individuo debía conformarse con lo que pudiera haber de disponible, porque lo importante era el bienestar colectivo.

“Los líderes de izquierda sabían que debían utilizar el mismo mecanismo ‘roto’ de la democracia para generar un cambio desde adentro”

El socialismo encontró un poderoso caldo de cultivo en Rusia, cuya población venía sufriendo durante siglos a manos de los zares y ya estaba acostumbrada a la opresión y la miseria. La idea de igualdad y reivindicación de la población también caló muy bien en América Latina, cuya población venía arrastrando décadas de pobreza y de mala gestión gubernamental.

La Guerra Fría impidió la llegada intempestiva del comunismo más allá de Cuba por las tensiones existentes con Estados Unidos y el riesgo de una guerra nuclear. El patrocinio, por parte de Estados Unidos, de regímenes de derecha a lo largo y ancho del Continente generaron descontento y opresión, y alimentaron un resentimiento en la población que permitió que la ideología marxista permeara en las sociedades latinoamericanas, parecido a como lo hizo en Rusia a principios del siglo XX, promovida de manera oculta y sigilosa por Fidel Castro y la inteligencia cubana.

El tercer componente causante de la ingobernabilidad de las naciones latinoamericanas en los últimos 60 años, además de la mentalidad cortoplacista tanto de los gobernantes como de la población, fue el adoctrinamiento de izquierda que permeó y se absorbió rápidamente, exacerbando el malestar de la población y un sentimiento de desesperanza que fue a su vez convertido en odio hacia el sistema; moldeado para pedir, exigir, y si es necesario, forzar un cambio. ¡Esto suena a golpe de Estado!

En este punto, hablar de “políticas económicas sólidas” pudiera sonar hasta absurdo. No sirve de nada hablar de teoría económica si no se habla primero de cómo controlar a esa masa de personas, que no son sino un mar de emociones que padece frecuentes tormentos y generan vientos huracanados. Hay demasiado ruido para pensar en políticas económicas.

Para poder asegurar el futuro promisorio de las naciones, los líderes de izquierda sabían que debían utilizar el mismo mecanismo “roto” de la democracia para generar un cambio desde adentro. Utilizar la voluntad del pueblo para liberarla de su propia voluntad -quitarle la hojilla al mono-. Solo apaciguando los ánimos -amansando a la población- se podía generar un cambio.

El Foro de Sao Paulo se instala en Caracas

La caída del Muro de Berlín, en 1989, marcó el fracaso de la URSS, disuelta dos años más tarde, y los movimientos de izquierda latinoamericanos se encontraron en un punto de quiebre. ¿Cuál futuro existe para la izquierda si el comunismo fracasó de manera tan rotunda? Es durante el Primer Foro de Sao Paulo, en 1990, cuando se asientan las bases de lo que está ocurriendo actualmente, no solamente el Latinoamérica, sino ya a lo largo y ancho del hemisferio occidental.

Es hora de cosechar lo que la izquierda sembró durante los últimos 40 años de democracia latinoamericana. La utilización de los mecanismos democráticos, la voluntad del pueblo y las ansias de cambio se traducirían en votos que llevarían al poder a Hugo Chávez Frías, en Venezuela, a finales de 1998.

Muestra de la permeabilidad del manto ideológico de la población venezolana se encuentran en Hugo Chávez Frías, que fue militar y fundador de un movimiento disidente dentro de las mismísimas Fuerzas Armadas de Venezuela -alguien que en distintas circunstancias sería comúnmente llamado un perfecto traidor-.

Chávez gozó durante su gobierno de un incremento récord del precio del petróleo, lo que le proporcionó un poder inconmensurable. Tenía suficiente dinero para mantener andando y hacer crecer el aparato de corrupción que se había instalado en el gobierno durante los 40 años anteriores -consolidando el apoyo interno-. Tenía suficiente dinero para dádivas y actos de caridad hacia el pueblo. Tenía suficiente dinero para implantar un sistema médico alternativo a nivel nacional y llevarlo a las zonas más desatendidas. Tenía suficiente dinero para patrocinar y hacer elegir a simpatizantes en América Latina y el mundo. Tenía suficiente dinero para llenar las arcas del Foro de Sao Paulo, y garantizar el financiamiento del comunismo, indefinidamente.

En la tercera parte, analizaremos cómo el destino del mundo entero está en juego.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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