En la aldea
09 diciembre 2022

La cohabitación y el secretario Luis Almagro

Justicia transicional, institucionalidad, diálogo político, víctimas, Emergencia Humanitaria Compleja, transición, cogobierno, términos todos que estructuran el planteamiento que, de manera didáctica, el autor desarrolla. Porque “no hay ningún logro en esa falsa cohabitación que no cambia las causas y conductas que llevan a Venezuela a ser un Estado fallido (…) como dijo el secretario Almagro: cohabitación sin contrapesos es complicidad. Agrego: cohabitación sin justicia es complicidad”. Y sentencia: “La tarea es urgente. Si la situación se mantiene como está, el jardín del infierno de los venezolanos no se va a bifurcar”.

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“El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado”
Jorge Luis Borges
«El jardín de senderos que se bifurcan»

En un reciente artículo, Luis Almagro, el secretario general de la OEA, resaltó la importancia de debatir sobre la cohabitación política en Venezuela, basada en el “ejercicio de diálogo político real, de institucionalidad compartida, de poderes del Estado compartidos”, pues “sin un esquema de compartir el poder desde su base, en el que se asegure una participación  efectiva del chavismo y del madurismo, de la gente de Guaidó y otros actores, la acción conjunta y coordinada de objetivos comunes hacia el futuro, es esencialmente imposible”.

Inevitablemente, en un país polarizado y fragmentado -en el que la opinión pública suele reaccionar antes que analizar- el artículo del secretario Almagro ha generado diversas reacciones. Algunos hablan del viraje de Almagro, pues su postura inicial era “utópica e irreal”. Almagro se habría “echado para atrás”. El secretario habría dado -según algunos analistas– un giro de 180° grados.

Basta con leer los primeros párrafos del artículo para comprobar que el secretario mantiene la firme línea que desde 2016 ha sostenido en torno a las sistemáticas violaciones de derechos humanos y la Emergencia Humanitaria Compleja. Ese es el infierno de los venezolanos que nunca se bifurca y que, por las condiciones actuales, parece que seguirá por mucho tiempo más. Pues Maduro -y cito aquí a J.L. Borges- “debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado”.

La propuesta del secretario Almagro parte de la situación actual (claro estancamiento de la transición, y el infierno de los venezolanos que nunca se bifurca) para reflexionar temas de debate sobre la estrategia que, en función de esa situación actual, podría implementarse.

Para seguir esa línea, creo importante analizar las causas que permiten explicar el fracaso de la estrategia de transición iniciada en 2019, pues ello permitirá comprender mejor las causas que explican el fracaso de las tres propuestas formales de cohabitación política -o convivencia pacífica, como prefiero denominarla- que la Asamblea Nacional ha formulado a la fecha.

II

Hay tres razones, en mi opinión, que explican el fracaso de la estrategia de transición diseñada en 2019, tal y como pude explicar en una conferencia en Yale: bandas, facciones y casinos.

Las bandas aluden a la creciente criminalización de la franquicia que dirige el régimen de Maduro. Esta criminalización trasnacional fue subestimada en 2019, pues se pensó que, bajo los incentivos adecuados, los políticos del régimen de Maduro podrían pactar una transición. Pero cuando la élite no persigue intereses políticos sino criminales, entonces, los incentivos cambian. Y los problemas también: el reciente incidente del avión venezolano en Argentina demuestra las complejas ramificaciones criminales del régimen.

Las facciones aluden a la oposición venezolana representada en la cuarta legislatura de la Asamblea Nacional. La oposición no estaba preparada para lo que sucedió a partir del 23 de enero de 2019, pues incluso en la mañana de ese día -eso lo sé yo muy bien- grupos importantes se resistían a empoderar al presidente encargado. Una estrategia que nació desde la desconfianza, la desalineación de intereses y la improvisación, degeneró en erráticas acciones.

“Es preciso insistir en la ruta de la convivencia pacífica sin impunidad, todo lo cual requiere solucionar los graves problemas de desconfianza existentes y diseñar un marco institucional ajustado a la realidad peculiar de Venezuela”

Los casinos aluden a la recuperación económica, en parte debido al emprendimiento represado por los controles centralizados que colapsaron en 2018, pero fundamentalmente, debido a los ilícitos económicos, que, según algunos estudios, alcanzan al 20% del PIB. Buena parte de la muy confusa narrativa de la oposición se basaba en la fotografía económica de la Venezuela de 2017 que, con el paso del tiempo, quedó borrosa.

Y así llegamos a mediados del 2022. Como diría Dylan: no direction home, sin rumbo alguno. Mientras tanto, el infierno de los venezolanos sigue, como por ejemplo lo demuestra la tragedia del Darién, al mismo tiempo que algunos proclaman el “renacer de la economía Venezolana”. Pero como explico en un reciente libro, ese “renacer” no es más que un síntoma del Estado fallido venezolano. Para la gran mayoría de los venezolanos no hay tal renacer, sino un infierno que nunca se bifurca.

III

¿Qué hacer ahora?, ¿cómo destrancar el juego? Aquí conviene hablar, primero, de la falsa cohabitación -que es más bien rendición, apaciguamiento y complicidad.

La falsa cohabitación se basa en el deliberado intento de cambiar la narrativa de Venezuela: en los últimos meses se ha hablado más de los millones de barriles que Venezuela produciría si se levantasen las sanciones, que de las sistemáticas violaciones de derechos humanos y de la Emergencia Humanitaria Compleja que dieron lugar a las sanciones. Se critica la decisión de una corte de Londres de negar la capacidad jurídica de Maduro para acceder a activos del Banco Central de Venezuela, al mismo tiempo que el régimen -como manifestación patrimonial del Estado fallido en Venezuela- dona, regala o cede miles de hectáreas de tierra a Irán, colocándose más todavía en el centro de la política de sanciones de Estados Unidos.

A esta falsa cohabitación apunta la narrativa de la “violencia de lado y lado”, o de la crítica hacia los “desafueros de la oposición” al pretender aniquilar al oficialismo. Apartando los errores de la oposición -véase la sección IV- hay que recordar lo obvio: es el régimen de Nicolás Maduro quien tiene abierta una investigación por crímenes de lesa humanidad. El intento de aniquilación ha sido del lado del régimen criminal de Maduro. Ignorar o matizar esa realidad es una afrenta a las víctimas, y un retroceso en el camino de la reconciliación, que solo puede fundarse en la verdad.

Incluso, se ha llegado a señalar que “el régimen de Maduro y la oposición tendrían que llegar a consensos sobre elementos referidos a la represión”. Pareciera así que la falsa cohabitación pasaría por que las víctimas negocien con sus victimarios cómo se implementará la represión. Quizás la apuesta sea una represión ma non troppo. No hay ningún logro en esa falsa cohabitación que no cambia las causas y conductas que llevan a Venezuela a ser un Estado fallido, como he venido insistiendo en los últimos años. Como dijo el secretario Almagro: cohabitación sin contrapesos es complicidad. Agrego: cohabitación sin justicia es complicidad.

IV

Luego está la verdadera cohabitación, que es a la que se refiere el secretario Almagro: crear estructuras de Gobierno compartidas, con contrapesos, para desde allí implementar políticas con centralidad de derechos humanos que permitan poner fin a la Emergencia Humanitaria Compleja. Esto es, lograr que el porvenir ya no sea tan irrevocable como el pasado.

Esta cohabitación, que yo prefiero llamar coexistencia política pacífica, ha estado en el centro de tres propuestas formuladas por la cuarta legislatura de la Asamblea Nacional desde 2016. Muy brevemente conviene repasar esas propuestas, cuyo análisis más profundo he realizado en un libro que publiqué sobre este tema.

Poco después de la victoria de la oposición de diciembre de 2015, la cuarta Asamblea Nacional comenzó a trabajar en la agenda legislativa de la transición, basada en dos pilares: coexistencia política pacífica y justicia transicional. El primer pilar aseguraba los derechos políticos en Venezuela, incluyendo los derechos del partido del entones Gobierno de Maduro. Con ello se querían dar garantías de que una transición no llevaría al “juego suma cero”. El segundo pilar apoyaba al primero: la justicia en Venezuela debía ser transicional, para lograr no solo restablecer la dignidad de las víctimas sino, además, acompañar la transición basada en la reconciliación nacional.

“Una cohabitación sin contrapeso, que no es tal, como ha advertido el secretario Almagro, sin duda, una de las voces más firmes en la denuncia de las atrocidades cometidas en Venezuela”

En 2019, luego del reconocimiento del presidente de la Asamblea Nacional como presidente encargado, la Asamblea aprobó el Estatuto que rige la Transición. Allí se reiteraron ambos pilares. Así, como he explicado en el pasado, el cese de la usurpación no equivalía a la simple salida de Maduro del poder, sin el cese gradual de los poderes de facto para lograr la conformación de un gobierno de unidad nacional. La “unidad” no era, por supuesto, la de la oposición, sino la de todos los factores comprometidos con la transición, incluyendo el oficialismo. Inspirado en el caso de Sudáfrica, este gobierno de unidad era, por ende, un mecanismo de cogobierno. Para apoyar esta propuesta, el Estatuto trazó las líneas del sistema de justicia transicional orientado a la reconciliación nacional.

En 2020, con el apoyo de la Unión Europea y Estados Unidos, la Asamblea propuso crear un Gobierno de Emergencia Nacional. En otro lugar he explicado sus detalles jurídicos. Basta con señalar que esa instancia se diseñó como un mecanismo de cogobierno basado -parafraseando al secretario Almagro- en la cohabitación con contrapesos. Quienes apoyaron al régimen de Maduro no solo tendrían garantías de supervivencia política durante la transición, participando en esa instancia de cogobierno, sino que también tendrían garantías de supervivencia luego de las elecciones. Por supuesto, esta cohabitación se basaba en la justicia y no en la impunidad, con lo cual el Gobierno de Emergencia Nacional debía ser parte del sistema de justicia transicional.

Ninguna de esas propuestas prosperó. Luego de haber recorrido el laberinto político venezolano -y sin el hilo de Ariadna, dicho sea de paso- creo que un factor determinante es la desconfianza: nadie creyó en esta propuesta. Esta es una desconfianza horizontal y vertical. Así, ni el madurismo confía en la oposición, ni la oposición confía en el madurismo. Pero es también vertical: el madurismo desconfía de sus propios integrantes, y la oposición desconfía internamente. Esta desconfianza interna de la oposición ha generado graves fallas de gobernanza del Gobierno interino, que también analizo en un reciente libro. En un sistema en el nadie cree en nadie, la credibilidad de propuestas de cohabitación política es nula.

Además de la desconfianza, estas propuestas de cohabitación con contrapesos fracasaron pues quiso solucionarse con incentivos políticos problemas no políticos. La criminalización del Estado fallido venezolano no solo ha generado una Emergencia Humanitaria Compleja, sino conflictos internos basados en la ruptura del monopolio de la violencia, como lo demuestra el caso del Arco Minero del Orinoco. Más que Sudáfrica, creo que el diseño institucional de la transición en Venezuela debería basarse en procesos de pacificación y reconciliación luego de graves conflictos armados en Estados fallidos.

V

Si hay algo peor que continuar con el jardín del infierno que no se bifurca, es continuar bajo la falsa narrativa de que sí se bifurcó. Esto es, la falsa narrativa de la cohabitación. Es el error de pensar que se logró la cohabitación pues hay ciertos espacios de tolerancia económica y política que vuelven a ser ocupados. Al menos hoy, pues como dicen The Beatles: mañana nadie sabe.

Esta es una falsa idea de cohabitación pues, al menor cambio, el régimen criminal aniquilará esos espacios. Y es una falsa idea que deshumaniza más todavía a las víctimas de violaciones de derechos humanos. Pero a pesar de todo, es preciso insistir en la ruta de la convivencia pacífica sin impunidad, todo lo cual requiere solucionar los graves problemas de desconfianza existentes y diseñar un marco institucional ajustado a la realidad peculiar de Venezuela.

La tarea es urgente. Si la situación se mantiene como está, el jardín del infierno de los venezolanos no se va a bifurcar. Solo que ese infierno ahora se apoyará en una falsa cohabitación, o sea, una cohabitación sin contrapeso, que no es tal, como ha advertido el secretario Almagro, sin duda, una de las voces más firmes en la denuncia de las atrocidades cometidas en Venezuela.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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