En la aldea
18 mayo 2024

El pueblo practica la democracia en 1944, con la elecci贸n de Yolanda Leal
como su reina.

馃帴Auge y decadencia del Pa铆s de las Mujeres (I Parte: Auge)

Una PDVSA, entonces un coloso corporativo global, que bautizaba sus buques petroleros con nombre de reinas. Por d茅cadas la belleza venezolana fue s铆mbolo de pa铆s pujante y optimista. El 茅xito femenino no solo significaba el progreso, la riqueza y la democracia de esa Venezuela pr贸spera, sino la narrativa 茅pica de la venezolana como emblema de una naci贸n moderna. Luego, con el auge de un nuevo militarismo y en Miraflores un nuevo presidente, cuyo s茅quito defin铆a a la publicidad y a los concursos de belleza como 鈥榬acistas鈥, aquella Narrativa de la mujer venezolana entr贸 en decadencia. El sue帽o nacional se desvanec铆a.

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Tony Frangie Mawad | 08 marzo 2021

鈥淓lla es el negativo de ese pasado guerrillero, agreste, blanco y negro donde la belleza era rural y hasta miserable. Ella representa mejor que nadie el triunfo de la compota Gerber, de la leche Reina del Campo, la del envase azul oscuro que aliment贸 a todos los nacidos en la d茅cada de los sesenta鈥, dec铆a Boris Izaguirre en una de sus cr贸nicas, 鈥渆s un triunfo que habla de un pa铆s m谩s que pujante, desenfadado y optimista鈥. Era Irene S谩ez, claro est谩; esa catira de un metro ochenta de estatura y sonrisa Colgate que en 1981, y con apenas diecinueve a帽os, se coronaba como Miss Universo y se convert铆a en la m谩s nueva columna griega de aquella Venezuela Saudita de petro-derroche y whisky escoc茅s.

Cual reina designada por el voto popular, Irene transmut贸 de miss a alcaldesa en 1992. Presidi贸 sobre Chacao, uno de los municipios m谩s ricos de Am茅rica Latina, y lo hizo a su imagen y semejanza: sumamente popular (y reelecta con m谩s del 90% del voto), la alcaldesa de 鈥業renelandia鈥 trajo caballos de Estados Unidos con carretas para pasear a la gente al estilo neoyorkino, redise帽贸 el uniforme policial con guantes y cascos ingleses y aprob贸 un escudo color fucsia y azul cual producto Matel. Radio Rochela, incluso, brome贸 en uno de sus sketches con que When You Wish Upon a Star fuese el himno. Con The Times de Londres nombr谩ndola en su lista de las 100 mujeres m谩s poderosas del mundo, Irene lleg贸 al pico de su carrera pol铆tica: su fallida candidatura presidencial en 1998, que coincidi贸 con el inicio de nuestra tragedia colectiva.

鈥淐uando Col贸n arrib贸 al delirio tropical que era la 鈥楾ierra de Gracia鈥 en 1498, describi贸 a los ind铆genas locales como gente 鈥榤谩s blanca que otra que haya visto en las Indias鈥欌

De todos modos, el municipio de Irenelandia -en su corta duraci贸n- fue pin谩culo en aquella narrativa cuasi-mitol贸gica que se hab铆a cimentado en torno a la mujer venezolana, posicion谩ndola como la m谩s bella del universo: s铆mbolo de una naci贸n democr谩tica y moderna.

La narrativa 茅pica de la mujer venezolana como s铆mbolo del pa铆s, como imagen tanto externa como interna de Venezuela, es un constructo multifac茅tico y que se ha expandido en varias dimensiones sociales con el pasar de las d茅cadas: Una narrativa comunicacional y posteriormente visual (quiz谩s cierta, quiz谩s fantasiosa, pero realmente desligada materialmente de la mujer real y las consecuencias que pueda tener en ella) consolidada y esparcida por todo el mundo por diarios de viajeros, mentes lujuriosas del Viejo Mundo, medios locales y extranjeros, maquinar铆a publicitaria, concursos de belleza, marcas 谩vidas de vender productos, propaganda pol铆tica, folletos tur铆sticos y pantallas televisivas.

Sof铆a Silva, Miss Venezuela 1952.

Por ende, lo que podemos llamar la Narrativa de la Supremac铆a Est茅tica Venezolana (as铆, en may煤sculas) es aquella idea de Venezuela como el Pa铆s de las Mujeres, una tierra amaz贸nica de amazonas, de mujeres supremamente m谩s bellas entre todas las mujeres del globo: un pa铆s de 鈥渃aballotas鈥 de casi dos metros y voluminosas melenas con sangre ind铆gena, negra y europea en las venas (aunque la Narrativa las muestre, o mostraba, casi siempre como blancas). Mujeres que son vendidas como un reflejo de Venezuela misma: 鈥渦n pa铆s vaginal鈥, en palabras de Boris Izaguirre en una edici贸n de Urbe de 1996, de 鈥減oder femenino鈥 representado por 鈥渆l amplio consumo de laca y seda鈥. El pa铆s donde Astrid Carolina Herrera hac铆a de Virgen de Coromoto en la pantalla chica.

Pero hoy, por ser s铆mbolo ideol贸gico del pa铆s, la Narrativa misma se ha podrido con la tragedia venezolana: ha llegado a su decadencia hasta ser frontalmente perjudicial hacia la imagen -el constructo medi谩tico o del imaginario colectivo extranjero- de las聽 mujeres criollas. Aunque, primero, hay que retroceder a los albores de 鈥榗antos serenos de cautivas voces鈥: cuando, en otras narrativas externas, no 茅ramos m谩s que el Ed茅n perdido en la India.

La Narrativa en torno a la supremac铆a de la belleza de la mujer venezolana es tan antigua como la naci贸n misma. Cuando Col贸n arrib贸 al delirio tropical que era la 鈥楾ierra de Gracia鈥 en 1498, describi贸 a los ind铆genas locales como gente 鈥渕谩s blanca que otra que haya visto en las Indias鈥 (en un tiempo donde blancura equival铆a a belleza) y como de 鈥渕uy linda estatura, altos, de muy lindos gestos y hermosos cuerpos鈥. Empezaba as铆 un leitmotiv recurrente en las cr贸nicas de la conquista, donde se reafirmaba la 鈥榖lancura鈥 y belleza de las ind铆genas 鈥榲enezolanas鈥 sobre otros grupos aut贸ctonos de la regi贸n: el sacerdote L贸pez de G贸mara alab贸 a las ind铆genas venezolanas por su blancura y su discreci贸n mientras que en Maracaibo, donde el conquistador Alonso de Ojeda se 鈥榓poder贸鈥 de mujeres ind铆genas de notable belleza, el conquistador Mart铆n Fern谩ndez de Enciso afirm贸 en su Suma de Geographia encontrar las mujeres m谩s 鈥済entiles鈥 de 鈥渁quella tierra鈥 nueva.

As铆, propiciado el proceso del mestizaje y establecida una 茅lite blanca que instaur贸 a los rasgos blancos como el patr贸n codiciado, la Narrativa entra en tiempos republicanos: dec铆a el Libertador en sus a帽os colombinos, citado por el general Luis Per煤 de Lacroix, que 鈥渓as catiras de Venezuela鈥 ten铆an 鈥渇ama de jodidas鈥; mientras que el viajero alem谩n Karl F. Appun (que visit贸 Venezuela en los 1850) hablaba de las criollas de 鈥渢ez rara鈥, 鈥済randes ojos negros y fogosos鈥 y abundancia exuberante de 鈥渃abellos sedosos y negr铆simos鈥 que no ten铆an 鈥渃omparaci贸n鈥 por lo que ser铆a dif铆cil que un hombre guardase la 鈥渢emperatura normal de su sangre鈥 al verlas. De hecho, para el Septenio guzmancista, el m茅dico alem谩n Carl Sachs afirmaba que 鈥渁cerca de la belleza de las criollas se ha escrito y divagado mucho鈥 y que 鈥渓as bonitas merecen indiscutiblemente el premio de la belleza鈥 (隆vaya premonici贸n!) pues en ning煤n pa铆s hab铆a visto como en Caracas 鈥渞ostros de tan impecable y pura blancura鈥 que por un 鈥渆lemento sensual y pasional鈥 recordaban a 鈥渓as Magdalenas de los antiguos pintores鈥. Igualmente, aunque decepcionado por las caraque帽as y enamorado de las meride帽as y tachirenses de 鈥渃aras m谩s alemanas鈥 y 鈥減iel de blancura deslumbrante鈥, el alem谩n Wilhelm Sievers -que visit贸 el pa铆s en las 煤ltimas dos d茅cadas del siglo XIX- mostraba la globalizaci贸n de la Narrativa al mencionar 鈥渓a afamada belleza de las criollas鈥.

鈥淓n Maracaibo, el conquistador Alonso de Ojeda se 鈥榓poder贸鈥 de mujeres ind铆genas de notable belleza鈥

El聽 ideal o la Narrativa en torno a la mujer venezolana adquir铆a eventualmente dimensiones pol铆ticas y terminar铆a transform谩ndose en s铆mbolo o poster child del proyecto nacional de Venezuela como rep煤blica democr谩tica en 1928, cuando la Generaci贸n del 28 (que definir铆a la vida pol铆tica del pa铆s por el resto del siglo XX) coron贸 a Beatriz Pe帽a Arreaza como Beatriz I, reina de los estudiante. As铆, en 1944, un concurso de belleza sirvi贸 como primer ensayo para la democracia (que no se establecer铆a sino tres a帽os despu茅s): ante la S茅ptima Serie Mundial de B茅isbol Amateur que se celebrar铆a en Caracas, se perfilaron dos candidatas para ser la reina de esta. As铆, el pa铆s se dividi贸 entre Oly Clemente (blanca, de alta sociedad e hija de un secretario del gobierno) y Yolanda Leal (morena, oriunda de una zona popular y profesora de primaria). Y ante pasquines que dec铆an 鈥淵olanda Leal para la gente vulgar, Oly Clemente para la gente decente鈥 y anuncios en los peri贸dicos, se acudi贸 a una votaci贸n popular y Leal fue coronada 鈥淩eina del Pueblo鈥.

Publicidad de Viasa de los a帽os 鈥80.

Estos eran parte de reinados de belleza populares de festividades y carnavales que formaron parte de una tradici贸n que lleg贸 a su c煤spide con la creaci贸n del Miss Venezuela en 1952, un s铆mbolo de la modernidad noratl谩ntica (fue una iniciativa de la aerol铆nea estadounidense Pan American) y consumo que defin铆an a la Venezuela de mediados de siglo. As铆, una oriunda de Tumeremo, Sof铆a Silva, fue coronada como la primera Miss Venezuela en el Valle Arriba Golf Club. Por su pelo y ojos negros, se afirm贸 que era el vivo retrato de 鈥渓a Venezuela profunda鈥 -aclamada posteriormente por treinta mil personas en un estadio de beisbol鈥 mientras que para El Nacional, hab铆a triunfado 鈥渓a mujer netamente venezolana, crioll铆sima y deslumbradora鈥 siendo 鈥渓a mujer m谩s representativamente bella de Venezuela鈥. Una 鈥渇resca expresi贸n de venezolana aut茅ntica鈥, dir铆a el periodista Carlos D铆az Sosa.

Y con Marcos P茅rez Jim茅nez en Miraflores, las reinas de belleza promet铆an volverse el nuevo activo del Nuevo Ideal Nacional: seg煤n el escritor Tulio Hern谩ndez, la victoria de la 鈥榖elleza salvaje鈥 de Susana Duijm en el Miss Mundo de 1955, sobre rubias europeas y norteamericanas, fue manejado como 鈥減arte de la recuperaci贸n del esp铆ritu nacional鈥 por el dictador; el mismo que buscaba crear una 茅pica nacional con su estatua de Mar铆a Lionza y sus murales de caciques y pr贸ceres por Pedro Centeno Vallenilla.

B谩rbara Palacios, Miss Universo 1986, en una publicidad norteamericana de la marca de refrescos Crush.

Y ante un pa铆s cada vez m谩s dominado por el consumo y el mass media, el Miss Venezuela se incorpor贸 en 1962 a la televisi贸n nacional a trav茅s de RCTV. Cada vez m谩s popular y prestigioso, ahora el concurso era dominado por j贸venes de familias pudientes conocidas como las 鈥渃hicas de sociedad鈥 -epitomizadas por Mariela P茅rez Branger (Miss Venezuela 1967), cuya victoria desat贸 鈥榣a rebeli贸n de las feas鈥. Con ellas, la belleza europea -un s铆mbolo positivista de progreso y modernidad occidental- predomin贸 en el concurso, estableciendo las bases de la posterior belleza que definir铆an reinas de origen europeo como Eva Lisa Ljung (Miss Venezuela 1989) y Carolina Izsak (Miss Venezuela 1991) que poco o nada ten铆an que ver con los looks de Silva y Duijm.

Venezuela se volv铆a saudita con sus pisos cin茅ticos, sus Concorde en Maiquet铆a, sus secretarias con Rolex y sus shopping sprees a Miami. Convertida en un oasis de prosperidad, democracia y estabilidad en el playground de tiranos que se hab铆a transformado la regi贸n, el pa铆s se ve铆a a s铆 mismo como una fantas铆a opulenta y hedonista que se dirig铆a rumbo a ser primer mundo. As铆, con publicidades en espa帽ol y franc茅s, Viasa -la lujosa l铆nea a茅rea nacional- promocionaba a Venezuela con fotos de curvil铆neas mujeres bronceadas y morenas, de largas melenas oscuras y peque帽铆simos bikinis, que cargaban frutas y loros en las playas y selvas de una naci贸n que se vend铆a como millonaria, democr谩tica, libre y bella.

Carolina Izsak, Miss Venezuela 1991.

Por su parte, el Miss Venezuela era ahora el programa televisivo m谩s visto del pa铆s (que adem谩s se transmit铆a internacionalmente) con patrocinios empresariales de cantidades monetarias exorbitantes y shows animados con coreograf铆as, parafernalia, cantantes internacionales y en una ocasi贸n hasta elefantes y tigres verdaderos. Afuera, las reinas se volv铆an balaustres del proyecto petrolero-democr谩tico con la victoria de Maritza Sayalero en el Miss Universo de 1979, seguida de Irene S谩ez en 1981 (el mismo a帽o que la tambi茅n catira Pil铆n Le贸n ganaba el Miss Mundo, siendo la primera de cuatro venezolanas en ganar el Miss Mundo entre 1981 y 1995), B谩rbara Palacios en 1986 y Alicia Machado en 1996. Hollywood y el mundo publicitario internacional tambi茅n las hac铆an suyas: B谩rbara Palacios se convert铆a en imagen del refresco Crush bajo el eslogan 鈥Two beauties鈥, Alicia Machado hac铆a un cameo en el sitcom The Nanny, y Miss Pen铆nsula Guajira 1989, Patricia Vel谩squez se convert铆a en la faraona Anck-Su-Namun en el blockbusterThe Mummy. Mientras tanto, en Caracas, los presidentes recib铆an diplom谩ticamente a las misses tras sus victorias y PDVSA, en aquel entonces un coloso corporativo global, bautizaba a sus buques petroleros como el Pil铆n Le贸n, el B谩rbara Palacios, el Maritza Sayalero y el Susana Duijm, reafirmando el estatus de las reinas como s铆mbolo del pa铆s pujante y optimista del que hablaba Boris Izaguirre al referirse a Irene: como orgullo del 鈥榮ecreto mejor guardado del Caribe鈥. Era la edad de oro de la aclamada belleza venezolana; la hegemon铆a del Miss Venezuela como instituci贸n nacional.

鈥淒ec铆a el Libertador en sus a帽os colombinos, citado por el general Luis Per煤 de Lacroix, que 鈥榣as catiras de Venezuela鈥 ten铆an 鈥榝ama de jodidas鈥欌

Como si fuese un secreto esot茅rico perdido en los anales de nuestra historia, varias mentes l煤cidas se embarcaron en la b煤squeda del g茅nesis de la belleza criolla. As铆, la Narrativa de la supremac铆a de la belleza femenina venezolana adquiri贸 una dimensi贸n de teor铆a racial end贸gena que encontraba en el mestizaje (siempre remarcando al componente europeo como el ingrediente m谩gico) una respuesta. El conocido escritor Juan Liscano dec铆a en 1985 que atr谩s quedaba su Venezuela de infancia de 鈥渄amas de sociedad bell铆simas pero en inquietante minor铆a鈥 y 鈥渕ulatitas y mestizitas apetitosas鈥 ante el inmenso 鈥減rogreso gen茅tico logrado con los mestizajes euro o ar谩bigo venezolanos y la superioridad f铆sica鈥 que representaban nuestras reinas. En sus palabras, 鈥渓a patria鈥 se hab铆a impuesto 鈥渟obre anglosajones y arios鈥. De igual forma, en 1987, el periodista Abelardo Raidi afirmaba -en sinton铆a con las teor铆as de blanqueamiento que promov铆a el positivismo venezolano hasta los a帽os cincuenta- que la raza se hab铆a 鈥榚nriquecido鈥 con 鈥渓a fuerza vital de la sangre mediterr谩nea鈥 de inmigrantes europeos que se mezclaba con 鈥渆l sabor del tr贸pico鈥 para crear el 鈥渘uevo producto de exportaci贸n鈥 venezolano que eran las mujeres bellas. As铆, la belleza venezolana no solo significaba el progreso, la riqueza y la democracia de esa Venezuela 鈥榩ujante鈥 si no tambi茅n su superioridad gen茅tica sobre otras naciones: nuestra propia versi贸n consumista y medi谩tica de la raza c贸smica de Vasconcelos.

Irene S谩ez con la polic铆a de Chacao durante su gesti贸n municipal.

Quiz谩s la mitificaci贸n de la Narrativa sobre la mujer venezolana, la creaci贸n de nuestra propia raza c贸smica, llevar铆a a convertir al concurso en 鈥榣a f谩brica de reinas鈥: o el 鈥渃ampo de exterminio de la singularidad鈥 cortes铆a de las cirug铆as pl谩sticas, en palabras de Ibsen Mart铆nez, cuyo 鈥渄octor Mengele鈥 se apodaba Osmel Sousa. La masificaci贸n del concurso -ahora adquirido por el Grupo Cisneros, dirigido por Sousa y transmitido en Venevisi贸n鈥 hab铆a llevado a su 鈥榯ecnificaci贸n鈥 a trav茅s de modificaciones y retoques de cuerpo y cara. Con nariz operada, siguiendo la 鈥榲anguardia鈥 de retocarse que hab铆a iniciado Maritza Pineda (Miss Venezuela 1975), Maritza Sayalero lograba la primera victoria venezolana en el Miss Universo. Para Sousa, las reinas deb铆an ser 鈥渋m谩genes con las que podamos so帽ar鈥 y diosas bajadas del Olimpo. La mujer venezolana se convert铆a en m谩s que un s铆mbolo: ahora era un ideal plat贸nico, una proyecci贸n on铆rica del imaginario colectivo -el sue帽o al que se aspira, el destino manifiesto venezolano.

Pero con la tecnificaci贸n de los concursos y la transformaci贸n figurativa de s铆mbolo a sue帽o, la Narrativa de la mujer venezolana se convertir铆a en una estrategia de marketing: un anzuelo consumista de la industria de la belleza. La mujer venezolana -bella, t谩citamente- serv铆a ahora de pin谩culo capitalista en la 鈥榗ivilizaci贸n del oro negro鈥, en palabras del uruguayo Eduardo Galeano, y su ansiedad de gastar, consumir y apoderarse de todo. As铆, Venezuela se convertir铆a en l铆der mundial tanto en el consumo de productos cosm茅ticos como en el de cirug铆as est茅ticas: solo en 2006, unas 30.000 mujeres venezolanas -en una poblaci贸n de apenas 26 millones- tendr铆an cirug铆as de aumento de senos seg煤n Associated Press.

Jacqueline Aguilera, Miss Mundo 1995, siendo recibida por el presidente Rafael Caldera.

Pero todo cuento de hadas -o toda ilusi贸n de armon铆a, en palabras m谩s adecuadas- llega a su final. Las devaluaciones, creciente inflaci贸n, golpes de Estado y saqueos anunciaban el fin del affaire venezolano con la modernidad: Viasa hab铆a quebrado, la desconfianza en la democracia fenec铆a y la lluvia de petr贸leo se convert铆a en llovizna. Entre el auge de un nuevo militarismo y una creciente tasa de pobreza, Venezuela ahora parec铆a reclamar sus ra铆ces ind铆genas y negras que hab铆a escondido bajo melenas rubias; la 鈥榁enezuela profunda鈥 olvidada: y el Miss Venezuela 1998 parec铆a mostrar el cambio en el zeitgeist nacional. Bautizado como 鈥渆l a帽o de las panteras鈥 por su alta cantidad de participantes de piel oscura, una negra (Carolina Indriago) se coronaba como Miss Venezuela por primera vez. En Miraflores, donde se asentaba un nuevo presidente que recalcaba ser 鈥渮ambo鈥 y cuyo s茅quito defin铆a a la publicidad y a los concursos de belleza como 鈥榬acistas鈥, los cambios tambi茅n se sent铆an: la Narrativa de la mujer venezolana entraba en su decadencia. El s铆mbolo, el sue帽o nacional, se despedazaba.

*Las fotograf铆as fueron facilitadas por el autor, Tony Frangie Mawad, al editor de La Gran Aldea.

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La opini贸n emitida en este espacio refleja 煤nicamente la de su autor y no compromete la l铆nea editorial de La Gran Aldea.
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