En la aldea
28 enero 2023

Primarias como gesta ciudadana

“Nuestro reto consiste en contar con un candidato único y unificador, lograr una masiva participación ciudadana y prepararnos, nacional e internacionalmente, con todos los medios a nuestro alcance, para enfrentar eficazmente las reacciones de la dictadura”.

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Roberto Casanova | 01 diciembre 2022

1. El lenguaje importa

Mediante las palabras y las proposiciones que con ellas construimos le damos sentido a los hechos que conforman nuestras circunstancias. Esto viene al caso porque, en los complejos tiempos en los que nos ha tocado vivir, varios términos se disputan el predominio en nuestra habla cotidiana y, por tanto, la interpretación dominante sobre nuestra realidad. No es lo mismo hablar del Presidente que del usurpador, tirano o dictador; del gobierno que de cleptocracia o régimen mafioso; de sectores opositores que de sectores democráticos; de oposición al gobierno que de rebeldía ante la dictadura; de golpe de Estado que de restitución del orden constitucional. Los años de fracasos, opresión y crisis van atemperando nuestro ánimo, al tiempo que la dictadura no cesa en su esfuerzo de normalizar en la mentalidad colectiva su sistema de dominio. Nuestra cultura política profunda aflora entonces en nuestro lenguaje diario, haciéndonos perder claridad y contundencia en nuestra lucha en contra de la barbarie, de lo que no es definitivamente política. Debo confesar que yo mismo, en ocasiones, he contribuido a ese extravío. Mea culpa.

2. La dictadura va a elecciones, otra vez

La dictadura, decidida, como toda dictadura, a no entregar el poder, se organiza para realizar una nueva elección presidencial. Hará, desde luego, todo lo necesario para que el dictador Maduro resulte victorioso. Es de esperar que profundice su estrategia, basada en sembrar la discordia entre los sectores democráticos; en generar miedo a la represión y a la ruina; en comprar lealtades y chantajear; en desmoralizar a sus adversarios y hacerles perder la esperanza. Y, sobre todo, en mentir con burlona perversidad. Contando con los buenos resultados que dicha estrategia le ha reportado hasta ahora, la dictadura seguramente estará dispuesta a hacer algunas concesiones y ganar así algo de legitimidad. En un escenario de extrema debilidad de los sectores democráticos tal vez ni siquiera precise de trampas para obtener el triunfo. De cualquier modo, si avizorase un elevado riesgo de perder las elecciones siempre podrá intentar un nuevo fraude. Y aunque estas nuevas elecciones tampoco fuesen reconocidas por las democracias del mundo, la dictadura habría mantenido el dominio fáctico sobre el país y habría ganado tiempo, pues en eso consiste el arte autocrático de perpetuarse en el poder. 

“Somos capaces de organizarnos masivamente, dentro y fuera del país, en poco tiempo, para decidir sobre asuntos colectivos. La democracia es, después de todo, un hábito social profundamente arraigado en nosotros”

3. ¿Y los militares?

Bien vista, la meta perseguida por los sectores democráticos al participar en unas elecciones presidenciales bajo un régimen autocrático no debe ser que el dictador acepte un resultado que le sea desfavorable, sino que los militares lo hagan. La autocracia venezolana es, entre otras cosas, una dictadura militar. Un sector importante de la Fuerza Armada -quizá sin gran significación cuantitativa, pero sí con enorme poder- actúa como una corporación, enriqueciéndose groseramente y evitando enfrentamientos intestinos que perjudiquen sus parcelas de poder y de negocios. ¿Por qué aceptarían entonces quitar su apoyo a Maduro y dejar de ser parte del sistema de dominio? Porque un cálculo utilitario les haría ver que es su mejor opción. La futura elección pondrá en alerta al mundo militar. Dentro de este muchos deberán sacar cuidadosas cuentas antes de decidir apoyar, otra vez, por acción u omisión, un fraude electoral cometido por personas acusadas y perseguidas internacionalmente por corrupción y/o por violación de derechos humanos. Un fraude que tendría que ser gigantesco si la participación de los ciudadanos, en su mayoría adversos al continuismo chavista en el poder, es masiva.

4. El problema de coordinación

Se dice que el arte de gobernar consiste en evitar que todos se pongan bravos el mismo día. «Candelita que se prende, candelita que se apaga», dice un refrán que la dictadura conoce y aplica muy bien. ¿Cómo podemos, los millones y millones de venezolanos que rechazamos la dictadura, salir finalmente de ella? Tenemos que resolver, entre nosotros, un problema de coordinación. Que, a pesar de compartir el objetivo de acabar con el régimen dictatorial, nos encontremos fraccionados entre quienes aún esperan por una intervención extranjera, quienes apuestan a una salida electoral, quienes pretenden presionar al régimen hasta su quiebre y quienes, simplemente, se mantienen al margen del proceso político, es algo que favorece al régimen autocrático. Pero es posible, entre otras cosas, superar la falsa contradicción entre la protesta social, la presión internacional y la participación electoral. Estos son mecanismos que no se excluyen entre sí. Podemos dar forma a eventos que nos movilicen, en todos los planos, en contra de la dictadura, alineando los apoyos internacionales y nuestra capacidad de lucha democrática. En dictadura cada evento electoral tiene que ser visto, así, como una “emboscada” democrática a la minoría usurpadora, como un acto masivo de movilización pacífica. Una de las fallas de la dirigencia democrática ha estado, creo, en no haber sabido o podido articular tales medios. Imaginemos entonces la próxima elección presidencial como la mayor protesta social que los venezolanos hayamos jamás realizado, con el apoyo de las naciones libres. Pero para llegar a ese punto de quiebre -pacífico y democrático, insisto- es imprescindible que nos organicemos, que desarrollemos nuestra capacidad para movilizarnos, que nos llenemos de energía. Nuestro reto consiste en contar con un candidato único y unificador, lograr una masiva participación ciudadana y prepararnos, nacional e internacionalmente, con todos los medios a nuestro alcance, para enfrentar eficazmente las reacciones de la dictadura. Este es, según creo, el marco estratégico en el cual debemos pensar la próxima elección primaria del candidato democrático.

“Al perder la confianza en nuestra capacidad para cambiar nuestro presente vamos dejando de ser ciudadanos y nos vamos transformando en súbditos de la dictadura socialista o en exilados voluntarios”

5. Una gesta ciudadana

Unas primarias ciudadanas tienen que ser vistas de una manera amplia y transcendental. Es un medio esencial para organizarnos, motivarnos, movilizarnos. Debe ser claro, en tal sentido, que hacer una elección primaria bajo la coordinación del Consejo Nacional Electoral (CNE) no serviría a esos propósitos y, por el contrario, los entorpecería. Es por todos sabido que en la futura elección presidencial no solo nos enfrentaremos al Poder Ejecutivo sino también a un CNE sumiso, en medida significativa, a los planes dictatoriales. Puede argumentarse, razonablemente, que la realización de las primarias ciudadanas implica contar, entre otros factores, con un padrón electoral apropiado, con eficaces sistemas de contabilización del voto, con numerosos centros de votación, con una masiva y eficaz campaña informativa, con voluntarios que actúen como miembros de mesa y como testigos, y, desde luego, con abundantes recursos financieros para financiar todo el proyecto. Unas primarias ciudadanas son, ciertamente, una tarea ciclópea. Pero la formidable experiencia de la consulta ciudadana del 16 de julio del 2017 nos demostró que somos capaces de organizarnos masivamente, dentro y fuera del país, en poco tiempo, para decidir sobre asuntos colectivos. La democracia es, después de todo, un hábito social profundamente arraigado en nosotros. Esa jornada, perfectible como toda obra humana, constituyó un acto de rebeldía pacífica que no debemos olvidar. Unas primarias ciudadanas son, además, una magnífica oportunidad para alinear no solo a los sectores democráticos del país, sino también a gobiernos y organizaciones de otros países que defienden la democracia liberal frente a los amenazantes autoritarismos. No se trata de simple voluntarismo. Es una invitación a la creatividad política y a la amplitud de miras. ¿No es posible acaso que decenas de miles de venezolanos, aquí y afuera, se sumen como voluntarios a esta gesta ciudadana?, ¿no podemos contar con el apoyo de organismos internacionales para la observación del proceso?, ¿no es posible dar forma a un Fondo para la Democracia, financiado por aportes de los venezolanos y ciudadanos de cualquier otro país?, ¿no podría crearse una algo como una Red de Asistencia Tecnológica para la Democracia? Para lograr grandes cosas es necesario pensar en grande.

6. Una elección modélica

En unas primarias ciudadanas podrán participar todos los venezolanos, donde quiera que se hallen. En línea con lo establecido por la Comisión Nacional de Primarias, podrá postularse como candidato cualquier ciudadano (con las debidas limitaciones prácticas: contar, por ejemplo, con un determinado número de firmas de apoyo). Las inhabilitaciones, injustas como han sido, no serán un obstáculo para participar, aunque debería prepararse, de manera explícita, el mecanismo que se seguiría en el caso de que el CNE negase, en complicidad con la dictadura, la inscripción a una persona por esa razón. Solo personas claramente asociadas a dicha dictadura, por razones obvias, no podrán participar como candidatos. Mas, si hubiese dudas sobre este particular es preferible preservar el criterio de apertura en la participación: al fin y al cabo, es de esperar que los ciudadanos podamos identificar a los candidatos “alacranes” e infiltrados. Este evento ciudadano puede servirnos también para avanzar hacia un sistema electoral de doble vuelta, tan necesario para elevar la gobernabilidad de nuestro sistema político, una vez recuperada la democracia. Al tratarse de un único evento, podría aplicarse un sistema de doble vuelta instantánea (en el cual el votante ordena a varios candidatos, dos o tres, de acuerdo con sus preferencias, de más preferido a menos preferido). En relación con esto debe considerarse seriamente la idea, propuesta desde hace algún tiempo por numerosas personas, de que esa elección primaria sirva también para elegir la dirección política de los sectores democráticos. Podemos, en fin, organizar una elección modélica: con voto manual, con observación internacional, con auditorías serias, con transparencia sobre el origen de fondos de los candidatos.

7. Elegir la esperanza

La gran arma de la dictadura es nuestra desesperanza. Al perder la confianza en nuestra capacidad para cambiar nuestro presente vamos dejando de ser ciudadanos y nos vamos transformando en súbditos de la dictadura socialista o en exilados voluntarios. Mas es bueno recordar que el poder es siempre un juicio de valor: si creemos que la dictadura nos derrotó de manera definitiva pues ella nos habrá derrotado. Pero es mucho lo que los ciudadanos comunes podemos hacer en estos tiempos de desaliento y confusión. Y lo primero es rebelarnos en contra de la desesperanza. Inspirados y organizados, nacional e internacionalmente, podemos dar, de nuevo, una muestra memorable de vocación democrática. Podemos llevar a cabo uno de esos eventos que otorga identidad a un pueblo, concebido no como colectivo humano sino como comunidad de hombres y mujeres libres que comparten una noción de la justicia y una consciencia sobre su devenir histórico. Solo el tiempo disponible para la tarea parece un factor decisivo. Tenemos que darnos prisa. Tenemos que actuar con sentido de urgencia.

*Nota del autor: Este artículo fue redactado, en parte, con extractos de varios artículos publicados a lo largo de años recientes. Pienso que varios de los argumentos presentados en tales escritos siguen teniendo, en algunos casos de manera lamentable, plena vigencia.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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