En la aldea
20 mayo 2024

Donbass (2018). Film capitular sobre la realidad de la guerra en un territorio en conflicto (Fotografía: Pyramid International).

🎥 Sergei Loznitsa: la memoria de Ucrania

El cine que nos presenta este cineasta nacido en Ucrania es todo menos condescendiente. Una mirada a un mundo que pese a los años transcurridos, sigue oculto tras un muro, una niebla permanente, una cortina invisible. Un viaje que desnuda la crueldad, el terror, la injusticia, la mentira, la tortura, el abuso, la violencia. Sergei Loznitsa sacude a los espectadores para que salgan de la zona de confort, aquella que no siempre permite ver la realidad de la guerra, la política, y el caos.

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Robert Andrés Gómez | 25 marzo 2022

Sergei Loznitsa (5 de septiembre de 1964) nació en Baranavichi, una ciudad en el centro occidental de Bielorrusia. A una distancia equidistante de las fronteras de Lituania, Polonia y Ucrania. Entonces, la Unión Soviética y la Guerra Fría eran una realidad tan aprehensible como el Muro de Berlín. Mientras el hombre se preparaba para dar su gran paso estelar -conquistar la Luna-, Loznitsa se preparaba para dar el suyo. Junto a su familia dejó Bielorrusia y se instaló en Kiev, la capital de Ucrania, que se convertiría en su hogar, su nación, su realidad. En contraprestación, él pasaría a ser uno de sus realizadores más representativos. Un creador comprometido con diseccionar su memoria.

Consciente de haber nacido en medio de un polvorín político, el futuro matemático y cibernético especializado en Inteligencia Artificial terminó abrazando el Cine como su carrera definitiva. Un cine atravesado de principio a fin por los conflictos políticos que surcan Europa del Este y ese vasto territorio que hoy arde como el epicentro de un probable incendio global, pero que no ha dejado de sangrar por largo tiempo.

Por mucho que se niegue, la guerra en Ucrania no comenzó hace un mes. Primero fue la adhesión de Crimea -tras la caída de Víktor Yanúkovich por abandono de sus funciones constitucionales-, y casi de inmediato la Guerra del Donbass, para nada una reunión de amigos amistosos sentados en torno a una hoguera, sino de una avanzada atroz cuyo incendio aún persiste. De un enemigo que se empeña en negar la existencia de una nación.

“Un enemigo que se empeña en negar la existencia de una nación”

La filmografía de Loznitsa está plagada de documentales. Relatos y retratos monumentales que recuperan historias pequeñas y hechos olvidados, sepultados por el tiempo, la nieve, la memoria. Su cámara sigue a un grupo de campesinos en sus labores (La vida en otoño, 1998); o compartiendo en silencio sus existencias (Retrato, 2002); o a los obreros de una fábrica (Fábrica, 2004); a los pasajeros que esperan un autobús (Paisaje, 2003); o a los viajantes durmientes en una estación de tren (Parada de tren, 2000).

Pero su cine también hurga entre archivos y catacumbas de la memoria, en metraje encontrado o poco visto que se hila intentando develar los secretos de un laberinto de sucesos complejos. Una sucesión de imágenes que permiten recuperar capítulos del genocidio nazi en Leningrado (Bloqueo, 2006); el poder de la propaganda soviética (Mal de archivo, 2008); las manifestaciones nacionalistas en un momento crítico y definitivo para Ucrania (Maidan, 2014); un registro inusual de un golpe de Estado en el seno moscovita (El evento, 2015); el relato de una culpabilidad fabricada (El juicio, 2018); o el aterrador holocausto judío en tierras ucranianas a manos de los nazis (Babi Yar, Context (2021).

Documental en un sentido menos ortodoxo, con una envolvente, inmersita capacidad narrativa, sus largometrajes de ficción construyen un tramo que parecen pendular entre el absurdo y la aplastante contundencia. MyJoy (2010), En la niebla (2012), La sumisa (2017) y Donbass (2018), en relatos permeados por el bruto espíritu de Dostoyevski pero también en el absurdo extremo. Un viaje que desnuda la crueldad, el terror, la injusticia, la mentira, la tortura, el abuso, la violencia. De la guerra, la política, el caos.

La cámara del realizador se transforma en testigo y comparte ese lugar con el espectador. Como los fantasmas de Dickens guiando al incrédulo Scrooge, su cámara se convierte en un lazarillo que silenciosamente cede el lugar a ese observador resistente que pronto comienza a padecer aquello que contempla. El cine de Loznitsa es todo menos condescendiente. Una mirada a un mundo que pese a los años transcurridos, sigue oculto tras un muro, una niebla permanente, una cortina invisible. Cortina que el realizador descorre para sacudir la zona de confort de los espectadores, del mundo en realidad, adormecido por aquello que pensó conquistado y superado. De un mundo que decidió nublar su memoria, sepultar sus recuerdos.

*La fotografía y el video fueron facilitados por el autor, Robert Andrés Gómez, al editor de La Gran Aldea.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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