En la aldea
28 mayo 2024

“El río Arauca al contrario de lo que muchos creíamos, une a la gente no la separa”.

Yo nací en esta ribera

En días pasados pude viajar a la población de Arauquita en los llanos colombianos, con el fin de recabar junto a un equipo, testimonios de los desplazados que han llegado a ese lugar desde Apure huyendo de la violencia. Los testimonios recabados son verdaderos relatos de horror, que dan cuenta de organismos armados, militares y policiales, que muestran un profundo desprecio por la población civil ajena al conflicto. No hay gente de aquí y de allá, la ribera es la misma si te paras en Arauca o en Apure; tal vez no lo sabía, pero en ese momento no definía una identidad de la otra, solo identificaba al llanero cuyo territorio no tiene fronteras, y que es lo que Maduro no sabe.

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Zair Mundaray | 20 abril 2021

La existencia de una identidad venezolana o colombiana, pierde todo sentido conceptual en los llanos de Arauca y Apure, cualquier nacionalismo cede en función de una identidad regional puramente llanera, en la que haber nacido en esta ribera, carece de significado. El río Arauca al contrario de lo que muchos creíamos, une a la gente no la separa. No hay gente de aquí y de allá, no hay nosotros y ellos, sólo hay personas con el mismo dialecto, que escuchan las mismas manifestaciones musicales, comen exactamente lo mismo, tienen idénticos vocablos, y encima, la gran mayoría se encuentran emparentados por consanguinidad o por afinidad, todos transitan por el vibrante río de forma cotidiana sin restricciones.

En días pasados pude viajar a la población de Arauquita en los llanos colombianos, con el fin de recabar junto a un equipo, testimonios de los desplazados que han llegado a ese lugar desde Apure, huyendo de la violencia producto de la toma militar y policial del territorio auspiciada por la dictadura venezolana. Los testimonios recabados son verdaderos cuentos de horror, que dan cuenta de organismos armados, militares y policiales, que muestran un profundo desprecio por la población civil ajena al conflicto, por los Derechos Humanos y por el más elemental sentido de humanidad.

Es alarmante cómo grupos al margen de la Constitución como las FAES, el CONAS y la Guardia Nacional, desplegaron sus capacidades “operativas” contra la población civil desarmada, y no contra los irregulares que se mueven a sus anchas por la zona. Los más de 20 años de revolución han condicionado a estos “organismos” a actuar contra los ciudadanos, y no contra los delincuentes. Varios patrones de violaciones sistemáticas de derechos humanos pudimos detectar, allanamientos sin orden judicial, robos y destrucción de enseres personales, animales y cultivos, detenciones ilegales, desapariciones y torturas, de modo que la única opción que ha conseguido la población es huir hacia Arauquita donde se hacen grandes esfuerzos por su atención humanitaria. Los detalles de autoría, patrones y derechos fundamentales violados, por el momento los reservo para que surtan efectos legales en las instancias respectivas, pero sí quiero referirme al discurso y actuar anti-colombiano de estos cuerpos opresores.

Muchos de los desplazados, como he explicado antes, son llaneros y se reconocen como tal. Por mera formalidad del orden institucional impuesto, tienen cédula colombiana, otros con cédula venezolana y un buen número tienen ambas, pero eso nunca ha significado nada en este territorio. La composición de las familias es muy singular, pude conversar con una familia de padres colombianos con más de 30 años establecidos en Apure, con tres hijos y hasta nietos, todos nacidos en Venezuela. Otros de padre venezolano y madre colombiana, hijos nacidos de un lado y del otro del río, con documentos de acá y de allá, en fin, todo un crisol de combinaciones que para el forastero genera algunas diferencias, pero para el local no, ya que son siglos en que estas dinámicas son absolutamente cotidianas.

“Más de 20 años de revolución han condicionado a estos ‘organismos’ a actuar contra los ciudadanos, y no contra los delincuentes”

Sin embargo, parece que las fuerzas de Nicolás Maduro nada conocen al respecto, acometen una invasión territorial sin tener la más remota idea de quiénes son sus habitantes. Esto lo digo porque muchos de los “funcionarios”, expresaron discursos de odio contra la población colombiana en Apure. Cualquiera con documentos de ese país fue maltratado, detenido, allanado y sin prueba alguna, acusado de ser guerrillero. No Maduro, no Padrino, este no es un problema de venezolanos contra colombianos, el problema es otro muy distinto, es tu pacto con grupos criminales armados y haberles cedido el territorio que ahora dices querer recuperar.

La población civil no tiene la culpa de tus desatinos históricos, de tus actividades mafiosas ni que el narcotráfico utilice esa ruta que ustedes dieron el permiso desde hace mucho, como parte del negocio del cual hay cada vez mayor evidencia de que son socios. Ahí no estás expulsando a colombianos del territorio como hicieron saber algunos de tus mandaderos, lo que hicieron fue desplazar población llanera de sus espacios, los cuales les pertenecen por llevar muchos años trabajando la tierra, la pesca, la ganadería, la artesanía, todo lo que es propio de su cultura. Administrativamente son venezolanos, son colombianos, eso no importa, son gente que sufre y que debe dolernos a todos. Son niños que no comprenden porqué ya no juegan en sus huertos, porqué no ven a sus amigos, porqué sus casas fueron saqueadas y destruidas y ahora viven en carpas donde hacen filas al llamado a comer.

Nunca han estado tan vigentes las cartas del dramaturgo y filósofo francés Albert Camus a un amigo alemán, que un colega abogado me hizo recordar recientemente. Nos resistimos a una barbarie que disfruta la destrucción del otro, y que es incapaz de reconocer que no hay ningún otro, sino un mismo ciudadano que se cubre con una misma bandera, la de Venezuela, sin importar que hayas nacido aquí o no. Camus le decía a su amigo alemán en su cuarta misiva:

Ahora le consta ya que somos enemigos. Es usted el hombre de la injusticia y no hay nada en el mundo que aborrezca tanto mi corazón. Pero conozco ya las razones de lo que no era más que una pasión. Les combato a ustedes porque su lógica es tan criminal como su corazón. Y en el horror que nos han prodigado durante cuatro años, tanta parte tiene su razón como su instinto. Por eso mi condena será total, ha muerto ya usted a mis ojos. Pero al tiempo que juzgo su atroz conducta, recordaré que ustedes y nosotros partimos de la misma soledad, que ustedes y nosotros compartimos con toda Europa la misma tragedia de la inteligencia. Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres. Por permanecer fieles a nuestra fe, nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás.

¡Yo nací en esta ribera! dijo Rafael Bolívar Coronado cuando escribió el Alma Llanera, ribera que es la misma si te paras en Arauca o en Apure, tal vez no lo sabía, pero en ese momento no definía una identidad nacionalista venezolana, definía al llanero cuyo territorio no tiene fronteras, y que es lo que Nicolás no sabe.

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