En la aldea
24 mayo 2024

Buenas y malas palabras

Valorar que en la historia de Venezuela no han sido pocos los déspotas a los que la verdad discursiva se ha tenido que enfrentar. Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, son solo dos ejemplos. Conocer las palabras de nuestros demócratas, venezolanos de la talla de Andrés Eloy Blanco y Jóvito Villalba cuyas narrativas sirven a manera de contraste para algunos políticos y empresarios de hoy, que no parecen calibrar el peso justo de la realidad abrumadora frente al significado de la supervivencia.

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Francisco Suniaga | 28 julio 2021

Este título, que parafrasea al maestro Ángel Rosenblat, sirve para ilustrar lo ocurrido en estos días plagados de discursos desatinados, de “malas palabras”. Dicho sea de paso, las palabras no tienen la culpa, no son buenas ni malas, están allí. Son las mismas que todos, los grandes poetas, políticos y buena gente ha usado por siglos. Eso sí, Siendo tan grande ese regalo de Dios, es pecado no usarlas con altura y belleza.

Un ejemplo ilustra el punto: En 1928, durante la tiranía de Juan Vicente Gómez, en los albores de la lucha por la democracia, Jóvito Villalba aprovechó la ofrenda floral que hicieron los estudiantes de la Universidad Central a Bolívar, de manos de Beatriz I, su reina de carnaval, para pronunciar unas palabras que galvanizaron a una generación inmortal:

Libertador, ha llegado de nuevo la hora de que tu acción coincida para nosotros, en este momento de definirnos ante el destino y ante nosotros mismos… Y propiciado el surco, pedimos a tu serenidad, con esta ofrenda, la palabra que ha de gestar el milagro bíblico de una nueva creación… Habla, oh Padre, ante la Universidad donde se forjó la patria hace años”. Un año después de haber pronunciado este discurso, Villalba fue encerrado en el Castillo de Puerto Cabello. Saldría de allí después de muerto el tirano en diciembre de 1935.

Otro: En febrero de 1936 se realizó una ceremonia cargada de simbolismo en el mar frente a Puerto Cabello. Se echaron al mar los grillos que por decenas de años habían atormentado a los presos venezolanos en el infausto castillo. Allí Andrés Eloy Blanco dijo unas palabras que aún retumban en la conciencia de los hombres decentes de este país:

Hemos echado al mar los grillos de los pies. Ahora, vayamos a la escuela a quitarle a nuestro pueblo los grillos de la cabeza, porque la ignorancia es el camino de la tiranía. Hemos echado al mar los grillos en nombre de la Patria. Y enterraremos los de La Rotunda. Será un gozo de anclaje en el puerto de la esperanza. Hemos echado al mar los grillos. Y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela”.

Andrés Eloy y Jóvito, habría que decirlo, eran dos pesos pesados mundiales, en nada comparables a quienes motivaron esta nota. Tampoco se pueden comparar pelo a pelo las situaciones de aquellos años con las de ahora. Ni el valor de la retórica discursiva, arte que en la actualidad naufraga, incluso antes de zarpar, ante el pobre manejo de la ortografía y sintaxis del idioma, poca lectura de nuestros políticos. Pero nada exime de responsabilidad a los protagonistas.

Veamos el caso de Ricardo Cusanno. Advierto que comparto la idea de hacer política y llegar a acuerdos con el Gobierno, sobre todo si el fin es mejorar las condiciones materiales de los venezolanos. Pero Cusanno no dijo eso en la Asamblea de Fedecámaras, ante Delcy Rodríguez. Aludió a un compromiso con el Gobierno “sin importar si la comunidad internacional no entiende”. Eso es un dislate desde el ángulo en que se mire. En particular si en el discurso no hay ni una crítica seria a las muchas fallas gubernamentales.

“El valor de la retórica discursiva, arte que en la actualidad naufraga”

Lo de Daniel Ceballos no lo entendí, es de psiquiatra. Pienso que quiso exaltar el espíritu local tachirense, pero lo que hizo fue un mazacote donde Carlos Andrés Pérez termina hermanado con Gómez, Pérez Jiménez, Cipriano Castro. Un delirio, no otra cosa.

Por el escenario y la oportunidad, sin embargo, la nota negativa más baja correspondió a Luis Eduardo Martínez, diputado AD-Bernabé a la AN-Maduro. Fue hace unos días, en la conmemoración que se hizo del aniversario cuadragésimo quinto del asesinato de Jorge Rodríguez, secretario general de Liga Socialista. Dijo: “Fue un crimen, un crimen atroz, un crimen inaceptable. Un crimen, y no escurrimos el bulto, gobernando hombres de Acción Democrática. Que venidos de la resistencia contra la dictadura, era su obligación evitar que subalternos repitieran las prácticas que la Seguridad Nacional una vez utilizó para perseguirlos, trágicamente fue así. Hoy venimos aquí a pedir perdón. Perdón por un crimen que un buen militante jamás avalaría, perdón por un crimen cometido por un Gobierno salido de nuestras filas… perdón… por Jorge Antonio Rodríguez, perdón”.

Nada que objetar a pedir perdón por quien siente que ha ofendido. Martínez aludió además a los mártires de la resistencia adeca y condenó a la dictadura asesina de Marcos Pérez Jiménez. Incluso, para terminar, recurrió al “nunca más” argentino, para exigir que no vuelvan a ocurrir semejantes atrocidades. Pero carajo, Luis Eduardo, ni una crítica, ni con un pétalo, ni siquiera una ironía condenatoria, para con un régimen que ha hecho de todo, que ha violado y cercenado los Derechos Humanos a miles y miles de venezolanos y que ha sido responsabilizado por sus abusos hasta por Michelle Bachelet.

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