En la aldea
28 mayo 2024

Erizos y zorros, entre ellos estamos

El planteamiento del filósofo Isaiah Berlin en su ensayo sobre el erizo y el zorro parte de una frase del poeta griego Arquíloco: “La zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante”. El erizo representa a las personas que actúan con base en certezas sin ponerlas en duda. Mientras la zorra parte del supuesto de que no se puede actuar con una visión única de la realidad. En este momento constituye un reto para el liderazgo de la oposición conseguir que se produzca una comunicación efectiva entre personas y organizaciones de ambos enfoques; porque la percepción de los hechos más que los hechos mismos es lo que determina la acción.

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Ramón Piñango | 19 marzo 2021

Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible
y, de repente, estarás haciendo lo imposible
Francisco de Asís

Ante la más que evidente desastrosa y preocupante situación del país, los venezolanos, de manera consciente o inconsciente, por diversas razones adoptan posiciones que reflejan maneras de ver la realidad en que nos encontramos. Esas posiciones van desde un pesimismo extremo según el cual esta situación no cambiará, ni se puede cambiar, hasta una fe ciega en que esto tiene que cambiar y cambiará en cualquier momento.

Esas dos posiciones o las posibles visiones que caben entre esos dos extremos responden a percepciones diferentes de la realidad, lo cual determina las apreciaciones de lo que está pasando y de lo que hay que hacer para generar un cambio significativo. Simplemente ocurre que la percepción de los hechos más que los hechos mismos es lo que determina la acción. La no comprensión de este fenómeno con frecuencia conduce a interminables discusiones sobre cuál es la realidad en la que vivimos y en la que hay que actuar.

En el caso venezolano, gran parte de la oposición coincide en la descripción de los males que sufrimos. Las diferencias se refieren a qué posibilidades existen para actuar y provocar un cambio significativo que conduzca a la atención eficaz para transformar la realidad en un sentido positivo. Por supuesto, hay diferencias importantes en el diagnóstico de fondo dado que hay posiciones encontradas acerca de asuntos sustanciales como, por ejemplo, si tiene sentido participar o no en las elecciones regionales y locales que se han de realizar en este año. Mientras algunos consideran obvio que hay que participar para no dejarle el campo libre al adversario, para otros no tiene sentido participar porque quienes detentan el poder controlan todo al punto de que, como todos hemos visto, con absoluto descaro alteran los resultados a su favor.

La explicación de esas diferencias obedece a diferentes razones. Entre otras,  debe ser destacado el contraste entre dos puntos de vista al apreciar la realidad. Una se refiere a la tendencia de algunos a percibir la realidad social y política como un tejido perfectamente tramado, sin intersticios, en la cual las posibilidades para actuar son mínimas o nulas. En contraste, otros ven la realidad como un tejido de trama suelta, en la cual fluyen dinámicas de interrelaciones de cooperadores y adversarios, de influencias y de poder. Para los primeros, hay que buscar un cambio radical, que altere el orden que sostiene al poder establecido. Para los segundos, la estrategia debe consistir, más bien, en una cadena de cambios parciales que progresivamente se van entrelazando hasta alcanzar el cambio deseado.

Esas dos maneras de ver la realidad, y de aproximarse al cambio político y social, corresponden al planteamiento de Isaiah Berlin en su ensayo sobre el erizo y el zorro (The Hedgehog and the Fox). Ese ensayo de Berlin parte de una frase del poeta griego Arquíloco: La zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante.

“Aunque hoy suena lejana, es señal de sano juicio político: Todas las opciones están siendo consideradas”

Con esa frase Berlin confronta dos enfoques distintos, aunque, en su opinión no son, necesariamente, antagónicos. Por un lado, el erizo representa a las personas que actúan con base en certezas sin ponerlas en duda y tienden a interpretar la realidad como un todo cerrado y bien definido. Por su parte, la zorra, parte del supuesto de que no se puede actuar con una visión única de la realidad, están abiertos a la incertidumbre. La diversidad de experiencias que enfrentamos con el transcurrir del tiempo nos exige mantenernos cautos con lo que pretendemos conocer.

El planteamiento de la zorra y el erizo constituye una metáfora para explicar dos enfoques muy diferentes fundamentados en principios y valores que pueden ayudarnos a entender el porqué es difícil lograr buena comunicación entre personas que piensan y actúan como el erizo y personas que actúan como la zorra. Y la incomunicación es aún peor cuando se trata de grupos diferentes en cuanto a su aproximación a la realidad y la manera de intervenir para cambiarla. Simplemente ocurre que lo que es obvio para un grupo no lo es para el otro que también está dispuesto a defender a capa y espada su propia obviedad.

El propósito de Berlin con su ensayo es plantear que ambas aproximaciones se complementan. Sin embargo, la experiencia enseña que, si bien ese planteamiento es válido, y particularmente razonable, en tiempos inciertos, en la dinámica real de la política, es difícil que grupos antagónicos en enfoques como los señalados acuerden seguir determinado curso de acción para hacer posible ese cambio. No es raro que mientras más intenso sea el enfrentamiento al discutir lo que hay que hacer desde enfoques antagónicos, cada grupo se atrinchera más y más para defender y promover su posición.

En este momento constituye un reto específico al mermado liderazgo de la oposición lograr que se produzca la comunicación efectiva entre personas y organizaciones proponentes de uno y otro enfoque. De acuerdo con lo que he planteado aquí, como nunca, sería maravilloso escuchar esa frase que, aunque hoy suena lejana, es señal de sano juicio político: Todas las opciones están siendo consideradas.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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