EN LA ALDEA

22 febrero 2024

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Negociaciones en México: un primer balance y perspectivas (y II Parte)

Como consecuencia de la debilidad estructural que aqueja al Gobierno interino, parece haberse impuesto una agenda en la que la oposición reduce sensiblemente sus objetivos fundamentales.

Algunos aspectos metodológicos acordados en la prenegociación

Ciudad de México fue elegida como sede de las negociaciones. A primera vista, se trata de la capital de un Estado culturalmente afín a Venezuela, reconocido por su tradicional política exterior de no intervención, así como también por su activa promoción de la paz en Centroamérica y el Caribe. Pero también un país cuya dirección política es hoy, ideológica y programáticamente, bastante afín al chavismo. Difícilmente pudiera haber sido de otro modo, considerando la posición de fuerza relativa con la que el chavismo llega a estas negociaciones.

Según se indica en el Memorando de Entendimiento, las negociaciones se desarrollarán en México según el principio de que “nada está acordado hasta que todo está acordado”. Empleada ya en el reciente proceso de paz en Colombia, esta fórmula estimula a las partes a ir asumiendo acuerdos que no acarrean un compromiso definitivo, pero que tras haberse avanzado en las negociaciones luego suelen ser políticamente más difíciles de sacrificar. Lo anterior no excluye, sin embargo, la posibilidad de alcanzar acuerdos paralelos sobre materias específicas a todo lo largo de la negociación principal.

“Mientras más abundantes y variados sean los mecanismos empleados por el chavismo para presionar a la oposición, más probable es que esta se conforme con magros resultados en las negociaciones”

Según comentó el gobierno mexicano en declaraciones a la prensa, el proceso de negociaciones arrancó inicialmente con la esperanza de llegar a acuerdos en el marco de unos 6 meses14, aunque sin por ello fijar una fecha tope. La realidad ha ido demostrando, entre tanto, que el proceso ameritará de mucho más tiempo si se pretende llegar a acuerdos sustanciales, tal como se verá a continuación.

2. La negociación propiamente dicha

Mientras las dos primeras rondas transcurrieron dentro de lo estipulado y llegaron a generar algún espacio para la esperanza, la tercera se desarrolló en medio de grandes polémicas, sin que desde entonces se hayan realizado nuevas rondas. A continuación, se resume la bitácora del Proceso de México desde su instalación el 13 de agosto hasta el 15 de noviembre de 2021.

Primera ronda (13-15 agosto): En esta ocasión se realizó el acto de instalación de la mesa de negociaciones en el Museo Antropológico de México, con participación destacada de Dag Nylander y de los jefes de las delegaciones de ambas partes, Jorge Rodríguez y Gerardo Blyde. Estos dieron a conocer y firmaron el Memorando de Entendimiento, documento que contiene todos los aspectos relevantes que fueron acordados durante la fase de prenegociación (detallados en la I Parte) y que establece los parámetros generales de la negociación. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, dio la bienvenida tanto a los negociadores venezolanos como a los miembros de la delegación noruega.

A pesar de todo, la instalación del acto se demoró ante las protestas del chavismo por la presencia de Carlos Vecchio (designado por Juan Guaidó como embajador del Gobierno interino ante los Estados Unidos), a quien la delegación de Maduro no reconoce como negociador legítimo. Este  hecho, junto a la circunstancia de que la denominación misma de “gobierno interino” quedara fuera del Memorando de Entendimiento, dio a entender que el chavismo sólo aceptó iniciar las negociaciones en México una vez que todo vestigio presente de dicha aspiración por parte de la oposición (la de que la presidencia legítima del país no estaba en manos de Maduro) hubiera sido al menos simbólicamente retirado de los diálogos.

“El chavismo concentra todas sus fuerzas en lograr el levantamiento de las sanciones foráneas y en obtener el reconocimiento pleno de su gobierno como el único legítimo en Venezuela”

Segunda ronda (3-6 septiembre): Al cerrarse la segunda ronda, ya de negociaciones propiamente dicha y en la que el recién liberado Freddy Guevara (desde el 11 de julio detenido por los cuerpos de seguridad del Estado venezolano) sustituyó a Carlos Vecchio como miembro de la delegación opositora15, las partes notificaron que habían llegado a “dos acuerdos parciales”. Uno de ellos tuvo que ver con “la ratificación y defensa de la soberanía de Venezuela sobre la Guayana Esequiba”, mientras que en el segundo, según palabras de Jorge Rodríguez, “las partes acordaron la necesidad de rescatar y recuperar los activos pertenecientes a Venezuela así como el dineros y riquezas que se encuentran en el exterior, necesarios para la recuperación económica en la pospandemia”. En teoría, los recursos así “rescatados” serían destinados para dotar hospitales y comprar vacunas contra la Covid-19.

Tiende a suceder que, en este tipo de procesos, las primeras sesiones sean dedicadas a plantear algunos temas más generales sobre los cuales es más factible alcanzar acuerdos. Esta no fue la excepción. No obstante, la delegación de Maduro fue clara al conminar al gobierno estadounidense a levantar las sanciones, y a pesar de que la foto publicada en Twitter por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega dejaba entrever formalidad y entendimiento entre las partes16, el propio presidente venezolano afirmó que “Estados Unidos se buscó un pelele, un imbécil, entrenado, para que hiciera de títere y buscara lo que ellos buscaba: el derrocamiento del gobierno, la destrucción de la revolución bolivariana, la colonización política de Venezuela”17.

Tercera ronda (25-28 septiembre): Esta ronda fue mucho más accidentada que las anteriores, básicamente porque el oficialismo llegó a ella con grandes recelos tras la creciente posibilidad de que dos personajes clave dentro del entramado del poder chavista, como son Hugo “El Pollo” Carvajal y Alex Saab, pudieran ser extraditados en breve a los EE.UU. Carvajal, quien fuera jefe de los servicios de espionaje e inteligencia de Hugo Chávez y acusado por los norteamericanos de participar en actividades de narcotráfico, blanqueo y cooperación con las FARC, fue detenido en Madrid el día 9 de septiembre18. Y aunque el proceso de extradición se encuentra de momento suspendido por tecnicismos legales, cabe destacar que la solicitud de asilo que Carvajal introdujo en España ya fue rechazada por la Audiencia Nacional de ese país.

Para esas fechas ya era también altamente probable que Alex Saab fuera extraditado por el gobierno de Cabo Verde, país donde permanecía detenido desde su captura el 13 de junio de 2020. Saab, ciudadano colombiano repentinamente designado como diplomático venezolano, no sería solo un testaferro del propio Nicolás Maduro, sino también el arquitecto del complejo esquema de operaciones financieras a través del cual el gobierno de Caracas ha intentado evadir las sanciones foráneas. Ante la posibilidad de su inminente deportación a territorio estadounidense, y ante el malestar que le generaron también al chavismo las palabras de la primera ministro de Noruega, Erna Solberg, empleó durante la Asamblea General de la ONU (refiriéndose al deterioro de la democracia y la violación de DD.HH. en Venezuela)19, la delegación oficialista en México se negó durante varias horas a comenzar la tercera ronda de negociaciones20.

“La oposición aspira, no ya a un cambio de régimen, sino a una normalización de la vida política bajo estándares algo más democráticos que le permitan una cierta convivencia en apego a la ley”

Tras las disculpas y aclaraciones del equipo noruego, el cual reiteró su “imparcialidad”21, finalmente se desarrolló una nueva sesión de diálogo que debía tratar lo relativo a una eventual reforma judicial, pero que en definitiva culminó sin acuerdos propiamente dichos y sin fijar fecha a una cuarta ronda de negociaciones. En su lugar, ambas delegaciones expresaron su rechazo por la masiva agresión sufrida en Iquique (norte de Chile) por migrantes venezolanos22 y se comprometieron a iniciar “sesiones de consulta con diversos actores políticos y sociales -nacionales e internacionales- para que se constituya cuanto antes un mecanismo de consulta y participación” con la sociedad civil23.

La fecha de la cuarta ronda de negociaciones fue anunciada por Noruega el 7 de octubre y pautada para los días 17-20 de ese mismo mes24. No obstante, y a pesar del notable conjunto de gestiones diplomáticas emprendidas por el chavismo, Saab fue finalmente extraditado a los EE.UU. el 16 de octubre25, situación que llevó a Maduro a tomar la decisión de suspender indefinidamente la participación de la delegación chavista en las rondas de México26 y a ejercer una represalia instantánea por la que nuevamente puso bajo custodia a seis ex directivos de la empresa petrolera Citgo, cuya liberación inmediata fue solicitada por el gobierno de Washington27. Por su parte, el día 1 noviembre los facilitadores noruegos se marcharon de México, ya que al parecer no esperaban que el proceso se reactivara antes de las elecciones convocadas para el 21 de noviembre en Venezuela28. Aparte del impacto que sobre las negociaciones puedan tener los resultados de los altamente polémicos comicios regionales, cabe también preguntarse por la influencia que pudiera tener la apertura, por parte de la Corte Penal Internacional, de una investigación29 al gobierno de Nicolás Maduro por presuntos crímenes de lesa humanidad durante la represión de las protestas ciudadanas de 2017.

3. Consideraciones analíticas y perspectivas de cara al futuro

Tras el análisis fundamentalmente descriptivo presentado en líneas anteriores, corresponde un último comentario de carácter valorativo y prospectivo. De entrada, cabe señalar que hoy no resulta fácil vislumbrar perspectivas favorables en torno a la posibilidad de que a través de esta negociación se pueda producir un cambio sustancial en las causas de la grave situación que vive Venezuela. Lo anterior no se debe única ni principalmente al hecho de que los procesos anteriores hayan fallado en este sentido (si bien esto también requiere ser considerado en la evaluación, ya que dicha recurrencia no es fortuita), sino principalmente porque el Proceso de México en sí mismo evidencia características que lo hacen difícilmente operativo en ese sentido.

En primer lugar, la asimetría de poder existente actualmente entre chavismo y oposición implica un desbalance en la negociación por el cual al primero se le hace cada vez menos necesario negociar, a no ser por el apoyo externo con el que cuenta la oposición. En este sentido, el planteamiento implícito de “sanciones por elecciones” que quedó plasmado en el Memorando de Entendimiento revela una debilidad básica en la posición negociadora de la oposición: su principal herramienta de negociación son las sanciones al chavismo, pero estas no están en sus manos, sino en las de los gobiernos extranjeros que las aplican. Esto quiere decir que la negociación realmente planteada incorpora a los gobiernos europeos, estadounidense y canadiense en calidad de negociadores, aunque esto no quede registrado formalmente, y que en definitiva los términos de un acuerdo negociado serán los que dichos gobiernos foráneos estén dispuestos a aceptar. Pero ello, a su vez, depende en buena medida de lo que países como Rusia o Cuba -con intereses y posiciones bien afianzadas en la cuestión venezolana- también estén dispuestos a conceder desde su posición de abierta defensa del chavismo.

“Hoy no resulta fácil vislumbrar perspectivas favorables en torno a la posibilidad de que a través de esta negociación se pueda producir un cambio sustancial en las causas de la grave situación que vive Venezuela”

El segundo factor que complica la consecución de resultados estables en esta negociación es la ausencia de una auténtica y bien estructurada “plataforma unitaria” en la oposición, cuyas fuerzas políticas resienten hoy más que nunca el peso de la intimidación, el hostigamiento judicial, la infiltración y la cooptación más o menos forzada por parte del chavismo, por no mencionar el peso de sus propias diatribas internas. Todo lo anterior impide a la oposición operar como un actor relativamente unitario en la mesa de negociaciones. Asimismo, la ausencia de elecciones dignas de tal nombre durante los últimos años complica severamente la capacidad de los partidos políticos de la oposición para representar y movilizar de forma eficaz a amplios sectores de la población venezolana. Como consecuencia, esta situación los lleva a menudo a operar en desconexión con las principales demandas populares, situación que seguramente incide en la ausencia tácita o explícita que se aprecia -en el Memorando de Entendimiento- de algunos temas que son de vital importancia para la ciudadanía en Venezuela.

Como consecuencia de lo anterior, mientras el chavismo concentra todas sus fuerzas en lograr el levantamiento de las sanciones foráneas y en obtener el reconocimiento pleno de su gobierno como el único legítimo en Venezuela, la oposición aspira, no ya a un cambio de régimen (tal como propugnaba la fórmula “cese de la usurpación / gobierno de transición / elecciones libres”), sino a una normalización de la vida política bajo estándares algo más democráticos que le permitan, en primer lugar, una cierta convivencia en apego a la ley, y en segundo lugar, un eventual -y aparentemente lejano en el tiempo- cambio de gobierno por vía pacífica y electoral. Mientras más abundantes y variados sean los mecanismos empleados por el chavismo para presionar a la oposición, más probable es que esta se conforme con magros resultados en las negociaciones. No obstante, la línea final de las concesiones que la oposición pueda hacer depende directamente de lo que los gobiernos foráneos, y sobre todo los Estados Unidos, estén dispuestos a aceptar en un acuerdo negociado. Pero si los norteamericanos y europeos relajan sensiblemente las sanciones, se daría la paradoja de que los incentivos del chavismo para cumplir los acuerdos también tenderán a reducirse.

De este modo, todo apunta a que, como mucho, y siempre y cuando no se produzca un previo descalabro o fractura de la coalición chavista, los eventuales a acuerdos que se podrían alcanzar en México sean acuerdos de mínimos, en donde ciertas sanciones se flexibilicen a cambio de que el chavismo ofrezca algunas garantías de convivencia política a la oposición. Mientras tanto, lo más probable es que las dinámicas profundas que han conducido al notable deterioro de Venezuela en las últimas décadas permanezcan esencialmente intactas y ajenas a los términos de un acuerdo negociado.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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