En la aldea
28 enero 2023

Fernando Falcón: “No hay cosa más peligrosa que la ignorancia en acción”.

Fernando Falcón: “En Venezuela la historia la escribieron los vencidos”

“Machurucuto 1967: La guerra que le ganamos a Cuba” es el primero de cuatro libros que se propuso escribir el historiador militar Fernando Falcón, con la intención de contar la historia oculta tras la lucha armada: la versión de los vencedores frente al predominio del relato de los vencidos en la historiografía.

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Jesús Piñero | 17 enero 2023

Sentado en la sala de esgrima de la Universidad Central de Venezuela, viendo a los estudiantes practicar con sus floretes, espadas y sables, el militar y profesor Fernando Falcón recuerda cuando la guerrilla le disparó en la pierna. Fue una emboscada que le hizo el Frente Bandera Roja a una columna militar que iba en su búsqueda, el 28 de abril de 1978. Y aunque el impacto resultó ser leve, uno de sus compañeros salió gravemente herido y otro cayó en batalla.

La pacificación, que había llegado en 1969 con la primera presidencia de Rafael Caldera, no fue suficiente para acabar con la lucha armada, que se fue dispersando, mientras libraba una guerra contra la democracia representativa. Una guerra que, aunque sus protagonistas la recuerdan con detalle, ha sido parcialmente abordada por la historiografía, con la preeminencia de un solo relato -el de la guerrilla-, que desde 1999 es contado y reescrito por el Estado.

Para contrastar esa versión, y buscando llenar el vacío que hay sobre la otra -la de los militares-, el profesor Falcón escribe una tetralogía sobre los esfuerzos de la Revolución cubana por invadir Venezuela con la mediación de la guerrilla. Machurucuto 1967: La Guerra que le ganamos a Cuba es el primero de esos cuatro libros. Un relato histórico que aparte de innovar por su mirada de los hechos, saca a la luz testimonios y fuentes inéditas sobre el calor del momento.

Publicado en 2022 con la Editorial Prómacos, se distribuye a través de la Librería Alejandría y cuenta con dos prólogos: uno del vicealmirante Germán Gustavo Rodríguez Citraro y otro de Héctor Pérez Marcano, dos protagonistas.

-Dicen que la historia la escriben los vencedores. ¿Usted está de acuerdo?

-Manida y socorrida frase. Sí, en cierto modo. Jacques Le Goff lo dijo. Los que pierden, los vencidos, los excluidos siempre tienen menores oportunidades de dar su versión. Por ejemplo, no hay una historia de la Revolución rusa desde la perspectiva de los mencheviques, que sería interesante. Pero estoy de acuerdo con esa frase. No la tengo como una máxima, pero sí como un diagnóstico.

-¿Y cómo aplica eso en Venezuela? Donde el relato de la guerrilla, tal como usted lo señala en el libro, ha sido escrito desde la mirada de los vencidos.

-A Venezuela le dio vergüenza la victoria. Ganamos y preferimos ocultarlo. Se le ganó a Cuba y nunca se quiso reconocer como una guerra entre ambos países. Una guerra al estilo y maneras de como se hacen las guerras después de 1945: aquí hubo objetivos políticos, empleo de la Fuerza Armada, hubo presencia de armamento, combates donde participaron cubanos. Pero como te digo: nos dio vergüenza la victoria contra Cuba. No se escribió nada, muy pocas cosas se hicieron. Cuatro o cinco textos de los vencedores frente a la abundante publicación de los vencidos. El período democrático lo ocultó, porque fue parte de su consolidación y del precio que hubo que pagar. Aquí se invirtió esa frase de George Orwell: la historia la escribieron y la siguen escribiendo los vencidos.

“Rómulo Betancourt y Raúl Leoni le hicieron frente a una guerra y la ganaron. Eso no se puede obviar, eso hay que decirlo porque parece olvidarse”

Fernando Falcón

-¿Por qué nunca se quiso reconocer como una guerra?

-Ese es el problema, que nunca admitimos que aquí había una guerra. Sí, una guerra irregular, en el sentido en que se entienden ciertos tipos de guerra después de 1945. Una guerra que la mayoría de la población no sintió, pero donde hubo alrededor de 200 militares muertos, otros 400 heridos, 300 policías muertos, daños severos a la población. Fue un proceso revolucionario que duró ocho años y que, aunque empezó siendo urbano, luego pasó a rural con la paz democrática, cuando el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y el douglismo (grupo de Douglas Bravo) no quisieron aceptarla. Douglas Bravo se alió con Cuba para revitalizar al movimiento. Llegamos a tener un frente guerrillero en Falcón, el José Leonardo Chirinos; otro entre Trujillo y Portuguesa, el José Antonio Páez; otro en Lara, el Simón Bolívar; otro en los Llanos, hacia Apure y Barinas; en El Bachiller, estado Miranda, estaba el Ezequiel Zamora; y en oriente, primero el Ponte Rodríguez y luego el Antonio José de Sucre. Había medio país prendido y, sí, los caraqueños y habitantes de las ciudades, de las zonas urbanas, no veían ni sentían absolutamente nada.

-Manuel Caballero escribió que el siglo XX fue el siglo de la paz, porque el siglo XIX fue el de la guerra. Pero leyéndolo a usted, parece que no fue así.

-Los hechos son testarudos. Claro, si lo vemos desde la perspectiva de mi recordado Manuel Caballero, hay razón, pero desde esta que te cuento en el libro no: Rómulo Betancourt y Raúl Leoni le hicieron frente a una guerra y la ganaron. Eso no se puede obviar, eso hay que decirlo porque parece olvidarse.

-Menciona a Betancourt y a Leoni, ¿cómo fue la respuesta del Estado?, ¿por qué no pasó como en Colombia, donde la guerrilla sí pudo sobrevivir?

-Porque hay diferencias en la idiosincrasia y en la geografía. La guerrilla colombiana ha sobrevivido en la zona amazónica y en las áreas rurales. Colombia es un país de muchas cordilleras y eso no pasa en Venezuela. En segundo lugar, está la cultura política: los venezolanos estábamos recién llegados a la democracia. El mismo Ernesto “Che” Guevara lo dijo, que si había un poco de democracia era imposible que la guerrilla triunfara. El Estado venezolano hizo más con la reforma agraria, más con las viviendas rurales que la propia guerrilla. Cuando los cubanos invaden se dan cuenta de que no tienen a nadie. El Ejército había desplazado a la población, pero no como refugiados, les habían dado casas y vías de comunicación. Los campesinos tenían de donde sacar los productos, la malaria estaba siendo atendida. No tenían razones para apoyar a la guerrilla. El gran comandante en jefe de toda esa gesta que te digo fue el presidente Raúl Leoni, que se propuso derrotarlos.

-Es interesante eso, porque ellos son tachados de comunistas por grupos en redes sociales, por sus ideas iniciales, pero especialmente por la polarización, producto de los traumas que han dejado estas dos décadas.

-Sí, pero no hay cosa más peligrosa que la ignorancia en acción. Ciertamente, ese pasado comunista de Betancourt lo estudió el Padre Arturo Sosa con el Padre Eloi Lengrand en un libro extraordinario que se llama Del garibaldismo estudiantil a la izquierda criolla. Claro que tuvieron formación de origen marxista, pero desde que Víctor Raúl Haya de la Torre rompió con el criterio del partido de la clase obrera e hizo el partido policlasista con la APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), Acción Democrática (AD) tomó ese modelo. AD es el partido aprista más exitoso del Continente. Un partido policlasista que incorporó elementos del marxismo-leninismo en su organización. Pero de ahí a llamar marxistas a Betancourt o a Leoni es simplemente crasa ignorancia.

“Nunca admitimos que aquí había una guerra. (…) Una guerra que la mayoría de la población no sintió, pero donde hubo alrededor de 200 militares muertos, otros 400 heridos, 300 policías muertos, daños severos a la población”

Fernando Falcón

-Cuba siempre quiso ponerle las manos a Venezuela, ¿cuáles eran las razones de Cuba para hacerlo?, ¿por qué se dan estas cuatro invasiones?

-No diríamos Cuba, diríamos más bien la Revolución cubana, que, cuando se va desarrollando y termina siendo parte del juego de la Unión Soviética, se da cuenta de que para poder sobrevivir tiene que aflojar la presión que le tenían los Estados Unidos. Esa es la tesis que se da en la intercontinental, cuando el “Che” Guevara dijo que había que crear un Vietnam, dos Vietnam, muchos Vietnam. La idea era apoyar movimientos subversivos en América Latina para aflojar la presión sobre su propia revolución. Hay un texto fundamental muy poco leído, de Carlos Rafael Rodríguez, presidente del Partido Socialista Popular que luego será el Partido Comunista, que se llama “Fundamentos estratégicos de la política exterior cubana”, donde él deja claramente establecido que el elemento principal de la política exterior de Cuba es la sobrevivencia de la revolución. En ese sentido, se producen esos cuatro intentos de invasión. Y el de Machurucuto -que no fue allí propiamente- es el tercero, antes hubo dos intentos.

-¿Cuáles fueron esos dos primeros?

-Primero se da un intento de desembarco de armamento en el año 1963, ya al final del período de Betancourt, en el marco del “Plan Caracas”, que fue con la intención de impedir las elecciones, pero fue un fracaso absoluto. Luego vino la segunda invasión, entre 1966 y 1969, que fue la más peligrosa. Ahí vinieron, acompañados por Luben Petkoff, Arnaldo Tomás Ochoa, el general fusilado por Castro posteriormente, y Orestes Guerra González, hombres de confianza de Camilo Cienfuegos, más un grupo de entre 14 y 20 cubanos. El objetivo era hacer una columna guerrillera de más de 200 hombres e ir rumbo a Trujillo para unirse con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Fue el intento de invasión más delicado de todos, pero la Fuerza Armada venezolana, con sus unidades especiales, logró frenarlo a tiempo.

-¿Y el cuarto?, ¿por qué Fidel Castro insistía si había fracasado tres veces?

-Era parte del juego que él tenía. La nomenclatura cubana siempre jugó a dos bandos: por un lado, apoyaba al douglismo, pero por el otro al MIR; eso hizo en el segundo y tercer intento. Fidel Castro era así, por ejemplo: cuando el Partido Comunista fue a la paz democrática, Cuba apoyó a los que estaban en contra. El cuarto intento es el menos conocido y lo trabajo en mi próximo libro. Ese fue respaldado por parte del MIR, con Carlos Betancourt, Gabriel Puerta Ponte y Américo Silva, quienes luego rompen y fundan Bandera Roja. Con este último intento, Castro se convence de que no puede triunfar, eso fue en el año 1968.

-Por cierto, antes también dijo que el tercer intento no fue en Machurucuto como se ha dicho siempre. ¿Dónde ocurrió exactamente?

-La invasión fue a seis kilómetros de Machurucuto. Ocurrió en Cocal de los Muertos, en Playa Panapo, hoy en día eso es la Urbanización Bosquemar. Lo que pasa que para esa época esa zona dependía de Machurucuto y entonces le llamaron de esa forma. Ahí, antes de morir, el teniente coronel William Izarra hizo un acto rindiéndoles homenaje a los invasores de su patria. Lamentable.

-¿Qué pasó?, ¿el chavismo puso una estatua?

-Sí, pero afortunadamente alguien la destruyó, porque es algo inadmisible. Ojo, algo que no es atribuible a la Fuerza Armada, fue una iniciativa de ese señor.

-Volviendo al libro, ¿por qué empezar por el tercero de cuatro intentos?

-Por orden práctico. El material que hay sobre la primera invasión es muy extenso y ha sido difícil hablar con los vencedores. Además, es el que termina después: arrancó en 1966 y culminó en 1969. El criterio ha sido cuando terminaron y no cuando comenzaron. La reconstrucción historiográfica es larga y son muchas fuentes, pero en un libro destinado para el gran público lector.

-¿Y eso? A ver, usted es un académico que vive por y para la universidad.

-Sí, pero la gente tiene derecho a saber lo que pasó: el obrero, el estudiante, la persona que está esperando en algún aeropuerto. La idea es que contrapongan los relatos y este es uno que se desconoce, porque solo nos han contado la versión de los vencidos. Ahora vamos a leernos la perspectiva de los vencedores. Además, yo no estoy de acuerdo con ese purismo historiográfico.

-¿A qué se refiere con purismo historiográfico?, ¿el libro recibió críticas?

-Algunos amigos historiadores, puristas de la metodología historiográfica, me han dicho que este no es un libro de historia, sino de pelea. Y sí, sí lo es. ¿Cuándo van a hablar los vencedores? Porque solo han hablado los derrotados, al principio con ediciones particulares y hoy en día con ediciones pagadas por el Estado. Este libro es el primero en ese sentido. Todo eso es comprobable, cada dato. Quería hacer un libro, como te dije, para el gran público. Que la gente conozca, por ejemplo, a Camilo Betancourt o a Manuel Bonilla Chacón. ¿Por qué no conocemos esa otra parte de la guerra enfrentando a Cuba? Arnaldo Tomás Ochoa mandó a ahorcar a un guerrillero venezolano solo porque este quería irse del movimiento a conocer a su hijo recién nacido. Eso está escrito por uno de los testigos y en su momento lo voy a publicar. Ese relato de los vencidos, ahora apoyado por el Estado, tiene que contrastarse.

-Menciona eso y pienso: ¿Acaso no considera que todo lo defendido por los militares de la época se perdió al final? Lo pregunto porque igual Cuba terminó imponiéndose, no por las armas, pero sí a través de Hugo Chávez.

-Te contesto con otra pregunta: ¿Todo lo que hicieron los marines en Iwo Jima o en las Islas Salomón se perdió? Porque Estados Unidos y Japón hoy son aliados. No se trata de eso, no. Se trata de una etapa histórica. En ese momento Cuba quiso hacerlo por las malas y fracasó, no pudo. Había unas Fuerzas Armadas profesionales que lo impidieron porque sabían por qué peleaban. Muy poca gente sabe, por ejemplo, que había un manual que leían los cadetes venezolanos: El poder de la idea democrática. Y mientras los guerrilleros leían a Mao Zedong o al “Che” Guevara, nuestros militares leían sobre democracia y sobre federalismo, con un libro que llevaban consigo siempre, una edición de bolsillo que leían y repasaban en medio de esa guerra. Ahora, lo que ocurre a partir de 1999 es un tema para otro libro, no es de este.

*Las fotografías son cortesía del entrevistado, Fernando Falcón, y fueron dadas por Jesús Piñero al editor de La Gran Aldea.

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