En la aldea
24 mayo 2024

¿En contra del trabajo?

Con la caída del Muro de Berlín se demostró la superioridad del “utilitarismo” capitalista para producir bienes y servicios. Pero el triunfalismo de las sociedades libres les llevó a bajar la guardia frente a los restos de las sociedades fracasadas. ¿Es América Latina un territorio dominado por resentimientos históricos, frustraciones y victimización permanente? Argumenta el autor: “No debería extrañarnos que sean legiones de jóvenes universitarios frustrados los que destruyen el patrimonio público en Chile o empujan hacia el abismo socialista a la sociedad colombiana”; y sentencia: “El mal adquiere dimensiones continentales. No son augurios ni metáforas desaforadas”. ¿Son la evidencia empírica de un naufragio global?

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Ezio Serrano Páez | 24 septiembre 2021

La utopía burguesa de una sociedad libre fue dibujada por Adam Smith a partir del concepto Trabajo. En la presentación del libro primero de su obra clásica, el autor afirma que “el trabajo anual de cada nación es el fondo del que se deriva, por un año, todo consumo o suministro de cosas necesarias y convenientes para la vida de la nación…”. Las funciones esenciales del Estado deben ser financiadas por los impuestos que los ciudadanos pagan, de acuerdo con la división social del trabajo. No hay desayuno gratis pues lo que se consume tiene su contraparte en lo que se produce.

Ya en 1689 Bernard Mandeville había hecho la advertencia: “Esperar que otros debieran servirnos a nosotros por nada no es razonable (lo lógico es)… el continuo intercambio de unas cosas por otras”. El trabajo por lo tanto, tiene la virtud de impulsar los intercambios interminables y libres que se generan en la sociedad moderna.

Sin embargo, la semántica del Trabajo cabalga sobre una curiosa ambivalencia: Dios fue el primero en trabajar sobre la tierra. Si Dios es naturalmente bueno, qué duda puede existir: el trabajo también es naturalmente bueno (Salmo 25: 8; Efesios 4:28). Pero frente a esto, la palabra en su origen “viene del Latino baxo Trepalium, que significa lugar de tormento” (Diccionario de Autoridades RAE: 1735).

“Los avances de formas autoritarias que vienen surgiendo en tiempos recientes, debilitan severamente la concepción del trabajo libre como vía de progreso y medio legítimo para alcanzar metas particulares”

Lo cierto es que, entre su connotación asociada a lo sagrado y su significado tormentoso o torturante, gravita una fisiología que vincula los dos extremos de la polaridad: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan” (Génesis 3:19). En tanto el refranero castellano señala que “si el trabajo es salud y vida, pues que trabajen los enfermos”. Pero, una vida moralmente elevada debería reposar sobre el trabajo. Si no se trabaja no se merece el descanso.

El capitalismo inicial debió afrontar la rivalidad de los holgazanes refinados, la nobleza parasitaria contraria a “los oficios viles”. Y también se debió lidiar con las múltiples resistencias derivadas de la “fisiología del trabajo”. De esto, el marxismo sacó gran provecho al traducir el resentimiento en el concepto Explotación. Desde esta plataforma conceptual, Karl Marx derivó su teoría del  Capital y la Plusvalía: El resentimiento con ropaje científico.

La teoría resentida del trabajo dio vida a los pares dicotómicos: explotadores y explotados, opresores y oprimidos, burgueses y proletarios, etc. En medio de aquellos opuestos se encuentra el Estado siempre dispuesto a utilizar sus instrumentos de poder a favor de los Explotadores. Por lo tanto, la economía para el marxismo siempre ha sido “economía política”.

Los marxistas, antes de la primera revolución socialista, no se atrevieron a negar la importancia del trabajo para la modernización. En cambio ofrecían la curación de todos los males del proletariado, aboliendo la propiedad privada de los medios de producción. Solo Paul Lafargue, en un arrebato de franqueza se atrevió a exponer la apología del ocio al proclamar “la pereza como un derecho”.

Autores marxistas del siglo XX (Althusser, Gramsci, Lukács, Gorz, etc.) se ocupan  de la relación entre trabajo y humanismo, alienación y trabajo, trabajo manual e intelectual, etc. Este último aspecto, asociado a la justificación de la formación de las poderosas burocracias al servicio de los Estados totalitarios. Pero ya el marxismo había trazado una nueva ruta para acceder a la prosperidad: Primero se toma el poder, luego se accede a la riqueza sin realizar trabajo productivo.

“El socialismo desplegó sus motivaciones políticas mientras las sociedades capitalistas enfatizaron los estímulos materiales para elevar la calidad y cantidad del trabajo producido”

Max Weber señaló desde una perspectiva liberal, que la tal emancipación de trabajo asalariado no era más que una quimera. La sustitución de los propietarios capitalistas por burócratas estatales en nada alivia las penalidades del proletariado. Para este autor, el ascetismo intramundano pudo haber generado un nuevo ethos traducido en estímulos religiosos que impulsan la acción necesaria para organizar el trabajo de manera metódica y sistemática. Se trata de reconocer otras motivaciones, que pueden influir desde la esfera psicológica para que los sujetos se inclinen voluntariamente al trabajo sin experimentar la explotación.

El tiempo le dio razón a Weber: Las motivaciones psicológicas (ideológicas) pueden definir un modo de relación de los sujetos con el trabajo y la organización de las fuerzas productivas. El socialismo desplegó sus motivaciones políticas mientras las sociedades capitalistas enfatizaron los estímulos materiales para elevar la calidad y cantidad del trabajo producido. Con la caída del Muro de Berlín se demostró la superioridad del “utilitarismo” capitalista para producir bienes y servicios. Pero el triunfalismo de las sociedades libres les llevó a bajar la guardia frente a los restos de las sociedades fracasadas.

La semántica del trabajo acicateada por el populismo, más recientemente se ha asociado con el vocablo Empleo. La extensión de las burocracias, tanto públicas como privadas, alimentó un imaginario en el cual se concibe la posibilidad del Empleo sin Trabajo; es decir, gozar de la protección institucional exigible por pertenecer a una nómina laboral con independencia del trabajo.

Los notables avances de formas autoritarias, despóticas y totalitarias que vienen surgiendo en tiempos recientes, debilitan severamente la concepción del trabajo libre como vía de progreso y medio legítimo para alcanzar metas particulares. En su lugar se viene imponiendo la ruta política que convierte las iniciativas económicas en subsidiarias del poder estatal. En casos extremos, la asociación del Estado con bandas criminales, termina por liquidar las iniciativas fundadas en el trabajo honesto. De este modo, el esfuerzo tesonero, el espíritu emprendedor y la virtud del trabajador, pierden significado y estima social.

“La economía para el marxismo siempre ha sido ‘economía política’”

Despojados del barniz ético y su conexión con la autorrealización vocacional, las sociedades liberales abren las compuertas a la equivalencia entre libertad y consumo. La actividad económica carece de trascendencia, la producción de riqueza se convierte en un fin en sí mismo. La vida es corta y hay que gozarla, por lo tanto el acceso al consumo de bienes y servicios debe lograrse acicateados por el estrés y la neurosis colectiva. Se abre un abismo simbólico entre logros y expectativas. Todos quieren ser millonarios a los 30 años como algún reguetonero famoso.

Ni los estudios universitarios, ni el esfuerzo cotidiano para adquirir formalmente una habilidad, garantizan el acceso a condiciones de vida que se venden como posibles para todos. El esquema valorativo que se viene imponiendo, convierte  las rutas tradicionales para el ascenso social en vías seguras para convertirse en perdedores. Esta realidad chocante se asoma con nitidez en América Latina, territorio dominado por resentimientos históricos, frustraciones recurrentes y victimización permanente.

No debería extrañarnos que sean legiones de jóvenes universitarios frustrados (antes de llegar a los 20 años) los que destruyen el patrimonio público en Chile o empujan hacia el abismo socialista a la sociedad colombiana. En nombre de la libre iniciativa surge la economía virtual, el manejo de criptomonedas, los tokens de streaming y otras formas de especulación cuasi lúdicas o  propiamente lúdicas, con rendimientos que ni remotamente podría ofrecer la economía real ni el trabajo formal promedio.

El triunfo del Talibán, auspiciado por la producción de opio; la legitimidad alcanzada por el régimen totalitario cubano; el innegable influjo de la mafia rusa; la legitimidad atribuida a la competencia china con producción de bajo costo, apoyados en la piratería, la imitación y copias tecnológicas, sin respeto por los derechos de creación; son factores fundamentales para avizorar el éxito de la racionalidad calculadora, descarnadamente pragmática.

La beligerancia alcanzada en Colombia por los grupos asociados al narcotráfico, su asociación con la dictadura venezolana  que destruyó y saqueó el país, junto al surgimiento de una economía prostibularia, conforman una realidad en expansión. Con las negociaciones en México se sueltan las últimas amarras que frenan a los campeones del saqueo y el pillaje. El mal adquiere dimensiones continentales. No son augurios ni metáforas desaforadas. Son la evidencia empírica de un naufragio global, pruebas reconocibles de la decadencia del modelo civilizatorio que dibujara Adam Smith.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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