EN LA ALDEA

23 febrero 2024

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La necesidad de los cambios institucionales

Hablar del tema institucional no es nuevo. Varios grupos hablan de él, también se aborda bajo la consigna de la reinstitucionalización. Lo cierto es que alcanzar profundos cambios en este ámbito es necesario, no solo para avanzar en lo económico, sino para mejorar la vida en general de la ciudadanía, para poder dar paso a una verdadera democracia.

Confieso que llevo tiempo detrás de este tema, por su relevancia y pertinencia. Para elaborar este punto me basaré en dos realidades o problemas que tenemos en lo económico, pero igual reitero que su importancia va mucho más allá.

La primera realidad tiene que ver con el colapso de nuestra moneda: el bolívar. Después de décadas de alta inflación, después de un duro y traumático proceso hiperinflacionario, el venezolano dejó de tener confianza en su moneda y decidió, de manera voluntaria y colectiva, usar el dólar estadounidense como la propia.

“¿Es posible lograr un cambio institucional sin antes haber logrado un cambio político?”

¿Qué hacer para que el ciudadano vuelva a tener confianza en su moneda? Pasa por tener confianza en el emisor, en el sistema económico, político y social que la sustenta. Esto es muy difícil de lograr (o imposible) sin un rearreglo institucional profundo, que hoy no se avizora. Pasa, también, por darnos instituciones que realmente estén al servicio de los ciudadanos y no inclinados a satisfacer al Poder Ejecutivo o a la cúpula en el poder. Un buen ejemplo de esto es lo que pasa con el Banco Central de Venezuela, institución clave para la estabilidad monetaria. Hoy parece más un brazo financiero del Gobierno y no la máxima autoridad monetaria del Estado venezolano, que es su rol legítimo.

Otra realidad es la ausencia de financiamiento externo para poder crecer a altas tasas. El financiamiento externo es necesario para crecer en tal magnitud que nos permita sacar a millones de la pobreza en un tiempo relativamente corto. Tanto el financiamiento vía inversión extranjera (o de venezolanos con fondos fuera del país), como el de créditos de multilaterales, tiene como requisito un sólido arreglo institucional que haga creíbles las políticas económicas a tomar, y también la seguridad jurídica de las inversiones (o créditos) que se hagan (otorguen).

“El financiamiento externo es necesario para crecer en tal magnitud que nos permita sacar a millones de la pobreza en un tiempo relativamente corto”

Como pueden ver lo descrito gira alrededor de tres palabras: Confianza, credibilidad y expectativas. Las tres están interrelacionadas, las dos primeras están extraviadas desde hace un buen tiempo, y la tercera, las expectativas son y serán muy negativas hasta que no rescatemos las primeras. Sí, con lo que tenemos pudiésemos crecer a tasas bajas, pudiésemos pasar de hiperinflación a inflación alta y persistente, puede que le sirva a ciertos grupos económicos, pero sin duda sería insuficiente para la gran mayoría.

Históricamente las instituciones venezolanas han tenido un sesgo extractivo. Somos un país presidencialista, en el que el Estado es dueño de buena parte de la riqueza nacional. Es un botín muy apetitoso con muchos interesados y un sistema que permite e incentiva la permanencia en el poder. Desarmar dicho sistema es fundamental para dar paso a instituciones que sean inclusivas, que sirvan al ciudadano. Me parece que no hemos discutido sobre ello lo suficiente, es momento de hacerlo. Termino este artículo con una inquietud. ¿Es posible lograr un cambio institucional sin antes haber logrado un cambio político?

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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