En la aldea
18 mayo 2024

Erickvaldo Márquez: “Esta es mi única herramienta para poder conseguir mi libertad”, respondía ante la curiosidad de los otros presos.

🎥Erickvaldo Márquez, el joven que convirtió su celda en aula de clases

Permaneció tres años y medio encarcelado, acusado sin pruebas ni testigos, de haber cometido un asesinato. Sin embargo, utilizó el tiempo en prisión para continuar sus estudios y convertirse en el primer recluso en presentar una tesis de grado dentro del sistema penitenciario venezolano.

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Cuando lo llamé por primera vez para conocer su historia, Erickvaldo Márquez estaba nervioso. Esquivo. No tenía claro qué buscaba yo con la conversación. Cumplía apenas 20 días de haber salido del retén policial de Glorias Patrias, en Mérida.

Durante un par de semanas, le insistí por mensajería instantánea que atendiera mi solicitud de entrevista, pero cordialmente y apenado, esgrimía algún percance: “La luz se fue por 3 horas”, “en mi casa no hay buena señal”, “llevo días sin Internet”; hasta que un sábado a las 4 de la tarde pudo conectarse.

Erickvaldo es un hombre creyente. Sus respuestas siempre apelan a un hecho divino, quizás por eso, cuando fue detenido por presuntamente asesinar a un funcionario de la gobernación de Mérida, en los Andes venezolanos, pensó que su tiempo en prisión duraría apenas unas semanas. No había pruebas, ni testigos en su contra. Sin embargo, estuvo tras las rejas tres años y medio.

Cuando fue encarcelado, en septiembre de 2017, le restaban apenas dos semestres para graduarse de Licenciado en Educación Física. Unos meses antes, había participado en protestas antigubernamentales en las cercanías de su alma mater, la Universidad de Los Andes. Su familia nunca entendió porqué su residencia fue allanada, ni cómo un interrogatorio policial terminó con su reclusión, pero a pesar de la rabia, Erickvaldo se dedicó a convertir su celda en un aula.

“La tesis de Erickvaldo fue aprobada con la mayor calificación y, el 30 de junio de este año, obtuvo la libertad, tras ser absuelto de todos los cargos”

“Yo pensé que mi estadía en ese lugar no iba a ser tan larga y quise aprovechar al máximo. Le pedí el favor a mi mamá que se contactara con los profesores a ver si ellos me brindaban el apoyo para seguir estudiando. No contaba con Internet, con computadora, laptop, nada. Mi mamá fue un pilar fundamental, porque ella era la que iba a la Universidad, buscaba los trabajos y, en los días de visita, nos ubicábamos en el piso, porque no había mesa”, cuenta Márquez, de 28 años, a través de una videollamada.

Al principio, los reclusos lo veían con extrañeza cuando tomaba apuntes a lápiz en un cuaderno cuadriculado.

“Ellos tenían curiosidad. Me preguntaban que para qué motivo era eso. Yo les decía: Hermano, esta es mi única herramienta para poder conseguir mi libertad”, relata.

Pero luego, esos mismos presos fueron su inspiración para desarrollar su tesis de grado: Un programa de actividades recreativas para privados de libertad.

“Con trenzas y telas hacíamos cuerdas de saltar, agarraba potes de plástico y los rellenamos con tierra. Hacíamos diferentes tipos de pesas. Nosotros no contábamos con ningún tipo de actividades que nos hicieran pasar nuestro tiempo de ocio. Yo buscaba siempre la forma de mantener nuestra mente distraída y que esa estadía en ese lugar fuera lo más placentera para todos. Todo ese material que hicimos quedó en la cárcel y hoy mis compañeros lo siguen usando”, explica.

“Cuando fue encarcelado, en septiembre de 2017, le restaban apenas dos semestres para graduarse de Licenciado en Educación Física”

La fecha de exponer su trabajo llegó el 24 marzo de 2021. Ese día se convirtió en el primer reo en Venezuela en completar una tesis de grado.

“Tenía muchísimo tiempo sin salir a ver el cielo, ni ver la luz del día. En el momento en que me estoy preparando para salir a presentar mi tesis, las dos suelas de mis zapatos se me cayeron, completitas. Me quedé sin suelas, prácticamente descalzo y solo con la parte de arriba. Dije: ¡Estas son más y más pruebas que Dios me está colocando!”, recuerda mientras sonríe.

Al entrar al salón Simón Bolívar del retén, habilitado para presentar su trabajo, Erickvaldo iba esposado. El oficial que lo trasladaba le pedía disculpas, pero “no podía hacer nada”. Sin embargo, las autoridades del recinto lo autorizaron a dirigirse a sus docentes con las manos libres.

La tesis de Erickvaldo fue aprobada con la mayor calificación y, el 30 de junio de este año, obtuvo la libertad, tras ser absuelto de todos los cargos. Sin embargo, el tiempo en prisión le robó la oportunidad de ver el nacimiento de su hija, con quien tuvo contacto apenas dos veces mientras estuvo encarcelado. “Me sentía destruido, no me hallaba”.

Hoy, desde su casa en Mérida, espera completar el servicio comunitario que exige su carrera para recibir el título, y una vez superar el amargo capítulo que lo llevó a la cárcel, regresar al retén de Glorias Patrias a llevarle ropa y comida a sus compañeros de penitenciaría. “Yo me siento como que estoy despertando de esa pesadilla”, concluye.

*La fotografía fue facilitada por la autora, Adriana Núñez Rabascall, al editor de La Gran Aldea.

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