En la aldea
27 mayo 2024

El voto unitario

El escenario de la dispersión del voto para el 21N parece cargado de problemas para la lucha democrática; primero, porque haría más difícil la adopción de una estrategia unitaria para enfrentar al régimen de cara al 2022; y segundo, porque le daría al régimen un margen para enredar el tablero político; argumentando, por ejemplo, que son varias las oposiciones y que ninguna de ellas puede reclamar una representatividad mayor sobre las otras. Entonces, ¿los líderes comprenden el reto que tienen con los electores, ávidos de soluciones factibles?

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Diego Bautista Urbaneja | 12 noviembre 2021

A pocos días de las votaciones del 21 de noviembre, proliferan los pronósticos y las conjeturas. Hay para todos los gustos. No es cosa de entrar en ese juego de apuestas. Lo que nos parece que corresponde es examinar algunos de los resultados posibles que tendrán más consecuencias para lo que será el verdadero problema que tendrán que resolver las fuerzas democráticas: Cuál ruta plantear a la población democrática del país para el año que viene y los siguientes.

Así por ejemplo, tenemos el tema de la dispersión del voto. Las dos posibilidades básicas son que, una de las tarjetas de las fuerzas que se oponen al régimen sobresalga de forma notoria en los votos obtenidos por encima de todas las demás. O por el contrario, que sean varias las tarjetas que obtengan un significativo número de votos, de forma que no haya ninguna que predomine abiertamente. De darse la primera posibilidad, lo más probable es que esa tarjeta sea “la de la manito”, es decir la de la MUD. No es el escenario que desean quienes quieren la caída de Juan Guaidó y la desaparición del G4. Prefieren estos una amplia dispersión de la votación, de forma que ninguna figura o alianza pueda reclamar un protagonismo mayor que los demás.

“Lo natural es desear que la votación democrática sea la mayor posible. Siempre y cuando ese hecho sea concebido como un trampolín para estrategias asertivas y firmes para el año 2022”

El escenario de la dispersión del voto nos parece cargado de problemas para la lucha democrática. El primero que viene a la mente es que haría más difícil la adopción de una estrategia unitaria para enfrentar al régimen en los tiempos que vienen.

Pero hay más problemas. Una amplia dispersión del voto le daría al régimen un margen de juego para enredar el tablero político; argumentando, por ejemplo, que son varias las oposiciones y que ninguna de ellas puede reclamar una representatividad mayor que otras.

Otro tema que se vería afectado por una amplia dispersión tiene que ver con la Presidencia interina de Juan Guaidó. Es de gran importancia que la Asamblea Nacional de las fuerzas democráticas mantenga y prorrogue la vigencia de esa Presidencia. Las consecuencias de su finalización serían muy graves para el país y para la lucha democrática. El apoyo internacional con que se cuenta por parte de varios de los países más importantes del mundo, y que tiene como su centro el reconocimiento a Guaidó, se descompondría gravemente de cesar este en su cargo. Están además las consecuencias económicas de tal cosa.

“Un gobernador o un alcalde triunfador en un estado o municipio importante tendrá seguramente un rol que jugar en la definición de las estrategias y rutas por venir”

Por ejemplo, los activos de la República que están en gran riesgo por la irresponsabilidad de las políticas expropiadoras de Chávez y que solo el apoyo de Estados Unidos a Guaidó ha salvado del desguace por parte de los acreedores, pasarían a ser pasto del cobro de los demandantes. Ahora bien, la prórroga de la Presidencia interina, así como su significación internacional, se verían más favorecidas en el escenario en el que la tarjeta de la MUD obtenga clara ventaja sobre las demás.

En realidad se ha exagerado el alcance de la división entre las candidaturas democráticas. De acuerdo al cuidadoso análisis hecho por el politólogo Luis Salamanca, en la gran mayoría de los estados, en 18 para ser más precisos, no hay sino una candidatura democrática. Las otras son las del PSUV, la Alianza Democrática (también conocida como “los alacranes”) y el partido comunista. Solo en cuatro circunscripciones se puede hablar de división de la las fuerzas democráticas: Municipio Libertador, y los estados Bolívar, Lara (si contamos a Henri Falcón como opositor), y Táchira (si se cuenta a Laidy Gómez como de oposición). Así que todo indica que el escenario de la dispersión es extremadamente improbable. Lo que ha pasado es que, al tener lugar en Caracas y Miranda, el problema se ha percibido como mayor de lo que en realidad es. 

Uno de los resultados que más consecuencias tendría para lo que viene es el volumen de votos que saquen tanto las fuerzas democráticas como el régimen. Se supone que el régimen tiene un piso de votos asegurado por todos los mecanismos que conocemos. No ocurre lo mismo con las fuerzas democráticas, cuya votación es una incógnita. También lo es cómo decida el régimen administrar los resultados, sobre todo si le son desfavorables. Parto de la base de que conserva una alta capacidad de manipulación en ese sentido.

“Solo en cuatro circunscripciones se puede hablar de división de las fuerzas democráticas: Municipio Libertador, y los estados Bolívar, Lara (si contamos a Henri Falcón como opositor), y Táchira (si se cuenta a Laidy Gómez como de oposición)”

Con esto se vincula otro aspecto, cuál es el del número e importancia de las gobernaciones y alcaldías que cada fuerza obtenga y se le reconozca en los cómputos oficiales. De cara al futuro, la significación de esto es que va a determinar el peso de los protagonismos dentro del campo democrático. Un gobernador o un alcalde triunfador en un estado o municipio importante tendrán  seguramente un rol que jugar en la definición de las estrategias y rutas por venir.

De lo dicho hasta aquí se derivan claras preferencias: Que la votación democrática se concentre en una tarjeta tanto como sea posible, y, más allá del hecho electoral, que se prorrogue la vigencia de la Presidencia interina.

En lo personal, fui partidario de no concurrir a estas elecciones. La dirigencia política tomó otra ruta. Ante este hecho cumplido, lo natural es desear que la votación democrática sea la mayor posible. Siempre y cuando ese hecho sea concebido como un trampolín para estrategias asertivas y firmes para el año 2022. Ojalá que los eventualmente favorecidos lo vean  así. Pero, en todo caso, esos resultados son una incógnita y es posible que los números no sean buenos, debido a la abstención; a la división en algunos lugares entre las fuerzas democráticas; al pobre espectáculo brindado por algunos de sus factores; al control que sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE) tiene el régimen, a usar en caso necesario. Lo que esto significa es que los dirigentes sociales y políticos tienen que estar preparados, en términos de discurso y de estrategia, para todos los escenarios: si es favorable, para plantear la continuación de la ola en un año 2022 de mucha fuerza; y si es desfavorable, para plantear pronto nuevas empresas que mantengan al régimen contra las cuerdas y sean capaces de levantar el ánimo y la moral.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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