En la aldea
24 junio 2024

Los empresarios venezolanos y su “por ahora”

Venezuela es un país donde la iniciativa privada ha sido perseguida, estigmatizada, y finalmente desfalcada a través de intervenciones, expropiaciones y estatizaciones como parte de una estrategia del chavismo para instaurar “un nuevo modelo”. Entre la convivencia mínima y el reconocimiento hay un largo trecho. Porque es bueno recodar que el modelo político sigue intacto y la base legal que dio pie a los controles y al cerco al empresariado sigue vigente. Tras 22 años conformarse con un “por ahora” que durará lo que al chavismo le convenga para sostenerse en el poder, reta lo que significa sobrevivir y hacer negocios en un entorno tan altamente complejo como el venezolano.

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Redacción LGA | 21 julio 2021

No es función de la empresa privada operar como un partido político. Quienes piensen lo contrario comenten un error grave y la historia venezolana lo ha mostrado de forma clara. Pero este hecho no coloca a los empresarios al margen de la realidad, ni los puede hacer olvidar su responsabilidad dentro de la sociedad. Lo curioso es que Venezuela, sumergida en la polarización y el extremismo, ha pasado de un punto al otro a lo largo de estos veinte años con alarmante ligereza. Desde el liderazgo y el activismo político, hasta desviar la mirada y aplaudir.

Venezuela es un país donde la iniciativa privada fue perseguida y estigmatizada, y finalmente desfalcada a través de intervenciones, expropiaciones y estatizaciones como parte de una estrategia del chavismo para instaurar “un nuevo modelo” que, con el tiempo, terminó por mostrar las costuras tras arrasar todo a su paso. Esta es una realidad inocultable. De allí que resulte peculiar observar el ánimo que mueve a algunos empresarios a pensar que todos los problemas están resueltos si quienes ejercen el poder “flexibilizan” sus políticas, dejan de lado los controles y tienden puentes al sector privado, como si ignoraran que todo esto no es más que una coyuntura ante la ausencia de recursos que agobia al régimen de Nicolás Maduro.

Y, más aún, llama la atención que algunos crean que tales ajustes y señales de apertura tienen alguna consistencia, cuando en verdad el modelo político sigue intacto y la base legal que dio pie a los controles y al cerco al empresariado sigue vigente, apenas congelada convenientemente, “por ahora”, mientras se gestan mejores momentos para que la revolución vuelva por sus fueros.

Sobrevivir y hacer negocios en un entorno como el venezolano es altamente complejo. Es obvio que para hacerlo es necesaria la convivencia; pero entre la convivencia mínima y el reconocimiento hay un largo trecho. No se puede olvidar quiénes son los que ejercen el poder en Venezuela, ni las violaciones a los Derechos Humanos que han cometido, ni su propensión a saltarse sus propias leyes, ni las deudas históricas que acumulan con otros empresarios e inversionistas que alguna vez apostaron por el país e hicieron negocios de bien, ni todo lo que han dicho y hecho para pisotear la iniciativa privada y hacerla ver como un peligro para el socialismo que quieren construir.

Pensar que el aparente “cambio” económico es suficiente y merece ovaciones de pie, dejando intacto el modelo político, es conformarse con un “por ahora” que durará lo que al chavismo le convenga para sostenerse en el poder.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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