EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Humor y política

Las conexiones que se dan entre humor y política resultan por demás evidentes. El humorismo político tiene larga data, desde sus inicios en la antigüedad, con la comedia griega, hasta hoy. Sin embargo, muchas veces el humor que cuestiona al poder, es también a su vez, objeto de cuestionamiento.  Por ejemplo, en Venezuela -que padece un régimen político negador de la democracia y las libertades- hay quien elabora conclusiones al estilo de: «por eso es que estamos así, porque todo lo agarramos a chiste». De lo que llevamos dicho, podemos deducir, los dos postulados esenciales que se suelen formular al estudiar las consecuencias del humorismo político, a saber:

1. El de quienes piensan que el humor, al cumplir funciones de catarsis colectiva, se constituye en un mecanismo de evasión. Es decir, en la medida en que la gente se ríe de los problemas políticos descarga iras y frustraciones que, sin la presencia del humor, se convertirían en factores de presión e inconformidad que atentarían contra el poder establecido. En este sentido, el humor contribuiría a mantener determinadas estructuras de dominación y apoyaría el sostenimiento del régimen imperante, al ofrecer a la gente la posibilidad de canalizar las tensiones que la situación política, económica y social producen, evitando reacciones que podrían transformarse en violencia. El chiste político, sería en este caso una especie de desquite pacífico de la gente que pierde su derecho a participar en la actividad política.

2. El otro punto de vista es el que sostiene que el humorismo político es una manifestación de inconformidad, de búsqueda de cambio y transformación del orden imperante, una expresión del descontento social. Desde este punto de vista, el humor tiene funciones que trascienden la risa, más aún, una obra humorística es tanto mejor cuanto más se acerque a la seriedad. Así, la actitud humorística tendría como correlato el análisis, la crítica, la disidencia y, en muchos casos, la subversión de los sistemas políticos dictatoriales, violadores de derechos humanos y corruptos.

En nuestra opinión, el humor produce diversos efectos dependiendo del sentido, profundidad y habilidad para dar en el blanco de los grandes temas políticos. En función de ello puede servir para una u otra de las finalidades descritas. En la Unión Soviética, por ejemplo, en los primeros tiempos de la revolución, hubo mucha tolerancia con los chistes políticos, pero en la medida en que la paranoia del poder fue en aumento, la tolerancia fue decreciendo, hasta transformarse en una verdadera persecución al humor.

Algo similar sucedió en el caso de Venezuela a partir del año 1999: espectáculos teatrales como “La reconstituyente”, que parodiaban al gobierno de Chávez en sus inicios y a la cual asistían como espectadores muchos de los ministros del régimen, gozaba de completa tolerancia. No obstante, en la medida en que se fueron desmantelando las libertades democráticas, los teatros del Estado cerraban progresivamente sus puertas al humor disidente. Luego se pasó a la persecución y a la amenaza. En algunos casos, las presentaciones de humor fueron obstaculizadas y agredidas por grupos violentos partidarios del régimen. Figuras emblemáticas, como el gran humorista gráfico Pedro León Zapata, se convirtió en blanco del poder por una caricatura política frente a la cual, el entonces presidente Hugo Chávez, reaccionó insultando y descalificando públicamente al humorista.

“Cuando otras formas de comunicación han sido silenciadas o confiscadas, el humor persiste”

El hostigamiento al humorismo en los regímenes dictatoriales es bastante común. En tiempos de Juan Vicente Gómez, los dos humoristas más importantes del país: Leoncio Martínez (Leo) y Francisco Pimentel (Job Pim), pagaron con cárcel sus ocurrencias. Al respecto, vale la pena recordar una ingeniosa anécdota de Job Pim: varias veces fue ingresado en la famosa prisión de La Rotunda y en una de las oportunidades, cuando fue interrogado por el alcaide y preguntado por su profesión respondió: «preso político», ante la exigencia de la autoridad de que hablara con seriedad dijo: «¿Acaso ustedes me dejan ejercer otra profesión?».

En todas las dictaduras, sean de derecha o de izquierda, el humor siempre se percibe como una amenaza, porque se convierte en un espacio para la disensión, un refugio de la libertad y un reducto del pensamiento crítico. Frente a la represión, el humor encuentra siempre la forma de colarse y evadir la censura. Contener la circulación de un buen chiste, es casi imposible. Mientras mayor es la imposibilidad de reírse, mayor fuerza tendrá el humor. En los tiempos en que vivimos, el control se hace mucho más difícil por la multiplicidad de redes sociales que facilitan la comunicación y la intensidad de su uso.

Nuevas limitaciones para el humor político se presentan en la actualidad, tienen que ver con lo que ha dado en llamarse la «corrección política». Son frecuentes los cuestionamientos realizados al humor en este sentido, con el agravante de que los criterios de la corrección varían o fluctúan en función de corrientes ideológicas que mantienen -no pocas veces- criterios de doble rasero, una ambigua moral que produce trato desigual dependiendo de la opción política desde las que se realicen las críticas.

El humor político no se reduce exclusivamente al chiste político, aunque suele ser una de sus más frecuentes manifestaciones. Una de las virtudes del humor político es su capacidad de plasmar de manera breve y divertida lo que a un politólogo o a un economista requeriría varias páginas o tal vez un libro entero. En los tiempos en los que la Unión Soviética se desmoronaba, uno de los recursos que con frecuencia usaba el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, era apelar a los chistes. Este que contó en una oportunidad, resumía con contundencia el fracaso del régimen soviético:

Un ayudante se acerca al presidente Gorbachov y le dice: «en las afueras del Kremlin hay una mujer que no piensa irse hasta que usted la reciba»
-Hágala pasar -dice Gorbachov y le pregunta a la mujer- ¿qué sucede?
La mujer le dice:
-Tengo una pregunta.
-Adelante, dígame -le dice Gorbachov.
-¿El comunismo fue inventado por un político o por un científico?
-Fue inventado por un político -responde él.
-Eso lo explica todo -dice la mujer- los científicos habrían experimentado primero con ratones.

En tiempos de revolución, como la que ha padecido Venezuela, la reacción con la que mayor frecuencia reacciona el poder frente al humor es la de la intolerancia. Sin embargo, el ingenio es hábil para evadir controles y censuras. Por otro lado, las agresiones a los humoristas siempre levantan sospechas de un poder intransigente. Cuando otras formas de comunicación han sido silenciadas o confiscadas, el humor persiste. Es que el humorismo es un patrimonio de la cultura, tan antiguo como el hombre mismo y el recurso que siempre tuvo a mano para animarse frente a la adversidad y no perder la esperanza. En tiempos de revolución, el humor es el refugio de la libertad.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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