EN LA ALDEA

24 febrero 2024

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Someter y ser sometido, la dialéctica de la violencia

A lo largo de todos estos años de estudio, hemos logrado hacer, desde el Centro de Investigaciones Populares, una caracterización socio-cultural del delincuente venezolano, a partir de un estudio biográfico de 15 sujetos inmersos en esta práctica. De ahí hemos encontrados varios significados relevantes que van desde una tipología etaria hasta unas definiciones muy específicas: los delincuentes estructurales y los circunstanciales. Los primeros se destacan porque son los que hay que entender desde la violencia que les constituyen, no es un accidente en su vida. Se trata de una vida que solo puede ser explicada a partir de la violencia y el crimen. Moreno, Pérez, et al, lo denominan forma-de-vida delincuencial.

“La forma-de-vida de violencia delincuencial está constituida por un conjunto de elementos que son a la vez factores dinámicos productores de conductas, percepciones, actitudes y acciones cada uno de los cuales se sostiene sobre los  otros con los que se integra armónicamente y es caracterizado por ellos”.

Esta forma-de-vida da sentido a este conjunto de prácticas, el crimen y la violencia es su sangre y la cultura el modo particular de acontecer. Esta misma sangre circula en otras culturas y condiciones, incluso, alimentadas o animadas por un sistema ideológico revolucionario. Esto último nos conduce a los sistemas totalitarios y sus actores. Les presento a continuación frases de Héctor, delincuente violento de origen popular, que nos permite comprender en extenso este acontecimiento, y luego traemos a colación a Lenin, revolucionario violento de origen ruso. En el caso de Héctor, dice:

Empecé a darle tiros a los… a la gente, pero no a la gente así que me daba la gana sino a los chamos que tenían problemas conmigo, con los chamos que me habían partío la nariz y una vez le di un tiro a… u… unos tiros a un chamo que me había dao una cachetá, o sea, eso de manteneme sometío delante de un poco de gente, ¿no? porque era mayor que yo y yo, como apenas tenía catorce años, le devolví la cachetá. Entonces, bueno, me empecé fue a darle tiro a la gente… a ese chamo le di cuatro tiros y me tuve que ir pirao”.

Quedémonos con el concepto de reacción ante el sometimiento, o dominio, Héctor no lo tolera y la reacción es desproporcionada, ante la cachetada cuatro tiros que demuestra voluntad de poder y sometimiento de él hacia los otros. En este sentido, toda la vida de este chamo es un no dejarse someter.

“Es una historia de ausencia de controles, de afirmación ilimitada de su yo. Su horizonte humano no llega más que a sí mismo. Tenga la culpa la familia o no la tenga, el hecho es que se nos presenta como un sujeto sin anclajes fuera de sí mismo. No encontramos anclajes familiares, comunitarios, culturales, religiosos, ni de ningún tipo”.

El crimen cuando es la savia que nutre una vida, la domina por dentro, le da plena realización, marca el horizonte de ejecución del sujeto, le lleva a vivirse como violentos delincuentes, no solo comportarse como tales, no es una simulación, es identidad y raíz, su proceso de personalización está regido por la violencia. Pero Héctor nos conecta con Lenin, de Stéphane Courtois, cita un fragmento muy esclarecedor de este revolucionario: “Quiero vivir a mi modo y no depender de nadie […] solo sé que no quiero someterme a nadie, que quiero ser libre, no quiero deber nada a nadie, para que nadie tenga derecho a decirme: ¡debes hacer esto o lo otro por mí!”.

“El concepto de reacción ante el sometimiento, o dominio, Héctor no lo tolera y la reacción es desproporcionada, ante la cachetada cuatro tiros que demuestra voluntad de poder y sometimiento de él hacia los otros”

Igual que en Héctor, vemos que toda relación es vista como sometimiento, no hay apego, no hay afectividad positiva, no muestran disposición para con el otro, la relación en la que se mueve es siempre desde el dominio. Dominar o ser dominado, el sometimiento marca la vida de estos sujetos. Son entornos hechos de violencia no de personas ni afectividad. Citaré a continuación a Lenin para ir cerrando el sentido “humano” tras el significado de revolución.

El revolucionario es un hombre perdido, implacable con el Estado y con la sociedad instruida en general, de la que tampoco debe esperar para él piedad alguna. Entre él, el Estado y la sociedad hay declarada una guerra, visible o invisible, pero permanente y despiadada, una guerra a muerte. Tiene que estar preparado para resistir la tortura. Duro consigo mismo, el revolucionario tiene que serlo también con los demás. Debe sacrificar todos esos delicados sentimientos afeminados, como los vínculos de parentesco, la amistad, el amor, la gratitud e incluso el honor, en aras de la fría pasión por la causa revolucionaria. Para él solo hay un único placer, un único consuelo, una única recompensa: el triunfo de la Revolución”.

Un párrafo sin desperdicio, la revolución se basa en un hombre perdido, dañado, perturbado que no tiene límites a la hora de lidiar con las estructuras que pretende destruir. Implacable con el Estado, pero también contra la sociedad, suicida, no espera otra cosa que la muerte, tanto la de él como la de los otros. La narrativa y el sentido vital que la mueve es violento, frío, sin apego, nada convoca a una relación humana gratificante. Este es Lenin, pero también es Héctor. El crimen no es un accidente, es el elemento constitutivo de las formas-de-vida que inauguran cada uno a su modo.

“Se trata de una vida que solo puede ser explicada a partir de la violencia y el crimen”

El poder del delincuente o de Lenin, no radica en su individualidad, sino en el sistema al que pertenecen, de modo que tienen la potestad de favorecer un modo de dominación basado en la violencia y el crimen, contra toda norma, “depurando” o reduciendo aquellos grupos diferentes que no se ajustan al sometimiento, aunque compartan una misma tendencia ideológica. Cito en extenso este párrafo de Courtois porque nos indica una dinámica interesante para ver en paralelo, y entender, lo que ocurre en nuestro contexto venezolano:

“En efecto, la escisión de los social revolucionario (SR) de izquierdas favorecía a los «rojos». No solo Lenin había conseguido dividir a su adversario más poderoso, sino que había llevado a algunos SR de izquierdas al Sovnarkom hasta puestos secundarios y en permanente posición minoritaria, para implicarles en su política del terror. De manera inmediata, los utilizó para proseguir su ataque contra la Constituyente, multiplicando las declaraciones provocadoras; por ejemplo, el 14 de diciembre: «Diremos al pueblo que sus intereses superan a los de una institución democrática» y al día siguiente: «En las elecciones, el pueblo ha votado a los que no expresaban su voluntad ni sus deseos». Decisivamente, ese pueblo estúpido ignoraba sus propios intereses, que solo Lenin conocía”.

Ya sabemos que la política que marca los procesos revolucionarios es el terror, se trata de una revolución socialista de izquierda, ¿o hay dudas de que Lenin lo fuera? Estos procesos no son homogéneos, siempre hay tendencias, tesis, como lo llaman ellos, pero eso no significa que sean débiles. Los SR de izquierda, es una tendencia entre muchas, Lenin logra dividir a los adversarios internos (siempre los hay) para imponerse. Esa lucha estará siempre presente, es la dialéctica revolucionaria.

Tenemos dos elementos en juego, el primero es el movimiento de izquierda y sus múltiples tendencias, y el segundo es el pueblo acompañado de su ignorancia natural. Dos son las cualidades populares que destaca Lenin: la ignorancia y la estupidez. ¿Cómo lo interpretamos a la luz de los acontecimientos en Venezuela y en los países socialistas?

Si el sistema pierde una elección es porque el ignorante pueblo no sabe lo que hace y eso hay que corregirlo; ejemplo, las elecciones en Venezuela del año 2015, perdiendo, ganaron, al impedir que la Asamblea cumpliera su papel desde su legalidad.

La violencia es un tema que seguiremos trabajando, los invito a que nos veamos la próxima vez.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.

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