EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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El revocatorio está de vuelta

Corren por allí variados pronósticos sobre el 21 de Noviembre (21N). Son pocos los optimistas. Abstención, diáspora, división de candidaturas, descalificaciones, y pare de contar, todo se suma para pensar que los resultados no van a ser buenos para las candidaturas que no sean del régimen.

De todas maneras falta un tiempo y hay cosas de peso pendientes que pueden cambiar el rumbo de forma importante, como la de qué va a pasar por fin con la misión de la Unión Europea.

Lo  que me parece más importante respecto a los resultados del 21N, es cómo van a afectar ellos la futura estrategia de las fuerzas democráticas. Hay quien hace depender mucho tal estrategia de cómo vayan a ser esos resultados. Veo las cosas de otra manera. Voy a proponer aquí otro punto de vista y lo voy a plantear de modo abrupto: La estrategia fundamental de las fuerzas democráticas no debería depender de que los resultados del 21N sean mejores o peores.

El que sean mejores o peores afectará las condiciones en que la estrategia podrá ser adelantada, pero no la estrategia misma. Por supuesto que no es lo mismo llevarla adelante si las fuerzas democráticas sacan el 60% de los votos y obtienen 16 gobernaciones, que si obtienen mucho menos de lo uno y de lo otro. Pero en ambos casos la estrategia para el 2022 es  la misma: luchar por un cambio de gobierno en el 2022, usando el instrumento que la Constitución pone a nuestro alcance, el referéndum revocatorio, el RR.

“Aprovechar que el referendo revocatorio no requiere tarjetas, ni legalizar partidos, ni habilitar políticos”

La objeción que tal planteamiento suscita es automática: es ilusorio pensar que el régimen vaya a permitir que ese RR se lleve a cabo. Ya vimos lo que pasó en el 2016. Tal objeción, muy comprensible, deja de lado lo que está en el fondo de la propuesta: a este régimen no hay que darle descanso, hay que darle todo el tiempo en su punto más débil y crucial, el de su ilegitimidad. El RR es entendido aquí como una bandera de lucha, de movilización, de organización, de denuncia.

Las encuestas dicen que más de un 70% de la población quisiera que hubiera un RR. Y no me extrañaría que la cifra subiera, si se viera que el RR se convierte en una iniciativa concreta. Lo que vaya a pasar si esa iniciativa coge cuerpo, está por verse.

Así pues, creo que las fuerzas democráticas deben tomar la ruta de activar un referendo revocatorio para el 2022, sean cuales sean los resultados del 21N. Si son buenos, el RR será una continuación de una corriente de cambio que se habría manifestado ya el 21N. Y si son malos, el RR será la bandera para retomar la ofensiva, en una causa que tiene el inmenso atractivo de que pone en juego la continuidad del régimen.

Un RR bien planteado implica varios ingredientes de mucha importancia. Un buen programa de reconstrucción del país, con una fuerte política social incluida, con sólido respaldo internacional y amplia confianza nacional, para ser llevado a cabo en sus etapas iniciales por el gobierno que concluiría el periodo actual. Una fórmula unitaria, aceptable para todos los aspirantes, para escoger para las elecciones consiguientes al RR un candidato único de las fuerzas democráticas, para los dos años de gobierno que le tocarían. Una política que asegure que todas las fuerzas se sientan incluidas y respetadas políticamente.

“Las figuras que surjan o se fortalezcan el 21N tienen un papel que jugar en esa convocatoria. Será de paso una gran ocasión para que los rectores Picón y Márquez demuestren la real calidad de su compromiso democrático”

Hay que poner en movimiento esa ola. Conversar sobre ello con los países que apoyan la lucha democrática en Venezuela. Para la comunidad democrática internacional, un RR debería resultar una solución muy aceptable. Conversar sobre todo con las fuerzas democráticas internas, con la sociedad organizada, con los partidos. Reivindicar la Constitución. Reunirse, pedir, reclamar, firmar. Dar ocasión a que las encuestas digan: si el RR fuera hoy, el 75% votaría contra el régimen. Aprovechar que el RR no requiere tarjetas, ni legalizar partidos, ni habilitar políticos. Es Si o No. Poner en el brete al régimen: que sea él quien patee, el que rasgue, si es que eso es lo que va a hacer. Que sea él quien decida seguir con esa herida abierta de la ilegitimidad. Que sea él quien rechace una gran ocasión de quitarse el sanbenito de ilegítimo. Ponerlo a la defensiva: “Maduro le tiene miedo al pueblo”.

Uno de los clichés que se ha puesto de moda en todos estos años es el de que no hay que crear “falsas expectativas”, porque luego la gente se desencanta y es peor. No. La política es el arte de muchas cosas. Es, entre ellas, el arte de crear expectativas. Sin expectativas no hay luchas. Unas se frustrarán, otras no. A uno lo que le toca es luchar por su realización.

Creo que en esta ocasión la iniciativa ha de partir de alguna parte de la sociedad organizada, de la ciudadanía misma, más que de los partidos políticos, que por lo demás por ahora no lucen muy ganados para la idea. Los partidos y sus dirigentes han sufrido mucho desgaste en los últimos tiempos y el RR puede dar ocasión a que recuperen fuerzas, pero pienso que el llamado ha de venir de otras voces. En todo caso, las figuras que surjan o se fortalezcan el 21N tienen un papel que jugar en esa convocatoria. Será de paso una gran ocasión para que los rectores Roberto Picón y Enrique Márquez demuestren la real calidad de su compromiso democrático.

Vamos pues a un 2022 de lucha, de presión. A abrirle al régimen, si se niega a la realización de un derecho constitucional, un nuevo frente de ilegitimación a los ojos del mundo entero. Y, si se decide a correr el albur e ir a una fase de normalidad política, a darle a los ciudadanos la oportunidad verdadera de decidir el futuro político del país.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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