En la aldea
14 junio 2024

Condenado previamente por la opinión pública, Ernesto Pérez (Michael Pink) deja su destino en manos de Richard Schlesinger (Peter Kurth). (Fotografía: Moovie – the art of entertainment).

🎥Las trampas del relato

Las callejuelas de la plácida Otter, en Alemania, se ensombrecen a cada giro de luz que la investigación arroja sobre los hechos. Como en la lejana Salem, la pequeña ciudad se convierte en lugar donde los dedos acusan, con insistencia y sin detenerse a pensar en la condición de los acusados, sino en el bien final. Una historia real que nuevamente cobra vida en una trama llena de suspenso donde se enfrentan los valores de la Justicia, Ética, Moral, Culpa y Castigo. “La acusación”, tendrá de testigos a los espectadores que también podrán estar en el banquillo de los acusados.

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Robert Andrés Gómez | 08 julio 2022

No son pocos los hechos que signan la historia de una sociedad a lo largo de su historia. Hechos que, dada su trascendencia, terminan convirtiéndose en parte del relato de la humanidad. Incorporados a las referencias sociales, culturales y políticas como llamado  inequívoco de lo bueno y lo malo. Referencias directas y/o simbólicas sobre la libertad, la fraternidad, la solidaridad, la verdad, la mentira, la justicia y más.

Durante la década de los ‘50, un manto oscuro cubrió la geografía social, política y cultural de Estados Unidos. El senador Joseph McCarthy encabezó una cruzada para perseguir a todo aquel sospechoso de portar las banderas comunistas. La cacería de brujas que se desató entonces llevó a Arthur Miller (1930-2005), -uno de los tantos señalados con el dedo inquisidor del macartismo-, y de Elia Kazán a responder con la fuerza de toda su capacidad creativa e intelectual. Recorrió el pasado de su nación y se instaló en el Salem, Massachusetts, de 1692, cuando el dedo de Abigail Williams condenó a John Proctor a ser juzgado por brujería. La histeria, los delirios, gritos y deseos, las alegaciones infundadas y el miedo infringido sobre los otros se tradujeron en la ejecución de Proctor, un granjero y tabernero de aquél hoy célebre lugar y otras 18 personas -su mujer entre ellos-, en la hoguera.

El fuego de aquella pira humana, el calor y la luz se sintieron entonces de costa a costa en la década oscurantista americana y se sienten cada tanto desde entonces. Pasado el macartismo, a la fecha el dedo de Abigail y sus relatos han encontrado cobijo en la red y a una hydra que como nunca ha generado una cabeza tras otra, una furia tras otra, un delirio tras otro. El “yo acuso” se ha convertido en uno de los mantras sin responsabilidad alguna; mientras el pozo mediático se nutre de él para conseguir sus constantes “me gusta” y hacer guiños a sus audiencias, en un bucle constante de representación informativa.

“Como Miller, von Schirach sienta a la sociedad en el banquillo, ubicándola en el centro del problema. Una sociedad que ha perdido el rumbo, dejándose arrastrar por el relato. Una narrativa complaciente y destinada a exculpar su conciencia”

La tendencia inicial durante el trasvase de los medios tradicionales a los medios digitales abogaba por ir allí donde se encontraba la audiencia, a decir: las redes sociales. Ya miembros de esa comunidad, gran parte de ello pasa por dar a la audiencia aquello que desee, sin mirada crítica ni distancia. Asumir su voz y su reclamo, por irracional que sea, por hedonista que sea.

En Alemania, el abogado y escritor Ferdinand von Schirach (Múnich, 1964), ha tomado el testigo de Miller. Jurista de formación y escritor con vocación de filósofo, desgrana en sus relatos e historias los conceptos de Justicia, Ética, Moral, Culpa y Castigo por decir lo menos. Sus héroes, abogados en horas bajas y otros que no tanto, surfean las olas de la popularidad y se aferran a la tabla del estricto ejercicio de la Ley. Alcohólicos o no, defenestrados o no, solitarios o no, sus personajes como buenos antihéroes, avanzan a contracorriente de las voces que controlan el relato social.

El ADN familiar, la formación y su derrotero profesional suman a esa visión crítica que el autor profesa en sus obras. Nieto del jefe de las Juventudes Hitlerianas (Baldur von Schirach) y bisnieto de una mujer cuya historia se remonta a los padres fundadores estadounidenses; el autor firma dos libros de cuentos basados en su experiencia profesional: Crimen y Culpa. Un díptico que parece sostener en esa forma adaptaciones para la televisión como Enemigos: El abogado y Enemigos: El comisario. Letrado y policía enfrentados entre lo justo y lo correcto. Un dilema que, por mucho que lo parezca, no son lo mismo.

Peter Kurth y Narges Rashidi, dueños de la nueva ficción de Ferdinand von Schirach (Fotografía: Moovie - the art of entertainment).
Peter Kurth y Narges Rashidi, dueños de la nueva ficción de Ferdinand von Schirach (Fotografía: Moovie – the art of entertainment).

La acusación (Glaube. Alemania, 2021) es la más reciente aportación del escritor a la ficción televisiva, también su primera incursión directa como guionista de la mismas. Producida por Moovie – the art of entertainment; la serie de seis episodios en los que se asoma una primera temporada, vuelve -como la mayoría de sus relatos-, sobre un hecho real: Los juicios de Worms, que involucraron, entre 1994 y 1997, a 25 personas acusadas de formar parte de una red de pornografía infantil; von Schirach emula a Miller partiendo de ese episodio para ubicarse ya no en el pasado, sino en el presente, donde la presión mediática y digital, influye en la Fiscalía y en la orientación de la acusación.

Forjado de pruebas, ocultación de otras, conforman un caso donde los involucrados llevan las de perder, lejos de un juicio justo; pero sí consecuente con el juicio y el clamor de la calle. Esta vez, no es la policía quien tuerce la evidencia para conseguir un fallo a favor de lo correcto; sino el Estado, arrastrado por el imperativo moral y la presión digital. Por los gritos que llegan desde el Coliseo clamando irracionalmente por el castigo absoluto. Peter Kurth (Good Bye Lenin!, Babylon Berlin) es Richard Schlesinger, un abogado viudo, adicto al juego, atormentado por el resultado de un caso que ganó en el pasado, y también por la pérdida de su esposa. Un letrado en horas bajas que, sin embargo, no ha perdido su fe en la justicia. Así, acepta el encargo de Azra (Narges Rashidi) asesina a sueldo quien le anima a tomar el caso en Worms, -aquí contextualizado en la ciudad de Otter-. Detrás de ello, una pregunta y una cuenta no saldada con el pasado.

La de Azra es una petición irrenunciable. La aceptación de Schlesinger es cónsona con la solidaridad que ella le ha prestado, pero por sobre todo de fe. Fe en la justicia. El abogado no está dispuesto a traspasar ningún tipo de línea roja, sino profundizar en la investigación no realizada. Revisar a cada palmo, cada recodo de lo antes hecho, tanto como cada palmo de la pequeña ciudad que ha sido el espacio de la atrocidad denunciada. Lo que sigue es ante todo un drama. Un drama que se emana de las convenciones del thriller y también del policial en algunas de sus partes. Pero esencialmente es un drama legal y más aún un drama sobre las ideas. Y no, no es para nada un ejercicio de tedio audiovisual.

A la fecha, podría decirse que es el trabajo más oscuro realizado por von Schirach, aquí acompañado del buen hacer del realizador Daniel Prochaska, curtido en las entrañas de la televisión alemana y austríaca. Pero también por las interpretaciones de Peter Kurt y Narges Rashidi y aquello que representan. En el caso del primero, que se convierta en un guardián de la justicia y el Estado de Derecho no sorprende. Acaso sí el ejercicio de la reflexión, de las ideas, subversivas en el marco de una cruzada populista. No obstante, resulta curioso el rol y valor que el autor da al personaje de Azra, asesina a sueldo, infalible, que aquí se convierte en el brazo ejecutor de la moral.

El viaje que comparte el espectador es comedido a ratos, a momentos salvaje, en otro indignante, alguno oscuro, tenebroso. Las callejuelas de la plácida Otter se ensombrecen a cada giro de luz que la investigación del letrado arroja sobre los hechos. Como en la lejana Salem, la pequeña ciudad se convierte en lugar donde los dedos acusan. Acusan con insistencia sin detenerse a pensar en la condición de los acusados, sino en el bien final.

Como Miller, von Schirach sienta a la sociedad en el banquillo, ubicándola en el centro del problema. Una sociedad que ha perdido el rumbo, dejándose arrastrar por el relato. Una narrativa complaciente y destinada a exculpar su conciencia.

Tráiler de “La acusación” (Moovie – the art of entertainment).

*Las fotografías y el video fueron facilitados por el autor, Robert Andrés Gómez, al editor de La Gran Aldea.

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