En la aldea
18 mayo 2024

Reapertura de la frontera con Colombia será todo un reto para Venezuela

Tras la disminución del intercambio a solo 5% de lo que se transaba 15 años atrás, el sector productivo nacional deberá buscar un espacio para competir con sus pares colombianos, quienes no estarán dispuestos de ceder ni un ápice de una balanza comercial que le favorece desde la llegada del chavismo al poder.

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Jesús Hurtado | 20 septiembre 2022

Luego de siete años cerrada, la frontera entre Colombia y Venezuela volverá a recobrar su bullicio habitual a partir de este 26 de septiembre, cuando se reabran los pasos limítrofes y el tráfico legal de mercancía entre ambas naciones, un flujo que de facto nunca se interrumpió, pero que lógicamente no tendrá el dinamismo previo al cierre, afectado sobre todo por la crisis económica venezolana, aunque también por los cambios lógicos de las realidades propias de cada nación.

Borrosos están aquellos días cuando el lado venezolano de la frontera fue escenario de imágenes que dieron la vuelta al mundo. Era mediados de agosto de 2015 cuando el Ejército desalojaba a miles de colombianos residentes en San Antonio y destruía sus casas, obligándoles a atravesar el río Táchira y regresar a su país con sus enceres a cuestas, en represalia por un ataque a una patrulla militar atribuido a traficantes de mercancía subsidiada venezolana que era comercializada en Colombia.

Fue esa la primera escaramuza de una enemistad que terminó por concretarse en 2019, cuando el apoyo dado por el presidente Iván Duque al gobierno interino de Juan Guaidó, llevó al Palacio de Miraflores a romper relaciones diplomáticas con la Casa de Nariño y ordenar el bloqueo de los pasos fronterizos, reabiertos al tráfico de personas y de forma limitada de mercancías en octubre de 2021.

“No queremos llegar al proteccionismo ni al rentismo, queremos competir, pero hacerlo en igualdad de condiciones”

Ezio Angelini, presidente de Fedecámaras Zulia

No obstante, como aseguran representantes gremiales y habitantes de la zona, ese cierre nunca fue más permeable. De hecho, por esa frontera se coló cerca de 70% de los casi siete millones de venezolanos que han migrado del país, según datos de organizaciones no gubernamentales especialistas en el tema, y ha pasado prácticamente el 100% del disminuido pero existente comercio que ha seguido fluyendo a lo largo de estos siete años, aunque de forma ilegal en su mayoría.

Ahora bien, la apertura formal de la frontera y del tráfico aéreo no significará que al día siguiente todo volverá a la normalidad. Ni mucho menos. Venezuela inicia esta nueva etapa de relaciones comerciales con plomo en el ala frente a una Colombia fortalecida, que no desperdiciará oportunidad para ratificar el amplio dominio que desde el inicio mismo del gobierno chavista ha tenido del comercio binacional.

A falta de datos confiables en el país, las cifras manejadas por la Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) de Colombia permiten comprobar esta realidad: hasta el año 1998, Venezuela dominó la balanza comercial entre ambos países, pero perdió ese privilegio un año después y no lo ha recuperado, registrando en 2008 un saldo favorable al vecino de casi 5.000 millones de dólares. Es decir, de cada 10 dólares transados entre las dos naciones, siete eran colocados por Colombia en suelo venezolano; una ecuación que se ha mantenido relativamente estable a lo largo de los últimos 15 años.

“Desde el punto de vista comercial e industrial, Venezuela está en total desventaja con Colombia en una relación de 9 a 1”, dice Ezio Angelini, presidente de Fedecámaras Zulia, estado donde se ubica el puesto fronterizo de Paraguachón, en La Guajira, el único que se mantuvo abierto para el tráfico legal de mercancías.

El vocero gremial prefiere pasar la página y enfocarse más bien en el futuro inmediato, por lo que exige igualdad de condiciones para el empresariado criollo como medida esencial para protegerse en la desigual lucha que se avecina. “Si nosotros pagamos aranceles para importar materias primas, que los exportadores colombianos y quienes traen insumos de allá paguen aranceles para meter sus productos en el país”, acota.

“No es tarea sencilla lo que viene, pero tenemos la disposición y capacidad de asumir el reto de recuperar el comercio con Colombia, tan necesario para todos”

Alberto Russián, presidente de Cavecol

La advertencia de Angelini no es extemporánea. Si desde siempre el tráfico de productos colombianos ha sido un dolor de cabeza para los empresarios nacionales, la situación se desbordó durante los duros días de escasez que se iniciaron en 2015 y llegaron a su clímax entre 2017 y2018 cuando alimentos, medicinas, ropa, calzados y todo lo manufacturado en aquel país fueron la tabla de salvación para los venezolanos, no solo de los estados fronterizos sino de todo el territorio.

Pero lo que en un momento fue ‘maná del cielo’ se ha convertido en un serio peligro para la producción nacional, cuyos precios no pueden competir con las manufacturas del vecino, muchos de los cuales entran sin pagar aranceles bien porque llegan por vías ilegales, o bien porque están exonerados gracias a incomprensibles prebendas otorgadas por el Gobierno, situación que ha constituido a reiterados reclamos por parte del sector privado criollo.

Angelini, en concordancia con lo expresado recientemente por el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), advierte que 30% de los productos ofertados en el mercado nacional llega por vía del contrabando, en su mayoría desde Colombia, lo que no solo afecta a la industria local y las arcas del Estado, sino que constituyen un problema social y hasta de salud pública.

Son productos que entran sin ningún tipo de control. Por ejemplo, llegan medicinas que no solo es más barata, sino que puede ser falsa; o alimentos sin ningún tipo de control de calidad, los repuestos automotores sin las debidas garantías”, dice el máximo representante del empresariado zuliano.

Abrupta caída

Considerada como la frontera más viva de América Latina, fue en la década de los ‘90 cuando el intercambio comercial entre ambos países comenzó a experimentar un crecimiento sostenido, iniciando un período de auge que incluso superó la caída de los precios del petróleo, hasta alcanzar en 2008 su punto más alto al transarse más de 7.200 millones de dólares. A partir de entonces, el declive ha sido más que evidente.

Varios son los factores de esa caída. Por una parte, en 2006 Venezuela renuncia a dos importantes tratados: la Comunidad Andina de Naciones (CAN), conformada por Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela; y al Tratado de Libre Comercio Colombia- México, lo que significó una estocada al comercio binacional, pues Venezuela perdió las prebendas que tenía para mercadear con el vecino país (y con todos los otros socios) en condiciones bastante favorables. De hecho, el boom del intercambio de 2008 se basó tanto en la mayor capacidad de compra de Venezuela, como también en la oportunidad que vieron los empresarios neogranadinos de aprovechar esas ventajas antes de que se concretara la salida definitiva de Venezuela de la CAN, que se dio en 2011.

Por otra parte, la crisis que aun agobia al país y que comenzó a evidenciarse desde 2014, ha hecho mella en la disponibilidad financiera tanto para hacer compras externas como para incrementar la capacidad exportadora venezolana, especialmente por la imposibilidad de la industria local para acceder a nueva tecnología que posibilite mejorar los procesos de manufactura.

Otra razón para la caída del comercio es, indudablemente, las pésimas relaciones que mantuvieron los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro con los mandatarios colombianos Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos y, especialmente, Iván Duque, cuya tensión llevó a la suspensión de relaciones diplomáticas y económicas que acaba de ser revocada.

“Nosotros ya no tenemos la capacidad de compra que teníamos antes y eso va a sentirse en el comercio”

José Luis Jiménez, director ejecutivo de Fedecámaras Táchira

El resultado es que, de esos 7.200 millones de dólares transados en el apogeo comercial, el intercambio apenas alcanzó en 2021 los 391 millones de dólares, una contracción superior a 94%, y aunque las esperanzas de recuperación son reales, el camino será largo antes de alcanzar cifras significativas en comparación con el pasado reciente. 

En este sentido, el llamado hecho por el nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, a que Venezuela se reincorpore a la CAN podría significar el retorno a esa senda de oportunidades, llamado que ya comienza a tener eco en el Gobierno, más impulsado por un tema político que técnico, vistos los lazos ideológicos que unen al chavismo-madurismo con los gobiernos de Bolivia, Perú y Colombia.

En cuanto a las expectativas de recuperación comercial, los pronósticos oficiales parecen estar llevados más por la política que por la realidad economía. Al hacer el anuncio de la reapertura, Nicolás Maduro señaló que este mismo año el intercambio alcanzará los 2.000 millones de dólares, mientras que su homólogo Gustavo Petro ha dicho que esperan vender a Venezuela 10.000 millones de dólares y generar un millón de empleos; cifras que en honor a la verdad lucen bastante infladas.

Nosotros ya no tenemos la capacidad de compra que teníamos antes y eso va a sentirse en el comercio”, dice José Luis Jiménez, director ejecutivo de Fedecámaras Táchira, estado por donde transita el grueso del intercambio común. Algo similar sostiene Ezio Angelini, quien cree que las realidades binacionales son muy distintas a las que existían siete años atrás, en especial de este lado, donde la crisis ha dejado muy maltrecha la capacidad de compra que teníamos hasta 2013.

La Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana(Cavecol), por su parte, tiene estimaciones más aterrizadas. Su presidente, Luis Alberto Russián, sostiene que la cifra debe llegar a 800 millones de dólares, pero que si a eso se suma parte de lo que discurre en la informalidad, el número podría acercase a los 1.200 millones de dólares.

Es mucho lo que se transa de manera informal y no se puede contabilizar”, asegura Russián, aludiendo no al contrabando que desde siempre ha utilizado las trochas, sino al intercambio no formal al que se han visto obligadas empresas de aquí y allá que no han podido renovar sus permisos de importación, o que necesitan licencias especiales para evitar violar disposiciones aplicadas por las sanciones que pesan contra el país.  

Pero ya se trate de gubernamentales o institucionales, las cifras lucen altas, tomando en cuenta que según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) de Colombia, hasta mediados de agosto y pese al evidente aumento, el intercambio binacional se ubicaba en poco más de 376 millones de dólares.

Cuesta arriba

Es indudable que la reapertura formal de la frontera es una acción necesaria no solo por el tema económico sino social, en virtud de los cuatro millones de colombianos que viven en Venezuela y de los más de 2,4 millones de venezolanos que residen hoy en Colombia. Pero, ¿está el país preparado para esta apertura? “Ni ellos ni nosotros somos los mismos de antes del cierre. Colombia tiene hoy otros mercados y nosotros otra realidad. Sin embargo, ellos tienen productos que nosotros requerimos, y nosotros tenemos materias primas que ellos demandan. Nos necesitamos mutuamente”, comenta José Luis Jiménez.

El vocero del empresariado tachirense insiste en que la situación es más compleja de este lado, en parte por la desconfianza que tienen los empresarios colombianos por la inseguridad jurídica y la falta de garantías financieras que imperan en Venezuela, pero también por aspectos tan básicos como unas redes viales deterioradas, servicios públicos ineficientes, o una flota de transporte disminuida.

El tema de transporte es elocuente. En tiempos cuando el flujo era de miles de millones de dólares anuales, la flota de transporte del Táchira superaba las 3.500 unidades, de las cuales apenas unas 700 están hoy a la espera de ser habilitadas para retornar sus operaciones, de acuerdo con lo expresado por Álvaro Paz, presidente de la Cámara de Transporte de Carga Pesada del Táchira al diario La Nación.

“Aunque las esperanzas de recuperación son reales, el camino será largo antes de alcanzar cifras significativas en comparación con el pasado reciente”

Al desmembramiento de la flota se suma que solo cinco de los transportistas cuentan con el certificado internacional que les acredita para prestar el servicio y otras 30 están habilitadas, ello debido a que no disponen de los 600 dólares que deben cancelar para que el permiso sea expedido, algo que no ocurre del lado colombiano. Al margen de estos escollos, la reapertura de fronteras será una bocanada de aire fresco para los sectores productivos de los estados limítrofes. En el caso zuliano, impulsará la reactivación de 40% del comercio que permanece cerrado solo en los principales corredores viales de Maracaibo, según una reciente encuesta de la Cámara de Comercio de esa ciudad; mientras que apalancaría a su parque industrial, donde solo labora 25% de las factorías y a una capacidad de 30%, de acuerdo con datos de Conindustria.  

Estado ganadero por excelencia, Angelini dice que suplir carne y derivados lácteos a Colombia (que importa 70% de los quesos que consume) serían una gran oportunidad para los agroproductores zulianos, aunque para ello debe conseguirse la certificación de Venezuela como país libre de fiebre aftosa, lo que involucra principalmente al Gobierno.

En Táchira la situación es idéntica. En Ureña, principal polo industrial de la región, solo se mantiene operativo entre 20% y 30% de las empresas y laborando a una capacidad máxima de 30%. Aun así, el sector privado tiene viva la esperanza de que la apertura permita potenciar la producción, en especial al recobrar la complementariedad con líneas de fabricación dirigidas al mercado colombiano, como ocurría antes del cierre.

Luis Alberto Russián, de Cavecol, acota que los dos principales puntos que deben ser atendidos se relacionan con la reinstitucionalización en los sistemas propios del intercambio fronterizo, y la recuperación de la confianza mutua. Por institucionalidad apunta a la vuelta de todos los procesos que garantizan el legal flujo de mercancías, mientras que asegura que la confianza solo podrá recuperarse al eliminar la discrecionalidad que abunda en los sistemas de aduana, nacionalización y tránsito de productos de intercambio.

¿Y cómo te pago?

Otro de los dolores de cabeza para los empresarios venezolanos en este proceso de recuperación del flujo comercial, es el relativo a las formas de pago. Fuertemente afectados por la crisis, los empresarios nacionales carecen de músculo financiero cash para afrontar grandes compras, amén de estar impedidos de pagar en moneda local como se hizo antes, pues la devaluación ha acabado con el bolívar como unidad de pago.

Difícil también es que puedan transar con sus pares neogranadinos a través de banca internacional debido a las sanciones que pesan sobre el país. “Estamos trabajando con expertos del sistema bancario y autoridades financieras para establecer mecanismos de pagos que faciliten las transacciones”, dice José Luis Jiménez, quien reconoce que no es un tema fácil de superar. “Queremos y necesitamos un sistema formal que nos permita a través de la banca obtener las cartas de créditos y realizar transferencias para poder cancelar al comprar”, acota.

Conclusión

Aunque sea lenta, lo importante para las fuerzas vivas de la zona limítrofe es que la apertura comercial de la frontera es un hecho. Quedan pendientes una serie de aspectos técnicos (almacenaje, transporte, despacho, nacionalización, servicios públicos, etc.) y legales (contrabando, garantías financieras y seguridad jurídica, entre otros) que no podrán resolverse antes del 26 de septiembre, pero que irán encontrando vías de solución en la medida que el flujo de mercancías vaya agarrando ritmo tras este letargo obligado.

Lo que sí es urgente es que haya igualdad de condiciones a empresarios de este y aquel lado. “No queremos llegar al proteccionismo ni al rentismo, queremos competir, pero hacerlo en igualdad de condiciones”, concluye Ezio Angelini.

No es tarea sencilla lo que viene, pero tenemos la disposición y capacidad de asumir el reto de recuperar el comercio con Colombia, tan necesario para todos”, puntualiza Luis Alberto Russián.

AñoExp. a Vzla.Imp. de Vzla.
20001,307,590,991900,585,961
20011,741,961,378747,168,747
20021,127,183,903740,552,784
2003696,164,770688,440,881
20041,627,052,5961,030,838,886
20052,096,117,1241,163,068,700
20062,727,204,9861,438,358,282
20075,270,281,0231,304,357,644
20086,070,685,2681,140,436,953
20094,049,560,868527,941,126
20101,422,877,052291,413,724
20111,724,805,392533,900,980
20122,555,961,054502,554,137
20132,255,825,955409,770,236
20141,986,938,438419,818,439
20151,060,172,801270,913,839
2016613,933,202170,039,220
2017319,383,379202,951,563
2018354,294,141124,539,185
2019195,927,23241,295,002
2020195,980,79325,975,089
2021331,171,68662,618,266
2022 (*)342,343,52033,656,489
Datos en dólares FOB
(*) Hasta 16/08/2022
Fuente: DANE Colombia  

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