En la aldea
18 mayo 2024

“Estos músicos del Sistema sí saben tocar su música”, dijo el productor Carlos Scoffio, propietario de Image Producciones.

🎥Oscar D’León, medio siglo en el escenario

“El viernes 16 y el sábado 17 de septiembre, se produjo, en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, la celebración de los 50 años de vida artística de Oscar D’León como cabe esperar que semejante efeméride sea celebrada. ‘Lo de este fin de semana fue atómico’”.

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Milagros Socorro | 19 septiembre 2022

Lo de este fin de semana en el Teresa Carreño no tiene nombre. Más que un espectáculo, lo que Oscar D’León ofreció, en las dos fechas de Caracas, fue una especie de liturgia, de gran ritual desbordante de energía para un país exhausto, al que tan pocas alegrías se le reservan.

El viernes 16 y el sábado 17 de septiembre, se produjo, en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, la celebración de los 50 años de vida artística de Oscar D’León como cabe esperar que semejante efeméride sea celebrada. Y, sin embargo, la apoteosis de Caracas fue una excepción. Tras varios meses de haber empezado la “gira internacional” por el medio siglo de tablas, fue en Venezuela donde se le ofreció al maestro D’León y a su público un espectáculo de altura, cónsono con la ocasión. Antes de eso, en Estados Unidos, en Canadá, en varios países de Europa y en Colombia, la “gira” no había pasado de sucesivas participaciones del Sonero del Mundo en festivales de salsa, eventos que ya tienen años de funcionamiento. Esto es, nada organizado a propósito de sus cinco décadas de trabajo y permanente vigencia.

¿Cómo se explica esto? Cómo es que uno de los artistas populares más talentosos,  célebres y exitosos del mundo no tiene quien le organice un tour por todo lo alto. Nadie sabe explicarlo… Cómo es que no se ha hecho un show de tirar cohetes en Nueva York, esa gran plaza de la salsa; en Miami, donde sobra el público para una convocatoria; en Madrid, donde cada día hay más venezolanos, colombianos, cubanos… La pertinencia es absoluta: bodas de oro de un artista en plena posesión de sus atributos musicales y de escena, además de excelentes perspectivas como negocio del espectáculo, ¿o es que a Oscar D’León se le van a quedar frías las entradas en… ponga usted el nombre de la ciudad o pueblo…? En ninguna parte le harían un vacío al Titán de Antímano.

Bueno, confiemos en que la idea esté clara: el mundo libre y capitalista, donde Oscar D’León es un ídolo, se ha tenido que pasar sin el trabuco de espectáculo que, sin embargo, sí gozó el país más pobre de América Latina, con el mayor número de refugiados del mundo.

¿Cómo se explica esto? Muy simple. Lo que no ha hecho el inexperto management del autor de “Llorarás”, lo hizo el productor Carlos Scoffio, propietario, con la periodista Marbella Molina, de Image Producciones. Con más de treinta años de experiencia en la producción de espectáculos, Scoffio fue el autor de la idea -portentosa idea- de invitar al maestro D’León al Teresa Carreño, acompañado por la Orquesta Sinfónica Bolívar…

-Él se mostró encantado de venir -dice Carlos Scoffio en entrevista telefónica-, pero lo del acompañamiento sinfónico no lo convenció. Ya él ha dado conciertos con apoyo de esas características y el asunto no terminó de cuajar. En YouTube puede verse su interacción con la Filarmónica de Los Ángeles: ve a verle la cara a Oscar D’León, de perplejidad y espanto. Hay un momento en que Gustavo Dudamel y él se miran y se sonríen con pena. Pero yo me permití recordarle que esos músicos de la Filarmónica eran tipos de Wyoming, Ohio, Indiana, Iowa, Wisconsin… Los músicos del Sistema vienen de los barrios de Caracas, son muchachos que nacieron oyendo su música. Verá usted que el resultado será muy distinto. Estos músicos del Sistema sí saben tocar su música. Por suerte, me hizo caso. Y para prueba está el momento en que los profesores se levantaron de sus sillas, soltaron sus violines y se pusieron a bailar con Oscar.

“Plomo”

Cuando todo esto no era más que una idea, Carlos Scoffio contactó a Eduardo Méndez, director ejecutivo del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles, y Jorge Redondo, quien sería el director técnico del espectáculo. Ya en la primera reunión, Méndez y Redondo quedaron comprometidos; y el primero le dijo a Scoffio que, a su criterio, la orquesta debería estar dirigida Christian Vásquez (después de Dudamel, el más destacado director formado en esa organización), a quien llamaron de inmediato. Vásquez contestó, en su casa de Berlín, donde reside. Méndez lo saludó y le pasó a Scoffio, quien le echó el cuento. Y su respuesta, sin titubeos, fue: «Plomo».

-Luego empezamos a trabajar con el repertorio -sigue Scoffio-. Llamamos a dos arreglistas, Pedrito López y Abraham Maduro, a quienes comuniqué mi premisa. “Señores, hagan los arreglos de estos 37 temas, para que suenen a salsa, que tengan la esencia de la música de Oscar D’León. En la medida en que teníamos listos los arreglos, Oscar en Europa los iba revisando; y solo en dos tuvo reparos e hizo correcciones.

Lo siguiente fue armar un equipo de 300 personas, entre músicos, técnicos y productores. Y convencer a los patrocinantes, que fueron llegando con entusiasmo creciente y contagioso, puesto que al final eran muchos quienes querían estar. Dado que Scoffio no contaba con una base financiera propia, fue más que relevante el apoyo de Empresas Polar, Bancamiga, Digitel, Plumrose, Láser Airlines, Seguros Altamira, Lior, Hotel Eurobuilding… después llegaron más, patrocinantes más pequeños. «Ahí estaba todo el país», dice el productor.

“Mi amuleto es mi mente”

En realidad, Oscar Emilio León Simoza tiene 51 años en los escenarios. Su trayectoria empezó en 1971, cuando inició su carrera en la cervecería La Sabra, que quedaba en el edificio del diario El Universal.

Nacido en Caracas el 11 de julio de 1943, hijo único del albañil margariteño Justo León y Carmen Dionisia Simoza, antes había sido obrero en varias empresas. Pero sus padres eran músicos, intérpretes de varios instrumentos, y cargaban con el muchachito para sus parrandas desde que era tan pequeño que debían llevarlo envuelto en cobijas. No por nada, al preguntarle, en una entrevista que me concedió en 2001, cuál es la música que busca por instinto, respondió: “La música cubana de los años ‘40 y ‘50”. Eso explica que, a principios de los años ‘80, cuando sus discos empezaron a circular en Cuba de forma masiva, aquel público quedara hechizado por quien había retomado el portentoso caudal sonoro de la isla con un vigor extraordinario.

La democracia venezolana había garantizado el espacio y oxígeno que la tiranía castrista había negado a la cultura popular cubana, sujeta, como todo, a los caprichos de Fidel Castro, quien había decretado no solo la prohibición oficial del pop anglosajón, por ser “’armas ideológicas del enemigo”, (con lo que impidió que en Cuba se escuchara a los Beatles y Elvis Presley), sino también latinoamericanos, como el brasileño Roberto Carlos y el boricua José Feliciano, además de los cubanos que marcharon al exilio. Por eso, mientras Celia Cruz era habitué de la radio y la televisión venezolanas, su solo nombre era objeto de censura en su país. Los cubanos no pudieron escuchar a Celia Cruz; y aunque Oscar D’León se ha llamado varias veces “hijo de Benny Moré”, en realidad, lo es de Celia Cruz.

Él fue el vector que, en 1983, transportó a la isla a Celia y a otros grandes músicos vetados en su propio país. Fue una hazaña cultural que la Antilla mayor celebró hasta el delirio. De hecho, la gira de Cuba tuvo visos de frenesí. Hay videos del Festival Internacional de Varadero, donde se presentó con un traje blanco de flecos, su bajo y una apostura de reyes, donde se le ve, rugiente como una fuerza de la naturaleza, y al público delirante. Le tomó años disolver los resquemores de esta audacia, formidable en lo cultural y peliaguda, en lo político.

En aquella entrevista, le pregunté cuál es el amuleto en que sigue creyendo firmemente. “Mi mente”, me contestó.

“Pero tiene que ser con la Bolívar”

-Dos teresas hasta los tequeteques -resume Scoffio el éxito de su iniciativa-. Un ensayo de dos horas, en el que permitimos la entrada de los empleados del complejo cultural. El viernes, un espectáculo de tres horas y media; y el sábado, cuatro horas, veinte minutos. Casi que le apagábamos la luz a ese señor. Y la gente no paró de bailar.

-¿Hay planes de exportar este espectáculo?, de llevarlo a una verdadera gira por los 50 años profesionales de Oscar D’León?

-Planes, todavía no. Deseos sí, y mucho. Pero tendría que ser con la Orquesta Simón Bolívar. Para que esto funcione, como ocurrió en Caracas, tiene que ser con la Simón Bolívar. Y, claro, estamos absolutamente dispuestos. Que nos llamen.

-¿Habrá disco, película?

-Sí. Con el ingeniero de grabación Edgar Espinoza, se grabó un disco con 11 temas sinfónicos. La idea es hacer también un disco doble de vinilo con una edición especial de colección. Y para el video trabajamos con ocho cámaras 4K de alta resolución. Se registró el concierto con todos los jugueticos. Vamos a producir un streaming para que el mundo lo pueda ver.

-¿Cómo está el teatro Teresa Carreño?

-Maravilloso. Está recuperado, en sonido, butacas, hasta guías con pulóver rojo. Está como en los ‘80. Debo decir que, como se hizo en el Teresa no se hace en ninguna otra parte del mundo, porque además de la calidad con que fue concebido y construido, ese espacio tiene un público con una magia, una energía, que no se da en ninguna otra parte del mundo. Lo de este fin de semana fue atómico.

Fuente: Instagram @oscardleon
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