EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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La libertad y la propiedad en el Estado comunal

¿En qué punto estamos? Como una sombra se propaga entre nosotros el Estado comunal. Avanza silenciosamente, se expande en el territorio, ocupa a las comunidades, pretende eliminar la pluralidad y lo poco que queda de autonomía. Nos impone hacer política en tiempo de oscuridad: “La historia conoce varios períodos de oscuridad donde el reino público se vio oscurecido y el mundo se tornó tan dudoso que la gente cesó de pedirle a la política otra cosa que no fuera demostrar una verdadera consideración por sus intereses vitales y la libertad personal”, Hannah Arendt.

Estamos en la búsqueda de los gestos elementales, en los intereses vitales y en la defensa de la libertad. Aquí, en esta franja está más del 80% del país, exigiendo a la política un mínimo de compromiso por la vida. Mientras tanto el régimen avanza en su empeño de la dominación, aunque cuente con el repudio de las mayorías.

En el año 2006 se inició la imposición legal de los consejos comunales, fue el primer paso, en pequeña escala, del proyecto comunal. En esa expresión territorial estaba concentrado lo que hoy se aplica a gran escala, regional y nacional. Su implementación implicó la eliminación de las organizaciones vecinales autónomas. La democracia continuó su largo y penoso camino hacia la destrucción. Del líder comunitario pasamos a los voceros. Los voceros dieron paso a los jefes. Hoy la estructura comunal es un cuerpo de jefaturas: Jefes de calles, jefes de comunidad, jefes del CLAP, etc.

“El Estado comunal es un aparato diseñado para el sometimiento de la mayoría, en manos de la minoría”

Unas estructuras vacías de gente carecen de auctoritas, el único camino posible es la imposición, por eso requieren jefes que manden y destinatarios que obedezcan. No hay lugar para la autoridad y el liderazgo, la persuasión o el argumento. Las palabras y las acciones son puñales que obligan a tomar el camino delineado por el poder centralizado, explícitamente expuesto en la expresión: “Del presidente a la calle”, la línea de mando directa. Poder centralizado, participación en la línea de la dominación.

El régimen siguió el avance produciendo una “constitución” paralela, sin acuerdo, ni consulta, a partir de una “ley constitucional” aprobada por la írrita Asamblea Nacional Constituyente: el plan de la patria. En este punto estamos hoy, avance “jurídico”, pasan del hecho al derecho, de la implementación territorial del Estado comunal a la formulación del cuerpo legal que lo sustente.

El movimiento revolucionario va del hecho al “derecho”, esto es, a la configuración jurídica. El desarrollo del poder comunal da paso a la vinculación del poder cívico-militar. La civilidad fue obligada a ceder el paso a las zonas territoriales, primero, militares y, luego, milicianas, en continua proyección hacia otro tipo de actividades, las económicas, por ejemplo.

Estamos en el punto de la “integración” cívico-militar. Momento de transición y eliminación del viejo orden, del orden republicano y democrático. Instalación de un nuevo Estado que reconfigure territorialidad, forma de gobierno, marco legal, población, actividad económica, etc.

En la transición hacia el nuevo orden

El escenario luce anárquico, sin orden aparente, fragmentado. Su apariencia es su naturaleza, el sistema se está moviendo, está en transición. ¿Puede el régimen dominar en el caos?

La fragmentación territorial está gobernada por fragmentos del poder político, facciones del PSUV y de otras agrupaciones, pero, también, por las cuotas de poder que le corresponde a las megabandas que dominan un determinado territorio. Hoy se le suma la guerrilla o ejércitos irregulares.

“Si no jugamos su juego sino el nuestro, basado en la verdad de la potencia de una sociedad viva, de una comunidad resistente, podremos gritar su desnudez, su debilidad, articular la rabia que genera a su paso”

La región marca el procedimiento, pero también el grupo que domina el territorio señala caminos. ¿De qué modo puede encauzar el poder, el chavismo, para lograr un mínimo de control? Volviendo a la centralización. Diseñando un Estado que le permita reconsiderar lo territorial y los poderes que le habitan. El nuevo orden no es cualquier cosa, es la refundación del Estado.

La vigilancia y el sometimiento constituyen dispositivos que han penetrado a las comunidades: RAAS, UBCH, jefes de calles, entre otros, son la garantía de poder mantener bajo la lupa a la comunidad. La milicia ya no es un cuerpo “extraño”, han ocupado el territorio comunitario, es la garantía del funcionamiento comunal.

La desinstitucionalización de las Fuerzas Armadas ha sido clave en todo este proceso de diseño e implementación comunal, veámoslo desde el testimonio de un miliciano de nuestro estudio:

“… observaron que la reserva era pura gente mayor… y crearon la milicia bolivariana y crearon… el 5to. Componente. Por eso hay problema con unos sargentos que han ido a la escuela, que han ido a la Escuela Técnica, salen como técnicos que son sargentos igualitos y nosotros no fuimos a ninguna Escuela Técnica, pero vamos y hacemos las mismas maniobras que ellos ¡igualito somos Sargentos!, ¡igualito…! ¿Me entiende?

Este fue un paso importante para poder fusionar en lo miliciano, el poder cívico-militar. Van ordenando según el proyecto. Los otros pasos van en la misma dirección de la desinstitucionalización, es por ello que este año avanzaron en obligar a las ONG, sociedad civil, a registrarse en la plataforma “contra la delincuencia organizada y financiamiento al terrorismo”, bajo el principio de la presunción de culpabilidad. La idea es eliminar todo lo que se le oponga.

“Están obligados a avanzar en la ley de propiedad comunal que pondrá fin a los estados y municipios (como los conocemos hoy), eliminando, a su paso cualquier reducto de propiedad privada”

Están obligados a avanzar en la ley de propiedad comunal que pondrá fin a los estados y municipios (como los conocemos hoy), eliminando, a su paso cualquier reducto de propiedad privada. En la transición hacia el nuevo orden, hay un instrumento legal muy útil: La “ley de las ciudades comunales”, verdadero enclave organizativo de carácter estratégico. Leemos en el artículo 57 de dicha ley, lo siguiente:

El ejecutivo nacional deberá reglamentar y generar, con la participación de los consejos presidenciales del poder popular, un marco normativo y plan de transferencia de formas de propiedad y gestión, así como el plan estratégico para su implementación y corresponsabilidad, en el espíritu comunal y no de la propiedad privada”.

Esta ley pone de relieve a la ciudad comunal y deja bajo la sombra a “los consejos presidenciales del poder popular”, pero en realidad son las verdaderas instancias de poder. Por vía de la práctica va quedando clara la línea del poder: “Del presidente a la calle”, pasando por los consejos presidenciales que son especies de estados en los que se delega el poder central. Aún estamos en el movimiento de transferencia de la propiedad privada a la colectiva, a la comunal.

Todavía con mucha sombra, podemos delinear la nueva geopolítica: Poder central, consejos presidenciales, comunas, ciudades comunales, consejos comunales y sus respectivos parlamentos comunales (que vendrán en sustitución de la Asamblea Nacional).

El nuevo orden: Sin libertad ni propiedad privada

El Estado comunal es un aparato diseñado para el sometimiento de la mayoría, en manos de la minoría. Sin pacto, ni acuerdo, se impone un cauce por donde discurre el poder. En la argumentación del sistema escucharemos con frecuencia estas afirmaciones: “No somos todos, ni somos muchos, pero estamos donde debemos estar…”.

Nos vamos a encontrar con mucha frecuencia que los consejos comunales no tienen gente, que hay un jefe por cada instancia: Calle, UBCH, RAAS, CLAP, etc. Hay nomenclaturas por todos lados, pero vacías, eso lo hace débil, pero no los derrota, su fortaleza está en un estar difuso.

“Mientras haya libertad, vida y propiedad privada podemos decir que todavía estamos en el viejo orden. Por tanto, tenemos la potencia para resistir”

Acá viene el otro elemento: Supresión de la propiedad privada, la transferencia se tiene que dar para instituir el nuevo orden. Mientras haya libertad, vida y propiedad privada podemos decir que todavía estamos en el viejo orden. Por tanto, tenemos la potencia para resistir.

La lógica revolucionaria acompaña el dominio, porque el presupuesto es: en la indeterminación se reconstruyen las estrategias, pero llega un momento que se debe dar un mínimo de seguridad a los suyos para que el poder se concentre. Mientras tanto está la tensión entre el Estado comunal y la afirmación: “No hay Estado…”.

El poder lo tiene el régimen, pero la potencia está en la comunidad, en la sociedad civil

Vemos en Venezuela resistencia por todos lados, una de las características básicas de los pueblos perseguidos es la fraternidad, la solidaridad, y cuando estas se hacen acompañar por la cultura los efectos pueden ser muy poderosos. En términos del acontecimiento de proyectos similares, podemos decir: “Es importante que la humanidad se manifieste en dicha hermandad con más frecuencia en los tiempos de oscuridad”.

En este momento el proyecto comunal se mueve hacia la consolidación, pero inestable, en minoría y ejerciendo el poder. A su paso deja inconformidad, resistencia, rebeldía, insubordinación, sobre todo en su base, ese 15% o 20%, forzado a estar, ideologizado, pero con los mismos apremios personales, familiares y sociales de la mayoría.

El régimen está claro en los escenarios que debe avanzar, necesita lavarse la cara frente a la opinión internacional, que se reconozca su gobierno como soberano y “legítimo”. Instalar zonas económicas de puertos que sirvan sólo para la importación, esto es, una economía de bodegones, totalmente improductiva, basada en el intercambio. Los que mandan están claros en lo que quieren y van por ello.

Mientras empresarios, políticos, universidades, académicos, etc., no entiendan que el régimen va a lo suyo y que se valdrá de cualquier argumento para conseguirlo, no se logrará articular un movimiento con raíces en la potencia real que alberga ese más del 80% de la población que resiste. Como lo afirmó Václav Havel: “La envoltura de la «vida en la mentira» está hecha de un material extraño: mientras encierra herméticamente a toda la sociedad, parece que es de piedra; pero apenas uno solo abre una rendija en cualquier parte, apenas un solo hombre exclama: «El rey está desnudo», todo aparece de repente a otra luz y da la impresión de que toda la envoltura es de papel y que comienza a rasgarse de manera imparable hasta la desintegración”.

Mientras se está dentro del poder autoritario, jugando su juego, bajo sus reglas cuya savia es la mentira, pensaremos que son indestructibles. Si no jugamos su juego sino el nuestro, basado en la verdad de la potencia de una sociedad viva, de una comunidad resistente, podremos gritar su desnudez, su debilidad, articular la rabia que genera a su paso.

Los invito a pensar alternativas en la búsqueda de la libertad.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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