En la aldea
18 mayo 2024

Simón Bolívar Palacios: “El hombre de las dificultades” (I Parte)

Un encuentro con sus orígenes que hablan de su ineludible gentilicio caraqueño. Simón Bolívar, huérfano desde pequeño, alimentó su espíritu aventurero en cada tropiezo y desarraigo. Europa sería su hogar por muchos años y escuela de una vasta cultura adquirida de los grandes a través de sus obras, otra dada por sus tutores y la de mayor influencia aquella vivida de primera mano y que lo hizo protagonista de hechos que luego serían historia. En los campos de batalla, ya en Venezuela, hubo triunfos como muchas derrotas, pero la sangre libertaria de compañeros de lucha le aró el camino para consolidar lo que sería la República. Bolívar fue un estratega de las comunicaciones y de los efectos psicológicos de los hechos; aunque para muchos estudiosos e historiadores tuvo errores garrafales en la faena por la gloria.

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Rafael Arráiz Lucca | 25 abril 2021

Vamos a seguirle el rastro a un caraqueño que vive 47 años vertiginosos y exigentes, frecuentados por la derrota y la victoria, y a quien alcanza la muerte en Santa Marta en medio de su mayor fracaso: La integración colombiana. Fue un vástago de dos de las familias principales del período colonial venezolano: Bolívar y Palacios.

Hijo de Juan Vicente Bolívar y Ponte y María Concepción Palacios y Blanco; nieto de Juan de Bolívar y Villegas y María Petronila de Ponte y Marín de Narváez; y de Feliciano de Palacios y Gil de Arratia y Francisca Blanco Herrera. Casi todos sus 8 bisabuelos y 16 tatarabuelos nacieron en Caracas. Sus 32 cuartos abuelos nacieron en Caracas, Santo Domingo, Valencia, a Coruña, Trujillo, Burgos, Logroño, Vizcaya, Tenerife, Orense y San Mateo. Entre sus cuartos abuelos estaba Simón “El Mozo” Bolívar, quien nació en 1560 en Santo Domingo y llegó a Caracas siendo un joven, pero no fue el primero de los Bolívar en Venezuela; lo fue su padre, Simón “El Viejo” Bolívar, nacido en Vizcaya en 1535, quien pasó a Santo Domingo y luego a Venezuela hacia 1593, según nos informa Antonio Herrera-Vaillant en su libro El nudo deshecho: compendio genealógico de El Libertador.

Juan Vicente Bolívar y Ponte nace en 1726 y fallece en 1786, a los 60 años. María de la Concepción Palacios y Blanco nació en 1758 y murió en 1792, a los 34 años. Como vemos, Juan Vicente le llevaba 32 años a María Concepción. Los Bolívar Palacios fueron María Antonia (1777-1842), Juana Nepomucena (1779-1847), Juan Vicente (1781-1811) y Simón (1783-1830). Cuando el padre fallece, Simón tiene 3 años, cuando muere la madre, suma 9. Es un huérfano y el mayorazgo lo tiene su hermano Juan Vicente. Así comienza su vida.

En 1802 se casó en Madrid con María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza (1781-1803), quien fallece en Caracas el 22 de enero de 1803, y Simón José Antonio de la Santísima Trinidad pasa a ser viudo a los 20 años. Ni con ella ni con ninguna otra se tiene noticia de algún descendiente de Bolívar. Todo indica que no podía procrear.

Una infancia dolorosa, con muchísimo dinero (1783-1795)

Sus primeros doce años no solo están signados por la muerte del padre y la madre sino por la vida con el abuelo, una vez ausente la madre. Don Feliciano Palacios les prodigó, según refieren los testimonios, un afecto robusto a los Bolívar Palacios, pero falleció en 1793, cuando Simón contaba 10 años. Entonces, pasa al cuidado del tío Carlos Palacios Blanco, de quien no tolera la severidad de sus prácticas domésticas y se escapa a vivir con la hermana mayor, María Antonia, ya casada con Pablo Clemente Palacios y quien, en algún sentido, fue una madre sustituta. Esto ocurre en 1795, cuando María Antonia es una señora de 18 años que acaba de parir a su primera hija, Josefa Clemente Bolívar, y se ocupa de su hermano menor, el adolescente de 12 años, Simón.

María de la Concepción Palacios y Blanco y Juan Vicente Bolívar y Ponte.

Este niño, por otra parte, ha recibido la herencia de su primo hermano, el sacerdote Juan Félix Xérez de Aristeguieta y Bolívar, quien falleció en 1785 y testó a favor de él. La herencia era cuantiosísima. Incluía una casa en laesquina de Gradillas, en la Plaza Mayor de Caracas, y tres haciendas de cacao en San Francisco de Yare, con 95.000 árboles y un número cercano a los 50 esclavos. La recibió en 1789, de seis años, en presencia de su abuelo. Esta fue una de las cuatro herencias que recibió, junto a la de su padre, una vez muerto su hermano mayor; la de su madre y la de su abuelo. Naturalmente, en proporciones diferentes a la del Mayorazgo de La Concepción, que era suyo en su totalidad, gracias a la voluntad del cura Aristeguieta, como lo llamaban. De tal modo que, siendo un niño de seis años, ya se sabía heredero de una inmensa fortuna. Según Fréderíque Lange, citada por Juan Morales: “la fortuna más grande de esta época era la del Marqués del Toro, que en 1781 ascendía a 504.632 pesos; le seguía el padre del Libertador, que recibió en herencia 120.000 pesos” (Morales, 1999: 134). Pues calculen ustedes que el hijo recibió cuatro herencias, como ya dijimos.

Una adolescencia característica (1795-1799)

Ante la negativa de volver a vivir baja la égida de su tío Carlos Palacios es inscrito en la escuela que regenta en su casa Simón Rodríguez. Allí está en 1795 y vive en el recinto por unos meses hasta que regresa a la casa paterna, bajo la tutela del tío severo, superado el encontronazo. En 1796 lo hayamos recibiendo lecciones del joven Andrés Bello, quien le instruye en historia y geografía, siendo apenas dos años mayor que él, lo que revela la precocidad intelectual de Bello.

A los 15 años, el 26 de noviembre de 1798 es ascendido a sub-teniente del Batallón de Milicias de Blancos Voluntarios de los Valles de Aragua. Esta etapa está muy bien estudiada por Fernando Falcón en su trabajo El cadete de los valles de Aragua. En concomitancia, recibe clases en su casa de Caracas, junto a otros jóvenes de la élite, de matemáticas y física, por parte de Fray Francisco de Andújar, favorablemente valorado por Humboldt en su paso por Venezuela.

Andrés Bello y Simón Rodríguez.

Este año de 1798 su tío Esteban Palacios Blanco es designado Ministro del Tribunal de la Contaduría Mayor de Cuentas de Madrid, un cargo importante. Por ello envía carta invitando a sus sobrinos Bolívar Palacios varones a que vayan a vivir un tiempo con él en España. Juan Vicente no acude al llamado, pero Simón sí. Comienza una primera etapa europea en su vida. Apenas tiene 16 años.

Viaje a Europa y matrimonio (1799-1802)

Zarpa de La Guaira el 19 de enero de 1799 y llega a Veracruz el 2 de febrero a bordo del navío San Ildefonso. Sube a ciudad de México y está allí una semana. El 20 de marzo zarpan a La Habana, donde están dos días, y llegan a Santander el 16 de mayo. El 10 de junio el joven Bolívar está en Madrid.

El tío y su sobrino viven en casa de Manuel Mallo, entonces Ministro de Hacienda y hombre de gran influencia ante la corona, protector de Esteban Palacios. Mallo había nacido en Popayán y creció en Caracas, de donde estimamos que nació la amistad con los Palacios Blanco. El tío Esteban se esmera en que el sobrino reciba clases de castellano, francés, que aprenda a bailar, que siga su aprendizaje de historia y de matemáticas. Luego, por vueltas de la política española, Mallo cae en desagracia y con él el tío Esteban, quien es hecho prisionero, cuando Manuel Godoy (favorito de Carlos IV) retoma sus influencias.

Entonces, Bolívar se muda a vivir a casa del Marqués de Uztáriz (Gerónimo Enrique de Uztáriz y Tovar Suárez de Loreda, Caracas, 1735 – Sevilla, 1809), amigo de su familia en sus tiempos caraqueños, y allí practica la esgrima, monta a caballo, asiste a salones de tertulias y agasajos. También estudia y lee, bajo la dulce conducción del Marqués de Uztáriz, quien habiendo nacido en Caracas se había radicado en Madrid con muy buenas condiciones económicas. No obstante, cierta hagiografía bolivariana lo invisibiliza como educador de Bolívar para destacar a Simón Rodríguez, que también lo fue, pero es evidente que el Marqués de Ustáriz es el tutor de sus años juveniles, el que le entrega las lecturas fundamentales, como el propio Bolívar lo confirma. Incluso podría decirse más: Ante la ausencia de figura paterna, Bolívar se identifica con su abuelo Feliciano, primero; luego con Simón Rodríguez y, finalmente, con Uztáriz, a quien le profesa un gran afecto, como testimonió varias veces.

En una carta de Bolívar a Francisco de Paula Santander el 20 de mayo de 1825, desde Arequipa, le refiere que en esta estadía madrileña ha leído a “Locke; Condillac; Buffon; D’Alembert; Helvetius; Montesquieu; Mably; Filangieri; Lalande; Rousseau; Voltaire; Rollin; Berthot y todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos, historiadores, oradores y poetas; y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los ingleses” (Cartas Santander-Bolívar, 1988: 378). En casa del Marqués de Ustáriz conoce a María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, sobrina del Marqués del Toro caraqueño, y de quien se enamora completamente y le propone matrimonio.

Simón Bolívar y María Teresa Rodríguez del Toro.

La novia pide tiempo y viaja a Bilbao con su familia en 1801. Bolívar también va a Bilbao a estar con ella y permanece allí todo el año. Viaja el 20 de marzo de 1801 y allá estará hasta enero de 1802, cuando parte a Bayona (país vasco francés), luego a Amiens, París y Burdeos. En abril está en Santander y Bilbao, en mayo está en Madrid. Sobre sus meses en Bilbao contamos con un estudio formidable: Simón Bolívar y Bilbao. El hombre antes del héroe de Alejandro Cardozo Uzcátegui. De los dos meses que pasó en París se sabe poco. No se conservan cartas escritas allí, si acaso las escribió y, como afirma Mijares en su biografía El Libertador, lo impresionó más el París de su segunda visita, en 1804, cuando está durante la coronación de Napoleón.

En Caracas (1802-1803)

Los enamorados se casan el 26 de mayo de 1802 en Madrid en la iglesia de San José. Bolívar sumaba 19 años y María Teresa 21. Pocos días después se mueven hacia La Coruña, de donde zarpan el 15 de junio y llegan a La Guaira el 12 de julio. La única carta conocida que escribió la señora Bolívar fue el día de su llegada a La Guaira. Siete meses después, el 22 de enero de 1803, fallece de fiebre amarilla en la casa del Vínculo, en la esquina de Gradillas, la que Bolívar había heredado de Xérez de Aristeguieta.

Sus meses caraqueños de recién casado estuvieron dominados por la alegría de enseñarle sus vastas propiedades a su esposa, el trato con sus familiares, la organización de su fortuna personal y el sueño de la paternidad, que nunca llegó. Devastado por la muerte de María Teresa, decide regresar a Europa en octubre de este año fatídico. Tiene 20 años. En el Diario de Bucaramanga afirma: “Sin la muerte de mi mujer no hubiera hecho mi segundo viaje a Europa, y es de creerse que en Caracas o San Mateo no me habrían nacido las ideas que adquirí en mis viajes, y en América no hubiera formado aquella experiencia, ni hecho aquel estudio del mundo, de los hombres y de las cosas que tanto me han servido en todo el curso de mi carrera política” (Bolívar, 2010: 218).

Europa y los Estados Unidos (1803-1807)

Zarpa de La Guaira el 23 de octubre de 1803. En enero está en Cádiz, en  febrero en Madrid, y en mayo en París. Se reencuentra con Simón Rodríguez y conoce a Fanny du Villars, el segundo amor de importancia en su vida. Frecuenta a Humboldt y Bonpland, quienes ya están de vuelta de su periplo americano. Es asiduo de los salones parisinos y no sabemos si asistió a la coronación de Napoleón el 18 de mayo de 1804, a pesar de que estaba en París. Sus propios testimonios son contradictorios.

Fanny du Villars estaba casada con el conde Dervieu du Villars, quien le llevaba casi treinta años de edad. Ella tenía 30 y Bolívar 21, y es evidente que sostuvieron una relación amorosa y confesional. Estos años europeos fueron de grandes convulsiones personales para Bolívar. En sus cartas se advierten estados depresivos y eufóricos, así como abundan testimonios sobre la vida festiva que llevó, cosa que Rodríguez le reconvenía permanentemente. En abril de 1805 Bolívar se despide de Fanny y sale hacia Italia con Rodríguez y Fernando Rodríguez del Toro, hijo del Marqués del Toro caraqueño y su entrañable amigo.

Marqués del Toro.

Recorren Verona, Vicenza, Padua, Perugia, Ferrara, Bologna, Florencia, Venezia y llegan a Roma. Allí ocurre el célebre Juramento del Monte Sacro el 15 de agosto de 1805, quizás inspirado en la visión recurrente de las glorias napoleónicas, a quien no sólo ha presenciado en su coronación parisina sino que ahora está presente cuando ocurre la italiana, en Milán. Retórica aparte, el juramento no ha debido ser como quedó transcrito, sino algo coloquial que después fue reescrito, como lo aclara Mijares en su biografía del héroe: “Las palabras del Juramento que se dan en todas las narraciones proceden de una publicación hecha en 1883 por el escritor colombiano Manuel Uribe, de acuerdo con las confidencias que le hizo Don Simón Rodríguez. Pero claro está que esta versión de segunda mano, y escrita tantos años después del suceso, apenas conservaría rasgos muy adulterados del original” (Mijares, 1967: 113).

Estuvo en Nápoles antes de regresar a París, a donde llega en abril de 1806. De acuerdo con sus cartas de entonces, estaba harto de la vida disoluta que había llevado y se proponía regresar a Venezuela. Antes, recibe el segundo grado de la Masonería en la Logia Parisina de San Alejandro de Escocia. Años después (1828), le dice a Perú de Lacroix en el Diario de Bucaramanga: “Que en París se había recibido de maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de aquella antigua asociación; que en las logias había encontrado algunos hombres de mérito, bastantes fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados…” (Bolívar, 2010: 221).

Viaja de Hamburgo a Charleston, donde desembarca el 1 de enero de 1807. Visita Filadelfia, Washington, Boston y Nueva York. Permanece casi seis meses en los Estados Unidos hasta que regresa en junio a Caracas, habiendo tomado el barco en Filadelfia. Es obvio que esta estadía de casi cuatro años en Europa y los Estados Unidos fue decisiva en la formación política del joven caraqueño. Si en la primera estancia española el Marqués de Uztáriz puso en sus manos los libros indicados, en esta la relación con Rodríguez, la presencia de Napoleón en todos los rincones de Europa, las ideas liberales y de la ilustración hicieron de Bolívar otra persona. Llegó de 20 años y regresó de 24. Un viaje providencial en el momento preciso, en la edad propicia.

Alejandro de Humboldt y Aimé Bonpland.

En Caracas (1807-1810)

Al no más llegar, se encarga de sus haciendas. En las de Yare tiene un pleito de linderos con Antonio Nicolás Briceño, quien le discute tierras. La sangre no llega al río, pero estuvieron a punto de dirimir en duelo las desavenencias. Se mueve entre Yare, San Mateo y Caracas, en especial en la hacienda que los Bolívar tenían en la ribera del Guaire, donde los jóvenes de la élite caraqueña se reúnen a leer, recitar, bailar, montar a caballo, y a escuchar a Simón que ha traído nuevas ideas de Europa.

En 1808 tienen lugar los sucesos de Bayona, cuando Napoleón coloca la corona de España sobre su hermano, y Carlos IV y Fernando VII quedan en cautiverio. Se inicia la crisis del mundo hispánico. El 19 de abril de 1810 el cabildo caraqueño crea la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, pero Bolívar no participa en los hechos, está en sus haciendas. La Junta lo asciende a Capitán en mayo, y en junio lo designa comisionado ante el gobierno británico y viaja con Andrés Bello y Luis López Méndez, los otros dos integrantes de la comisión, a Londres. Desembarcan en Portsmouth el 10 de julio de 1810.

Viaje a Londres (1810)

El 14 de julio están en Londres. Miranda los asesora e, incluso, les gestiona entrevistas. No va con ellos a los encuentros, pero se reúne periódicamente a cotejar informaciones. Los lleva a conocer los sitios públicos principales: museos, jardines, el Observatorio y les presenta a Jeremy Bentham, James Mill y el Marqués de Wellesley, Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, entre otros.

Bolívar da por concluida su misión y zarpa el 22 de septiembre rumbo a Caracas, con escala en Trinidad. Ha permanecido 2 meses y medio en la capital británica. Luis López Méndez y Andrés Bello se mudan a la casa de Miranda. Ambos ignoraban los años que estarían fuera de su país. Como sabemos, ninguno de los dos regresó a Venezuela.

En este encuentro londinense se han conocido el veterano Miranda, ya de 60 años, y el joven Bolívar, con 27. La admiración de Bolívar por la legendaria figura de Miranda es evidente y, de hecho, lo veremos actuar con reciprocidad. Al llegar a Caracas el 10 de diciembre de 1810 se aloja en casa de Bolívar, quien ha llegado pocos días antes, el 5 de diciembre. El 7 está Bolívar informándole a la Junta de su misión en Londres. Ha regresado a Caracas con un secretario francés, Pedro Antonio Leleux, un librero que vivía en Londres y era amigo de Miranda.

Dos años convulsos (1810-1812)

Miranda, Bolívar y Leleux fundan la Sociedad Patriótica en Caracas en diciembre, y ya en enero sostienen reuniones regulares a partir de las 6 de la tarde en una casa que han conseguido en la esquina de Ibarras. Integran la Sociedad Antonio Múñoz-Tébar, Vicente Salias, Francisco Espejo, Miguel Peña, Carlos Soublette, Francisco Coto Paúl, entre otros. Se constituyen en un frente de presión permanente para que el Congreso Constituyente, que se ha reunido en Caracas a partir de marzo de 1811, declare la Independencia.

En la noche del 3 para el 4 de julio de 1811 Bolívar interviene en la Sociedad Patriótica con las siguientes palabras: “Se discute en el Congreso Nacional lo que debería estar decidido. ¿Y qué dicen? Que debemos comenzar por una confederación, como si todos no estuviésemos confederados contra la tiranía extranjera. Que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Qué los grandes proyectos deben prepararse en calma! Trescientos años de calma ¿no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la Nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundacional de la libertad sur-americana: vacilar es perdernos. Propongo que una comisión del seno de este cuerpo lleve al Soberano Congreso estos sentimientos” (Bolívar, 1947: 993).

Así fue, la comisión asistió al Congreso Nacional donde el 5 de julio se decidió la creación de una república con los límites de la abolida Capitanía General de Venezuela. Juan Germán Roscioredactó el Acta, así como antes había redactado el Estatuto electoral que dio pie al Congreso, y así como co-redactó la Constitución Nacional de 1811, aprobada el 21 de diciembre.

Francisco de Miranda.

No hallamos a Bolívar presente en la sesión que declara la creación de la República porque no era diputado, como sí lo era Miranda. De inmediato Bolívar se va a alguna de sus haciendas (algunos afirman que por motivos de salud), y lo tenemos de vuelta en la escena caraqueña en octubre de 1811.

Y luego lo volvemos a hallar en Caracas el 26 de marzo de 1812, cuando escarbaba entre los escombros buscando sobrevivientes del terremoto de ese día. Esto lo refiere José Domingo Díaz con detalle en su libro Recuerdos sobre la rebelión de Caracas. Para entonces, ya Monteverde había desembarcado en Coro procedente de Puerto Rico, enviado por el Consejo de Regencia a recuperar el territorio venezolano, y venía obteniendo victorias, con el apoyo de los hombres de Reyes Vargas, quien le sumó su ejército de 500 indígenas. Ya Miranda era el Generalísimo designado para enfrentarlo, y Bolívar estaba por asumir la plaza de Puerto Cabello por designación de Miranda, en mayo.

Señala la leyenda que Bolívar pronunció unas palabras aquel 26 de marzo de 1812 que se han hecho célebres: “Si se opone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca”. No parece probable que así haya sido; parece, como suele suceder, obra de la mitología posterior que se ha posado sobre el personaje, más que una realidad constatable. En todo caso, el terremoto obró a favor de la causa realista y no de la patriótica, entre otras razones porque no pocos sacerdotes consideraron al terremoto como una admonición divina contra los revolucionarios republicanos.

Como sabemos, Miranda al ver que está perdida la guerra contra Monteverde, propone la firma de una capitulación que regularice la derrota, y vienen las negociaciones, hasta que se firma la capitulación en San Mateo el 24 de julio de 1812. Algunos pensaban que ha debido seguirse en batalla, pero Miranda creía que no, y como Generalísimo firmó la rendición, provocando la ira de sus coroneles. La verdad, había argumentos para ambas posiciones.

Por su parte, el 12 de julio de 1812, un Bolívar deprimido y auto-culpabilizado por la pérdida de Puerto Cabello le escribe a Miranda, desesperado. Dice: “Yo hice mi deber, mi general, y si un soldado me hubiese quedado, con ese habría combatido al enemigo; si me abandonaron no fue por mi culpa. Nada me quedó que hacer para contenerlos y comprometerlos a que salven la patria; pero ¡ah¡ esta se ha perdido en mis manos” (Bolívar,1970: 29).

Los hechos se precipitan el 31 de julio de 1812, cuando los coroneles de Miranda lo hacen preso en La Guaira y se lo entregan a Monteverde, después de que este ha firmado las Capitulaciones de San Mateo. Entre las muchas versiones sobre los hechos ocurridos este día, la de Caracciolo Parra-Pérez en Historia de la Primera República de Venezuela nos resulta la más convincente. Señala el historiador que Miranda llegó a La Guaira el 30 de julio a las 7 de la noche y que se hospedó en casa del comandante militar de la zona, Manuel María de las Casas. Apunta que se juntaron en secreto de las Casas, el doctor Miguel Peña, los comandantes Tomás Montilla, Rafael Chatillón, José Landaeta, Juan José Valdés y los coroneles Juan Paz del Castillo, José Mires, Manuel Cortés Campomanes y Simón Bolívar. Todos juzgaban tan severamente a Miranda que Bolívar propuso que se le fusilara de inmediato por traidor, pero no aceptaron la moción.

Simón Bolívar Palacios: “El hombre de las dificultades” (I Parte)

“Suele señalarse que los tres grandes textos de Bolívar son el Manifiesto de Cartagena, el Discurso ante el Congreso de Angostura y la Carta de Jamaica”


El atardecer de la llegada de Miranda a La Guaira, el capitán del Saphire, Haynes, instó al Generalísimo a embarcarse y zarpar de inmediato, pero este no quiso y optó por salir al amanecer. Pues en la madrugada del 31 de julio estando dormido Miranda irrumpieron en su habitación quienes le hicieron preso: Bolívar, Chatillón y Montilla. El generalísimo le pidió la linterna a su asistente, el muy joven Carlos Soublette, e iluminó los rostros de sus captores. Dicen que entonces pronunció su famosa frase: “Bochinche, bochinche, esta gente no saber hacer sino bochinche”.

De las Casas, siguiendo instrucciones de Monteverde, lo entrega a Cervériz y este lo introduce en la celda del Castillo de San Carlos, en La Guaira. En enero de 1813 es trasladado al Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello; en junio es enviado al Castillo del Morro, en Puerto Rico y en diciembre a la cárcel de La Carraca, en Cádiz; allí fallece el 14 de julio a la 1 y 5 minutos de la madrugada de 1816. Sumaba 66 años.

Ríos de tinta han corrido para explicar este momento trágico de la historia de Venezuela en el que el Precursor de la Independencia es entregado a los realistas por el futuro Libertador, entre otros. Los hechos son crudos. Bolívar se detuvo ante un dilema: Si las Capitulaciones firmadas por Miranda eran buenas, ha debido quedarse a hacerlas respetar; si se quería ir es porque era un traidor. ¿Esta lógica sencilla de Bolívar también podía esconder otra razón?

El 26 de agosto le escribe Monteverde al Consejo de Regencia afirmando que:

“… los que fueron contagiados, pero de algún modo obraron opuestamente a la maligna intención de los facciosos…En esta clase, Excelentísimo Señor, se hallan D. Manuel María de las Casas, D. Miguel Peña y D. Simón Bolívar…Yo no puedo olvidar los interesantes servicios de Casas ni el de Bolívar y Peña…” (Parra-Pérez, 1939: 382).

¿Habría obtenido pasaporte el coronel Bolívar de parte de Monteverde sin haber prestado sus “interesantes servicios”? No parece probable. ¿De no haber hecho preso a Miranda y entregado a Cervériz al reo habría corrido la misma suerte de este? Seguramente. Los mirandinos consideran que la entrega fue una infamia de Bolívar y acaso su error más desgraciado; los bolivarianos se dividen en el análisis de los hechos: Unos consideran a Miranda un traidor; otros, que se trató de la única alternativa que tuvo Bolívar para salir del trance. En cualquiera de los casos, no es un momento afortunado de la vida del Libertador y, por supuesto, el más desdichado de la vida de Miranda.

Bolívar con el pasaporte viaja a Curazao el 1 de septiembre, después de haber estado a buen resguardo mientras obtenía el salvoconducto. Está dos meses en Curazao hasta que llega a Cartagena el 2 de noviembre. El 15 de diciembre escribe el Manifiesto de Cartagena, su primer texto político de importancia, la Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño, texto que se ha divulgado con el título de Manifiesto de Cartagena. Antes, el 27 de noviembre de 1812, le envía al Congreso de la Nueva Granada un texto analítico de las causas de la pérdida de la República en Venezuela, con los mismos argumentos que el segundo, que fue el que se hizo célebre.

Veamos lo sustancial del Manifiesto de Cartagena. Lo primero es que todo el texto se fundamenta en hallar las causas de la pérdida de la República de Venezuela. La que más se acentúa será la adopción del Federalismo en la Constitución de 1811. Según Bolívar, esta fue la causa principal. Por supuesto, no es cierto que lo haya sido, pero es evidente que el caraqueño aprovecha la coyuntura para denostar del Federalismo y enarbolar sus tesis centralistas, de unidad de mando. En esto Bolívar fue coherente toda su vida, a tal punto que su centralismo se fue acentuando hasta tornarse en la Presidencia Vitalicia propuesta en la Constitución de Bolivia de 1826 o en la Dictadura que asumió en 1828, al margen de la Constitución de 1821. La Presidencia Vitalicia es una tesis monárquica y no republicana, por donde se le vea.

La otra causa aludida es notoriamente cierta, el terremoto de 1812, que no solo afectó severamente a Caracas sino a la región centro occidental del país, dejando a las ciudades prácticamente en el suelo. También, alude a cierta misantropía que, según él, se apoderó de las autoridades venezolanas a la luz de la Constitución de 1811. Este espíritu, además, impidió que se fortalecieran las fuerzas militares y, además, alude entre las causas el faccionalismo, que debilitó a la República ante el desafío bélico.

Es de hacer notar que no menciona a Miranda entre las causas, cosa curiosa, cuando al momento de entregarlo a Monteverde, él mismo lo señaló como el único culpable del desastre. Tampoco señala que la pérdida de la plaza de Puerto Cabello, a su cargo, fue la acción determinante para que se perdiera la República. Ni un hecho ni otro, sino el texto constitucional es la causa príncipe. No deja de ser desconcertante que de las derrotas bélicas se responsabilice a la Constitución. Es absurdo, pero en verdad el Manifiesto es una oportunidad, como dije antes, de exponer sus tesis centralistas y buscar apoyo de los neogranadinos, anhelo que coronó el futuro Libertador.

Sigamos al propio Bolívar en un párrafo que resume las causas. Dice: “De lo referido se deduce, que entre las causas que han producido la caída de Venezuela debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su Constitución; que, repito, era tan contraria a sus intereses, como favorable a los de sus contrarios. En segundo, el espíritu de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero, la oposición al establecimiento de un cuerpo militar que salvase la República y repeliese los choques que le daban los españoles. Cuarto, el terremoto acompañado de fanatismo que logró sacar de este fenómeno los más importantes resultados; y últimamente, las facciones internas que en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la patria al sepulcro” (Bolívar, 1970: 30-38).

Si prestamos atención a este párrafo advertiremos que en él está la nuez de la posición de Bolívar acerca del poder eficiente, es decir: Centralismo y unidad de mando. Nótese que en su última proclama, la del 10 de diciembre de 1830, ante la inminencia de la muerte, alude a la cesación de los partidos para alcanzar la paz y la unión. Hasta su minuto final, Bolívar le atribuyó al faccionalismo una importancia enorme, quedando desnudo frente a una circunstancia propia del republicanismo: La disidencia, la convivencia de posiciones contrarias. Durante los años en guerra la invocación del faccionalismo como causa se comprende, pero en 1830 la guerra ya había terminado, y lo que se dirimía en la República de Colombia, eran tesis, otra vez, centralistas y federalistas. Esto nos conduce a afirmar, sin la menor duda, que el centralismo bolivariano no era coyuntural, atribuido a la circunstancia guerrera, sino consustancial a su pensamiento.

La Campaña Admirable y un primer fracaso (1813-1815)

Antonio Nariño, entonces presidente de Cundinamarca y Camilo Torres, presidente del Congreso en Tunja, deciden apoyar al joven coronel venezolano. Lo incorporan al Ejército de Nueva Granada con destacamento a Cartagena, donde gobierna el doctor Manuel Rodríguez Torices. Lo destinan al puesto de Barrancas, a orillas del río Magdalena y este, sin esperar autorización, emprende una campaña con un grupo reducido de soldados para despejar al Magdalena de realistas. La campaña es fulgurante e inesperada, y ocurre entre el 23 de diciembre y el 8 de enero de 1813, cuando toma Ocaña. En quince días ha logrado una sucesión de éxitos.

En febrero, Bolívar recibe la invitación del coronel Manuel Castillo para ayudarlo a combatir al general Ramón Correa en Cúcuta, para allá sale el 9 al frente de 400 hombres. El 28 de febrero vence en Cúcuta a Correa y se granjea el apoyo del gobierno neogranadino para seguir hacia Venezuela, lo autorizan el 7 de mayo de 1813. Lo nombran Brigadier y le entregan el mando de un Batallón comandado por Francisco de Paula Santander e integrado por los neogranadinos Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte, José Luciano D’Elhuyar, José María Ortega, Hermógenes Maza, Joaquín París y su inseparable Rafael Urdaneta, factores claves de la campaña que va a iniciarse. Va a comenzar la Campaña Admirable, que concluirá el 7 de agosto de 1813 con la entrada triunfal a Caracas.

La sucesión es vertiginosa: El 13 de abril vence el Ejército patriota al realista en La Grita; el 23 de mayo entra Bolívar triunfante a Mérida y se le otorga el título de Libertador. El 10 de junio Girardot toma Trujillo y el 14 llega Bolívar. El 15 de junio firma El Libertador el Decreto de Guerra a Muerte. Una pieza estremecedora que sólo se comprende en medio del fragor de las circunstancias. Lo primero que hay que señalar es que el origen del Decreto no es un capricho de Bolívar y que él mismo lo explica en el texto. Se trata de una venganza por los horrores cometidos por Monteverde. Después de enumerarlos, el Libertador afirma: “Así pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia, y mostrar a las naciones del universo que no se ofende impunemente a los hijos de América” (Bolívar, 1970: 44-46).

Nótese que en 1813 ya habla “del suelo colombiano”. Luego, coloca en un disparadero a los españoles y canarios. Señalando que sí no se suman a las fuerzas patriotas serán dados de baja, si lo hacen, recibirán un indulto pleno y serán tratados como americanos. A los americanos los perdona, incluso en el caso de hallárseles culpables de colaboración con los realistas. Las oraciones que se han hecho célebres son las finales que, si no se sigue el texto y se leen fuera de su contexto, resaltan por su ferocidad: “Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables” (Bolívar, 1970: 44-46).

La campaña continuó. El 18 de junio Girardot está en Carache. José Félix Ribas se suma y avanza sobre Boconó. El 2 de julio tiene lugar la Batalla de Niquitao, donde vence Ribas, con el apoyo de Urdaneta y Campo Elías. Ribas sigue hacia El Tocuyo y lo ocupa el 18 de julio, y avanza hacia Quíbor. En Los Horcones tiene lugar otro triunfo de Ribas y este entra victorioso a Barquisimeto. Ya los triunfos de Ribas alarman a los realistas. El 29 de julio se reúnen Ribas, Urdaneta y Girardot en San Carlos, plaza que ha ocupado Urdaneta. El 2 de agosto entran a Valencia, que ha sido abandonada por Monteverde ante las victorias patriotas, y huye hacia Puerto Cabello, perseguido por el incansable Girardot. Monteverde logra protegerse tras las murallas.

Simón Bolívar Palacios: “El hombre de las dificultades” (I Parte)

“El centralismo bolivariano no era coyuntural, atribuido a la circunstancia guerrera, sino consustancial a su pensamiento”


Como vemos, los Ejércitos patriotas le han franqueado el paso a Bolívar y este entra en Caracas el 6 de agosto de 1813. Ha concluido la llamada “Campaña Admirable” para Bolívar; para algunos de sus seguidores no, ya que Monteverde espera en Puerto Cabello la llegada de refuerzos realistas, y estos arriban en septiembre de 1813, con el Regimiento de Granada, al mando de Miguel Salomón, y cerca de 1.000 soldados veteranos que han partido de Cádiz.

Con cerca de mil hombres Monteverde avanza hacia Valencia para recuperarla, pero en Bárbula lo espera el Ejército comandado por los neogranadinos Atanasio Girardot, Luciano D’ Elhuyar y el marabino Rafael Urdaneta, el 30 de septiembre. La batalla sigue el 3 de octubre en Las Trincheras, donde Monteverde es herido en la mandíbula. El 30 en Bárbula vencieron los patriotas y cuando Girardot colocaba el pabellón nacional en la cima del cerro, fue abatido de un balazo en el pecho.

Monteverde huye de nuevo derrotado a Puerto Cabello y allí permanece hasta diciembre de 1813, cuando su sucesor, el capitán general Juan Manuel Cajigal, le sugiere que es hora de retirarse, viaja a España y sale de la escena venezolana para siempre. Lo vence Luciano D’Elhuyar, quien morirá en 1816 muy joven, regresando de Jamaica en un naufragio, tanto como Girardot en Bárbula y Ricaurte en San Mateo. Girardot cae a los 22, Ricaurte a los 28 y D’Elhuyar a los 23.

En Proclama dirigida a los caraqueños, el mismo día 8 de agosto, Bolívar reconoce al Congreso de Nueva Granada el apoyo y se refiere al restablecimiento de la República. Su actividad es frenética y se traduce en un conjunto de proclamas y órdenes administrativas asombroso.

Los enfrentamientos bélicos no cesan, lo que demuestra que la llamada “Campaña Admirable” se refiere a la entrada de Bolívar a Caracas, más que al fin de una gesta. Vicente Campo Elías toma Cúa, San Francisco de Yare, Santa Lucía y Santa Teresa del Tuy. Luis María Rivas-Dávila toma Charallave; Marcelino Plaza, Ocumare del Tuy; Manuel Villapol, Paracotos y Tácata. Ramón García de Sena se enfrenta al indio realista Reyes Vargas y a Francisco Oberto, y los vence en Cerritos Blancos, cerca de Barquisimeto.

Para entonces, ya José Tomás Boves ha intentado unirse a los patriotas y ha sido rechazado, en 1811; ahora lo acoge Eusebio Antoñanzas, y comienza su epopeya llanera hacia septiembre de este año crucial. Va formando su propio ejército y hacia finales de 1813 lo veremos en el inicio de sus acciones autónomas, fuera del radio de instrucciones de las autoridades realistas. El 23 de septiembre vence Boves en Nutrias a Tomás Montilla y luego se dirige a ocupar Calabozo. Por otra parte, los hermanos Monagas, muy jóvenes, son vencidos en Cachipo, también en septiembre.

Bolívar está en Caracas de vuelta el 14 de octubre para recibir el nombramiento del Cabildo caraqueño. Esta entidad habla en representación de los demás Cabildos sin haber recibido autorización para hacerlo, pero la capitalidad caraqueña licenciaba estos excesos, sobre todo en tiempos de guerra. Designan a Bolívar como “Brigadier de la Unión, General en Jefe de las Armas Libertadoras y Libertador de Venezuela”. Era obvio que el caraqueño requería de estos títulos para poder imponer su autoridad sobre los otros jefes militares, en particular Mariño, quien permanecía con su ejército en Barcelona y no decidía todavía marchar hacia el centro.

Este mismo día de la aclamación de Bolívar en Caracas, Campo Elías se bate con Boves en Sabana de Mosquiteros, cerca de El Sombrero. La victoria es clamorosa, ya que Boves ha reunido un ejército de 2.500 hombres, mientras Campo Elías cuenta con 1.500, nada más. Al vencer a Boves, despeja Calabozo. La secuencia de victorias de Campo Elías lo destaca particularmente.

Rafael Urdaneta es retenido en Barquisimeto por el desafío de Ceballos, y Bolívar parte en su auxilio para darle batalla el 10 de noviembre en Bobare, cerca de Yaritagua. La batalla se pierde y Barquisimeto cae en manos de los realistas. Bolívar se repliega en San Carlos. En cambio, José Félix Ribas y Luciano D’Elhuyar se baten durante tres días en Vigirima, el 23, 24 y 25 de noviembre, venciendo al coronel Miguel Salomón, quien está al frente del Regimiento de Granada, como dijimos antes. Bolívar coordina las acciones en el campo de la batalla más larga de este período.

José Antonio Páez, Santiago Mariño y Rafael Urdaneta.

El 27 de noviembre, un joven de 23 años, llamado José Antonio Páez, que se ha sumado a las fuerzas patriotas a mediados de 1813, se bate contra Miguel Marcelino en el sitio de Matas Guerrereñas y vence. Es ascendido a Capitán. Comienza la epopeya de quien será el hombre fuerte de Venezuela durante décadas. A su vez, será la primera de las batallas al frente de sus llaneros que, como veremos, serán el factor clave de las victorias futuras, después de perdida la llamada Segunda República. Por su parte, Boves y Francisco Tomás Morales vencen a Manuel Aldao el 2 de diciembre a la entrada de Calabozo. Esta victoria les abre el camino hacia los valles centrales.

Ceballos junta su ejército con los de José Antonio Yáñez y Miguel Correa en Araure y se preparan para la batalla. El 5 de diciembre de 1813 al amanecer comienza la refriega de la Batalla de Araure. Bolívar, Urdaneta, Villapol, Campo Elías, Rivas Dávila, Florencio Palacios no sólo vencen a los realistas sino que se hacen de un parque significativo y deciden perseguir a los vencidos. Bolívar divide al ejército y sigue a Caracas, entusiasmado con la victoria. Su optimismo le lleva a pensar que puede derrotar a los realistas sin el apoyo de Mariño, pero muy pronto se convence de lo contrario.

El 17 de enero de 1814 sale de Aragua de Barcelona Santiago Mariño al frente de un ejército de 3.500 hombres y va a encontrarse con Bolívar, por primera vez en su vida, en los primeros días de abril, en La Victoria. Entonces, se decide la unión de los dos ejércitos y se establece el cuartel general en Valencia. Ambos libertadores llegan a acuerdos sobre la base de objetivos específicos. La guerra estaba en pleno desarrollo.

Por otra parte, Boves avanza desde Calabozo hacia Villa de Cura y San Juan de los Morros y Campo Elías sale a su encuentro y tiene lugar la primera Batalla de La Puerta, el 3 de febrero. Es un desastre para los patriotas. Urdaneta recupera Barquisimeto, García de Sena y Palacios siguen su campaña hacia Barinas y Apure, en continuación de la campaña occidental. El 17 de febrero está Urdaneta en Valencia con Bolívar. Antes, el 12 de febrero de 1814 ha tenido lugar la legendaria Batalla de La Victoria.

Morales ha ocupado La Victoria y el arrojado Ribas sale de Caracas al frente de un ejército de estudiantes, sin caballería, a rescatar la ciudad. Desde la mañana las embestidas de Morales van minando las fuerzas juveniles de Ribas, que resisten con denuedo, hasta que en la tarde llega Campo Elías al frente de 200 hombres y decide la contienda a favor de los patriotas.

Al regresar a Caracas, Ribas sale de nuevo hacia Ocumare del Tuy, donde Rosete ha invadido. Está en Charallave el 20 de febrero y, apenas una semana después de La Victoria, Ribas vence a Rosete, y al día siguiente lo destroza de nuevo en Yare. Bolívar deja al frente de Valencia a Urdaneta y se va a su hacienda de San Mateo, en los valles de Aragua, donde fija cuartel general con 1.500 soldados y 600 jinetes. Allí se apertrecha esperando el desafío de Boves que avanza hacia los valles centrales.

Boves y Morales se apoderan de Cagua el 25 de febrero y el 28 le ponen sitio a San Mateo, donde está Bolívar. El Ejército de Boves suma 7.000 hombres, de los cuales pierde 1.000 en el primer encontronazo. Ese día cae Manuel Villapol y son heridos Campo Elías y el propio Boves, quien deja al mando a Morales. Todos los días hay escaramuzas hasta que el 20 de marzo vuelve Boves ya recuperado de sus heridas y lanza un ataque total el 25. Resisten Montilla, Lino de Clemente y Ramón Ayala, y ocurre el episodio de Antonio Ricaurte y el parque resguardado en una pequeña casa a mitad de la colina.

Según se nos ha dicho siempre, Ricaurte prefirió volar el parque con dinamita y morir en el hecho, que dejarlo en manos de los realistas que iban por él. No obstante, refiere Luis Perú de Lacroix en el Diario de Bucaramanga lo que sobre el particular le dijo Bolívar, el día 5 de junio de 1828: “Ricaurte, otro granadino, figura en la historia como un mártir voluntario de la libertad, como un héroe que sacrificó su vida para salvar la de sus compañeros y sembrar el espanto en medio de los enemigos, pero su muerte no fue como aparece, no se hizo saltar con un barril de pólvora en la casa de San Mateo, que había defendido con valor; yo soy el autor del cuento, lo hice para entusiasmar a mis soldados, para atemorizar a los enemigos y dar la más alta idea de los militares granadinos. Ricaurte murió el 25 de marzo del año 14 en la bajada de San Mateo, retirándose con los suyos; murió de un balazo y un lanzazo, y lo encontré en dicha bajada tendido boca abajo, ya muerto y las espaldas quemadas por el sol” (Bolívar, 2010: 292).

¿Tenemos motivos para no creer lo que apunta Perú de Lacroix que dijo Bolívar?, ¿es posible que esto no lo haya dicho Bolívar y sea un invento del autor? La verdad, no parece probable que sea un invento, sino la confirmación de que Bolívar era un estratega de las comunicaciones y de los efectos psicológicos de los hechos. En todo caso, no deja de ser sorprendente cómo la versión que Bolívar confiesa haber urdido es la que se ha asentado como verdadera, no siéndolo, según confiesa el mismo autor de la especie.

El saldo de San Mateo, aunque favorable a los patriotas, es trágico. No sólo muere Ricaurte, sino Villapol, y a los pocos días Campo Elías, que tantas y tan contundentes victorias había sumado a la pizarra patriota. Mariño se entera de los aprietos de Bolívar en San Mateo y corre a auxiliarlo, sin saber que Boves ha levantado carpa y se dirige a Villa de Cura, con su ejército maltrecho. Ambos se encuentran en Bocachica, cerca de La Puerta, y Mariñole propina otra derrota a Boves. Afirman los expertos en estos temas que si Mariño hubiese perseguido a Boves lo habría destruido para siempre, pero no lo hizo y este alcanzó a llegar a Valencia, ya no con 7.000 hombres sino con 2.000 y dos derrotas a cuestas.

Bolívar se desplaza de San Mateo a La Victoria y tiene lugar el encuentro entre Mariño y el caraqueño, el 2 y 3 de abril. Bolívar regresa a Caracas y Mariño se queda en los valles de Aragua. Por su parte, Ceballos y Boves reúnen sus ejércitos en Valencia y deciden seguir hacia Calabozo por la proximidad de Bolívar, que ha salido de Caracas a buscarlos. En Arao es atacado el ejército de Mariño y si no es por la intervención de Urdaneta el desastre para los patriotas hubiese sido total. Mariño entra a Valencia con su ejército maltrecho el 19 de abril de 1814. Allí está hasta el 16 de mayo, cuando Bolívar y Mariño salen a buscar batalla con Cajigal y Ceballos, que se mueven hacia Tinaquillo. Va a tener lugar la primera Batalla de Carabobo, el 28 de mayo de 1814.

Aunque el ejército realista era numéricamente superior, el patriota contó con 5.000 hombres y derrotó a Cajigal y Ceballos, e hicieron prisioneros a 3.000 mil soldados realistas, así como se adueñaron de un buen parque que comprendía caballos, fusiles, víveres y hasta los papeles del archivo de Cajigal. Éste huyó casi solo con Ceballos y ambos se salvaron. Afirman los expertos militares que aquí ha debido terminar la guerra, que se ha debido salir al encuentro de Boves de inmediato, pero Bolívar tomó otra decisión y disgregó el ejército. Urdaneta regresa a Occidente, Ribas se va a Caracas y Bolívar ordena que Mariño, con 3.000 hombres, espere en Aragua a Boves. Entonces se ignoraba la magnitud del ejército que había reunido el asturiano. ¿Falló el espionaje? De haberlo sabido, Bolívar no disgrega el ejército. ¿Qué pasó? No hay respuesta, pero es evidente que se trata de una decisión costosísima.

Con malicia Boves logra llevar a Mariño al sitio de La Puerta, donde antes había derrotado a Campo Elías. El 14 de junio de 1814 pernoctan los ejércitos listos para el combate que ocurre al día siguiente. Bolívar y su ejército llegan el 15, cuando la batalla ha comenzado. El Libertador se percata de la desventaja en que está Mariño y se propone replegarse, pero Boves advierte su presencia en el campo de batalla y enfila la vanguardia a toda velocidad para que no pueda eludir el embate. Lo destroza. Su superioridad numérica era aplastante. Bolívar huye hacia Villa de Cura y Mariño hacia San Sebastián. Boves vence en menos de una hora. Mueren el secretario de Bolívar, Antonio Muñoz Tébar, Aldao, García de Sena, Freites y Pedro Sucre. El valiente Diego Jalón es hecho preso y decapitado por órdenes expresas de Boves, después de arrancarle confesiones por tortura, acerca de la magnitud del ejército patriota. La catástrofe es completa.

Boves toma Valencia el 8 de julio, el 10 llegan Cajigal y de la Calzada. Mientras, Bolívar y Mariño están en Caracas, saben de la cercanía de Boves y deciden la llamada “Emigración a Oriente”, el 6 de julio de 1814. Mariño parte de inmediato. El horizonte no puede ser menos promisorio. Va a iniciarse otra tragedia.

Ante el avance indetenible de Boves, quien ya estaba con sus fuerzas en Puerto Cabello y se dirigía hacia Caracas, una junta de notables deliberó acerca de qué opciones tomar. Bolívar impuso su criterio: Evacuar la ciudad y huir a Oriente, hacia donde ya había partido el general Mariño, y los patriotas conservaban alguna fuerza bélica. El 7 de julio afirma Francisco Javier Yánes en su libro Compendio de la historia de Venezuela, que abandonaron la ciudad cerca de 20 mil personas. Unos fueron a La Guaira a buscar embarcarse hacia algún destino, otros hacia el Oriente del país. También afirma que perecieron las tres cuartas partes a fuerza de hambre, cansancio, desnudez y sed. El 16 de julio de 1814 entró Boves a una Caracas desolada.

Entre tanto, las fuerzas patriotas sobrevivientes de una y otra derrota se reunieron en Aragua de Barcelona, junto con los emigrantes a Oriente (incluidos mujeres, ancianos y niños) y, ante el avance de Morales al frente de 6.000 hombres, deciden darle batalla. Nueva catástrofe. Bolívar logra reunir a 2.000 hombres mal armados, mientras Bermúdez alcanza a armar a otros mil. Bolívar propone un plan que Bermúdez considera que expone a los orientales, mientras los centrales quedan a buen resguardo, y no lo acepta. Bolívar conviene y se adapta. El 18 de agosto tiene lugar la batalla que pierden estrepitosamente los patriotas.

Morales entró en el pueblo y pasó por las armas a toda la población, como ya era costumbre, mientras Bolívar, Bermúdez, Cedeño y Sucre logran escapar de la carnicería. Las cifras de la mortandad oscilan entre 3.000 y 4.000 dados de baja, incluida la población civil, muchos de los caraqueños que habían emigrado a Oriente, a instancias de Bolívar, huyendo de Boves. Un desastre. Los jirones del ejército y los civiles emigrantes logran llegar a Cumaná el 20 de agosto, con Bolívar a la cabeza. Por su parte, Bermúdez (herido de bala en el brazo), Armario, Sucre y Monagas llegan a Maturín.

De inmediato comienzan a moverse las fuerzas más oscuras, las que buscan un culpable de la derrota. Mariño y Bolívar serán los señalados por los jefes sobrevivientes: Ribas y Piar. La secuencia fue así. Bolívar y Mariño se embarcan en Cumaná el 25 de agosto rumbo a Margarita, con el tesoro de la plata labrada de las iglesias de Caracas, con el que vienen cargando desde que salen de la capital, para salvarlo de la tropelía saqueadora realista. El viaje lo hacen en embarcaciones de un italiano aventurero que participaba en estas luchas esperando recompensa pecuniaria (nunca recibida, por cierto) llamado Giovanni Bianchi, quien aprovecha la coyuntura para presionar el pago de sus acreencias. Al llegar a Pampatar, Piar impide que bajen del barco, los acusa de traición y desconoce la autoridad de ambos. Regresan a Carúpano.

El 2 de septiembre, en Cariaco, enterado Ribas de los pormenores de la derrota y de los movimientos de los Jefes, es designado Jefe de Occidente, mientras Piar lo es de Oriente, en sustitución de Bolívar y Mariño. Al llegar a Carúpano estos son impuestos de la noticia y se les invita a abandonar el país. Antes, Bolívar publica el 7 de septiembre un texto donde explica lo sucedido. No se declara culpable, alega su inocencia y señala un nuevo argumento: La gente no quiere ser libre. Al día siguiente zarpan Bolívar y Mariño para Cartagena y salen de la escena venezolana (en el bergantín El Arrogante) hasta cuando regresan de Haití a Margarita, el 3 de mayo de 1816, casi dos años después.

De Cartagena Bolívar sube a Bogotá y el gobierno de la Nueva Granada lo asciende a General de División y lo envía a Cundinamarca. En enero de 1815 marcha hacia Cartagena y busca apoyo para invadir a Venezuela. Le niegan el apoyo. No tiene nada que buscar en Nueva Granada y se va a Jamaica. Llega a Kingston el 14 de mayo de 1815.

Jamaica y Haití (1815-1816)

Mientras Bolívar está en Jamaica, a donde permanecerá entre mediados de mayo y diciembre de 1815, en Venezuela se desarrolla una nueva etapa bélica, ante el ejército que ha traído Pablo Morillo y recalado en Carúpano el 3 de abril con 12.254 soldados. Recordemos que Fernando VII ha vuelto a colocar la corona de España en su cabeza el 14 de marzo de 1814, y se ha negado a aceptar la Constitución liberal de Cádiz de 1812, y ha vuelto por sus fueros absolutistas.

Será en Jamaica donde Bolívar escriba y envíe a su destinatario la célebre “Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla”, el 6 de septiembre de 1815. La circunstancia y el texto merecen una aclaratoria.

Henry Cullen le envía a Bolívar una misiva el 29 de agosto, a través de un conocido común, apellidado MacComb, y el caraqueño responde el 6, privadamente.

Se hizo pública la respuesta en inglés, en 1818, en la Jamaican Quaterly and Literary Gazette. La carta fue escrita en español, pero traducida al inglés por alguien que ignoramos quién fue, para que pudiera ser comprendida por Cullen. El lector se preguntará: ¿Dónde está la carta en español? Hasta la fecha, no se ha conseguido, de modo que las versiones de la Carta de Jamaica son traducciones de la publicada en inglés. Fue impresa en español por primera vez en 1833, en el Tomo XII de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador, editada por Francisco Javier Yánes y Cristóbal Mendoza. ¿Quién la tradujo para esta publicación? Lo ignoramos. De hecho, en años recientes traductores insatisfechos con esta versión la han vertido al español desde la versión inglesa jamaiquina.

Simón Bolívar Palacios: “El hombre de las dificultades” (I Parte)

“El leitmotiv de Bolívar: La denostación del Federalismo y de los partidos; las loas al Centralismo, a la unidad de mando en un solo hombre y a la unión”


En suma, comenzó a divulgarse en español en 1833, cuando Bolívar descansaba en paz desde tres años antes y la guerra en Venezuela había concluido en 1823, con la Batalla Naval del Lago de Maracaibo y la expulsión de los realistas de Puerto Cabello, el mismo año. Juzgo importante aclarar esto porque pareciera que la Carta fue un manifiesto que sirvió de manual interpretativo a los patriotas y, en verdad, ni siquiera la conocieron durante el fragor de sus batallas, sino cuando en Venezuela gobernaba el general Páez, electo con base en la Constitución de 1830.

No obstante lo dicho, suele señalarse que los tres grandes textos de Bolívarson el Manifiesto de Cartagena, el Discurso ante el Congreso de Angostura y la Carta de Jamaica, con la advertencia de que los dos primeros sí se conocieron en su momento de ocurrencia y la misiva no. Sin embargo, esta es de radical importancia para delinear su pensamiento. No faltan quienes la consideran su escrito más significativo. A nosotros, igualmente, nos parece que lo es, en razón de su intento sociológico de delinear un mapa hispanoamericano. Sin demeritar el Discurso en Angostura, que es de suma importancia, como veremos luego.

Recordemos que en los tres textos se insiste en el leitmotiv de Bolívar: La denostación del Federalismo y de los partidos; las loas al Centralismo, a la unidad de mando en un solo hombre y a la unión. Es decir, la necesidad de un hombre fuerte y unánime que pusiera orden, tarea para la que se sentía, obviamente, llamado.

Después de referirle a Mister Cullen su versión sobre el estado del Río de la Plata, Perú, Nueva Granada (“el corazón de la América”); Venezuela, Nueva España, Puerto Rico y Cuba, se queja del poco apoyo europeo a las pretensiones de los patriotas americanos y luego entra en definiciones: “Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil…no somos indios, ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles; en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento, y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar éstos a los del país, y mantenernos en él contra la invasión de los invasores; así nos hallamos en el caso más extraordinario y complicado” (Bolívar, 2010: 54).

¿Quiénes somos “nosotros”? Los criollos, sin la menor duda. El estamento que adelanta y concluye la independencia, en función de sus legítimos intereses. No está hablando en nombre de los indígenas, ni de los pardos, ni de los esclavos, es la voz del estamento al que pertenece y al que juzga en el “caso más extraordinario y complicado”. De Bolívar haber tenido conciencia de que el texto estaba dirigido a todos y no exclusivamente a Cullen, como ocurrió por vericuetos de la providencia, probablemente no habría tomado este camino confesional. Basta leer cualquiera de sus proclamas para advertir lo que digo. En otras palabras, esta sinceridad fue licenciada por el género epistolar, y su confesionalidad es la que hace de la Carta un texto de tanta importancia histórica, donde El Libertador se presenta desnudo, sin los ropajes de la retórica.

En cuanto a su permanente denostación del Federalismo, aquí se expresa al margen del discurso público, pero con igual o mayor contundencia, como ocurre en el Manifiesto de Cartagena y en Angostura. Afirma claramente: “En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina” (Bolívar, 2010: 61).

Al final, invoca el auspicio de “una nación liberal que nos preste protección”, refiriéndose a Gran Bretaña, naturalmente, como en alguna medida ocurrió, cuando el imperio británico no se opuso al viaje de los batallones de ingleses, galeses e irlandeses, en número nada despreciable y gracias al trabajo en Londres de Luis López Méndez. Por supuesto, Bolívar estaba pensando en algo más estable y de mayores consecuencias que la ayuda bélica, que fue determinante en su momento para la victoria patriótica, aunque un sector mayoritario de la historiografía no suele reconocerla en su justa dimensión.

Por último, no podemos pasar por alto que en el momento de escoger el sistema político ideal, Bolívar alcanza a señalar cuáles no lo son: El sistema federal y la monarquía mixta de aristocracia y democracia. La nación soñada por El Libertador imitaría al gobierno inglés, pero sin rey, sino con un “poder ejecutivo electivo, cuando más vitalicio”; un senado hereditario y un gobierno central. Como vemos, mutatis mutandis, eso será lo que establezca en la Constitución de Bolivia en 1826, y estamos en 1815. En este sentido, los cambios en el pensamiento político de Bolívar serán muy pocos entre 1812 y el momento de su muerte, cuando continúa atribuyéndole al faccionalismo la causa de las desgracias de la República y, habría que añadir, de las suyas. Hasta aquí la Carta de Jamaica; no huelga señalar que Bolívar escribía muy bien, con donosura y precisión, pero eso es harina de otro costal.

*Continuará el Domingo 2 de mayo de 2021.

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