En la aldea
18 mayo 2024

33.055

En función a su número de vacunados diarios, todos los Estados (menos uno) tienen una estadística que permite alguna predicción sobre el final de la pandemia. Venezuela es esa única excepción vergonzosa y mortal. El reporte de la organización internacional “Our World in Data” señala que al ritmo de vacunación en Venezuela faltarían 33.055 días para llegar a la inmunidad de rebaño. Sí, 33.055 días que equivalen a 95 años, casi un siglo nos separaría del objetivo de estar protegidos de la Covid-19. Mientras, la nomenklatura roja, que, por cierto, ya está debidamente vacunada, rechazó los millones de dosis de AstraZeneca negociadas con Juan Guaidó.

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Francisco Suniaga | 31 marzo 2021

Son los días que le faltarían a Venezuela para alcanzar, por vía de la vacunación de al menos setenta por ciento de sus habitantes, la inmunidad de rebaño contra el Covid-19. El dato proviene de un informe que circuló en las redes hace unas dos semanas. Lo produjo de una organización internacional, Our World in Data (OWD) que tiene numerosos estudios publicados en su página web y en Twitter relacionados con diversos problemas de la humanidad. Suele hacerlo sin emitir juicios valorativos, salvo los que los propios números expresan. Claman tener, asimismo, usuarios de prestigio: Medios como la BBC o el NYT y académicos de instituciones universitariasy de investigación que consultan sus datos y basan en ellos sus asertos.

Redes sociales de por medio, no es posible saber cuán científicas sean las investigaciones de OWD, o si son tan bien intencionadas como ellos dicen ser. Lo cierto es que lo que informan sobre la enfermedad y los procesos mundiales de vacunación coincide con otras publicaciones, menos numerológicas, tal vez, y a lo que se puede concluir a partir de diarios y noticieros televisivos en todo el mundo. La información de que faltan 33.055 días para vacunar a los venezolanos contra la Covid-19, parece mentira, pero tiene algo a su favor a la hora de emitir un juicio sobre su veracidad: La certidumbre que de Nicolás Maduro y su gobierno se puede creer cualquier cosa, por extravagante, terrible o incluso inhumana que parezca. Él mismo se encarga a diario en sus cadenas de que esa sea la actitud del venezolano en torno a sus afirmaciones y promesas.

33.055 días equivalen a 95 años, casi un siglo pues que nos separaría del objetivo de estar protegidos de la enfermedad. Vale decir, los venezolanos, incluso muchos que aún no han nacido, no tienen ni que preocuparse: pueden estar absolutamente seguros de que en algún momento de su vida se van a infectar de Covid-19. Muchos morirían, pero esa no sería la mayor preocupación de quienes mandan aquí, lo importante sería que lo hagan al ritmo de 7 + 7, o si prefieren a la Billo’s, al de “un pasito pa’lante, un pasito pa’tras”, y vivamos en una cuarentena eterna.

“El plan maestro que produjo la pandemia fue el de utilizarla para servir al único designio que aquí existe y mantiene su vigencia desde febrero de 1999: Acumular poder”

En Estados Unidos, la otra cara de la moneda, las autoridades calculan que, al ritmo actual de tres millones de vacunados por día, para julio deben haber alcanzado la inmunidad de su población (el reporte de OWD habla de 139 días). Lo curioso es que, al comienzo de la pandemia, los venezolanos veíamos las cadenas donde Maduro, sin fundamentar mucho las cifras, se encargaba de exponer, con inocultable fruición, las enormes pérdidas en vidas humanas que EE.UU. tenía por la enfermedad. Hacía alarde, incluso jocoso, de los buenos números venezolanos, producto del “humanismo” comunista de su gobierno, en contraste con los gringos, resultado de las perversiones del capitalismo. Al mirarlo, me asaltaba el déjà vu de nuestro campeón Vicente Paúl Rondón gritando, por allá a comienzos de los setenta, que le trajeran “al Fostel ese”, hasta que se lo trajeron y ya sabemos lo que pasó.

El caso es que a diario vemos como el mundo entero, en función a un plan, bueno, regular o malo, pero un plan, avanza en la lucha contra esta virosis planetaria. Así, en función a su número de vacunados diarios, todos los Estados (menos uno) tienen una estadística que permite alguna predicción sobre el final de la pandemia. Puede incluso permitirles plantearse metas para liquidarla más rápido. Sea provista por OWD u otra organización que haga esos estudios, o sus propias oficinas de estadísticas, los datos permiten planificar y ejecutar políticas.

Venezuela es esa única excepción vergonzosa y mortal. Para la fecha en que se publicó el reporte in comento, el ritmo de vacunación en Venezuela era de 0% y faltaban 33.055 días para llegar a la inmunidad de rebaño (como nada se ha hecho, sigue siendo esa la cifra). Los venezolanos ya saben que no existe un plan de vacunación porque, tras más de veinte años de experiencia, aprendieron que a esta “administración” el catarro siempre la encuentra sin pañuelo. Saben también, que el plan maestro que produjo la pandemia fue el de utilizarla para servir al único designio que aquí existe y mantiene su vigencia desde febrero de 1999: Acumular poder.

Ese es el punto en el que estamos: Sin plan de vacunación, encerrados de nuevo en nuestras casas por el sitio del virus. En este contexto, propio de Ripley, la nomenklatura roja, que, por cierto, ya está debidamente vacunada, rechazó los millones de dosis de AstraZeneca negociadas con Juan Guaidó. Para remate, como contrapartida, propuso a los venezolanos que combatan el Covid-19 con un medicamento mágico, producto de su ciencia endógena, al que dieron el nombre de Carvativir. ¿No te jode?

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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