EN LA ALDEA

23 febrero 2024

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🎥Elisa Vegas: “En Venezuela me siento necesaria”

Cualquiera que haya ido a una función de Los Miserables en el Teatro Teresa Carreño lo entenderá: allí había una magia doble, la que ocurría en el escenario y la que flotaba, ascendiendo y envolviendo todo desde un poco más abajo, desde allí donde estaba Elisa Vegas dirigiendo a la orquesta en vivo en cada presentación.

A Elisa quiero decirle “maestra”, como se merece, pero no me sale. Porque en realidad lo que más quisiera es invitarle un ron, unos chocolates, una bandeja de tequeños y que en la pared del fondo alguien proyecte imágenes de esas postales de Venezuela que no son este desastre de noticias y anuncios oficiales. Y darle las gracias por lo que hace y escucharle hablar de música.

Sin tanto ruido, sin efectos especiales de marketing ni propaganda, Elisa es la prueba joven y sonriente de lo posible. A Elisa hay que cuidarla -y perdonen ustedes la exaltación- y aspirar a que su batuta -con la que dirige como titular desde 2017 a la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho– siga viajando desde los sonidos académicos hasta la electrónica, el pop, el ska y todo lo que se le ocurra. Ahora mismo, en un pico tan interesante en su carrera, es mucho lo que le falta por hacer, mucho lo que le falta por entregarnos.

“Yo creo que el arte debe ser libre, y libre para mí significa libre en materia de pensamiento, de política, de credos, libre de muchas cosas”

Elisa Vegas

-Esta es la pregunta en la que se rompe el hielo: ¿Tengo que llamarte “maestra” y tratarte de usted?

-Eso depende del contexto en el que estemos. Es decir, tú no me tienes que tratar de maestra, ni de usted. Pero si estuviéramos en un contexto de trabajo entre músicos, yo te trataría de usted o de profesor. Y en ese contexto, un músico aunque fuese muy amigo mío también me trataría de profesora o de maestra.

-¿Y en este contexto, entonces, cómo hacemos?

-De tú, Elisa Vegas. La maestra se monta en el podio, nada más.

-Dirigiste de forma maravillosa Los Miserables en 2019, estuviste inventando cosas en los Premios Pepsi, diriges la Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, hace poco participaste en una aventura con Horacio Blanco, de Desorden Público, dirigiste a la orquesta en la ceremonia de beatificación de José Gregorio Hernández… ¿Estás en tu peak, como dice Bad Bunny?

-No he escuchado a Bad Bunny, ¿qué significa estar en mi peak?

-Algo así como estar en la cima, en tu pico, en tu mejor momento…

-Okey… Ciertamente estoy en un punto importante, un punto de cambio, pero quiero pensar que esta es una cumbre que después me va a llevar a escalar otra cumbre y otra cumbre.

-¿De verdad no has escuchado a Bad Bunny?

-Te prometo que no. Sé que eso suena por ahí, pero a lo mejor ni siquiera sé que eso que suena es Bad Bunny.

-Es como un ruido de fondo.

-A mí me gusta muchísimo la música popular. Oigo muchísimo la radio para estar actualizada y generalmente cuando algo me gusta, sin importar el género, averiguo qué es. Pero si no me gusta, lo dejo pasar y ya. Y no me ha pasado que haya escuchado algo que me guste y me hayan dicho o haya investigado y que sea de Bad Bunny.

“Escucho la música sonando y en mi cabeza van apareciendo las notas, las frases musicales, la armonía, todo” (Foto: Anastasia Camargo).
“Escucho la música sonando y en mi cabeza van apareciendo las notas, las frases musicales, la armonía, todo” (Foto: Anastasia Camargo).

-¿Es posible hacer versiones con orquesta de temas de reguetón?

-Absolutamente, claro que sí. Yo no encasillaría nunca a un género musical de bueno, de básico, de sofisticado, de auténtico, de brillante… no. Me parece que en todos los géneros musicales, incluso en el académico, hay música muy buena y hay música muy mala. Y hay música de todos los géneros que perfectamente puede ser orquestada. De hecho, hay muchos reguetones que tienen secciones de cuerdas, así que ¿por qué no?

-¿Se te ocurre algún tema que identifiques y digas “a este le metería mano”?

-Ahorita no se me ocurre un reguetón, quizás podría decirte que más hacia esa fusión de merengue y reguetón que es el merenguetón. Algunos merenguetones, por ejemplo, de la época en que Chino y Nacho estaban juntos sí me los puedo imaginar fácilmente con una orquesta, claro que sí.

-¿Por qué crees que tantos artistas de diferentes géneros en algún momento quieren hacer versiones con orquesta?, ¿será como una especie de “consagración” para ellos, un pasaje a las grandes ligas de la música?

-Creo que el formato de orquesta sinfónica termina siendo como el gran formato musical, es un formato que requiere que cualquier planteamiento musical sea conceptualizado para unos colores y unas texturas que normalmente no se muestran en una banda o en un grupo. Entonces creo que para cualquier artista es un sueño poder llevar su música a su máximo exponente sonoro en cuanto a cantidad de instrumentos y posibilidades de explorar los colores. No sé si le diría consagración o no de la música. También sé que hay artistas a quienes no necesariamente les gusta como queda un producto orquestal, porque es un color muy particular. Sin embargo, también está el otro lado: para quienes hacemos música para orquesta sinfónica también es un honor interpretar temas consagrados en otros géneros. Así que se puede ver por ambas vías.

-Sola en tu casa, en un día de ocio: ¿qué música escuchas?, ¿o prefieres el silencio?

-La música que estoy estudiando en el momento o la que tengo pendiente, que sé que eventualmente voy a dirigir, no la puedo poner en un tiempo de ocio porque automáticamente mi cabeza se va a otro sitio, se va al estudio, se va a analizarla. Eso me cierra un poco el campo de la música del ocio. Para música de ocio pongo cosas que no tengan nada que ver con orquesta, porque con música académica mi mente no descansa sino que analiza. ¿Qué pongo? Me gustan mucho los boleros, me gusta mucho el rock venezolano, el rock argentino, el jazz -sobre todo los formatos de big band-. Básicamente eso. Y ciertamente también amo el silencio, porque en mi cabeza todo el tiempo está sonando algo y en esos momentos lo que quiero es descansar del sonido.

“El director debe ser un líder en el que su orquesta confía y está de acuerdo en seguirlo”

Elisa Vegas

-¿Si ves una partitura sabes en tu cabeza cómo suena?

-Sí, lo sabría. Eso toma tiempo, ¿sabes? Cuando uno está en sus primeros años estudiando dirección poder entender una partitura de director, que es diferente a la del músico ejecutante, requiere una especie de visión horizontal y vertical al mismo tiempo. Uno desarrolla ese tipo de lectura con el tiempo. Al día de hoy sí te puedo decir que si me das un score yo puedo escuchar la música.

-Hay un libro que se llama “Musicofilia”, de Oliver Sacks, en el que cuenta que su padre en lugar de poner un disco, leía una partitura y para él era el equivalente a escuchar la música…

-Es interesante eso. Ciertamente la música te va sonando. Cuando estoy estudiando una partitura de dirección yo no pongo grabaciones, me enfrento a la partitura y la estudio muchísimo tiempo antes de escuchar alguna grabación. Y me pasa a la inversa también, escucho la música sonando y en mi cabeza van apareciendo las notas, las frases musicales, la armonía, todo.

-Recomiéndame una pieza que sea tan hermosa que haga llorar.

-Una pieza hermosa es el Concierto para piano número 2 de Rachmaninoff. Para quienes conocen de música académica y para quienes no, esa es una pieza hermosísima.

-Si quiero empezar a apreciar la música académica, ¿por dónde debería arrancar para engancharme?

-No me voy a poner muy exquisita en esta respuesta. Los grandes clásicos de todos los tiempos, la música académica que hoy se considera emblema de la humanidad es porque ha recibido una gran feedback por parte de la humanidad en distintas épocas. Eso es algo que no podemos obviar. Uno escucha los Toreadores de Carmen, y puede ser un buen inicio. Uno puede escuchar la Sinfonía 41 de Mozart, que es muy conocida, y puede ser también un buen inicio. Uno escucha Las cuatro estaciones de Vivaldi, y puede ser un buen inicio para la música académica. Les diría a las personas que no tengan miedo de buscar los grandes éxitos de todos los tiempos de la música académica y que no se sientan como que es un listado demasiado panfletario. Cada una de esas piezas que hoy forman parte de lo que hasta podríamos llamar la “Serie 32” de grandes temas, tienen una razón y te van a abrir una compuerta hacia un mundo musical. Si oyes eso y te gustó mucho Vivaldi o un aire de la Suite Número 3 de Bach, es posible que descubras que te gusta más el barroco que otros géneros, y por ahí te vas.

-Por algo son clásicos…

-Exacto, pero puede haber gente que tenga la tendencia a pensar que no, que hay que empezar por una exquisitez. En verdad no me parece, empieza por cosas que se ha comprobado que le gustan a la humanidad y a partir de allí vas a comenzar a descubrir tu gusto. Es como con las grandes pinturas de todos los tiempos, si quieres empezar en el arte plástico, empieza por los íconos y después ves qué época, tendencia o qué movimiento es el que más te gusta.

-¿Cuándo fue la última vez que tocaste el clarinete?

-En la pandemia… Hace unos cuatro meses fue la última vez que lo agarré. La verdad es que es una relación un poco difícil porque amo el instrumento, pero a la vez por el día a día, no puedo dedicarle tiempo. Es como cuando tienes un amor que no puedes corresponder en un momento determinado y duele mucho. Así me siento yo con mi pobre clarinete. Igualito.

-¿Hay algún instrumento que hayas querido tocar y se te negó, como un amor no correspondido?

-Sí. El que es como un mejor amigo, es el piano: está conmigo siempre y me ayuda muchísimo. Pero toda la vida me interesó mucho el bajo. Mejor dicho, bajo, contrabajo y bajo eléctrico, y la verdad es que nunca tuve la oportunidad de explorarlo. Es más un amor platónico.

-Lo miras de lejos…

-Lo miro de lejos, lo admiro, me hubiese encantado, pero no pasó. O no ha pasado, también puede ser.

-¿Cuáles son las dos o tres condiciones fundamentales para dirigir una orquesta sinfónica?

-Primero, tienes que tener un talento para comprender la música de manera global. Luego, tienes que tener un gran manejo del tiempo, porque trabajar con una orquesta sinfónica requiere de una persona que pueda estructurar muy bien todo y hacer un buen uso del tiempo, del tiempo de un ensayo y del tiempo interno de la música que se va a dirigir. Y tercero, debe tener carisma y empatía para con una orquesta que va a trabajar con ese director y para con un público que, finalmente, va a recibir la música.

“Para quienes hacemos música para orquesta sinfónica también es un honor interpretar temas consagrados en otros géneros”

Elisa Vegas

-¿Y hay que imponerse a ese gentío que es una orquesta sinfónica?

-Sí, pero yo quiero pensar que no es imponerse. Ya las estructuras orquestales son muy piramidales donde el director es quien debe llevar a cabo la versión final de la obra, por eso hablo de carisma y empatía para con la orquesta. El director debe ser un líder en el que su orquesta confía y está de acuerdo en seguirlo. En el momento en que es autoritario, siento que la música no va a fluir de la misma manera. 

-En una época en la que tantos jóvenes deciden o se ven forzados a irse del país, tú decidiste quedarte: ¿Estar en Venezuela es una ventaja para ti?, ¿este es tu lugar?

-Absolutamente. Siempre he creído que mi propósito en la vida no se trata de mí sino de algo más grande. Y para mí es importante saber que el proyecto que esté llevando a cabo tenga un impacto positivo. Cada vez que estoy aquí haciendo un concierto con la Orquesta Sinfónica Ayacucho y vemos que no solamente estamos haciendo un proyecto artístico de alta calidad sino que estamos ayudando al país y que a todo el que ve el concierto le generamos esperanza, generamos ciudad, generamos espacio público, oportunidades de encuentro, generamos belleza, para mí eso lo vale todo. Aquí me siento necesaria. Quizás si estuviese por el mundo, donde hay muchos directores tan buenos o mejores que uno, no sería tan necesaria. El hecho de sentirme necesaria en mi país me crea un propósito que para mí es invaluable.

-En otras entrevistas, aunque te han tratado de llevar ahí, has evitado hablar de política. ¿Por qué a los músicos académicos -y especialmente a los del Sistema- se les hace tan incómodo ese tema?

-La Gran Mariscal de Ayacucho no es una orquesta de El Sistema. De hecho, al menos aquí en Caracas es la única orquesta que está desligada de la política. Es una orquesta que se autogestiona, cosa que hace todo más difícil. Yo creo que el arte debe ser libre, y libre para mí significa libre en materia de pensamiento, de política, de credos, libre de muchas cosas. No puedo profesar que vamos a tocar música de todo tipo y que queremos estar en todas partes y que queremos ser la imagen de una Venezuela y yo misma llevar a todo el conglomerado de la orquesta -que en sí misma es como si fuese un país en pequeño- a que tenga que avalar o engalanar alguna posición en concreto. ¿Me explico? Para mí eso no se negocia y por eso no me gusta ni hablar de política ni someter a la orquesta que dirijo a algo así.

-Hablemos de sueños: ¿Qué orquesta te gustaría dirigir y tocando cuál pieza en particular?

-Me mandaste a volar altísimo… La London Symphony Orchestra, haciendo un ciclo de las 9 Sinfonías de Beethoven. Ese es un súper sueño.

-Eres hija de un melómano que además es compositor, tienes un niño que es hijo de dos músicos, ¿Martín ha demostrado tener habilidades musicales?

-Muchas habilidades, la verdad. Es un niño que ya se le notan características de poseer oído absoluto, es afinado, tiene inclinación hacia la música. Sin embargo, a sus cuatro años y medio de edad, no lo forzamos. Pero sí va para sus clases de música porque evidentemente tiene dotes. Y no solamente son los padres, su abuela por parte de papá es Carmencita Moleiro, que es pianista; su bisabuelo es el compositor Moisés Moleiro; su abuelo Erick Colón es guitarrista graduado del Conservatorio en Bélgica, o sea que está en las venas, tiene la música por todas partes.

-Después de la experiencia con Horacio Blanco has estado un poco silenciosa, ¿estás en algún nuevo proyecto ahora mismo?

-Estamos en una reestructuración de la Orquesta, porque ya estamos listos para esta nueva realidad. La pandemia nos cambió a todos, siento que la música no volverá a los escenarios como era antes. Esto ha traído grandes cambios, con el uso de la tecnología y estas cosas. Así que la Orquesta ha hecho como un stop musical en su programación para prepararnos y ya muy pronto nos van a ver activos. También, si Dios quiere, Sinfonía Desordenada regresará a escena. Pronto verán una programación repotenciada.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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