En la aldea
20 mayo 2024

“La Patria que viene”

“Ese anhelo de cambio del pueblo venezolano sigue allí y por eso tenemos que reconectar con las aspiraciones de la gente para volver a crear esa fuerza interna. (…) El país clama por líderes, no por candidatos”.

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Julio Andrés Borges | 16 enero 2023

Hace un año nos propusimos la tarea de producir un libro que pudiera recoger el testimonio de estos últimos años de lucha de manera fría y estructurada para generar una reflexión que le sirviera al país en dos direcciones. En primer lugar, dando una mirada desapasionada a los errores que se han cometido por parte del liderazgo político, dentro del cual me incluyo. Y en una segunda instancia, levantar masa crítica para fabricar aproximaciones que nos permitan mayor efectividad y sentido de oportunidad ante los tiempos que se vienen, los cuales son sumamente complejos por la naturaleza de la dictadura que nos oprime y por el cambio en la esfera internacional.

Fue así como Paola Bautista de Alemán y yo comenzamos a gestar una obra con el nombre La Patria que viene, la cual condensa una serie de apreciaciones que nacen a partir de una conversación genuina y sin cálculos políticos, en donde Paola hace las veces de entrevistadora y yo de entrevistado. Fueron más de 30 horas de conversación, para hacer una radiografía que toca puntos de un ecosistema compuesto por el dónde venimos, en dónde estamos y hacia dónde vamos.

“Reconocer que somos un país ocupado por fuerzas foráneas y un Estado fallido es obligatorio para comprender las dimensiones de nuestra lucha, y para entender que es imposible liberarnos sin un plan nacional e internacional”

El último capítulo lo quisimos centrar única y exclusivamente en el hacia dónde vamos. Allí lo que se quiso fue esbozar varios planteamientos sobre los retos de la unidad democrática, la  lucha internacional para salir de la dictadura y el empeño del régimen en imponer una falsa normalidad y una especie de área gris que amenaza con poner en el refrigerador el espíritu de lucha democrática de los venezolanos. Además, quisimos crear conciencia de una realidad que necesita ser dimensionada para poder abordar nuestro problema: Venezuela hoy es un país ocupado por fuerzas extranjeras y grupos irregulares; y eso le da una connotación distinta a nuestra lucha. Este es un libro con sentido pedagógico que se construyó con el fin de aprender de las lecciones para así no repetir los mismos errores en los próximos episodios de lucha. A continuación, resumo algunas de esas lecciones del libro.

a) Reconstruir la fuerza internacional.Cerrado el capítulo del Gobierno interino, se abre una nueva etapa de lucha, donde nos toca recomponer la fuerza internacional para volver a contar nuevamente con el apoyo del mundo. Para lograrlo, hay dos retos: la responsabilidad de los venezolanos y el fortalecimiento del autoritarismo a nivel mundial. Sobre lo primero, necesitamos un plan nacional, un plan que sea elaborado por puño y letra de los venezolanos. Yo lo he llamado “Plan Arepa”. Debe ser un plan que nos permita reconstruir la fuerza interna para volver a movilizar al pueblo y generar un proceso de quiebre del régimen. Es un error pensar que el mundo nos va a salvar, el motor del apoyo internacional siempre serán las acciones que construyamos, lideremos y concretemos los venezolanos.

Sobre lo segundo, hay que entender que nuestro proceso de búsqueda de la democracia ocurre en medio de un entorno internacional donde el autoritarismo se ha fortalecido. Nicolás Maduro ha construido alianzas con regímenes autoritarios como China, Rusia, Irán, Cuba, pero también con grupos irregulares como los ex FARC o el ELN. Venezuela hoy es un país ocupado por fuerzas antioccidentales y por grupos criminales. Reconocer que somos un país ocupado por fuerzas foráneas y un Estado fallido es obligatorio para comprender las dimensiones de nuestra lucha, y para entender que es imposible liberarnos sin un plan nacional e internacional.

b) La lucha de hoy.La represión y la corrupción han anulado a una parte importante de las potenciales élites venezolanas. “Plata o plomo” ha venido funcionando como uno de los mandamientos de Maduro y su entorno. Estamos en un momento muy difícil. Durante dos décadas de lucha, Venezuela estuvo dividida en dos bloques. Una mayoría pro democrática que repelía con firmeza a la dictadura y una minoría pro autocrática que estaba cohesionada por la corrupción, el poder y el clientelismo. Al no lograrse el esperado cambio político, y después de varias decepciones, Maduro logró romper las tuberías que separaban las aguas negras y las aguas blancas de la sociedad venezolana. Y ha producido un efecto político y económico que ha sido devastador. Ha surgido así un tercer grupo con un falso empresariado y fuerzas políticas que simulan ser oposición. De esta situación ha surgido el relato de “Venezuela se arregló”, la falsa normalidad de la dictadura, o lo que Guillermo Tell Aveledo llama la pax bodegónica. Hay una degradación de la cultura venezolana por parte de la dictadura. El régimen de Maduro está dedicado las 24 horas a crear una atmósfera de “normalidad”, una anestesia generalizada de falsa realidad… mientras aprieta cada tuerca y asegura el sometimiento de cada venezolano: desde la caja de comida, el cupo en la escuela, el contrato al empresario o la cárcel a quien se niegue a cualquier orden. Es un sistema perverso que busca anular la conciencia con miedo, corrupción y apariencias.

c) La responsabilidad del cambio no es solo de los políticos.La responsabilidad del cambio político no recae solo en el liderazgo político. Ciertamente, los políticos tenemos la mayor responsabilidad, pero esta es una lucha que le compete a toda la sociedad. El problema venezolano es integral y nos convoca a todos. Se trata del dilema existencial más profundo que hemos enfrentado como nación desde los tiempos de nuestra independencia. Debemos retomar ese sentido de lucha que hemos tenido durante toda nuestra historia. El pueblo venezolano es noble y valiente. Debemos enaltecer su espíritu de lucha. Don Rómulo Gallegos, en su discurso de investidura en 1945, se refirió a él como “pueblo señalador de rumbos”. Igualmente, Rómulo Betancourt destacó en 1958 “la pasión por la libertad del pueblo venezolano”. Es un ímpetu que se ha extendido y renovado por más de dos décadas, recordemos todos los episodios de lucha: el triunfo de la Asamblea Nacional, el revocatorio, las protestas de 2017, el firmazo del 16 de julio. Se trata de un pueblo valiente que hemos visto salir a la calle a pelear por sus derechos laborales y lograr su cometido.

Ese anhelo de cambio del pueblo venezolano sigue allí y por eso tenemos que reconectar con las aspiraciones de la gente para volver a crear esa fuerza interna. Para ello, tenemos que ser un testimonio político que se apalanque en tres pilares: ideas, trabajo y solidaridad. Luchar por ideas y por valores, volcarse a la organización popular y acompañar a quienes más sufren. Ese espacio está allí y la gente está esperando. El país clama por líderes, no por candidatos. Ser líder y ser candidato no siempre es lo mismo. Es el momento de un cambio de piel, de un renacer. Así lo refirió el Padre Luis Ugalde en la homilía en homenaje al gran Mikel de Viana S.J.: “Mikel tuvo que nacer de nuevo”; Venezuela y cada uno de nosotros tenemos que nacer de nuevo porque la dictadura y sus consecuencias son de muerte. Pero nacer del espíritu de verdad, aunque al comienzo no sabemos de dónde viene ni a dónde va.

d) Los caminos de liberación democrática no son excluyentes entre sí y debemos acompañarlos con sentido de oportunidad.Hay una realidad ineludible: la mayoría del país quiere resolver la crisis por medio de elecciones libres. Los venezolanos tenemos en nuestro acervo cultural y político el valor insustituible del voto. Por tal motivo, considero que es urgente impulsar condiciones para alcanzar elecciones libres bajo la unidad de unas primarias presidenciales y un programa común. Y esto, aunque es crucial, sigue siendo insuficiente. Necesitamos además de votar, construir puentes con el sector militar. Una de nuestras fallas más grandes ha sido no tener una estrategia política, comunicacional, institucional y constitucional que nos permita acercarnos con seguridad a la familia de la Fuerza Armada Nacional. Necesitamos enaltecer y recordar a los militares que son presos de conciencia de la dictadura.

Esta realidad me lleva a una lección que creo que será importante en esta nueva etapa: no hay necesariamente caminos de lucha excluyente, sino, a lo sumo, inoportunos. Calle, reacción militar, presión internacional, elecciones, abstención, diálogo… todos los caminos deben ser recorridos en el marco de una estrategia que deberá estar abierta a los acontecimientos con sentido de oportunidad.

e) La Unidad es un tema fundamental. Sin unidad, es imposible lograr el cambio político.Ahora bien, la unidad no implica uniformidad. La unidad reconoce la diversidad y se guía por un propósito superior. Quizá la mejor referencia es la Unión Europea. Hay reglas de convivencia y valores, rumbo político y económico común y, al mismo tiempo, hay una pluralidad que por su diversidad alimenta y fortalece la unidad superior. Hay que impulsar una unidad política verdadera y amplia. Es una tarea exigente e impostergable. Cuando hemos actuado en unidad, hemos tenido los mejores resultados. Cuando se ha impuesto el unilateralismo, no nos ha ido de igual manera.

f) El liderazgo político se construye con testimonio. Un ejemplo dolorosamente claro reside en el manejo que el Gobierno interino le ha dado a los activos de la República. Lamentablemente, ahí encuentro dos lecciones claras y vergonzosas de este momento político. La partidización de los activos y su manejo arbitrario. Esto será una cicatriz difícil de borrar en el rostro de buena parte de la oposición política. El reto era mostrar que podíamos ser diferentes a Maduro. Pero algunos personajes mostraron ser más de lo mismo en términos de falta de escrúpulos y de corrupción. El segundo error fue haber aprobado un presupuesto para funcionar como si realmente fuese un Gobierno interino y no un movimiento popular de resistencia democrática contra la dictadura. Esto desvirtuó nuestro sentido de lucha y nos debilitó. Llegó la hora de cambiar la dinámica y para eso tenemos que construir un liderazgo sostenido sobre el testimonio de lucha y la moral. Este momento exige líderes, y no solamente candidatos.

Por supuesto que estas son solo algunas de las primeras aproximaciones del libro. Dentro de las más de 200 páginas hay mucha tela que cortar sobre estos y otros temas que han sido vitales en esta película venezolana. Espero que cada línea de esa obra sirva para que más personas se animen a escribir y así podamos armar en conjunto un rompecabezas completo sobre qué nos ha ocurrido y sobre cómo podemos salir de este túnel oscuro a donde nos llevaron quienes ostentan el poder. No somos los primeros ni los últimos en vivir circunstancias tan duras. Muchos países han atravesado procesos iguales o más complejos; y hoy son referencia por haber logrado su propio milagro. La salida de este laberinto, como lo enuncio en el libro, es un compromiso que nos arropa a todos. Debemos remar juntos hacia la misma dirección para superar la tormenta que significa una dictadura y para poder así echar las bases del país que soñamos. Ese país donde los exiliados sean recibidos en el aeropuerto, donde los enfermos no reciban una sentencia de muerte por no tener medicamentos, donde nuestros hijos tengan una educación de calidad y donde los espacios en los que hoy se torturan a inocentes, sean museos para rendirles homenaje a las víctimas. Esa es la Patria que viene y estoy seguro de que la vamos a conquistar cueste lo que nos cueste.

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La opinión emitida en este espacio refleja únicamente la de su autor y no compromete la línea editorial de La Gran Aldea.
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