En la aldea
22 mayo 2024

Planes de movilidad urbana sustentable, un nuevo enfoque

El modelo tradicional de transporte que ha privado en las ciudades venezolanas propone resolver los problemas de tránsito de una forma integral. El cambio de paradigma supone pasar de la construcción de infraestructuras, a la gestión de una movilidad que sea sustentable y segura. De allí la importancia de integrar, en forma efectiva, la planificación urbana incorporando criterios en la legislación urbanística. Partiendo desde Caracas hasta las principales ciudades del interior del país, ¿se logrará alcanzar un plan de ciudad que aborde las necesidades de los ciudadanos en un trabajo colaborativo con las instituciones responsables?

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Celia Herrera | 18 enero 2022

El rezago en Venezuela en materia de transporte es de ocuparse. La pasada época de festividades decembrinas desató un caos de congestión vial en la trama urbana de ciudades como Caracas, típico de los años 2007 a 2012, donde la demanda de viajes en el sistema principal superaba la capacidad de la red vial en buena parte del día, entre otros signos, era expresión de “las colas” frecuentes.

Los indicadores a los que se hacía referencia desde la Sociedad Venezolana de Ingeniería de Transporte y Vialidad (Sotravial), para ese lapso, señalaban: velocidad media de operación, en el sistema principal, entre 12 y 15 km/h; demoras promedio mayores de 1 hora/usuario en viajes internos, aumentando a 2,25 horas para viajes desde las “ciudades satélites”; 5.000.000 de viajes/día (en todas las direcciones); incremento del parque automotor en un 20%, según cifras no oficiales, con un 62% de vehículos privados que solamente movilizaban el 20% del total de los viajes diarios, y un 5% de vehículos inservibles con alta probabilidad de que se accidentaran en la vía; consumo de 10 millones de litros de gasolina por día, donde cada vehículo recibía un subsidio anual de más de 1 millón de bolívares; sistema de vías principales con aproximadamente 250 km, a todas vistas insuficientes; vías destinadas a los vehículos, dominando cerca del 15% de la superficie de la ciudad (en muchas ciudades importantes, este valor era el doble o más); ocupación de 1,2 personas por vehículo, que es muy baja; el sistema de transporte superficial convencional, desorganizado, impuntual, inseguro e incómodo, lo que desanimaba su uso; 57% de los viajes de las personas, en transporte público; sistema de transporte masivo (Metro) movilizando 1.500.000 a 1.700.000 pasajeros/día y rebasado en su capacidad por las bajas tarifas y la alta demanda; alta cifra de motorizados en circulación, sin que se haya atendido a su presencia masiva en el tránsito; solamente unos 1.500 vigilantes, para atender todo el sistema de transporte de la ciudad.

Desde entonces y hasta 2021, en Caracas entraron en servicio obras como BusCaracas, TransMetrópolis, Metrocable San Agustín, Metrocable Mariche, Cabletrén de Petare, TransMiranda, las denominadas soluciones viales, el nuevo viaducto Valle-Coche, la ampliación de la Autopista hoy Gran Cacique Guaicaipuro, los refugios de motorizados; habiendo pasado por una “crisis” de transporte en 2018, signada por la proliferación de las cuadrilleras (conocidas como “perreras”), la merma del tránsito automotor y la disminución de la oferta de transporte público superficial, hasta los días de limitaciones al tránsito, propios de las medidas ante la pandemia de la COVID-19, en que se da un incremento de la presencia de ciclistas en la circulación, entre otros cambios.

“Para las próximas décadas habrá que superar esos vacíos con herramientas de planificación que consideren la diversidad de actores que habitan la ciudad, con su pluralidad de aspectos sociales, culturales, económicos y ambientales”

Con el pasar de los años, se mantiene la percepción de los ciudadanos sobre los problemas que le aquejan para desplazarse en su quehacer diario y las dificultades que experimentan al intentar acceder a los diversos modos de transporte que se ofertan en el territorio nacional, ante el incremento en la demanda de viajes, la oferta de los servicios de transporte permanece aletargada, sometiendo a los usuarios a la congestión del tránsito automotor, demoras en sus tiempos de viaje, e inseguridad vial en sus traslados, entre otros factores que afectan su calidad de vida.

El modelo tradicional de transporte que ha privado en las ciudades venezolanas propone resolver problemas de tránsito en general, como la congestión, construyendo más vías para vehículos particulares. Si bien, serán necesarias mejoras y construcción de algunos trayectos de vías en un futuro, en los últimos tiempos y muy especialmente a raíz de lo aprendido en vivencias bajo la pandemia de la COVID-19, se plantea la necesidad de atender al tema bajo la óptica de la movilidad sostenible y segura. La prioridad se ubica en la movilidad cotidiana, poder garantizar que los usuarios realicen sus traslados habituales de una manera fluida. El cambio de paradigma supone pasar de la construcción de infraestructuras, a la gestión de la movilidad.

La planificación del territorio y la organización funcional de las ciudades, condicionan las formas de moverse que desarrollarán sus ciudadanos. Una ciudad extensa, con bajas densidades y usos muy distanciados entre sí, propiciará que los habitantes deban desplazarse en vehículos automotores, mayormente. En tanto, una ciudad densa con mezcla de usos permitirá que sus ciudadanos puedan realizar sus desplazamientos a pie o bicicleta, o de ser el caso, en transporte público. De allí la importancia de integrar, en forma efectiva, la movilidad en la planificación urbana incorporando criterios en la legislación urbanística.

La rutina actual de movilidad en nuestras ciudades se caracteriza por la expansión urbana desordenada y continua y la dependencia al vehículo particular, que suponen mayor consumo caótico de espacio y energía, lo que deja en evidencia la necesidad de alcanzar un transporte urbano estructurado, eficiente, y por supuesto menos dependiente de los combustibles fósiles. Ello supone disponer recursos e implementar medidas que hagan virar las tendencias hacia un modelo sustentable.

En ese sentido, las verdaderas mejoras de movilidad en una ciudad se sustentan en un Plan de Movilidad Urbana Sustentable, como instrumento de transición, planificada y coordinada, hacia mejores esquemas urbanos. Este constituye la base para definir las estrategias de movilidad sostenible de los municipios y la coordinación entre las instancias administrativas; fundamentales en el caso en que son varios municipios los que conforman el ámbito territorial de ciudad, con esquemas de movilidad interdependientes, integrándose como área urbana continua, como en el caso de la Región Metropolitana de Caracas. Siendo necesario un órgano superior que garantice la coherencia del Plan de Movilidad Urbano, con aquellos otros en las inmediaciones del entorno geográfico, así como con proyectos de diversa índole, que conlleven potenciales efectos sobre la movilidad.

En general, un Plan de Movilidad Urbana Sustentable debe tomar en cuenta medidas como: creación de corredores urbanos integrales de aceras y ciclorrutas, garantizando seguridad y continuidad; desarrollo de lineamientos de seguridad vial para la reducción de siniestralidad; distribución racional del espacio público urbano, entre los diversos actores, con prioridad a los modos no motorizados y al transporte público; facilidades de prioridad al transporte público; gestión eficiente de logística -carga y descarga de mercancías-; iniciativas para la reducción del consumo energético y la disminución de costos en infraestructura; entre otras.

Es fundamental como en todo plan que involucra a una ciudad, un marco de trabajo colaborativo, con el cual alcanzar previamente el consenso social, que garantice la participación de las comunidades involucradas en el ámbito territorial de la ciudad; el consenso político, que responda a la consecución de las metas y facilite la continuidad del plan más allá de los actores políticos de turno; el consenso técnico, que certifique la viabilidad técnica con la cual sea posible llevar a cabo las actuaciones previstas.

En los planes de transporte de épocas pasadas, quedaban excluidos de la planificación los viajes a pie, en bicicleta, y la diversidad de usuarios -particularmente los más vulnerables: niños, ancianos, discapacitados, mujeres embarazadas-. Para las próximas décadas habrá que superar esos vacíos con herramientas de planificación que consideren la diversidad de actores que habitan la ciudad, con su pluralidad de aspectos sociales, culturales, económicos y ambientales. Se vislumbra una dinámica urbana que demanda un Plan de Movilidad Urbana Sustentable para cada ciudad, con lo cual lograr sistemas de movilidad eficientes, centrados en los usuarios, mucho más humanos, amables, cercanos, accesibles, inclusivos, seguros, diseñados para todos los que aspiramos a vivir en mejores ciudades.

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