En la aldea
18 mayo 2024

“Santa Evita” de Rodrigo García y Alberto Maci, protagonizada por Natalia Oreiro (Fotografía: Buena Vista Original Productions, Non Stop, Ventanarosa Productions).

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Motivo para pasearnos por los referentes literarios y de la filmografía en América Latina. El estreno de “Santa Evita”, miniserie que lleva el título homónimo de la novela del escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, muestra lo ocurrido con el cadáver de un mito que se impuso a la fuerza para ocultar la realidad política de una Argentina sumida en una de las corrupciones más grandes de la historia de ese país austral. ¿Cuál era el verdadero cadáver de la mujer que el “pueblo idolatraba”?

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Robert Andrés Gómez | 22 julio 2022

Las adaptaciones cinematográficas y audiovisuales en general han sido materia narrativa desde muy temprano. Ya durante la primera década del Séptimo Arte, obras de autores como Julio Verne, Mary Shelley, William Shakespeare o Lewis Carroll habían sido objeto de adaptaciones para el nuevo medio. La relevancia y el conocimiento previo de aquellos textos permitían atraer a los incipientes espectadores a un espectáculo de feria que se sofisticaba a paso ligero.

Como el resto de las cinematografías del mundo, el cine venezolano hizo lo propio. El 11 de noviembre de 1913 estrenaba La dama de las cayenas (pasión y muerte de Margarita Gutiérrez)*. Lucas Manzano y Enrique Zimmerman adaptaban la novela de Alejandro Dumas, La dama de las camelias; sustituyendo nombres, lugares, flor y género cinematográfico (del melodrama a la sátira).

Algunos años después, un prolífico y avanzado creador como Rómulo Gallegos rodaba junto a Edgar Anzola y Jacobo Capriles la adaptación de su novela La trepadora (1924). Gallegos firmaba también el guion del largometraje que daría pie a una carrera cinematografía exitosa y que le llevaría a fundar la siguiente década los Estudios Ávila (1938-1942). En México rodaría otra adaptación de una de sus novelas, quizá la más célebre: Doña Bárbara (1943) protagonizada por la legendaria María Félix.

Así seguiría una tras otra, una nueva versión de La Trepadora (1944), ya vendría La señora de enfrente (1945), Canaima (1945) y La doncella de piedra (1956). En televisión, a finales de los ‘50, una nueva oleada de sus obras siguiendo el formato de la telenovela, que tendría momentos inéditos con el célebre Ciclo de Rómulo Gallegos producido por Radio Caracas Televisión en 1984.

Podría decirse que Rómulo Gallegos ha sido uno de los escritores (guionista y productor) más rentables no solo de Venezuela, sino de América Latina; y su obra solvente y transversal para ser revisitada una y otra vez en cada tramo de la producción audiovisual.

“El impacto de ‘Santa Evita’ y más adelante de ‘Cien años de soledad’ puede marcar un punto de inflexión relevante en la ficción latinoamericana, en esta era de consumos digitales”

Desde luego, no ha sido el único. Escritores como Miguel Otero Silva (Cuando quiero llorar no lloro); Adriano González León (País portátil); Teresa de la Parra (Ifigenia);Rodolfo Restifo (Reinaldo Solar);Eduardo Liendo (Los platos del diablo);Norberto José Olivar (El vampiro del lago), o Eduardo Sánchez Rugeles (Blue Velvet, Jezabel) han sido llevados al cine. Dentro de la filmografía venezolana habría que agregar también a escritores extranjeros como Juan Rulfo (Diles que no me maten) o Julio Cortázar  (Casa tomada). La lista en realidad no es corta, por otro lado, tampoco muy extensa.

La distancia de cara al cine, especialmente en estos tiempos de cortísimos presupuestos, es el pago de derechos de la obra previa. Un monto -diferente según la obra y el autor-, que aleja a los productores y creadores en general del importante semillero.

En el nuevo siglo, como nunca, la búsqueda del texto literario, líder en ventas y próximo gran éxito cinematográfico y audiovisual es apremiante. Estudios, plataformas, casas de producción, creadores, compañías de talento, productores, autores y agentes literarios se mueven con una rapidez extraordinaria, leyendo manuscritos, hurgando en la lista de los más leídos, buscando en las listas de todos los géneros posibles, con el fantástico ya no en la cola de elección.

Novelas, cuentos, obras de teatro, reportajes, artículos, crónicas, cómics, mangas, juguetes, videojuegos son materia para el cine y la televisión. La tarea para la elección aprobada es ardua. Solo en Estados Unidos se registraron para 2021 49.410 autores (Statista). Para suerte de muchos autores, la demanda de contenido audiovisual es alta y la posibilidad de ser adaptado al cine y la televisión y plataformas existentes y/o por existir, son amplias. Se trate de un original en primera fila, o como en los comienzos del cine, a de la Serie B, hay posibilidades.

En 2020, según cifras de Media Research & Consultancy (MRC), en 2020 el cine iberoamericano adaptó apenas 23 obras literarias, de un total de 409 largometrajes. En televisión y plataformas, la actividad no ha sido más dinámica. No obstante, la presencia de Netflix, HBO Max, Disney+, Amazon Prime o Movistar+ en España, junto a viejos jugadores, ha tomado en cuenta el impacto de un texto previo a la hora de invertir y producir un proyecto.

Obras como Patria, Fariña, La fortuna, La templanza, Ana Tramel, Doctor Portuondo, El tiempo entre costuras, Valeria, Los herederos de la tierra o Inés del alma mía ya han encontrado su camino, para gloria de sus autores. En el futuro mediato, títulos como El hijo del chofer de Jordi Amat o Infierno en el Paraíso de Clara Sánchez verán la luz. También La novia gitana de “Carmen Mola” o La chica de la nieve de Javier Castillo llegarán a las distintas marcas digitales. Desde Latinoamérica, dos proyectos asoman lo que podría significar un catalizador para que la industria audiovisual latinoamericana consiga mover sus presupuestos en favor de la poderosa literatura de la región.

El próximo 26 de julio, Disney+ estrenará Santa Evita, miniserie que lleva el título homónimo de la novela preexistente firmada por el escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez. Natalia Oreiro encabeza el reparto interpretando a la célebre esposa de Juan Domingo Perón, mito al borde de los altares de una mujer que se convirtió en la madre de los descamisados. Como el libro, la miniserie explora lo ocurrido con su cadáver tras ser velados ante el pueblo que le idolatraba. La rocambolesca historia que merecería no una, sino más revisiones y aproximaciones desde cualquier disciplina, cuenta con la dirección y producción del colombiano Rodrigo García y el argentino Alejandro Maci. En los créditos de producción también figura la actriz Salma Hayek.

García, hijo de Gabriel García Márquez, ya acumula suficientes éxitos en cine y televisión como para brillar con luz propia. Desde Cosas que piensas con tan sólo mirarlas (2000), su viaje cinematográfico y televisivo ha sido cuando menos sutilmente extraordinario. Director en series como Los Soprano, Carnivàle, A dos metros bajo tierra o Big Love; también firmó films como Nueve vidas (2005), Passengers (2008) y Albert Nobbs (2011). En terapia (2008) le hizo brillar aun más en la pequeña pantalla -serie que Maci versionó para Argentina-. Sus créditos como productor son aún más extensos. Y como productor y director ha comenzado a revisar la obra de su padre. Ya tiene lista la minisierie basada en Historia de un secuestro, con dirección de Andrés Wood y Julio Jorquera Arriagada y protagónico de Juan Pablo Raba.

Lo que sigue en su lista de proyectos es la totémica Cien años de soledad. A filmarse en Colombia con el respaldo de Netflix, la adaptación corresponderá al puertorriqueño José Rivera (Diarios de motocicleta, Cartas a Julieta o En el camino). Sin protagonistas anunciados, el proyecto apunta unas tres temporadas. Así, la novela más importante del Nobel de Literatura encuentra su espacio ya no en el cine, sino en el entorno digital. Como Gallegos, García Márquez ha sido uno de los autores latinoamericanos más adaptados por el Séptimo Arte y la televisión -más de 50 títulos-, la mayoría de las veces con resultados poco elocuentes. Allí queda para el registro El amor en los tiempos del cólera (2007) de Mike Newell y Crónica de una muerte anunciada (1987) de Francesco Rosi. Pero también la acertada mirada de Arturo Ripstein de El coronel no tiene quien le escriba (1999).

El impacto de Santa Evita y más adelante de Cien años de soledad puede marcar un punto de inflexión relevante en la ficción latinoamericana, en esta era de consumos digitales.

En otros tiempos, la literatura y el cine dieron a la filmografía de la región no pocos trabajos laureados más allá de sus fronteras: El beso de la mujer araña de Manuel Puig, llevada al cine por Héctor Babenco consiguió cuatro nominaciones al Oscar y el premio a Mejor Actor para William Hurt. Como agua para chocolate de Laura Esquivel y dirección de Alfonso Arau fue todo un fenómeno de taquilla y ventas. El cartero de Antonio Skármeta y dirección de Michael Radford también llegó a los Oscar. Antes que anochezca de Reinaldo Arenas dio a Julian Schnabel uno de sus mejores films. Ni qué decir de Plata quemada de Ricardo Piglia y dirección de Marcelo Piñeyro. Más que exitosas fueron Ciudad de Dios de Paulo Lins y dirección de Fernando Meirelles y Katia Lund; y El secreto de sus ojos de Eduardo Sacheri y dirección de Juan José Campanella, Oscar a Mejor Película Internacional.

Como el “true story” o “basado en hechos reales”, la adaptación literaria es un flanco sobre el que la producción iberoamericana y especialmente latinoamericana debe incidir de cara a ampliar su espacio en el gusto del espectador y en una industria que desde hace un tiempo está inmersa en un cambio elocuente. No hay tiempo que perder.

(*) Se apunta también como fecha de estreno el 28 de enero de 1916.

*La fotografía y el video fueron facilitados por el autor, Robert Andrés Gómez, al editor de La Gran Aldea.

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