En la aldea
18 mayo 2024

María Teresa Chacín acumula casi 40 discos sin contar los que se han hecho con compilaciones de sus grabaciones, desde 1961.

🎥María Teresa Chacín, querencia de todos

“El mayor premio es tener tantos años cantando y que la gente quiera seguir escuchándome. Es la suerte de representar una de las músicas más completas y hermosas del mundo. La música venezolana es un pasaporte al éxito”. Su vida ha sido fascinante, porque María Teresa Chacín ha hecho lo que le gusta, cosa que atribuye a la suerte; pero sin duda que ha sido el resultado de la disciplina con la que ha llevado su pasión. El éxito la ha acompañado porque no ha dejado de trabajar con excelencia, elegida por los mejores porque siempre ha sabido estar a la altura del compromiso.

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Mari Montes | 02 marzo 2021

Conversar con María Teresa Chacín es recorrer un amplio trayecto de la historia musical más brillante de Venezuela. Lo mejor es cuando evoca y canta alguna estrofa. Cualquier canción en la voz de María Teresa, es parte de una anécdota propia, es un recuerdo de nuestra vida. Puede ser una tonada, un bolero o un aguinaldo.

Cuenta su vida extraordinaria con naturalidad y sencillez, acostumbrada al público desde niña.

Pasea por sus grabaciones, y comienzan a surgir los nombres de los compositores y artistas más exitosos de nuestro país y del Continente, que la han tenido como intérprete: Chelique Sarabia; Simón Díaz; Aldemaro Romero; Armando Manzanero; Pedro Vargas; Rodrigo Riera; Alirio DíazAlí Agüero; Manuel Graterol Santander; Juan Vicente Torrealba; Inocente Carreño; Mario Suárez; Hugo Blanco; Rodrigo Troconis; Ignacio Izcaray; Carlos Moreán; Jorge Spiteri; Raúl y Miguel Delgado Estévez; Antonio Estévez; Vinicio Adames; Otilio Galíndez; Saúl Vera; Rafael “Pollo” Brito o el argentino Sandro, por mencionar solo algunos.

Grandes orquestas y bandas la han acompañado. Desde la Orquesta Sinfónica de Londres, pasando por el Mariachi Vargas, hasta la súper banda de Ska, Desorden Público.

María Teresa ha cantado en tantos escenarios, que podemos decir, sin exagerar, que la ha aplaudido todo el mundo. La televisión venezolana la he tenido como figura desde que tenía 7 años y fue por primera vez a un programa infantil que se transmitía en el Canal 5, llamado “Lima Lin”, conducido por Leandro Azuaje, animador que era un personaje que se vestía de “Chinito”. María Teresa fue una sensación cuando cantó “Angelitos Negros”.

-Estaba de lo más emocionada porque iba a salir en televisión. En esa época vivíamos en Los Rosales y mi papá era el único que tenía televisor, entonces todos los vecinos se iban en la noche a ver los programas. Mi papá les abría la puerta a todos. Estaba muy contenta porque mi mamá me había hecho un vestido de terciopelo rojo, con un cuello de torchón beige.

Recuerda que además de los aplausos, le dieron una muñequita de madera. Fue muy especial su primera presentación en un show. Disfruta el recuerdo de los tiempos de su infancia. Los primeros años en el Colegio Santa María y más adelante en el Colegio Santa Luisa, que quedaba muy cerca de la Iglesia de La Milagrosa, donde María Teresa encontró un escenario que le reafirmó su gusto por cantar. Su mamá llegó a pensar que iba a ser monja, pero ella lo que quería era ser cantante y en el coro religioso aprendió y disfrutó mucho.

-Comencé a cantar con un coro que había en la Iglesia, en la misa de 7 y 9 de la mañana los domingos, y a veces también en la misa de las 6 de la tarde. Me encantaba cantar en la misa, había cantos en latín. Fueron 2 o 3 años, aprendí el “Ave María” de Schubert y cantaba en los matrimonios cuando el padre me lo pedía y él me daba 20 bolívares por cada “Ave María”, yo no se los pedía, pero él me los daba y la verdad es que era un platal.

A su papá también le gustaba cantar, se llamaba Mario, y fue una amorosa influencia en sus hijas, Rosa Virginia y María Teresa. Siempre hubo músicos en su casa. Mario los grababa en unas cintas de riles de papel. Aunque era muy pequeña, recuerda que iban populares tríos y que sus tíos también cantaban muy bonito. A dos cuadras de su casa vivía una familia, los Zapata, ellos hacían zarzuelas infantiles. Ahí estaba Isabelina Zapata, actriz cómica, una figura de la comedia y el humor en la televisión.

-Ella era la novia del cantante Héctor Murga, que era muy amigo de Alfredo Sadel. Todos iban a mi casa, Murga era muy amigo de mis tíos. Íbamos a Los Cortijos. Cuando Isabelina se casó, Alfredo Sadel les cantó el “Ave María” y yo llevé la cola de su vestido de novia. 

Recuerda aquellos días como muy alegres, felices, en familia. Su papá tenía una publicidad. En su casa hacía avisos luminosos, y cuando había desfiles hacía carrozas en los carnavales. Recuerda una especialmente, porque se hizo para la primera venezolana que ganó una corona de Miss Mundo

-Cuando ganó Susana Duijm, hicieron una carroza bellísima, con un mundo atrás y unos unicornios alados donde iba ella, saludando.

Por su casa desfilaron muchos artistas. Las hermanas Chacín no tenían escapatoria a las artes, crecieron en un hogar donde la creatividad estaba presente en todo. En diciembre participaban en las misas de aguinaldo y en su calle se organizaban patinatas. María Teresa tenía unos patines de ruedas de hierro, los famosos Winchester que eran una novedad.

Al terminar la primaria se fue al Liceo Aplicación, ingresó al coro y fue dirigida por uno de los grandes maestros de la música coral venezolana, Inocente Carreño.

-Él me descubrió como solista. Hice muchos solos ahí, y él luego me llevó a otro coro, de un liceo nocturno que se llamaba “Juan Vicente González”, que funcionaba en el Liceo Andrés Bello. Allí hice muchos compañeros con quienes seguí más tarde en el Orfeón Universitario. Yo participaba en todas las actividades extra cátedra. Estaba en el conjunto típico, que era de Hugo Blanco, pero él se estaba graduando y debía dejarlo, así que lo heredamos los que estábamos entrando, ahí tuve como compañero a Leslie Piña Daza, que tocaba el arpa (Leslie se convirtió en comunicador y productor de televisión).  Teníamos el teatro del Liceo Aplicación y también el del Pedagógico. Otro que también estudiaba ahí era Levy Rossell. Hicimos muchas cosas, incluso llevamos a la bailarina, Yolanda Moreno. En cuarto año me invitaron mis amigos a integrar la plancha de AD en las elecciones estudiantiles, quedé como presidente. El discurso que me tocó dar me lo escribió Luis Beltrán Prieto Figueroa y lo que recuerdo es que lloré conmovida al leerlo. Fue un texto hermosamente escrito que hablaba de la vida, de valores y compromiso. Recuerdo eso muy emocionada. 

Cuando María Teresa estaba en quinto año, su hermana mayor, Rosa Virginia, se casó y se fue a vivir a Los Ángeles. Ella cantaba con la agrupación de Chelique Sarabia. Al quedarse sin cantante, Chelique se empeñó en grabar un disco con la menor de las Chacín. María Teresa rechazó la idea el principio, pero él insistió tanto que ella terminó aceptando. Tenía 16 años de edad.

Radio Caracas Radio quedaba enfrente del Liceo. Al mediodía, Clemente Vargas Junior tenía un programa llamado “Desfile de éxitos”, ahí el tema que grabé, “Tengo miedo” iba subiendo de puestos. Yo estaba pendiente.

Comenzaba su ascenso y para ella era natural. Cantar es lo que había hecho desde muy niña. El éxito de la primera grabación le valió la primera invitación a uno de los mejores programas de su tiempo, una revista musical que se convirtió en referencia, marcando un hito en los programas de su estilo.

-Debuté en “El Show del Tío Saume”, en el espacio “Nivada”. Ahí se presentaban las grandes estrellas, artistas como Lucho Gatica, todos los famosos que visitaban Venezuela. Ya Chelique había pegado “Ansiedad” y  yo cantaba con él. Después del programa fui al liceo en la tarde, y me recibieron con aplausos y un ramo de flores. De esa época recuerdo al profesor de psicología, era un profesor especial, él se fracturó una pierna porque se lanzó de un segundo piso para probar la gravedad. Cuando daba filosofía lo hacía como imitando a los griegos. Entusiasmaba, se llamaba Alberto Castillo Arráez, tenía un programa en Televisa (Venevisión). Era espectacular dando clases, y él fue quien me inculcó la psicología, la carrera que estudié.  

Al entrar en la universidad, ingresó también en el Orfeón Universitario, dirigido por el maestro Vinicio Adames, quien ya la conocía por haberla dirigido en una coral que estuvo en unos juegos deportivos que se realizaron en Caracas, cuando ella aún estaba en cuarto año de bachillerato.

-En la Universidad Central de Venezuela, primero entré a un ensayo del Orfeón, que a clases en la Escuela de Psicología. Vivíamos en la universidad, ensayábamos en el segundo piso, en un salón con vista al Reloj, a la plaza. Almorzábamos en el comedor y como éramos del orfeón, no teníamos que pagar los dos bolívares que costaba. Se comía muy bien en aquel entonces. Después íbamos a clases y volvíamos al final de la tarde hasta las 9 de la noche. Vivía en la universidad y cantaba. Los fines de semana que no tenía que estudiar, estaba en los conciertos de los domingos y cantaba con mi cuatro, a la gente le encantaba.

Su vida universitaria no culminó en la UCV, a mitad de carrera se cambió para la Universidad Católica Andrés Bello, donde se graduó. El cambio le permitió estudiar y seguir cantando en el Orfeón, con un horario más manejable para ella.

Participó en los Festivales La Voz de Oro, que era un espectáculo de canto muy prestigioso. El primer ganador fue Héctor Cabrera, después Mirla Castellanos, Alfredo Sadel y en la cuarta edición, María Teresa se impuso. Al año siguiente cantó La Paraulata, uno de los clásicos de su discografía. En la carátula de ese disco está María Teresa con el maestro Juan Vicente Torrealba. Llevaba un vaporoso traje de mantuana que hizo especialmente para ella María de las Casas.

-El cuarto festival, dije que era el último que iba a hacer. Todos pensaban que sería así. Simón Díaz me había hecho Mi querencia, pero yo no la canté porque Chelique me había dado “El llanero y don Fulano”. 

Antes del éxito con La Paraulata, María Teresa ya tenía un nombre y prestigio. A pesar de su juventud, tenía experiencia, talento y disciplina, lo que la hizo ser parte, por 9 años, de El Show de Renny, donde interpretaba todo tipo de canciones, no sólo música venezolana. Cantaba en italiano los éxitos del Festival de San Remo. Era versátil, también le gustaba el rock and roll.

-Fui roquera en esa época, hice 4 discos de larga duración (LP) con Los Impala. Teníamos un programa todas las tardes a las 6, con Chelique, que aunque no lo crean, era roquero también. Chelique me hizo muchos arreglos de los Beatles y de los Beach Boys. Fue una época muy bonita, un rock romántico, era muy dulce. En ese programa “El club musical” era anfitriona junto con Chelique. Ahí también estuvieron Cherry Navarro y José Luis Rodríguez.

María Teresa hizo un disco que se grabó en el estudio de Venevisión, acompañada de Rodrigo Riera. Era un especial de Navidad conducido por Gilberto Correa. En la carátula de ese disco aparece María Teresa al lado de un pesebre que era de su abuela. Otro de sus clásicos A ti te cantamos es una de las canciones de esa grabación en vivo. Años más tarde, lo volvió a grabar, en versión Ska, con la banda Desorden Público.

En el anecdotario de María Teresa, hay un episodio impactante, ocurrido en 1976. 

El empresario y radiodifusor, Oswaldo Yépez, le propuso que fuese la artista venezolana que compartiera escena con la estrella de México, Pedro Vargas. María Teresa le hizo una serie de exigencias, pensando que le diría que no. Había sido invitada por el maestro Vinicio Adames a una gira del Orfeón, pero la proposición de Yépez eran 10 fechas en el Hotel Tamanaco. Aceptar los recitales la salvó de estar en el fatal accidente aéreo ocurrido en las Azores, donde perdieron la vida todos los integrantes el Orfeón de la Universidad Central de Venezuela.

En cambio la experiencia con Pedro Vargas fue enriquecedora para ella, cantar con el Mariachi Vargas fue un reto que superó con calidad, para el disfrute de todos quienes los fueron a aplaudir.

Entre todos los discos, resalta uno que hizo con Aldemaro Romero y la Orquesta Sinfónica de Londres en 1975. Nos contó la historia.

-El cuento comienza cuando grabo el disco “Mi querencia”, que lo grabé después de los festivales. En ese disco estaba De repente, era la primera vez que la cantaba. Ese fue un disco que hice con Alí Agüero. Yo le mandé con Toco Gómez ese disco a Aldemaro, que estaba en España, le encantó y entonces me mandó una carta donde me decía que quería grabar conmigo. Yo moría por Aldemaro y la Onda Nueva. A los dos meses, el Banco Hipotecario me preguntó con quién quería hacer un disco en el mundo, con qué arreglista. Entonces les dije que quería hacerlo con Aldemaro Romero y la Orquesta Sinfónica de Londres, me dijeron que sí. Ese disco fue maravilloso, los arreglos del Aldemaro, insuperables. Después decidimos hacer una cara solo con canciones de Aldemaro, con el tema de amor Quinta Anauco para “La Epopeya de Bolívar”, una película protagonizada por Maximilian Schell, hicimos “Así eres tú”, “Tu y yo formamos una multitud”, “Poco a poco” y en la otra cara, canciones que yo había interpretado, como “Golpe y estribillo”, “El arreo”, “Mi querencia”, “Pajarillo” con la letra de Graterolacho. Pasaron cosas tan lindas… Recuerdo que me dijo “Te voy a demostrar que si la música está bien escrita, cualquier músico puede interpretarla”. Ya estábamos en el estudio, y fue una vez para pasar el arreglo del “Pajarillo” y la segunda vez, ya quedó grabada. Eso me impresionó gratamente con Aldemaro. Grabamos con la batería del Pavo Frank, el bajo de Michael Berti y Aldemaro en el piano. Cuando canté “Quinta Anauco”, le gustó tanto que borró su arreglo y decidió seguirme con el piano.

Después de grabar ese disco, Rubén Fuentes, un amigo común de Aldemaro y Armando Manzanero, le hizo llegar una cinta al compositor mexicano, quien quedó tan fascinado, que llamó a María Teresa y le dio una serenata. Le propuso hacer un disco.

-Estaba encantada, toda la vida lo había admirado mucho. Me hizo como 7 canciones y escogimos unas de siempre, que eran: “Te extraño”, “No” y “Yo te recuerdo”, me hizo “Ahora” y las otras canciones que están en ese disco, que fue maravilloso.

Hay canciones que para varias generaciones, suenan en nuestra memoria en la voz de María Teresa, una de ellas es “Algo contigo” de Chico Novarro, “En este país”, de Chelique Sarabia, “Romance” de Graterolacho, y cualquiera de las que hizo con Aldemaro. También grabó un tema que escribió Gilberto Correa “¿Qué es?” con música de Rubén Fuentes. Disfruta recorriendo su música, como “Sí, maravilloso”, de Italo Pizzolante, o el disco que hizo embarazada de María Teresa, con un tema que le hicieron Raquel Castaños y el Pollo Sifontes en 1977.

-Inauguramos el Teatro Teresa Carreño, con la obra “Manuela”, con Aldemaro Romero, por supuesto, los coros que dirigía su hija Elaiza, y la primera bailarina Zhandra Rodríguez. Fueron 4 noches, ahí canté música lírica, como mezzosoprano. Yo era “Manuela Madura”, sentada en una mecedora. Fue un montaje bellísimo. Los textos eran de Gloria Martín.

Hablando de estrenar lugares, recordó que también fue invitada a la inauguración del Caracas Hilton, para compartir con el cantante argentino  Sandro, una sensación continental. Sandro era un ícono en Latinoamérica, sus discos fueron éxitos rotundos. Las mujeres deliraban por él. Recuerdo a mis primas mayores y a mi madre, pendientes de sus presentaciones, para derretirse con el movimiento de sus caderas. Una súper figura, un verdadero ídolo.

-Era un persona encantadora, muy sencillo, misterioso. Después de las presentaciones en Caracas fuimos de gira a Maracaibo y me contó muchas cosas, nos hicimos muy amigos. Nos quisimos mucho.

La vida de María Teresa ha sido fascinante, ha hecho lo que le gusta, lo atribuye a la suerte; pero la suerte, como en la mayoría de los casos, ha sido el resultado de la disciplina con la que ha llevado su pasión. El éxito la ha acompañado porque no ha dejado de trabajar con excelencia, elegida por los mejores porque siempre ha sabido estar a la altura del compromiso. Por eso acumula esos nombres desde muy joven, cuando los hombres del espectáculo reconocieron su potencial.

Tiene un recuerdo entrañable en Paris con el maestro Alirio Díaz, una serenata que se prolongó por horas.

Alirio Díaz y yo nos hicimos grandes amigos, porque tuve la suerte de que a la línea aérea Viasa se le quedara en Maiquetía el equipaje de él y el mío. Tuvimos 3 días esperando esas maletas y compartiendo. Lo invité a la casa de un amigo que también era larense. Estuvimos cantando, pero yo no me atrevía a tocar el cuatro al lado del maestro, pero me di cuenta de que por su técnica, la mano derecha era como tiesa, se me ocurrió decirle que tocáramos juntos, que él pisara las notas y yo le daba al charrasqueo. Le canté toda la música venezolana que se me ocurrió y él pedía. Estuvimos cantando hasta la media noche.  Él era un músico muy disciplinado y era domingo, él tenía un concierto  el martes y yo estaba pendiente de eso. Le dije para irnos, para que descansara. Ese concierto debía ser de música italiana, pero él decidió improvisar lo que habíamos cantado. No te puedo expresar la emoción que yo sentía. Lo emocionante que fue. Yo me paraba, lloraba y aplaudía. Fue demasiado para mí. Es una de las cosas más hermosas que he vivido en la vida.

Años más tarde lo llevó como invitado a su espacio en Venezolana de Televisión “María Teresa y sus amigos”, que fue una tribuna para los músicos venezolanos, hasta que Maripili Hernández decidió eliminar ese programa y el de Simón Díaz de la programación.

-En otra oportunidad, cantamos en Ginebra y en Berna, donde coincidimos con Saúl Vera y su grupo, entre quienes estaba el “Pollo” Brito. El embajador de Venezuela en Suiza, en ese entonces, Guinand Baldó, me dijo que un ex presidente suizo, que estuvo en el recital, se puso a llorar cuando canté “Caramba”. Luego lo vi en un brindis que me hicieron después y yo quería obsequiarle un disco. Él no lo aceptó. Me dijo en inglés que no debía regalarle algo tan valioso, después lo compró.

En otra ocasión, unas damas colombianas se le acercaron, después de una presentación. Llegaron a ella con un cassette, que Italo Pizzolante le había grabado a la Madre Teresa de Calcuta en una visita a Venezuela al estado Yaracuy, donde dio un discurso muy significativo, en inglés. Pizzolante le pidió  a María Teresa que grabara por el otro lado de la cinta las palabras de la Madre Teresa, en español. Lo hizo encantada. La Madre Teresa obsequiaba  esa grabación a todos las personas de habla hispana. Aunque en esa visita no la vio, luego le envió varios discos  a la Embajada de La India. Ellas le contaron que la fueron a ver y luego se le acercaron, porque la Madre Teresa les dijo que debían verla si tenían la oportunidad, porque le gustaba como cantaba. Las mujeres lloraban conmovidas.

-Con la Madre María de San José tengo otro cuento bellísimo. Una vez los muchachos de “Las voces oscuras de Maracay”, me invitaron para que los ayudara con un concierto para poder ir a un festival al que los habían invitado, en España. Les dije que sí, que escogieran el repertorio y yo iría. Montaron el recital en la iglesia donde está ella, en una cúpula de cristal. Ahí me contaron su historia. Quiero decirte que yo me sentía como flotando, después de la primera parte, hubo un intermedio. Los padres que estaban en el ala derecha, dijeron que había ocurrido un milagro, porque toda la gente que estaba ubicada ahí vio a la Madre María detrás de altar durante las primeras canciones. Más tarde quise dejarle el ramo de flores que me dieron. A mí me protegen las dos: La Madre María y la Madre Teresa.

En 2012, María Teresa Chacín fue distinguida con el gran premio de la música en su versión hispana: El Latin Grammy.

-No tenía dimensión de lo importante que era. La gente me decía que debía haberlo ganado antes, y sentí lo que lo disfrutó mi gente. Claro que es halagador que le den esos premios a uno, pero lo más importante es que la gente disfrute de lo que uno hace. El mayor premio es tener tantos años cantando y que la gente quiera seguir escuchándome. Es la suerte de representar una de las músicas más completas y hermosas del mundo. La música venezolana es un pasaporte al éxito, porque a donde vas impactas, porque es una música demasiado bella, de mucha calidad y riqueza.

Lo dice quien acumula casi 40 discos sin contar los que se han hecho con compilaciones de sus grabaciones, desde 1961; y un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional Experimental del Táchira.

Quiso contarme sus anécdotas con peloteros de Grandes Ligas. Una vez que compartió con Víctor Davalillo en un reconocimiento a figuras de Caracas y él le obsequió una barajita. Confiesa con orgullo que Alfonso Carrasquel estuvo entre sus fans y que bailó con Andrés Galarraga en la boda de Franklin Gutiérrez y la hija de Luis Salazar, donde fue invitada a cantar el “Ave María”.

-¡Bailar con Galarraga fue como andar en un Cadillac!

Ahora disfruta, al lado de su inseparable esposo Simón López, del éxito de su hijo Simón Eduardo con “S Grupo” y su “Neo Big Bang” y con cada invento porque es muy talentoso, guapo y trabajador. Su hija María Teresa desarrolla un proyecto educativo para enseñar inglés y español a través de canciones infantiles. Es la mamá de Marianne, quien heredó la vena musical de su abuela. Trabaja para Nickelodeon y va cantar en un tributo a Broadway el próximo abril, en Miami.

Sigue en Venezuela y como desde hace dos décadas, asiste a todas las convocatorias de protesta ciudadana. Recuerdo a María Teresa y a Simón en todas las movilizaciones desde el “Decreto 1.011” por allá por el año 2001. En cada marcha o evento, al lado de Graterolacho y Lourdes, comprometida siempre con los valores democráticos.

-Aparte de que nos asiste la razón, tenemos una manera de ser, por nuestra historia, por nuestros líderes históricos, que siempre vamos a ir hacia adelante. Eso es nuestro, por eso no han podido terminar de imponerse con todo el dinero y toda la fuerza que tienen. No vamos a dejar de hacer lo que tenemos que hacer. Creo que lo que tenemos es que estar unidos en esa lucha. Tengo fe en que el cambio va a ocurrir. Confío en Dios y en los amigos que se fueron.

Tengo la suerte de tener a María Teresa Chacín entre mis amigos desde los días de Radio Capital AM 710. Ella es, digamos, una herencia que me dejó Manuel Graterol Santander “Graterolacho”. Coincidimos montones de veces en las deliciosas reuniones que se armaban en casa de “El Sapo”. Eran tenidas que solían terminar con canciones, poesías, el mejor humor y cuentos magníficos, anécdotas y recuerdos sobre la grabación de un disco, el diseño de una campaña publicitaria, momentos en la radio o shows de televisión. Además tenemos un grupo de chat donde varias amigas nos hacemos compañía para palear la distancia y donde de vez en cuando nos canta una canción, de esas que forman parte de nuestras vidas… “¿Cómo no quieres que tenga tantas ganas de volver?”.

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