En la aldea
09 diciembre 2022

Tony di Benedetto, vicepresidente de la Cámara Venezolana del Calzado y Componentes (Cavecal): “No nos damos por vencidos”.

Los zapatos criollos quieren cruzar la frontera

Desde la Cámara Venezolana del Calzado aseguran que la reapertura del comercio con Colombia será una bocanada de aire fresco para el sector, ante la posibilidad de establecer una verdadera complementariedad que beneficie a las industrias de ambos lados del río Táchira.

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Jesús Hurtado | 10 octubre 2022

Esperanzados. Lejos de lo que pudiera esperarse, los industriales del calzado son optimistas respecto a los buenos resultados que traerá para el sector la apertura de la frontera con Colombia, no solo porque con ello se reducirá en gran medida la importación ilegal y el contrabando sino porque se abre una ventana a través de la cual poder retomar la exportación de zapatos hechos en Venezuela hacia ese país y, posiblemente, a otros mercados de la región.

Al menos esa es la perspectiva que se maneja en la Cámara Venezolana del Calzado y Componentes (Cavecal), cuyo vicepresidente y vocero principal, Tony di Benedetto, estima que el sector comienza a ver los primeros buenos resultados tras varios años de oscuridad, materializado en un pequeño pero rotundo repunte de la producción y el cese de las prebendas concedidas a los importadores que pusieron en vilo la pervivencia de la industria.

Pero antes de hablar del presente y futuro, di Benedetto aclara que la industria nunca abasteció el 100% de la demanda nacional, alcanzado en sus mejores momentos al satisfacer cerca del 80% de los requerimientos; porcentaje que tuvo una drástica caída hasta ubicarse alrededor del 20% como consecuencia de la importación, desde hace unos cinco años, de zapatos que no pagaban aranceles bajo el argumento de no contarse con producción suficiente para satisfacer la demanda.

“Con el reinicio de la importación legal los contrabandistas se van a encontrar con una pared. Hasta ahora, el comercio de zapatos colombianos o de otros países que llegaban a través de Colombia, entraba por las trochas, pero ahora al formalizarse se va minimizar la entrada”

Tony di Benedetto, vicepresidente de Cavecal

“No estamos como en nuestros mejores tiempos. Entró mucho zapato importado y seguimos teniendo influencia de ese producto. Hay que esperar que el mercado depure esa oferta para que podamos recuperar nuestro mercado original. Estamos avanzado”, afirma di Benedetto.

-¿Cómo se encuentra la industria en este momento?

-Nos vimos muy afectados por las importaciones que no pagan aranceles de ningún tipo. Eso llevó a la industria a producir a casi 10% de nuestra capacidad operativa. Además, como todos los sectores productivos del país, nos impactó la crisis económica y la pandemia, tiempo durante el cual, por cierto, siguió entrando mercancía de contrabando sin pagar impuesto. Eso nos hizo muy poco competitivos. Pero con la eliminación de las exenciones a los zapatos a partir de abril de este año, la situación ha comenzado a cambiar: si ya veníamos recuperando algo de la producción y nos encontrábamos entre 24% y 27% de capacidad, a partir de mayo nuestras ventas se recuperaron de forma importante y llegamos a colocar entre 40% y 45% más mercancía en comparación con el mismo período del año pasado. Eso no quiere decir que la producción haya alcanzado ese mismo porcentaje, pero hacia allá vamos.

-Aparte de los efectos de ocho años de recesión, ¿cuáles son los problemas que impiden el despegue de la producción?

-Son muchos los factores. Por un lado está el fuerte rezago tecnológico que enfrentamos, pero también el contrabando nos ha pegado, la falta de financiamiento, la escasez y carestía de materia prima e insumos. También la diáspora porque hemos perdido personal especializado. Todo esto nos afecta, es lamentable tener pedidos y no poder cumplir al 100% por alguna o varias de estas dificultades. Sin embargo, creo que este año superaremos nuestro índice de producción y llegaremos al menos a 35% de capacidad operativa total. Son muchos los factores que faltan por resolver, pero creo que vamos por buen camino.

-¿Cómo les afecta el rezago tecnológico?

-Mucho. Esta es una industria que se mueve con base en la moda, y para estar a la moda hay que invertir de forma constante. Por los diversos problemas que se han enfrentado, no hemos podido hacerlo y la industria tiene un rezago de unos 10 años en tecnología, no hemos podido renovar maquinaría y patrones para nuevos modelos. Sin ventas no podemos hacer inversiones para adaptarnos a las tendencias siempre cambiantes de la moda, y sin nuevos modelos las ventas bajan. Nos ha pegado muy duro, pero no nos damos por vencidos.

“Sin ventas no podemos hacer inversiones para adaptarnos a las tendencias siempre cambiantes de la moda, y sin nuevos modelos las ventas bajan”

Tony di Benedetto, vicepresidente de Cavecal

-¿Cuántas empresas hay operando? 

-En su mejor momento toda la industria llegó a tener entre 500 y 550 empresas. Hoy el universo que está trabajando debe estar cercano a las 250 empresas, de las cuales casi 100 están afiliadas a Cavecal.

-¿Cuántos pares de zapatos se venden en Venezuela?

-Las cifras de ventas deben rondar hoy alrededor de 55 – 60 millones de pares al año, de los cuales rasguñamos entre 20% y 22% con producto nacional. Llegamos a comercializar más de 80 millones de pares de zapatos, entre nacionales e importados y el producto local captaba el 80%.

-¿Cavecal participa del programa gubernamental para suplir zapatos escolares?

-Sí. Desde que se inició ese programa fuimos convocados a participar y actualmente unas 15 empresas están sumadas a esta iniciativa, cumpliéndose a cabalidad con los pedidos.

Tony di Benedetto señala que en la recuperación de sector ha operado un verdadero milagro, pues apenas un año atrás casi 40% de las empresas afiliadas a la Cámara expresaron que la crisis las había quebrado y que no podrían volver a abrir. Sin embargo, muchas de esas mismas factorías han vuelto a operar debido a la gran demanda que tienen, al punto que para septiembre de este año el sector se encontraba laborando a 30% de su capacidad.

Oficio de artesanos

Históricamente, la confección de calzados ha sido un oficio muy peculiar. Evolución de las antiguas cofradías, en la Edad Media el gremio de zapateros se consolidó como un verdadero sector con poder económico, al punto que muchos de sus miembros exhibían blasones en sus casas y en algunos países el oficio tenía rango de hidalguía. Para ser zapatero, el aspirante debía provenir de una familia “ordenada y virtuosa, tanto de la rama materna como paterna”. Demostradas sus habilidades, debía trabajar a las órdenes de un maestro por al menos tres años, para luego pasar hasta nueve más para especializarse. Solo culminado este largo proceso era el mismísimo rey quien expedía la licencia que le autorizaba como confeccionador de calzados.

Aunque los tiempos son otros y la producción es ya un proceso absolutamente industrial que demanda alta tecnología (el calzado deportivo es la mejor prueba de ello), el aprendizaje del oficio sigue siendo una cuestión prácticamente familiar, cuyos conocimientos pasan de generación en generación, y la formación se realiza in situ.

“Por un lado está el fuerte rezago tecnológico que enfrentamos, pero también el contrabando nos ha pegado, la falta de financiamiento, la escasez y carestía de materia prima e insumos. También la diáspora porque hemos perdido personal especializado”

Tony di Benedetto, vicepresidente de Cavecal

“No contamos con institutos o escuelas para la capacitación de nuestro personal, así que siempre lo hemos hecho nosotros mismos, lo que hoy es un poco difícil por las carencias que afrontamos”, acota el representante de Cavecal, quien recalca que la falta de trabajadores es una de las razones que impide a muchas empresas dar cumplimiento a las órdenes de compra.

-¿Cuántos empleos ocupa hoy el sector?

-Aunque no tenemos una cifra exacta, recordemos que toda la industria llegó a tener alrededor de 600.000 trabajadores. Hoy, las empresas que siguen operando lo hacen con 50% de la nómina que se tenía cuando el sector estaba a plena capacidad.

-¿Se ha podido exportar?

-“Nada. Se han dado exportaciones sumamente puntuales y marginales. Nuestros productos hoy no son competitivos en el mercado externo”, acota di Benedetto, con lo cual deja claro que lejos quedaron los tiempos en los que el zapato venezolano era bien cotizado en Italia, Holanda, Alemania o Estados Unidos, por solo nombrar algunos de los países fuera de la región donde competía con las mejores marcas por su alta calidad.

-¿Qué hay que hacer para retomar el prestigio del calzado venezolano en el mercado internacional?

-La calidad no es el problema para que hoy no se pueda exportar, sino que no somos competitivos por la sobrevaluación del bolívar. El producto importando es más barato que el nacional; y es cierto, porque al nacional le afecta la inflación mientras que al importado no, que además entró hasta hace poco sin pagar aranceles. Mientras esto siga así, producir en Venezuela será muy costoso y poco competitivo.

Desleal competencia

Prácticamente todos los sectores económicos venezolanos han sentido cómo las importaciones merman sus posibilidades de producir y crecer, pero no cabe duda de que textiles y calzados han estado desde siempre entre los más afectados; una realidad que no ha mermado ni siquiera durante los ocho largos años en los cuales Venezuela ha estado sumida en recesión o recuperándose de sus estragos.

Gracias a la bonanza petrolera que vivió el país en las dos primeras décadas de este siglo, las importaciones chinas constituyeron la principal queja del gremio productor de calzados, que logró que se pusiera coto a la ingente llegada de zapatos que a precios irrisorios desbancaban a los productos nacionales, de mucha mejor calidad, pero a costos más elevados.

No obstante, en los últimos cinco años el flujo de mercancía foránea volvió a inundar los anaqueles, esta vez con el respaldo de una exoneración de impuestos justificada en la escasa capacidad de la industria local para abastecer la demanda; caída que estuvo signada por la crisis que desde 2013 viene sacudiendo a la economía nacional.

-¿La apertura de la frontera con Colombia no disparará las importaciones?

-Por el contrario. Creo que nos va a favorecer porque todo ese tránsito que ahora se hace de forma ilegal va a tener que formalizarse. Si entraba contrabando con imitaciones de marca u otros plagios, eso se va a minimizar. Siempre va a seguir entrando mercancía, pero de otras marcas y con otras condiciones, no imitaciones y eso va a hacer que el comercio y el comprador pierdan el interés por adquirir ese tipo de productos. 

-¿Y esa importación legal no afecta a la producción local?

-Con el reinicio de la importación legal los contrabandistas se van a encontrar con una pared. Hasta ahora, el comercio de zapatos colombianos o de otros países que llegaban a través de Colombia, entraba por las trochas, pero ahora al formalizarse se va minimizar la entrada. Los importadores, para poder introducir sus productos, deben cumplir regulaciones de mercado, características de calidad, describir quién lo importa y otros procesos que va a complicar el comercio irregular. La idea es que regularice lo que puede entrar o no, a fin de que la producción nacional no se vea afectada sino que sea un complemento.

Es preciso recordar que el comercio entre ambos países se realiza bajo la normativa del Convenio No.28, firmado tras la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) en 2011. Ese acuerdo establece los productos que pueden entrar a cada país libre de pago de aranceles. No obstante, dadas las condiciones económicas de Venezuela, los empresarios e industriales nacionales han pedido la revisión de ese convenio, a fin de minimizar el impacto por las desiguales condiciones respecto a sus pares colombianos, al tiempo de frenar el ingreso de los aproximadamente 280.000 pares de calzado que cada mes ingresan de forma ilegal al país, de acuerdo a cifras extraoficiales.

“Estamos peleando para que sea un intercambio más equitativo, que haya una complementariedad comercial antes que un intercambio comercial, porque en la figura del intercambio puro salimos perdiendo. La idea es que solo se permita la entrada de aquel tipo de calzados donde hay deficiencias porque no se producen en el país. En Colombia hay trabas para la entrada de algunos productos, y eso mismo lo tenemos que aplicar nosotros con base en una oferta exportable. Con ese fin desde hace varias semanas estamos trabajando en esas listas de productos que entregaremos a las autoridades de los dos países”, comenta Tony di Benedetto.

-¿A qué se refiere con complementariedad?

-Cúcuta, San Antonio y Ureña son un mismo núcleo urbano cuya población laboral es flotante; es decir, va de una ciudad a otra según las condiciones estén mejores en uno u otro país. Muchas empresas en Táchira están reabriendo para producir de cara a llevar a Colombia, y que allá se agregue valor y se exporte a otros países. Es un tema que tenemos que estudiar para lograr una verdadera complementariedad, que sea real y oficial.

-¿Cómo se encuentra el eje industrial Ureña-San Antonio, donde estaban instaladas muchas empresas del ramo?

-Ese polo industrial se ha visto muy golpeado, aunque se ha venido reactivando. Tuve empresa allá y nos vimos obligados a cerrarla, porque la situación económica de Venezuela era muy desventajosa. Los trabajadores eran colombianos y exigían ganar como en Colombia, donde pagan sueldos cuatro o cinco veces más elevados de lo que podíamos pagar acá porque los márgenes no nos permitían.

De acuerdo con cifras del Conglomerado de Calzado del Táchira, en ese polo industrial fronterizo existen unas 286 fábricas relacionadas con la confección de calzado, así como de insumos (cueros, tenerías, cajas, etc.) y ramas afines (talabartería, marroquinería, artesanía).

*La fotografía fue facilitada por el autor, Jesús Hurtado, al editor de La Gran Aldea.

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