En la aldea
21 julio 2024

“Solo el poder importa y se ejerce desde el
sometimiento. Nos quieren sin memoria y sin posibilidad de proyectar nuestro futuro”.

Memoria de la libertad, punto de conexión entre pasado y futuro

“El tiempo presente es una línea continua, sucesión de eventos que no permiten la normalidad”. La autora pone en contexto lo que ha significado estos años de “revolución” para los venezolanos. La inseguridad en todos los ámbitos que condiciona la vida de la gente para “mantenernos en zozobra, en la indeterminación, en la ausencia de todo límite, en la coacción y sin garantía derivada del derecho”. Mientras, para la mayoría de los venezolanos “la memoria democrática se identifica con la autonomía y la libertad, como práctica que hizo cultura, y que sigue marcando el acontecimiento popular de la resistencia diaria”.

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Mirla Pérez | 16 junio 2022

Vivir en un sistema de dominación es hacerlo desde la lucha constante, intentar a toda costa evitar ser arropado por las fuerzas que logren anularte o eliminarte como sujeto y como persona. El sometimiento es avasallante, impúdico, abrasivo, no se detiene por su cuenta, el límite no tiene lugar desde su naturaleza. El tiempo presente es una línea continua, sucesión de eventos que no permiten la normalidad, se vive al modo delincuencial, fuera de toda norma, tal como lo interpretamos en el texto “Y salimos a matar gente” (Moreno, Pérez, et al.):

Respeto es, pues, no estar sometido por nadie y ejercer sometimiento sobre los demás. Esto es lo que le seduce y es el lugar social y personal en el que decide instalarse como manera de ejercer su vida. La violencia sin sometimiento a ninguna norma ni a ningún límite es el instrumento esencial, tan esencial que se convierte de alguna manera en parte constitutiva de él mismo…”.

Este mecanismo propiamente delincuencial es, al mismo tiempo, político, se trata de uno de los modos que tiene el sistema para mantenernos en zozobra, en la indeterminación, en la ausencia de todo límite, en la coacción y sin garantía derivada del derecho.

Un presente continuo delincuencial no está en el tiempo de la vida; está en el tiempo de la delincuencia. Vive un sentido del tiempo, de su historia, concentrado en el momento presente, sin sucesión, sin períodos de tiempo discreto. Por eso, da la impresión de que va para adelante y para atrás, en que todo es vivido como presente. El momento no tiene relación orgánica con el todo. El antes y el después no importan, importa la fuerza del hecho, del acontecimiento en cuanto tal, la hazaña” (Moreno, Pérez, et al.).

El tiempo, el poder, la arbitrariedad de la Revolución “bolivariana” comparte el mismo sentido de la temporalidad delincuencial, su fuerza está en el aquí y el ahora, sin pasado ni futuro, solo el acontecimiento actual es lo importante y la hazaña de mantenerse vivos, en pie, sin perder el poder. Solo el poder importa y se ejerce desde el sometimiento. Nos quieren sin memoria y sin posibilidad de proyectar nuestro futuro, en esa especie de presente continuo delincuencial. La dominación se ejerce al modo malandro, imponiendo mundo, prácticas y pensamiento o, por lo menos, regulación de conductas que se acoplen al modo revolucionario concebido y proyectado.

“La cultura es costumbre, es repetición, es practica constante, si se nos impide estar en ese devenir la vida se torna insegura e indeterminada, a eso juegan los regímenes tiránicos, totalitarios, a bloquear toda autonomía”

Citaré, a continuación, el discurso del propio sistema, propongo que lo veamos a la luz de la indeterminación delincuencial, de modo que podamos ver cómo convergen práctica, vida y discurso: “No somos el ejercicio de una gestión de gobierno. Somos un proceso revolucionario. En ello la transformación del Estado… no es simplemente un problema de “gestión”. Es la reconfiguración popular del Estado, haciendo del gobierno de calle, en sus distintas escalas sistémicas, un proceso constituyente para edificar el nuevo Estado popular, comunal, soberano”. Destaco dos ideas centrales que presenta este documento, plan de la patria 2019-2025, el reconocimiento de estar fuera de toda norma, en un proceso claramente subversivo, en el sentido que se niegan como Gobierno y se identifican como proceso constituyente. Ambas concepciones están fuera de los acuerdos, de la ley y el orden constitucional, lo verdaderamente importante es la fuerza de los hechos que le sostienen en el poder. Un poder fáctico, no consensuado, sostenido en la fuerza y en la determinación de constituir un Estado paralelo que va sustituyendo lentamente el orden establecido. Eso es el Estado comunal.

Al igual que la forma-de-vida delincuencial, este sistema se sostiene en una lógica. Su lógica disruptiva del orden y la norma, del derecho y las garantías. De modo que nos es muy útil echar mano de esta noción que nos ayudará a comprender la naturaleza del proyecto al que nos enfrentamos o, mejor, el que ejerce dominio sobre nosotros, así pues, lo cito en extenso:

La forma-de-vida, por tanto, constituye una totalidad práxica, vivencial, conceptual, incluso semántica en cuanto que es una manera de dar significado al mundo que viven los sujetos, un modo de existencia, un estilo vital, un sistema concreto de condiciones de vida, una forma de interactuar en la sociedad, una manera de hacer, una actualidad y posibilidad de ser, el discurrir de un proceso en el tiempo. No es un accidente en una vida sino una estructura que forma totalmente una vida. Hemos encontrado, pues, que la violencia delincuencial no es un conjunto inarmónico ni una sucesión inconexa de conductas y acciones sino toda una forma-de-vida que se desarrolla y se despliega en el tiempo como historia, como la historia-de-vida de los delincuentes violentos” (Moreno, Pérez, et al.).

Se trata de un grupo cerrado ejerciendo dominación sobre la sociedad, notemos que se trata de una totalidad con estructura propia, con poderes internos, con fuerzas que dominan bajo una lógica, práctica, pensamiento, ideología, razón. No son locos ni irracionales, se mantienen a expensas de nuestra indeterminación y la coacción que en consecuencia puedan ejercer.

“Quienes vivimos en este tipo de sistema sabemos que no podemos estar seguros nunca, no hay rutina, los lugares que frecuentamos son efímeros”

La lógica de la revolución soviética va por ese camino, quiero que resuene la palabra revolución sea soviética, bolivariana o cubana.

El poder de los soviets ha actuado como tendrían que haber actuado todas las revoluciones proletarias: ha destrozado claramente la justicia burguesa, instrumento de las clases dominantes. Los soldados y los obreros deben comprender que nadie los ayudará si no se ayudan a sí mismos. Si las masas no se levantan espontáneamente, no llegaremos a nada. (…) ¡A menos que apliquemos el terror a los especuladores -una bala en la cabeza en el momento- no llegaremos a nada!”, cita de Lenin hecha por Stephane Courtois en El libro negro del comunismo.

Un sistema que va contra toda norma, lo que persigue es la destrucción, consecuente con la idea revolucionaria y, al mismo tiempo, delincuencial. Toda referencia organizacional, institucional, cultural debe dar paso al nuevo hombre, a la nueva clase, a la nueva estructura. Quienes vivimos en este tipo de sistema sabemos que no podemos estar seguros nunca, no hay rutina, los lugares que frecuentamos son efímeros, los productos que compramos pueden escasear, los lugares donde los compramos pueden desaparecer, quiebras y rotación de negocios con gran facilidad porque estamos en medio de una economía inestable.

La cultura es costumbre, es repetición, es practica constante, si se nos impide estar en ese devenir la vida se torna insegura e indeterminada, a eso juegan los regímenes tiránicos, totalitarios, a bloquear toda autonomía.

Saliendo de la revolución nos centramos en la cultura raíz de la memoria

Hace algún tiempo, en el 2009, ya Hugo Chávez tenía varios años en el poder, tomé la historia de estas dos personas, Andrés Pérez, quien nació el año 1928 (todavía vive) y a Mario Pérez que nació el año 1936 (ya murió); por separado ambos contaron su historia, hoy citaré un fragmento de cada historia que nos permite reencontrarnos con la memoria y la historia de quienes han vivido este país desde lo ordinario y lo común de la cultura.

“… yo nací en 1928 vengo desde Gómez, ¿no? Y desde Gómez para acá, he transitao… he visto transitar, este… uno, dos, tres, cuatro… diez gobiernos más o menos. Bueno…, comenzando por Gómez, un desastre ¿no? Después te vino López Contreras, ahí fue donde comenzó la democracia ¿no?, la democracia ¿no?; por eso es que yo digo: estoy en la democracia, porque yo no he dicho nunca Chávez Frías, pero… un embustero pues, para mí es un embustero porque no cumple lo que dice, él tiene ocho años mandando ¿qué le falta a él para igualar a Pérez Jiménez? Te pregunto yo” (Andrés Pérez).

Ya en tiempo de Chávez, este señor supo diferenciar entre la democracia y la mentira del autócrata, lo hizo a partir de lo vivido. Andrés no estudió, apenas sabe leer, pero ha vivido una larga historia en la que se ha producido, también, una consistente memoria. La memoria, las convicciones, prácticas y creencias fueron el punto de partida del juicio y la valoración del pasado y el presente.

“Los productos que compramos pueden escasear, los lugares donde los compramos pueden desaparecer, quiebras y rotación de negocios con gran facilidad porque estamos en medio de una economía inestable”

Situados en la memoria precisemos unos años después de Eleazar López Contreras, con Rómulo Betancourt, tal como lo dice Mario Pérez, quien con precisión ubica el acontecimiento, pasadas ya varias décadas:

Cerró la campaña de Betancourt y fundaron el partido, el PDN ¿no? Que después se llamó Acción Democrática y yo recuerdo que… yo leí unos libros que le daban a uno, o sea, de lo que era la tesis del PDN, Acción Democrática, que era una bella, esto… una bella… mejor dicho, una filosofía muy bonita, los llamaban el partido de los alpargatúos, o sea, el partido del pueblo, el partido de los alpargatúos, el partido de los coticeros, eso era lo que se decía cuando Betancourt… y a mí no se me olvida eso ¿no? Que uno tenía centrao la atención en Betancourt, a… a…, claro, haber tumbao una dictadura porque Acción Democrática contribuyó con eso…”.

Dos interpretaciones del mundo, el venezolano popular siempre ha estado centrado en la interpretación de su mundo, los acontecimientos políticos y sus significados han sido siempre interpretados por las comunidades y su gente, una impronta que las élites, al parecer, no se han dado por enteradas porque los prejuicios han tenido más valor que las múltiples prácticas y comprensión de los que no tienen poder.

“No son locos ni irracionales, se mantienen a expensas de nuestra indeterminación y la coacción que en consecuencia puedan ejercer”

Destaco la importancia de la memoria, pasado, y las posibilidades de proyectar el futuro. ¿Qué hay en el pasado?, ¿dónde se ancla la memoria de nuestras comunidades? En las prácticas de la democracia, en el liderazgo que con éxito o sin él, produjo vías de comunicación. La memoria democrática se identifica con la autonomía y la libertad, como práctica que hizo cultura, y que sigue marcando el acontecimiento popular de la resistencia diaria. En un estudio reciente hemos encontrado que el 94% de la población prefiere resolver la alimentación por su cuenta, de modo autónomo, sin depender de los CLAP.

Esto lo hemos encontrado en un nuevo estudio que elaboramos en el Centro de Investigaciones Populares a nivel nacional, en el marco de un Observatorio de las Dinámicas Socio-comunitarias que pondremos a la disposición de la opinión pública, organizaciones comunitarias, ONG, etc. La cifra es muy alentadora, a pesar de la propaganda y de los distintos mecanismos de dominación; nuestra gente, nuestras comunidades, siguen centradas en la libre determinación y en la autonomía que les permite el desarrollo de la vida a partir de sus propias condiciones y no bajo la dependencia. El futuro podrá ser escrito porque tenemos memoria.

*Profesora Titular de la Universidad Central de Venezuela. Investigadora del Centro de Investigaciones Populares.
@mirlamargarita

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