En la aldea
24 mayo 2024

Carlos Luis Sánchez Becerra, Majenye (2021).

Majenye, más allá del arte “post-chabacano”

Carlos Luis Sánchez Becerra (Maracaibo, 1987), de seudónimo Majenye, es un artista visual y cantautor que está sintetizando en su obra la tradición, humor y clichés venezolanos con las reivindicaciones por la diversidad. “Siento que si uno investiga y busca muy bien se consiguen formas de originalidad que no van a haber en otros países”.

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Personajes con rostros de animales, un Simón Bolívar Shivaista o con unos glúteos enormes, Arturo Uslar Pietri voluptuoso pidiendo que se escuche su mensaje, Homero Simpson en Carora, o el doctor José Gregorio Hernández multicolor. Parece que casi ningún tema es ajeno a Majenye, mientras esto pase por el tamiz de trastocar las cosas con elementos populares y locales. Como el dúo imposible de Michael Jackson y Alí Primera, no solo por haberlos dibujado juntos, también por versionar Los techos de cartón con la música de Billie Jean. De avatares como estos está poblada su obra.

“Pipa de fumar que usaban los antiguos”, eso significa Majenye en yukpa. El artista recuerda cómo llegó a ese nombre. En el 2009 viajó con varios amigos a la Sierra de Perijá, estado Zulia. Allí, durante la visita a una comunidad indígena en Chirime, a cada integrante del grupo le dieron un nombre particular. El de Carlos fue Majenye. Una de sus alegrías al atesorar ese  nombre no es solo su origen, también porque como es una palabra “casi única” (dice el artista que también es el nombre de una marca africana de maquillaje), cuando la gente lo busca en Google aparece sobre todo su obra.

“El arte envejece muy mal cuando trata temas muy cotidianos, aunque se vuelve un archivo histórico”

Carlos Luis Sánchez Becerra, Majenye

La historia de Carlos Luis Sánchez Becerra antes de ser Majenye comenzó en Maracaibo, donde nació un 18 de julio. De padres tachirenses, todos los años viajaba a San Cristóbal, mientras tanto y de regreso a su ciudad, los contrastes entre lo zuliano y lo andino quizás fomentaron su timidez: “Sentía que hablaban diferente. Una vez una muchacha se me acercó a hablarme y no le entendí nada y me puse a llorar”.

-¿Cómo te iniciaste en el dibujo?

-Desde niño dibujaba todo el día en clase. Me refugié en el dibujo como una manera obsesiva y algo terapéutica. Comencé pintando dibujos animados que veía: He-Man, Dragon Ball, Sailor Moon, Tortugas Ninja, los Ositos Cariñositos, Mi Pequeño Pony. Me hubiese gustado leer más, pero solo veía televisión. Después de ver comiquitas me puse a investigar el surrealismo. Pero ahora he vuelto a esa etapa infantil y estoy haciendo mis propias caricaturas y animaciones.

“Las Dos Lilas”, editado (2014).

-Y de allí directo a estudiar arte…

-Me gradué en la Universidad del Zulia, en Artes Plásticas, mención Pintura. El Zulia influyó en mi trabajo, el colorido de sus artistas. A diferencia de Caracas el Zulia tiene muchos artistas figurativos. Pero en Caracas, desde Soto y Cruz-Diez, es más importante la abstracción geométrica y el cinetismo. Pero en Maracaibo la figuración con artistas como Ángel Peña, Henry Bermúdez, Carmelo Niño es muy importante. También las cuatro etnias indígenas influyen en la forma del arte que se hace, el colorido es increíble. Por eso empecé a dibujar con marcadores, para recrear esa fuerza del color de los tapices wayuu.

“Si te pones a pensar, cualquier hecho local puede ser muy universal si uno lo desgrana, lo pelas como un cambur”

Carlos Luis Sánchez Becerra, Majenye

Y el color se convirtió en su energía. En 2008 ganó una mención honorífica en Alicante, España, en la Bienal de pintura “Miradas de Hispanoamérica”. En 2012 vivió una temporada en el “Nuevo Circo de Caracas”, lugar en el que aprendió algo de contorsionismo. A los 27 años partió de Maracaibo y se fue a vivir a Carora con su pareja actual.

-¿Cuáles son las principales temáticas de Majenye?

-A mí me interesan muchas cosas: lo venezolano, lo queer, lo humorístico, la literatura venezolana… Si te pones a pensar, cualquier hecho local puede ser muy universal si uno lo desgrana, lo pelas como un cambur. Siento que si uno investiga y busca muy bien se consiguen formas de originalidad que no van a haber en otros países. Muchos pintaron a Madonna, pero muy pocos a Lila Morillo.

“Bolívar caroreño” (2019).

Y el artista menciona a Lila Morillo no por simple retórica. Es uno de los personajes de la cultura pop venezolana que más ha dibujado y con la cual ha buscado hacer una simbiosis con referentes de la cultura pop mundial. Lila en todas las formas y situaciones: como David Bowie, Frida Kahlo, como protagonista de Resident Evil, Michael Jackson, Xena, en fin.

-Lila Morillo, ¿musa y obsesión?

-Tengo muchos años ya que no pinto a Lila Morillo, porque había exagerado. Me dediqué dos años a dibujarla. Al principio lo hacía a manera de chiste. Yo estaba en Valencia, en casa de un amigo, viendo televisión. En un programa del Día de las Madres, le hicieron un homenaje a la mamá de Lila Morillo. Fue algo enternecedor y gracioso. Decidí hacer una caricatura de Lila Morillo como Pocahontas. De tanto investigar terminó gustándome. Porque me di cuenta de que tenía una voz demasiado preciosa, unos vestidos, una estética muy particular. El hecho de que cantara canciones del folklore venezolano, de que se haya sometido a tantos tratamientos estéticos para verse a los ochenta años tan bien, implica un compromiso como artista escénico. El hecho de que esté tan presente en la cultura venezolana. Yo hice un meme de Lila con todos los presidentes de Venezuela que han vivido mientras ella ha vivido y una foto de ella en la época. Con eso también hice una canción.

“En Maracaibo la figuración con artistas como Ángel Peña, Henry Bermúdez, Carmelo Niño es muy importante. También las cuatro etnias indígenas influyen en la forma del arte que se hace, el colorido es increíble”

Carlos Luis Sánchez Becerra, Majenye

Pero Lila no es el único personaje del universo Majenye. Al revisar sus redes sociales encontramos todo un desfile: Diosa Canales bañándose con un barril de petróleo, el caníbal Dorángel Vargas, Led Varela, Simón Díaz. Anécdotas de Óscar Yanes, cuentos de Julio Garmendia, Renato Rodríguez y Antonieta Madrid. Y durante un buen tiempo caricaturas de denuncia política.

-¿Por qué has dejado de hacer dibujos con contenido político?

-He hecho caricaturas fuertes contra Nicolás Maduro. Pero ya no siento que el arte haga algo. Hay una desesperanza de un cambio político a través del arte. Pero no la hay con la vida diaria. A pesar de que hay un montón de carencias y hasta cuesta viajar de un estado a otro. Sumado a la pandemia y a la crisis económica. También está la amargura que uno debe llevar por subir contenido político. El arte envejece muy mal cuando trata temas muy cotidianos, aunque se vuelve un archivo histórico. Pero el archivo histórico y el arte no son lo mismo.

“Pedrito” (2016-2021).

-Este año subiste a tus redes una canción animada en la que recorres la historia del arte venezolano, de lo precolombino hasta lo que denominas como “post-chabacano”. Majenye, entre la pintura, el meme y el comic, ¿es un artista post-chabacano? 

-Hay una frase del escritor Milan Kundera que dice “la belleza es un mundo traicionado. Solo podemos encontrarla cuando sus perseguidores la han dejado olvidada en algún sitio”. Yo siento que hay un montón de cosas que nos parecen chabacanas, ordinarias, de mal gusto, kitsch, que tienen un gran valor estético, conceptual, emocional y cultural. Trato de encontrar eso para darle una validez artística, por eso me interesa tanto la cultura pop venezolana como “Maldita mujer” del programa Justicia para Todos.

-¿Qué viene ahora para Majenye?

-Estoy realizado un libro de 12 páginas, una historia corta. Va a ser serigrafiado a mano. Una historia totalmente surrealista y fantástica en la que me autorretrato en diferentes situaciones y paisajes. La edición será en la Macolla Creativa. Mis libros van a ser pintados a mano la portada y la contraportada. La portada es mi cara, la contraportada es la parte de atrás de mi cabeza, pero con ojos y bocas. Algo muy perturbador.

*Las fotografías son cortesía de Carlos Luis Sánchez Becerra, y fueron dadas por el autor Guillermo Ramos Flamerich al editor de La Gran Aldea.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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