En la aldea
28 mayo 2024

El humor debilita el poder del hambre y desnuda la tiranía (I Parte)

“El sistema ha despojado a la madre de su histórica y vívida protección (…) se huye porque el hambre sin solución es muerte”. Venezuela hoy es un país sin opciones, donde la destrucción del aparato productivo es la mejor muestra del dominio autoritario que ejerce el poder sobre una población hambrienta. “El humor está presente en la familia y en la comunidad, lejos de la ingenuidad y cerca de la potencia transformadora, que reconoce debilidad y fortaleza (…) poder reírse de la desgracia es quitarle el poder a quien la produce”.

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Mirla Pérez | 03 febrero 2022

El humor es la explicitación de la inconformidad que va más allá del malestar. El hambre es dolor, es vacío, es impotencia. Sobre todo, incapacidad de resolver. Genera frustración porque es un fenómeno personalísimo. Esto tiene una particular interpretación cuando la persona que lo padece es la madre y no tiene el poder de controlarlo.

La madre venezolana no puede contener el hambre que pasa su hijo, no puede garantizarle seguridad, no tiene nada que ofrecerle porque se le fue arrebatado. Esto tiene un peso increíble en una cultura matricentrada, porque el sistema ha despojado a la madre de su histórica y vívida protección.

El hambre se solventa o se huye de ella. Para solucionarla se necesita trabajo, instituciones, movilidad, dinero. Hay maneras de enfrentarla sin que implique solución definitiva, sino paliativas. En el otro extremo está la huida. Se huye porque el hambre sin solución es muerte, son pocas las alternativas que tiene la población, en el caso venezolano, vemos cómo la migración y el desplazamiento forzoso es un medio de escape.

“¿Qué proteínas puede haber en un plato que se prepara con un octavo de pollo para cinco o seis comensales?”

Es común escuchar a una madre decir: “Mi hijo tuvo que irse del país y no pude hacer nada, aquí no tengo alternativas que ofrecerle”. ¡Nada! La nada es la ausencia absoluta de garantías y posibilidades económicas, de inversión, trabajo, propiedad. Esto es Venezuela, un país sin opciones, situación compleja, destrucción del aparato productivo y un régimen autoritario ejerciendo el dominio total de la población.

Por un lado, hambre, por el otro, imposibilidad económica de resolver y un sistema político sacando provecho de la situación para mantenerse en el poder. Mientras menos autonomía tenga el sujeto, mayor posibilidad de dominación tiene el sistema. Esto puedo decirlo desde las referencias teóricas, desde las referencias totalitarias en el mundo o desde nuestras propias vivencias. Elijo esta última.

Me valdré de la narrativa popular a propósito de una investigación reciente que realizamos en ocho estados, sobre la Emergencia Humanitaria Compleja en Venezuela. Tomaré el relato vivencial para dimensionar los tres elementos que estoy trabajando: El hambre, la dominación y el humor.

“¿Puede el humor impulsar la política en un sistema totalitario?, ¿serán los políticos capaces de ver su potencia?”

Nos dice Carmen*: “Mucha gente se queda esperando la caja CLAP porque le resuelve, le resuelve…”. Un resuelve, en criollo, es una solución transitoria, efímera, de la que no puedes tener control. Resolver el instante, eso es el CLAP; su solventar depende de otro, por tanto, no es seguro ni por la frecuencia ni por la cantidad de alimentos ni sus contenidos proteicos.

La incertidumbre en la alimentación es muy conveniente a los sistemas totalitarios. Controlan el satisfactor al tiempo que manipulan la necesidad. Un principio básico, “una particularidad de muchos regímenes comunistas: la utilización sistemática del arma del hambre”. Stéphane Courtois, El libro negro del Comunismo.

Estas narraciones estremecen el alma:

Hambre hemos pasado, en mi situación sí, por lo menos yo, como ella, pues. Pero los niños es lo primordial… Entonces sí, de que hemos pasado hambre, sí hemos pasado, claro que sí”.

Lo dice Luisa* con tristeza y convicción:

Sí hay niños con hambre que los papás no trabajan, no tienen trabajo. Y sí hay, descalzos, desnudos, falta de alimentación. Hay muchos niños abandonados, muchos niños”.

Desde la dominación se buscan las mejores condiciones para someter. Estas son directamente proporcionales al grado de indefensión de la persona, entre más vulnerables mejor. El hambre, la inmovilidad, el aislamiento, el miedo que se produce al tener la percepción de ser una población vigilada.

Es común encontrar la sensación de estar acorralados por el “gobierno”, pero vemos que hay una búsqueda permanente de ser libres. Al no haber opciones políticas se buscan las salidas individuales y/o familiares, entre ellas la migración, única opción que los puede llevar a otro lugar y condiciones.

“El talante del venezolano le conduce al humor, no a la humillación o la obediencia”

La política dejó de ser una opción, no hay sintonía entre el liderazgo y el pueblo. Un movimiento autónomo de la ciudadanía y las comunidades es el camino más largo que nos llevará a la libertad. Acá solo hay resistencia.

En este clima, en esta permanente tensión está el venezolano, sufrimiento y lucha. Más que trabajo (al que no se le tiene miedo) es el esfuerzo infructífero, el consumo de mucha energía sin lograr resolver lo estructural. Esa es la cotidianidad del venezolano: esfuerzo, cansancio, angustia, hambre, brega, es admirable que en medio de todas esas experiencias límites, de ese “torbellino de emociones”, todavía podamos reírnos. El talante del venezolano le conduce al humor, no a la humillación o la obediencia. La base del sentido del humor es la posibilidad siempre abierta a la resiliencia, reconocer lo terrible y hacer un chiste de eso:

Para sobrevivir y para que ese sobrevivir no se vea como eso, sino que tú le veas como el chiste a la cosa, y bueno, seguir adelante”, -cuenta María*.

Poder reírse de la desgracia es quitarle el poder a quien la produce. Por ejemplo, en Maracaibo se ha pasado mucha hambre, se ha vivido en la última década al límite de las posibilidades y de eso se ríen, se le “saca un chite a la cosa”, ante la incapacidad de comer proteínas, se juega con la situación límite: “… tiene que amarrar al pollo con una cabuya…” para poderlo usar otra vez. Es una metáfora para decir que el pollo solo sirve para dar gusto, no se consume proteínas cuando se ingiere, ¿qué proteínas puede haber en un plato que se prepara con un octavo de pollo para cinco o seis comensales? Esta es la descripción de cómo lo hacen:

“Al no haber opciones políticas se buscan las salidas individuales y/o familiares, entre ellas la migración, única opción que los puede llevar a otro lugar y condiciones”

“… la mitad de la pechuga, no crea, yo pico la mitad de la pechuga, entonces la otra mitad la voy desmechando, la otra la guardo, y así. Entonces la rindo, que si papita, que si tengo zanahoria, pa’ que rinda, mi hijo me dice: ‘Mami, esto tiene más zanahoria que pollo’, ¿cómo hago si tengo que rendirlo?”.

El humor puede tener límites, pero sale siempre, es una posibilidad de reírse de las propias desgracias, hasta que se produce el quiebre:

A veces me deprimo, me deprimo porque yo me veo en el espejo y digo ¡Dios mío, no puede ser!”.

Caer en cuenta de la impotencia, saber que no es un problema de voluntad, sino que simplemente no se puede, se cierran las posibilidades, eso puede llevar a la depresión. Por eso la persona valora el humor, es una estrategia para no caer, da el respiro para mantenerse en la lucha

No se trata de comedia ni de humoristas, sino del humor en la vida cotidiana. Destaco su importancia en lo ordinario y en lo extraordinario, por esta razón la interpretación de Umberto Eco es oportuna: “Lo cómico y el humorismo son la forma en la que el hombre intenta hacer aceptable la idea insoportable de la propia muerte o de urdir la única venganza que le resulta posible contra el destino o los dioses que lo quieren mortal”.

Sobre todo, el humor es desobediencia al fatalismo, insubordinación a quien nos somete a la muerte anticipada: El tirano.

El sentido del humor transforma el fondo de la tragedia, no la evade, la enfrenta con fuerza quitándole el poder de dominio. El humor está presente en la familia y en la comunidad, lejos de la ingenuidad y cerca de la potencia transformadora, que reconoce debilidad y fortaleza. ¿Puede el humor impulsar la política en un sistema totalitario?, ¿serán los políticos capaces de ver su potencia? Nos vemos en el próximo artículo.

*Los nombres en los testimonios son ficticios para proteger su identidad.

*Profesora Titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora del Centro de Investigaciones Populares.

@mirlamargarita

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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